{"id":883,"date":"2021-12-14T13:25:55","date_gmt":"2021-12-14T13:25:55","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/12\/14\/llegar-a-viejo\/"},"modified":"2021-12-14T13:25:55","modified_gmt":"2021-12-14T13:25:55","slug":"llegar-a-viejo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/llegar-a-viejo\/","title":{"rendered":"Llegar a viejo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>Me he resignado a la vejez y a la ceguera, del mismo<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em> modo<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>que uno se resigna a la vida<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Jorge Luis Borges<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Para la sociedad, la vejez parece una especie de secreto<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em> vergonzoso del cual es indecente hablar.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Simone de Beauvoir, <em>La vejez<\/em><\/p>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; es la vejez? &iquest;Cu&aacute;ndo se es un viejo? Sin duda, la vejez y lo viejo son categor&iacute;as discursivas que adquieren el rostro propio de cada cultura y de cada &eacute;poca. Hay que partir de que se trata de hechos discursivos: la vejez y lo viejo son hechos del lenguaje. En nuestra sociedad, a partir de la modernidad, por ejemplo, la ciencia se asume como el discurso encargado de construir &nbsp;diversas conceptualizaciones sobre la vejez, las m&aacute;s se encuentran centradas en la declinaci&oacute;n vital del cuerpo. En cada momento hist&oacute;rico se proponen dispositivos para enfrentar esta especificidad de la condici&oacute;n humana llamada vejez, tanto en sus aspectos sociales-laborales como m&eacute;dico-biol&oacute;gicos, e incluso espirituales y familiares.<\/p>\n<p>Sin embargo, m&aacute;s all&aacute; de los mecanismos de instrumentalizaci&oacute;n que la &eacute;poca impone, tambi&eacute;n podemos pensar a la vejez como otro momento, uno m&aacute;s, donde el sujeto se confronta con su deseo. En este sentido, la vejez conlleva un conflicto con los ideales y un redimensionamiento de los anhelos.<\/p>\n<p>Dif&iacute;cil resulta determinar cu&aacute;ndo inicia la vejez. Parecer&iacute;a incluso que siempre nos acompa&ntilde;a, tal como lo ilustra magistralmente el relato de F. Scott Fitzgerald, <em>El curioso caso de Benjamin Button<\/em>. La vejez se va haciendo visible en nuestras vidas de manera casi imperceptible, por m&aacute;s resistencias que el sujeto presente, nos va mostrando sus marcas, sus huellas, lo mismos que nos impone limitaciones y p&eacute;rdidas. Sin embargo, la vejez tambi&eacute;n viene acompa&ntilde;ada de sus revelaciones y sus saberes que permiten restaurar un poco de dignidad. La vejez trae sus saberes, aquellos que no alcanzan sino con el tiempo. Los saberes de la vejez, esos <em>saberes sabios<\/em> que en el dicho se le atribuyen al diablo, no por diablo sino por viejo.<\/p>\n<p>La vejez no constituye un concepto del corpus te&oacute;rico del psicoan&aacute;lisis, lo mismo que no existe entre &ldquo;los viejos&rdquo; homogeneidad alguna, salvo el ser se&ntilde;alados, e incluso autose&ntilde;alados, mediante ese sustantivo. Pese a lo establecido, m&aacute;s all&aacute; de los clich&eacute;s y estereotipos, no se es viejo simplemente por la edad, la enfermedad o, mucho menos, por la err&oacute;nea idea que hace s&iacute;mil entre la vejez y la muerte. Nadie muere de viejo.<\/p>\n<p>El poeta griego Konstantino Kavafis, tambi&eacute;n ya en edad avanzada, nos regala algunas profundas pinceladas sobre la vejez, en un poema de 1911, en versi&oacute;n de Cayetano Cant&uacute;:<\/p>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><strong><em>Un anciano<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><strong><em>&nbsp;<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>S&oacute;lo, al fondo del ruidoso caf&eacute;, <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>sentado un anciano con un peri&oacute;dico enfrente,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>piensa en la miserable fatalidad que es la vejez,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>y cu&aacute;n poco goz&oacute; los a&ntilde;os<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>cuando era fuerte, ingenioso y bello. <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Sabe que envejeci&oacute;, lo ve, lo palpa;<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>y sin embargo ayer era a&uacute;n joven.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>El tiempo pas&oacute; tan r&aacute;pido, tan r&aacute;pido&hellip;<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Piensa c&oacute;mo lo enga&ntilde;&oacute; su discreci&oacute;n,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>c&oacute;mo crey&oacute; tan torpemente el mito que dice:<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>&ldquo;Ma&ntilde;ana tendr&aacute;s mucho tiempo&rdquo;.