{"id":840,"date":"2021-11-16T12:33:30","date_gmt":"2021-11-16T12:33:30","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/11\/16\/algo-no-anda-los-sintomas-de-nuestro-cuerpo\/"},"modified":"2021-11-16T12:33:30","modified_gmt":"2021-11-16T12:33:30","slug":"algo-no-anda-los-sintomas-de-nuestro-cuerpo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/algo-no-anda-los-sintomas-de-nuestro-cuerpo\/","title":{"rendered":"Algo no anda: los sntomas de nuestro cuerpo"},"content":{"rendered":"<h6>Portada: fotograma de <em>Fight club<\/em>, de David Fincher, 1999<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>El cuerpo si se lo toma en serio constituye en primer lugar todo lo que puede llevar la<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em> marca apropiada para ordenarlo en una serie de significantes. Desde esta marca, &eacute;l es s<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>oporte de la relaci&oacute;n no eventual no necesaria, pues incluso soportarla lo hace <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>sustray&eacute;ndose a ella <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Jacques Lacan, <em>Radiofon&iacute;a y Televisi&oacute;n<\/em>, 1973<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p>Un s&iacute;ntoma es, en psicoan&aacute;lisis, algo que no anda. El s&iacute;ntoma es un signo de que algo no le anda bien al sujeto. Si pudi&eacute;ramos pensar en s&iacute;ntomas sociales contempor&aacute;neos podr&iacute;amos ver que cuestiones que resultan fundamentales para el sujeto &ldquo;no andan&rdquo;, tanto en la dimensi&oacute;n social como en lo subjetivo.<\/p>\n<p>Veamos aqu&iacute; s&oacute;lo tres ejemplos claramente verificables de s&iacute;ntomas o malestares sociales en nuestro tiempo y nuestros cuerpos: <em>algo no anda entre los sexos.<\/em> Los efectos de este s&iacute;ntoma se escuchan en la cl&iacute;nica en las formas y modulaciones m&aacute;s variadas como los celos, violencia en la pareja, infidelidad, feminicidios, etc.&nbsp;<\/p>\n<p>En nuestro tiempo, los cuerpos sexuados se diversan, se confrontan, se juntan y se separan, se operan, se cambian, vivimos con una sexualidad mutante. Quiz&aacute; siempre fue as&iacute;, s&oacute;lo que no se hablaba de ello, simplemente el cuerpo sexuado se ejerc&iacute;a en su funci&oacute;n y no hac&iacute;a s&iacute;ntoma, no hab&iacute;a espacio para la queja. Las formas de ejercicio de las parentalidades tambi&eacute;n se han diversificado y confrontado. Con las neosexualidades emergen formas diversas del v&iacute;nculo amoroso y de familiaridad, y tambi&eacute;n con ello emergen cuestionamientos sobre lo pertinente o no del ejercicio de la paternidad o maternidad en matrimonios del mismo sexo, por ejemplo. Las formas de reproducci&oacute;n tambi&eacute;n se diversan, los avances de la ciencia y las innovaciones tecnol&oacute;gicas permiten que el sexo sea prescindible para la maternidad, por tanto, la paternidad es puesta en cuesti&oacute;n como nunca en la historia de la humanidad, lo que no ocurre sin consecuencias. En los tiempos que vivimos, sin mitos sobre el amor que orienten el encuentro entre los sexos, los v&iacute;nculos afectivos son sometidos a demandas de satisfacci&oacute;n (sobre todo en el consumo y en lo sexual) antes desconocidas, con sus concomitantes ansiedades, angustias e impotencias.