{"id":874,"date":"2021-12-07T14:00:53","date_gmt":"2021-12-07T14:00:53","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/12\/07\/la-funcion-de-los-mitos-sobre-la-muerte\/"},"modified":"2021-12-07T14:00:53","modified_gmt":"2021-12-07T14:00:53","slug":"la-funcion-de-los-mitos-sobre-la-muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/la-funcion-de-los-mitos-sobre-la-muerte\/","title":{"rendered":"La funcin de los mitos sobre la muerte"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>Yo soy la resurrecci&oacute;n y la vida, quien cree en m&iacute; aunque hubiere muerto vivir&aacute;; y todo <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>aquel que vive y cree en m&iacute; no morir&aacute; para siempre <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Evangelio de Juan, XI, 25, 26.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Todo es flujo, nada es estacionario.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Her&aacute;clito<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La muerte es el fen&oacute;meno que, de manera universal, ha sido tratado con mayor frecuencia y de las formas m&aacute;s diversas en la historia de la humanidad. Quiz&aacute; s&oacute;lo el amor podr&iacute;a pretender similar recurrencia. La muerte nos acompa&ntilde;a desde siempre, primero como enigma y despu&eacute;s como problema, lo mismo nos interroga de manera filogen&eacute;tica que ontogen&eacute;tica. La muerte es la compa&ntilde;era nuestra de todos los d&iacute;as. Nacemos moribundos, nacemos atravesados por la astilla del tiempo.<\/p>\n<p>La muerte nos acompa&ntilde;a todos los d&iacute;as y ha acompa&ntilde;ado a la humanidad desde sus or&iacute;genes. Las construcciones culturales, de hecho, seg&uacute;n ense&ntilde;a Sigmund Freud, surgen como defensa ante la certeza de la muerte. Esta certeza, sin embargo, es tratada y asumida (incluso negada) de manera diversa por cada cultura, de ah&iacute; que las distintas civilizaciones tengan que formar mitos (ficciones) para explicar sus&nbsp; concepciones de la muerte. Las religiones, por ejemplo, no son sino manuales ante la muerte.<\/p>\n<p>Sobre ella, sobre la muerte, nada se sabe con certeza y, quiz&aacute; por ello, no queda a cada sociedad y a cada sujeto sino hacer representaciones simb&oacute;licas o met&aacute;foras de ella.<\/p>\n<p>Las ciencias, las religiones y las manifestaciones art&iacute;sticas surgen a la sombra de los mitos que intentan explicar el origen y el destino de lo humano y del cosmos. Dentro de estos mitos, los mitos sobre la muerte son significativos y han servido esencialmente para organizar la vida. Los mitos, con sus variantes culturales y temporales, en su estructura de verdad, contin&uacute;an vigentes, aunque ahora operan de manera individualizada. Se puede se&ntilde;alar con relativa claridad que son tres los mitos m&aacute;s recurrentes en todos los pueblos de la tierra: se trata de los mitos de la cosmogon&iacute;a u origen del mundo; los antropog&eacute;nicos o sobre el origen del hombre; y los referentes a la muerte o sobre la pregunta por el m&aacute;s all&aacute; de la vida.<\/p>\n<p>La muerte al ser metaforizada, &uacute;nica forma de acercarse a ella, en los seres humanos escapa a su condici&oacute;n biol&oacute;gica para presentarse montada en una estructura simb&oacute;lica, con un fundamento cultural que deja asomar su amarre en el tiempo. La temporalidad, factor eminentemente cultural, determina el car&aacute;cter mortal de las cosas y de los humanos. Se puede decir que &uacute;nicamente somos mortales los humanos en tanto que somos los &uacute;nicos seres vivos que sabemos de la muerte: somos los &uacute;nicos organismos vivos que tenemos enterrada la astilla del tiempo.<\/p>\n<p>La ruptura entre lo natural y lo cultural (corte necesariamente violento que resulta ser la base de lo civilizado), la separaci&oacute;n entre la inmanencia y la trascendencia, se constituye justamente con el surgimiento de la conciencia de muerte que, parad&oacute;jicamente, se expresa como anhelo de continuidad, lo que conduce a la construcci&oacute;n de la cultura. El t&eacute;rmino <em>cultura<\/em> lo podemos entender de manera general como la construcci&oacute;n de s&iacute;mbolos que, junto con las t&eacute;cnicas e instituciones, conforman la civilizaci&oacute;n. Estas tres instancias constitutivas de la civilizaci&oacute;n se expresan, respectivamente, como forma de ver, forma de hacer y forma de estar en el mundo. Cada civilizaci&oacute;n, en cada momento hist&oacute;rico, construye sus propios s&iacute;mbolos para representar el origen y el fin de la vida, con la intenci&oacute;n de poder entender y darle un sentido al tr&aacute;nsito entre uno y otro enigma. La cultura surge con el sentido expresamente manifiesto de darse continuidad como civilizaci&oacute;n.