{"id":891,"date":"2021-12-21T13:23:53","date_gmt":"2021-12-21T13:23:53","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/12\/21\/camino-lugares\/"},"modified":"2021-12-21T13:23:53","modified_gmt":"2021-12-21T13:23:53","slug":"camino-lugares","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/camino-lugares\/","title":{"rendered":"Camino lugares"},"content":{"rendered":"<p>Es extra&ntilde;o que a veces uno quiera volver a esos raros lugares que nos marcaron en la temprana adolescencia. Quise regresar a uno de esos lugares a los que llegu&eacute; por vez primera sobre las maravillosas alas de los p&aacute;jaros de letras.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de mucha duda, resolv&iacute; volver y antes de ayer, lunes, llegu&eacute; en tren al pueblo que hab&iacute;a dejado hace ya cuarenta a&ntilde;os. Lo primero que me sorprendi&oacute; fue el edificio de la estaci&oacute;n, casi abandonado como casi toda la ciudad, que viene sufriendo una desbandada de la poblaci&oacute;n que inmigra cada jueves a la salida del tren semanal.<\/p>\n<p>Antes era todo tan bonito, con un brillo que despertaba una sonrisa a propios y extra&ntilde;os. Y ahora el gris opaca los d&iacute;as. Las casas vetustas ya no ostentan jardines floridos, apenas conservan arboles hirsutos y enredaderas que se doblan por el peso de las ramas abandonadas por los jardineros, que volaron como golondrinas a cuidar otras flores lejanas.<\/p>\n<p>Los campos casi sin producci&oacute;n y la ciudad sin trabajo. La gente viviendo mal, casi todos comerciantes informales, todos hirviendo en su propio zumo: vendiendo algo uno para el otro, haciendo cosas muy b&aacute;sicas, arreglando alguna cosa vieja&#8230; En fin, desesperanza. Todos preocupados. Dif&iacute;cilmente expresan una sonrisa.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de acomodarme en un hotel, tom&eacute; una ducha y sal&iacute; a pasear por las calles silenciosas, escoltada por una llovizna fr&iacute;a, que m&aacute;s recordaba l&aacute;grimas que lluvia.<\/p>\n<p>Mis pasos me llevaron hasta un edificio abandonado que anteriormente fue un centro comercial y ten&iacute;a un enorme restaurante en el segundo piso. Ahora la terraza inerme espera que el tiempo la derribe. Ni los borrachos andan por esos lugares. Creo que ya no quedan borrachos en la ciudad. Es cierto, los ebrios se fueron junto con los locos, las prostitutas y los fumadores de hierbas&hellip; Se quedaron los angelitos de bronce en las fuentes de los parques de la ciudad: como una peque&ntilde;a alegr&iacute;a transparente en el paisaje abandonado.<\/p>\n<p>Los letreros ahora son como luci&eacute;rnagas muertas que ya no iluminan la noche. El vac&iacute;o es grande y duele&hellip; Se extra&ntilde;an los autom&oacute;viles y el ruido que se confunde con muchos aromas y hace que una ciudad sea llamada ciudad.<\/p>\n<p>Pens&eacute; en una cena espartana y compr&eacute; un pan y un pedazo de queso para comer en el hotel, acompa&ntilde;ado de una manzana; cre&iacute; que era mejor resguardarme temprano, porque cuando el bosque est&aacute; en silencio, el zorro est&aacute; despierto.<\/p>\n<p>La nostalgia, mezclada con la decepci&oacute;n, trajeron un sue&ntilde;o ligero que insist&iacute;a en comprender lo que lleva a la gente a dejar sus tierras, sus casas y cargar sus sue&ntilde;os a la espalda y cruzar las fronteras de la patria, del idioma, de las costumbres&hellip; para empezar otra vez.<\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente segu&iacute; caminando, tal vez en busca de sobrevivientes en la ciudad que otrora fue tan exuberante y me sorprendi&oacute; ver que algunas familias todav&iacute;a viven en el lugar, cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s que me enter&eacute; de su existencia. En aqu&eacute;l entonces, toda la ciudad estaba alumbrada por el progreso en todos los niveles. No hab&iacute;a espacio en las aceras, estadios, parques, restaurantes y otros. Y ahora la ciudad agoniza.<\/p>\n<p>El color del cerro permanece igual, empero, ni el aire, ni cosa alguna es igual. La belleza se agota a cada instante, es una triste se&ntilde;al de que el lugar est&aacute; en un camino de abandono imparable. Es muy extra&ntilde;o, que a veces, uno quiera volver a esos lugares, que nos marcaron en la temprana adolescencia; esos lugares a los que llegu&eacute; por vez primera, sobre las maravillosas alas de los p&aacute;jaros de letras.<\/p>\n<p>Hoy es mi&eacute;rcoles, el tren solo sale los d&iacute;as jueves y no podr&eacute; soportar otro d&iacute;a y noche vaciados de belleza, en una ciudad que camina a pasos largos hacia la ruina&hellip; Lo mejor es cerrar este libro, ahora.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es extra&ntilde;o que a veces uno quiera volver a esos raros lugares que nos marcaron en la temprana adolescencia. Quise regresar a uno de esos lugares a los que llegu&eacute; por vez primera sobre las maravillosas alas de los p&aacute;jaros de letras. 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