<\/p>\n<p>Por otro lado, tambi&eacute;n, en nuestros d&iacute;as, <em>algo no anda <\/em>con respecto a las marcas o se&ntilde;ales que aseguran el paso de la infancia a la vida adulta. Se hicieron evanescentes los llamados ritos de paso. La vida infantil y la vida adulta se deslizan en un <em>continuum<\/em> indiferenciado y confuso. Ahora podemos ver en la infancia un &ldquo;despertar de la primavera&rdquo; demasiado temprano, esto es, la pubertad inicia a una edad cada vez m&aacute;s temprana dejando una estela de hiper-erotizaci&oacute;n de la infancia. Aunque, en este mismo sentido, en el otro extremo, se viven adolescencias cada vez m&aacute;s tard&iacute;as, es decir, sujetos de 40 a&ntilde;os que contin&uacute;an bajo la tutela o los emblemas paternos. Una cuesti&oacute;n se nos plantea como sociedad: &iquest;qu&eacute; hacemos con la infancia? Dos vertientes igualmente complejas se despliegan: por un lado, una hiper-regulaci&oacute;n que impide cualquier intervenci&oacute;n educativa o pedag&oacute;gica que no sea vista como limitaci&oacute;n de sus derechos, mientras que por el otro lado vivimos un absoluto olvido y abandono de las infancias y adolescencias, ambas tendencias de consecuencias a&uacute;n incalculables.<\/p>\n<p>Y un tercer s&iacute;ntoma social, y esto es lo que aqu&iacute; mayormente nos interesa, <em>algo no anda el &ldquo;sentir&rdquo;<\/em>. Se escucha cada vez m&aacute;s la queja de la ausencia de sensaciones: no sentir nada. Proliferan las subjetividades planas que requieren experiencias cada vez m&aacute;s extremas para poder &ldquo;sentir&rdquo;. Sociedades colmadas de vac&iacute;o que requieren de actos cada vez m&aacute;s radicales que le puedan dar lugar al dolor, por lo menos. El dolor f&iacute;sico se presenta como opci&oacute;n y defensa ante el dolor-de-existir.<\/p>\n<p>El cuerpo se presenta cada vez m&aacute;s como el &uacute;ltimo reducto donde inscribir una marca ante la ausencia o falla del Otro (el padre, la ley, la cultura). El cuerpo deviene como el lugar de una marca que preserve de la angustia, salve del vac&iacute;o. El cuerpo deviene el lugar de un corte o agujero ante el vac&iacute;o. Encontramos de manera generalizada expresiones que se muestran mediante diversas modalidades de intervenci&oacute;n sobre el cuerpo: escarificaciones como la pr&aacute;ctica del <em>branding<\/em> (marcar el cuerpo con hierro candente o con hielo o con alg&uacute;n qu&iacute;mico), perforaciones, extensiones, incrustaciones o percing, etc&eacute;tera. Dentro de estas modalidades encontramos la pr&aacute;ctica del <em>cutting<\/em>, hacerse cortes en la piel. Llama la atenci&oacute;n no por su existencia (no es una moda, se han practicado cortes en la piel desde los or&iacute;genes de la humanidad) sino por la condici&oacute;n masiva de su pr&aacute;ctica, incluso ha sido calificada como una epidemia. Se suele asociar esta pr&aacute;ctica con la adolescencia, donde justamente los l&iacute;mites corporales y morales se ven estallados; sin embargo, vemos que esta pr&aacute;ctica se encuentra generalizada aunque no siempre sea visible. Estas pr&aacute;cticas con el cuerpo bien pueden ser vistas como respuestas o reacciones ante una situaci&oacute;n embarazosa. As&iacute;, las marcas en la piel operar&iacute;an como respuestas ante estados de angustia. Se presentan como defensas que procuran, por v&iacute;a del dolor, una ganancia de satisfacci&oacute;n. Se escucha decir que cortarse alivia la angustia, es un medio de desahogo. Ah&iacute;, donde hay una ganancia de placer en el dolor, a eso Lacan le llama goce. En este sentido, cortarse opera como una soluci&oacute;n, no como un conflicto. Cortarse, marcarse, implica una inscripci&oacute;n en lo simb&oacute;lico rozando lo real, se trata de una escritura subjetiva, eso tambi&eacute;n es un s&iacute;ntoma: una soluci&oacute;n de compromiso. La marca es texto, marca escritural, <em>flecha del s&iacute;ntoma<\/em> le llama a la escritura Jacques Lacan. Los cortes son escrituras hechas en lo real del cuerpo,&nbsp; escritura en el dolor que adquieren estatuto de rasgo unario, es decir, como marca de inicio, una inscripci&oacute;n radical hecha de sangre y de historia ah&iacute; donde los emblemas de inscripci&oacute;n en el Otro son endebles. En este sentido, el <em>cutting<\/em> es una escritura traum&aacute;tica (&ldquo;trauma&rdquo; significa justamente herida o ruptura) que rasga la intimidad del cuerpo.