{"id":862,"date":"2021-11-30T13:59:32","date_gmt":"2021-11-30T13:59:32","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/11\/30\/el-nacimiento-de-la-muerte\/"},"modified":"2021-11-30T13:59:32","modified_gmt":"2021-11-30T13:59:32","slug":"el-nacimiento-de-la-muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/el-nacimiento-de-la-muerte\/","title":{"rendered":"El nacimiento de la muerte"},"content":{"rendered":"<p><em>Nunca deber&iacute;amos de mirar a la muerte como una cosa lejana si consideramos que, aunque ella no se da prisa por alcanzarnos, nunca cesamos nosotros de darnos prisa yendo hacia ella<\/em><\/p>\n<p>Tom&aacute;s Moro, <em>Piensa la muerte<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Uno de los caminos posibles para conocer al hombre es por la v&iacute;a de la muerte, y de <em>Eso<\/em> no conocemos sino los rituales que los diversos pueblos realizan y mantienen. Edgar Morin, en su libro <em>El hombre ante la muerte, <\/em>dice: &ldquo;la muerte se sit&uacute;a exactamente en el umbral bio-antropol&oacute;gico. Es el rasgo m&aacute;s humano, m&aacute;s cultural del &aacute;ntropos&rdquo;. Y m&aacute;s adelante, dir&aacute;:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">en las fronteras de la &ldquo;la tierra de nadie&rdquo;, donde se efectu&oacute; el paso del estado de &ldquo;naturaleza&rdquo; al estado de hombre, con el pasaporte de humanidad en regla, cient&iacute;fico, racional.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Las determinaciones y las edades de la humanidad son las de sus &uacute;tiles.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Pero existe otro pasaporte sentimental que no es objeto de ninguna metodolog&iacute;a, de ninguna clasificaci&oacute;n, de ninguna explicaci&oacute;n; un pasaporte sin visado pero que contiene una revelaci&oacute;n conmovedora: la sepultura, es decir, la inquietud por los muertos, o mejor, la inquietud por la muerte.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Seg&uacute;n estas aportaciones, podemos ver que la muerte va ligada al surgimiento de lo humano.<\/p>\n<p>Georges Bataille, para determinar el origen de lo humano, coincide con Morin en el punto de se&ntilde;alar al trabajo como fundamento de lo humano. Escribe Bataille en <em>Las l&aacute;grimas de eros<\/em>: &ldquo;est&aacute; claro que el trabajo liber&oacute; al hombre de su animalidad inicial. El animal se convirti&oacute; en humano a causa del trabajo. El trabajo fue, ante todo, el fundamento del conocimiento y de la raz&oacute;n. La fabricaci&oacute;n de &uacute;tiles de trabajo o de armas fue el punto de partida de los primeros razonamientos que humanizaron al animal que &eacute;ramos.&rdquo; La muerte, lo mismo que el utensilio, se encuentran ligados al origen del hombre, de lo humano; parecen ser aportaciones contundentes para explicar el surgimiento de lo humano como tal.<\/p>\n<p>Martin Buber agrega un argumento para destacar en el surgimiento de lo humano, un elemento con mayor contundencia: el lenguaje. Al hacer referencia a la noci&oacute;n de &aacute;ntropos, se&ntilde;ala que se relaciona con el mundo de tres maneras: &ldquo;la primera es nuestra vida con la naturaleza, en ella la relaci&oacute;n llega hasta el umbral del lenguaje. La segunda esfera, la de nuestra vida con los hombres, la relaci&oacute;n adquiere forma de lenguaje. La tercera esfera es nuestra vida con las formas inteligibles; la relaci&oacute;n se produce en ella sin lenguaje, pero engendra un lenguaje.&rdquo;<\/p>\n<p>El &aacute;ntropos es un ser de relaciones y estas relaciones se construyen y sostienen por el lenguaje, o m&aacute;s precisamente por lo simb&oacute;lico, de lo cual no es dif&iacute;cil deducir que, como se&ntilde;ala Morin, sea el darle sepultura a sus muertos un rasgo eminentemente simb&oacute;lico en tanto que supone una idea de trascendencia. Sin embargo, es necesario, seg&uacute;n expresa Morin, &ldquo;copernizar&rdquo; la muerte, es decir, tener de ella una visi&oacute;n integral que, por extensi&oacute;n, nos d&eacute; una visi&oacute;n igualmente integral del hombre: ese es el papel de la antropolog&iacute;a.