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Recuerda impulsos contenidos, gozos sacrificados,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>todas las oportunidades perdidas <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>que ahora se burlan de su necia prudencia. <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Y de tanto pensar y evocar el anciano se duerme,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>La cabeza en la mano, sobre la mesa del caf&eacute;&rdquo;<\/em><\/p>\n<p><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n<p>En el &aacute;mbito de la cl&iacute;nica en psicoan&aacute;lisis se escuchan los miedos a los efectos de la vejez, m&aacute;s que a la vejez misma. Los significantes con los que se signan las afectos asociados a la vejez son la soledad y el abandono, la inutilidad, el deterioro del cuerpo y las dependencias que conlleva, la sexualidad y sus impotencias, las renuncias alimenticias, las p&eacute;rdidas de los pares y el temor a la propia muerte.<\/p>\n<p>Es evidente que los dispositivos institucionales no han sido preparados para una poblaci&oacute;n cada vez mayor que se define bajo el significante de la vejez o sus eufemismos, como &ldquo;adulto mayor&rdquo;, &ldquo;persona de la tercera edad&rdquo; o &ldquo;adulto en plenitud&rdquo;. Las condiciones que las instituciones reservan para &ldquo;los viejos&rdquo; parecen programadas para hacer cumplir la maldici&oacute;n &uacute;ltima expresada por S&oacute;focles en <em>Edipo en Colona<\/em>: &ldquo;cuando se es viejo la raz&oacute;n se apaga, la acci&oacute;n resulta in&uacute;til y tiene vanas preocupaciones&rdquo;.<\/p>\n<p>&ldquo;Envejecer es definirse, reducirse. Me he debatido contra las etiquetas, pero no he podido evitar que los a&ntilde;os me aprisionen. He vivido tendida sobre el porvenir y ahora, recapitulo en el pasado, dir&iacute;a que el presente me ha sido escamoteado [&hellip;] He perdido el poder que ten&iacute;a de separar las tinieblas de la luz; consiguiendo al precio de algunos tornados, cielos radiantes. La muerte ya no est&aacute; en la lejan&iacute;a de una aventura brutal, asedia mi sue&ntilde;o. Cuando estoy despierta siento su sombra entre el mundo y yo, ha comenzado&rdquo;, escribe Simone de Beauvoir en <em>La fuerza de las cosas<\/em>, poco antes de cumplir sus 72 a&ntilde;os. Y en el luminoso texto de 1970, <em>La vejez<\/em>, dir&aacute; la escritora feminista francesa: &ldquo;Cuando al final de Las fuerzas de las cosas infring&iacute; ese tab&uacute; [<em>hablar de la vejez<\/em>], &iexcl;qu&eacute; indignaci&oacute;n provoqu&eacute;! Admitir que yo estaba en el umbral de la vejez era decir que la vejez acechaba a todas las mujeres, que ya se hab&iacute;a apoderado de muchas. &iexcl;Con amabilidad o con c&oacute;lera mucha gente, sobre todo de edad, me repiti&oacute; abundantemente que la vejez no existe! Hay gente menos joven que otra, eso es todo. Para la sociedad, la vejez parece una especie de secreto vergonzoso del cual es indecente hablar. Sobre la mujer, el ni&ntilde;o, el adolescente, existe en todos los sectores una copiosa literatura; fuera de las obras especializadas, las alusiones a la vejez son muy raras&rdquo;.<\/p>\n<p>En 1936, en una carta a Arnold Zweig, Sigmund Freud, el inventor del psicoan&aacute;lisis, sit&uacute;a sus interrogantes sobre la vida y la muerte: &ldquo;No puedo habituarme a las miserias del desamparo de la vejez, avizoro con una suerte de nostalgia el tr&aacute;nsito a la nada.&rdquo; Ha vivido ya la muerte de sus hijos en la guerra, ha padecido m&uacute;ltiples operaciones en la mand&iacute;bula y es perseguido por el r&eacute;gimen nazi. Tambi&eacute;n sabemos que ante las interrogantes sobre la enfermedad y la muerte, dos signos asociados a la vejez, Freud responde escribiendo <em>Mois&eacute;s y la religi&oacute;n monote&iacute;sta<\/em>, <em>an&aacute;lisis terminable e interminable<\/em> y <em>Construcciones en an&aacute;lisis<\/em>. De esta manera, hace realidad la idea de que se envejece como se vive.<\/p>\n<p>Freud, durante una entrevista realizada en Viena en 1926 con George Sylvester Viereck, cuando est&aacute; cerca de cumplir setenta a&ntilde;os, habla de su condici&oacute;n de vejez y se&ntilde;ala: &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; deber&iacute;a yo esperar un tratamiento especial? La vejez, con sus arrugas, llega para todos. Yo no me rebelo contra el orden universal. Finalmente, despu&eacute;s de setenta a&ntilde;os, tuve lo bastante para comer. Apreci&eacute; muchas cosas &mdash;en compa&ntilde;&iacute;a de mi mujer, mis hijos&mdash;, el calor del sol. Observ&eacute; las plantas que crecen en primavera. De vez en cuando tuve una mano amiga para apretar. En otra ocasi&oacute;n encontr&eacute; un ser humano que casi me comprendi&oacute;. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s puedo querer?&rdquo; M&aacute;s adelante en la entrevista Sylvester menciona: &ldquo;El se&ntilde;or tiene una fama. Su obra prima influye en la literatura de cada pa&iacute;s. Los hombres miran la vida y a s&iacute; mismos con otros ojos, por causa de este se&ntilde;or. Recientemente, en el septuag&eacute;simo aniversario, el mundo se uni&oacute; para homenajearlo, con excepci&oacute;n de su propia universidad.&rdquo; Freud responde: &ldquo;Si la Universidad de Viena me demostrase reconocimiento, me sentir&iacute;a inc&oacute;modo. No hay raz&oacute;n en aceptarme a m&iacute; o a mi obra porque tengo setenta a&ntilde;os. Yo no atribuyo importancia insensata a los decimales. La fama llega cuando morimos y, francamente, lo que ven despu&eacute;s no me interesa. No aspiro a la gloria p&oacute;stuma. Mi virtud no es la modestia&rdquo;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me he resignado a la vejez y a la ceguera, del mismo modo que uno se resigna a la vida. 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