<\/p>\n<p>Si, como sabemos, no nacemos con un cuerpo, el cuerpo surge a partir de las marcas significantes que provienen del Otro. Estas marcas permiten que el cuerpo sea contado como tal, hacen a un cuerpo distinguible como requisito m&iacute;nimo para contarse uno entre otros. El cuerpo se presenta a recibir la marca significante que le haga ser. Se trata de marcas que inscriben ah&iacute;, en el cuerpo, una doble faz. Por un lado, marcan la pertenencia a un conjunto (la circuncisi&oacute;n o el bautizo por ejemplo), y por el otro, inscriben la cualidad er&oacute;tica. Lacan, en este sentido, habla del tatuaje, donde al mismo tiempo que opera como identificador del sujeto, lo distingue, al menos en ciertas sociedades, tambi&eacute;n convierte al sujeto en un objeto er&oacute;tico. Lo hace hombre o mujer y as&iacute;, mediante esas marcas, se le autoriza el uso er&oacute;tico del cuerpo.<\/p>\n<p>Sabemos de algunas culturas que contin&uacute;an practicando la ablaci&oacute;n genital femenina, especialmente la clitoridectom&iacute;a, como un rito de paso de la infancia a la vida adulta. Por aberrante que nos resulte en la actualidad esta pr&aacute;ctica (incluso ha sido declarada, con justificaci&oacute;n creo, como una violaci&oacute;n de los derechos humanos de las mujeres y las ni&ntilde;as), no podemos dejar de se&ntilde;alarla como una pr&aacute;ctica donde el cuerpo se lacera para dar lugar y darse un lugar en lo social y, al mismo tiempo, reconocerle un lugar sexual. Que una ni&ntilde;a no pase por esto, en esas sociedades, implica que no se haga nunca mujer, implica el quedar fuera, el exilio, incluso el vac&iacute;o del ser. Una verdadera mutilaci&oacute;n.<\/p>\n<p>La f&oacute;rmula que operar&iacute;a subjetivamente en las pr&aacute;cticas de marcaci&oacute;n del cuerpo podr&iacute;a plantearse en estos t&eacute;rminos: &ldquo;marcarse es una soluci&oacute;n, no un problema&rdquo;. Una soluci&oacute;n que se inscribe &uacute;nicamente en la historia singular de cada sujeto. Una soluci&oacute;n en tanto que de ah&iacute; se extrae un lugar y adem&aacute;s una ganancia de satisfacci&oacute;n, o mejor a&uacute;n, una soluci&oacute;n ante la evidencia de la castraci&oacute;n del Otro. Esta f&oacute;rmula, que invierte los t&eacute;rminos de toda moral pastoral, implica un abordaje diferente, caso por caso.<\/p>\n<p>Los sujetos no se mutilan, golpean, cortan por estar locos o por ser desadaptados, no, son actos que implican un intento, incluso desesperado, de inscripci&oacute;n significante, son llamados al Otro, medios de soporte ante la ausencia o falla del Otro. El corte es un grito que llama al Otro y busca salvar de la angustia que produce la presencia de lo real que se juega en las vivencias de deslocalizaci&oacute;n. Dicho de manera clara: el corte del cuerpo permite poner un l&iacute;mite al vac&iacute;o, es una forma suplementaria de hacerse un agujero por donde lo simb&oacute;lico opere. La marca en el cuerpo es una forma radical de hacer huella del nombre del sujeto en el campo del Otro. Se trata, en el <em>cutting<\/em> y en otras formas de marcarse, como el tatuaje, la delgadez de la anorexia o la moda en alg&uacute;n sentido, de una inscripci&oacute;n que hace marca y que implica al sujeto.<\/p>\n<p>Los malestares aqu&iacute; se&ntilde;alados, como muchos otros s&iacute;ntomas del cuerpo en nuestro tiempo, reclaman ser escuchados, pero m&aacute;s a&uacute;n, reclaman una escucha sin prejuicios, &uacute;nica forma de preservar la dignidad de lo humano.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Portada: fotograma de Fight club, de David Fincher, 1999 &nbsp; El cuerpo si se lo toma en serio constituye en primer lugar todo lo que puede llevar la marca apropiada para ordenarlo en una serie de significantes. 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