<\/p>\n<p>La antropolog&iacute;a, en alguno de sus m&eacute;todos de investigaci&oacute;n, procede mediante la comparaci&oacute;n o, si se prefiere, por diferenciaci&oacute;n. As&iacute;, el hombre comparado con el animal ser&iacute;a un <em>homo faber<\/em>, un animal constructor y, m&aacute;s a&uacute;n, el hombre ser&iacute;a un &ldquo;animal enterrador de sus muertos.&rdquo; Junto con la creaci&oacute;n de herramientas, dar sepultura a los muertos es tal vez uno de los rasgos m&aacute;s arcaicos del hombre culturizado; desde entonces, cultura y muerte van intr&iacute;nsecamente representadas, mutuamente determinadas.<\/p>\n<p>Esta simbiosis estar&iacute;a en el fundamento de la antropo-tanatolog&iacute;a. Ahora bien, as&iacute; como resulta universal la uni&oacute;n de muerte y cultura, las formas en que se representa esta relaci&oacute;n son singulares, propias de cada pueblo y cada &eacute;poca, y as&iacute; ocurre con de cada individuo, en tanto que se trata de la relaci&oacute;n con el morir. &nbsp;La antropo-tanatolog&iacute;a, entonces, estudiar&iacute;a las relaciones entre muerte y cultura (no confundir con la moderna tanatolog&iacute;a, que es una propuesta de abordaje terap&eacute;utica-espiritual). La antropo-tanatolog&iacute;a, dice Louis-Vincent Thomas, &ldquo;debe ser necesariamente comparativa, pues busca la unidad del hombre en la diversidad; o mejor todav&iacute;a, construye la universalidad a partir de las diferencias.&rdquo;<\/p>\n<p>La visi&oacute;n antropol&oacute;gica sobre la muerte busca, procediendo de manera comparativa, conocer los rasgos singulares que con respecto a la muerte genera cada cultura. Tambi&eacute;n se interesa por encontrar los rasgos comunes que se presentan en cada relaci&oacute;n (ficci&oacute;n) muerte\/cultura.<\/p>\n<p>La antropolog&iacute;a observa algunas similitudes recurrentes entre las diversas construcciones culturales sobre la muerte, tal es el caso del horror manifiesto frente al cad&aacute;ver, m&aacute;xime cuando &eacute;ste adquiere aspecto de carro&ntilde;a.<\/p>\n<p>Sobre este particular, se&ntilde;ala Philippe Ari&eacute;s: &ldquo;a pesar de la familiaridad con la muerte, los antiguos tem&iacute;an la vecindad de los muertos y los manten&iacute;an aparte. Honraban las sepulturas, en parte porque tem&iacute;an el regreso de los muertos&#8230;&rdquo; Debido a este horror (terror) se estableci&oacute; que los cementerios estuvieran siempre en los l&iacute;mites de la ciudad. los muertos quedaban as&iacute; doblemente excluidos, de la vida y de la ciudad, con excepci&oacute;n hecha con los cuerpos de los sacerdotes que continuaron sepult&aacute;ndose en los atrios o en los nichos de los templos bajo la idea de que por el ejercicio del sacerdocio hab&iacute;an experimentado un proceso de purificaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Esta actitud es una constante en muchas culturas. Sin embargo, aunque se evita el contacto con el cad&aacute;ver, evitando as&iacute; la muerte por contagio, no todos los cad&aacute;veres causan el mismo horror.<\/p>\n<p>Edgar Morin ilustra lo expresado al se&ntilde;alar: &ldquo;el horror deja de existir ante la carro&ntilde;a animal, o la del enemigo, del traidor, al que se le priva de la sepultura, al que se deja que &lsquo;reviente&rsquo; y se &lsquo;pudra&rsquo; &lsquo;como un perro&rsquo;, ya que no se le reconoce como un hombre. El horror no lo produce la carro&ntilde;a sino la carro&ntilde;a del semejante, y es la impureza de ese cad&aacute;ver la que resulta contagiosa.&rdquo; El contagio que se tem&iacute;a va m&aacute;s all&aacute; de una posible enfermedad: se trata del contagio de la muerte misma. Incluso en la cultura del antiguo Egipto, por ejemplo, los que ten&iacute;an contacto con los cad&aacute;veres formaban una casta aparte y no les era permitido tener ning&uacute;n contacto con el resto de la poblaci&oacute;n. &nbsp;Similar aversi&oacute;n, aunque t&iacute;midamente disimulada, generan en las sociedades modernas las personas que trabajan en los rastros o lugares donde se practican autopsias; la repulsi&oacute;n incluso se extiende a todo lo relacionado con la sangre.