<\/p>\n<p>As&iacute;, en tanto que la &ldquo;experiencia&rdquo; de muerte es una cuesti&oacute;n de hecho que escapa a toda posible simbolizaci&oacute;n, la formaci&oacute;n de la cultura se levantar&aacute; justo como defensa ante lo que no se puede terminar de significar; por lo tanto, cuando hablamos de la muerte estamos montados sobre un l&iacute;mite entre lo factible de significar y lo innombrable, entre lo visible y lo invisible, entre lo real y lo simb&oacute;lico. Ante lo imposible de representar. Los l&iacute;mites se deslizan por el lenguaje; cada cultura se ve precisada a construir sus met&aacute;foras para poder representar y hacerse medianamente entendible esta situaci&oacute;n radical, esta absoluta alteridad que es la muerte. Es decir, para poder ordenar las formas del vivir humanamente es necesario establecer un orden en lo ca&oacute;tico, por m&aacute;s que este orden sea &uacute;nicamente de car&aacute;cter metaf&oacute;rico y parezca arbitrario. Estos s&iacute;mbolos constituyen la esencia de los mitos (de las ficciones) y en &eacute;stos, con frecuencia, se entretejen los destinos humanos con los designios de los dioses para dar organizaci&oacute;n y coherencia a la incertidumbre que es la vida de los hombres en com&uacute;n.<\/p>\n<p>Mediante los mitos, que operan como el eterno balbuceo de la humanidad, se intenta restaurar la continuidad que siempre est&aacute; bajo amenaza, por ello es necesariamente recurrente su actualizaci&oacute;n por medio de ritos y rituales, aunque tambi&eacute;n, como ense&ntilde;a el psicoan&aacute;lisis, los mitos se actualizan por la v&iacute;a del s&iacute;ntoma para protegerse de la fatalidad latente que pesa sobre todo hombre. Los mitos mitigan la angustia que genera el contacto con lo innombrable, con lo real. Los mitos hacen &ldquo;soportable&rdquo; el estar frente a lo irrepresentable. Un mito es un relato que se transmite de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n; una narraci&oacute;n, generalmente oral, que funda, explica y se&ntilde;ala un sentido para un hecho o fen&oacute;meno que de otra manera no lo tendr&iacute;a. El neur&oacute;tico hace mitos para poder soportar la incertidumbre cotidiana que implica estar vivos.<\/p>\n<p>El fil&oacute;sofo dan&eacute;s del existencialismo, S&ouml;ren Kierkegaard, dice que los mitos tocan las regiones &eacute;ticas donde se compromete la existencia y el hacer de la existencia. Para Roland Barthes, un mito es un habla que tiene un estatuto a la vez verdadero e irreal. Los mitos sobre la muerte se han construido en todos los contextos humanos imaginables y desde los m&aacute;s diversos paradigmas. Para el disidente psicoanalista suizo Carl Gustav Jung, la estructura de los mitos es similar a la que presentan los arquetipos; a su decir, los arquetipos son modelos o tipos base alrededor de los cuales se clasifican cosas similares; son inherentes a la psique donde se organiza la experiencia humana en concordancia con experiencias universales como el nacimiento, la muerte, el matrimonio y otros ritos de paso.<\/p>\n<p>Desde estas concepciones, podr&iacute;amos se&ntilde;alar que un mito es verdadero por sus efectos aunque falso (cuando menos, fant&aacute;stico) en sus supuestos o premisas. Sigmund Freud habla de invenci&oacute;n ps&iacute;quica para denominar aquello que sus pacientes le narraban y que, sin corresponder necesariamente con la realidad externa, constituye la base de la realidad subjetiva. Es decir, lo que le contaban no ten&iacute;a comprobaci&oacute;n emp&iacute;rica, pero no por ello dejaba de producir efectos en la subjetividad y consecuencias en la realidad. Este mismo fen&oacute;meno se encuentra en la base de los mitos sobre la muerte. &nbsp;<\/p>\n<p>Nos queda claro que los mitos est&aacute;n ligados a la evoluci&oacute;n de la humanidad, y en particular los mitos referentes a la muerte. De igual manera, podremos ver que algunos de los ritos o concepciones sobre la muerte que se mantienen vigentes, hunden sus ra&iacute;ces en antiguas visiones que se han venido transmitiendo de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n. No hay pueblo o regi&oacute;n, religi&oacute;n o disciplina cient&iacute;fica o art&iacute;stica que no haya hablado del tema, no hay actividad productiva (incluyendo las de car&aacute;cter destructivo) que en el fundamento no tenga algo que ver con la dualidad vida\/muerte.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Yo soy la resurrecci&oacute;n y la vida, quien cree en m&iacute; aunque hubiere muerto vivir&aacute;; y todo aquel que vive y cree en m&iacute; no morir&aacute; para siempre Evangelio de Juan, XI, 25, 26. &nbsp; Todo es flujo, nada es estacionario. 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