<\/p>\n<p>Otras similitudes, dentro de las diversidades, que son destacadas por la antropo-tanatolog&iacute;a, son las asociaciones entre la muerte y la iniciaci&oacute;n: la liga nacimiento\/muerte\/renacimiento ha estado presente en las m&aacute;s diversas culturas; lo mismo se puede observar con las representaciones art&iacute;sticas de la muerte, o en la relaci&oacute;n entre vivos y muertos y en los ritos y rituales de enterramiento o cremaci&oacute;n.<\/p>\n<p>El cuidado de sus muertos ha sido preocupaci&oacute;n del hombre desde los tiempos m&aacute;s remotos. El hombre prehist&oacute;rico les rend&iacute;a culto, los enterraba o guardaba en cuevas, al abrigo de rocas e incluso los com&iacute;a incorpor&aacute;ndolos a su propia substancia.<\/p>\n<p>En todos los grupos humanos han existido una serie de ritos y t&eacute;cnicas funerarias de lo m&aacute;s variado que podemos resumir en cinco puntos. Abandono del cad&aacute;ver definitivo o temporal; <a href=\"http:\/\/www.gorgas.gob.pa\/Documentos\/museoafc\/loscriminales\/funerarias\/cuerpos%20incorruptos.html#inhumacion\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Inhumaci&oacute;n<\/a>; <a href=\"http:\/\/www.gorgas.gob.pa\/Documentos\/museoafc\/loscriminales\/funerarias\/cuerpos%20incorruptos.html#cremacion\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Cremaci&oacute;n<\/a>; Conservaci&oacute;n (<a href=\"http:\/\/www.gorgas.gob.pa\/Documentos\/museoafc\/loscriminales\/funerarias\/cuerpos%20incorruptos.html#conservacion\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">embalsamamiento<\/a>, <a href=\"http:\/\/www.gorgas.gob.pa\/Documentos\/museoafc\/loscriminales\/funerarias\/cuerpos%20incorruptos.html#momias\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">momificaci&oacute;n<\/a>)<\/p>\n<p>Este &uacute;ltimo aspecto es de llamar la atenci&oacute;n. El embalsamiento o conservaci&oacute;n del cad&aacute;ver ha sido en todo tiempo un hecho aparentemente inexplicable por razones naturales, creyendo que si algunos cuerpos no se descomponen, y al cabo del tiempo se conservan tal como estaban en el momento de la muerte o bien se van secando, se van encogiendo, se momifican pero sin corromperse, es decir son cuerpos aparentemente incorruptibles, por tanto marcados por alguna purificaci&oacute;n o santificaci&oacute;n.<\/p>\n<p>No se puede dejar de mencionar la similitud cultural sobre la creencia en la inmortalidad que mantienen muchas etnias y civilizaciones primitivas, pues como lo mostr&oacute; J.G. Frazer, en algunos casos no se trata de una creencia en la inmortalidad particular sino la certeza de que hay otra vida para la tribu, para los ancestros.<\/p>\n<p>Si el hombre conoce mejor su muerte no se preocupar&aacute; m&aacute;s por huir de ella o negarla, como ocurre con frecuencia en las sociedades contempor&aacute;neas, lo cual implicar&iacute;a una distinta actitud ante de ella.<\/p>\n<p>Pensar la muerte es siempre, de un modo asombroso, pensar en lo otro. Lo otro, en lo cual somos. Si no es posible pensar la vida humana fuera del lazo social, la muerte s&oacute;lo tiene posibilidad de entrar en la conciencia a partir de la p&eacute;rdida de lo otro, y el otro, lo cual, en funci&oacute;n de espejo, posibilita pensar en la propia muerte.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nunca deber&iacute;amos de mirar a la muerte como una cosa lejana si consideramos que, aunque ella no se da prisa por alcanzarnos, nunca cesamos nosotros de darnos prisa yendo hacia ella Tom&aacute;s Moro, Piensa la muerte. &nbsp; Uno de los caminos posibles para conocer al hombre es por la v&iacute;a de la muerte, y de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":100,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[],"class_list":["post-862","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-kaos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/862","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/100"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=862"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/862\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=862"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=862"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=862"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}