{"id":830,"date":"2021-11-09T14:08:24","date_gmt":"2021-11-09T14:08:24","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/11\/09\/herede-el-mar-mediterraneo\/"},"modified":"2021-11-09T14:08:24","modified_gmt":"2021-11-09T14:08:24","slug":"herede-el-mar-mediterraneo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/herede-el-mar-mediterraneo\/","title":{"rendered":"Hered el mar Mediterrneo"},"content":{"rendered":"<p>Nac&iacute; al sur del desierto del Sahara, mi padre con mucho orgullo me mir&oacute;, sonri&oacute; a su peque&ntilde;o desnutrido y exclam&oacute;:<\/p>\n<p>&iexcl;Te llamar&aacute;s Rey y heredar&aacute;s el mar Mediterr&aacute;neo!<\/p>\n<p>Los d&iacute;as de mi ni&ntilde;ez pasaban r&aacute;pidos, con el calor sofocante y las faenas agrarias en nuestra tierra pobre que, por bendici&oacute;n (del cielo, de las estrellas, del dios o de quien fuere), produce algo para poner al est&oacute;mago. Por la noche, todos los habitantes de mi aldea se sientan alrededor del fuego para escuchar los mitos y tradiciones de nuestro pueblo. Despu&eacute;s, cuando ya nos cansamos de escuchar y estar sentados, empiezan a tocar los tambores. Algunos danzan, otros se retiran a sus casas. Yo miro el reflejo del fuego, la sombra de la gente que se mueve, las estrellas all&aacute; arriba, siempre tan lejos&hellip; Pienso en el mar Mediterr&aacute;neo&hellip;<\/p>\n<p>Por la ma&ntilde;ana pregunto a mi padre:<\/p>\n<p>&iquest;Cu&aacute;ndo conocer&eacute; mi mar, el mar Mediterr&aacute;neo?<\/p>\n<p>Cuando crezcas, Rey. Tienes que crecer, hijo.<\/p>\n<p>Siempre que empiezan a contar un relato, ellos nos dicen que nuestra cultura es tan antigua como la existencia de los seres humanos sobre la tierra. S&eacute; que existen muchos lugares y s&eacute; que normalmente los seres humanos no llegan a conocer todos los lugares que existen. Cont&eacute; a mi madre que cuando crezca ir&eacute; a mi mar, al mar Mediterr&aacute;neo. Ella llor&oacute; mucho y no dijo ninguna palabra. No entend&iacute; qu&eacute; le pas&oacute;. Por la noche, en la aldea, a la orilla del fuego agarr&eacute; la mano de mi madre y ella acerc&oacute; sus labios a mi o&iacute;do y pregunt&oacute;:<\/p>\n<p>&iquest;Sabes d&oacute;nde est&aacute; el mar Mediterr&aacute;neo?<\/p>\n<p>No.<\/p>\n<p>Est&aacute; lejos, hijo m&iacute;o. Muy lejos. Tan lejos, que el d&iacute;a en que te vayas ser&aacute; el &uacute;ltimo d&iacute;a que te vea en ese cuerpo. Despu&eacute;s que te vayas, solo nos veremos en esp&iacute;ritu.<\/p>\n<p>&iquest;C&oacute;mo sabes?<\/p>\n<p>Otros ya se fueron antes. Y sus madres murieron.<\/p>\n<p>No quiero que te mueras.<\/p>\n<p>&iexcl;No te preocupes! Las madres no mueren nunca&hellip;<\/p>\n<p>Me gustaba las comidas de vegetales con legumbres que mi madre preparaba. La tisana de hojas del bosque que ella nos daba tibia antes de dormir. Tambi&eacute;n me gustaba ver la destreza con que pintaba largas telas de algod&oacute;n o las paredes de nuestra casa, &ldquo;para alegrar a los ancestros&rdquo;, dec&iacute;a sonriendo. Ella mol&iacute;a distintas tierras y mezclaba con plantas y ten&iacute;a los colores que necesitaba para alegrar nuestra casa&hellip; y a los ancestros.<\/p>\n<p>Me percat&eacute; que estaba creciendo cuando mi padre me llam&oacute; para que le ayude a agarrar un toro. Antes, yo quer&iacute;a ayudar y &eacute;l dec&iacute;a: &ldquo;cuando crezcas, hijo&hellip;&rdquo;<\/p>\n<p>Transpirados de haber corrido detr&aacute;s del toro para amarrarlo, caminamos hasta la casa y mi madre nos ofreci&oacute; la tisana de hojas del bosque. Mir&eacute; a mi padre y le pregunt&eacute;:<\/p>\n<p>&iquest;C&oacute;mo llego al mar Mediterr&aacute;neo?<\/p>\n<p>Tienes que ir a la ciudad. Est&aacute; a tres noches de nuestra aldea. En la ciudad hay que tomar el transporte que va al norte. En el norte tienes que ir hacia el desierto&hellip; Dijo con la voz entrecortada.<\/p>\n<p>&iquest;C&oacute;mo se cruza el desierto del Sahara, padre?<\/p>\n<p>Con Dios y con suerte, hijo m&iacute;o.<\/p>\n<p>&iquest;Por qu&eacute;?<\/p>\n<p>Porque en el desierto uno muere de sed, de miedo, de angustia, de emboscada&hellip; El desierto es dif&iacute;cil hijo&hellip; Si logras cruzar el desierto, tienes que viajar hasta el puerto y cuando llegas al puerto, el mar es tuyo. Llegas a tu mar Mediterr&aacute;neo.<\/p>\n<p>Mir&eacute; a mi madre que escuchaba nuestra conversaci&oacute;n en silencio, con el rostro ba&ntilde;ado en l&aacute;grimas. Mi padre la mir&oacute; y fue a su lado y la abraz&oacute; diciendo:<\/p>\n<p>Sab&iacute;amos que un d&iacute;a crecer&iacute;a y nos dejar&iacute;a. Siempre lo supimos, desde que estuvo en tu vientre. Es la ley de esta tierra. Tenemos hijos para el mar dijo eso y empez&oacute; a llorar abrazado a ella.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hace tres horas que la barcaza se hundi&oacute; y mientras me transformo en pez, me transformo en alga, entiendo por qu&eacute; al nacer hered&eacute; el mar Mediterr&aacute;neo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nac&iacute; al sur del desierto del Sahara, mi padre con mucho orgullo me mir&oacute;, sonri&oacute; a su peque&ntilde;o desnutrido y exclam&oacute;: &iexcl;Te llamar&aacute;s Rey y heredar&aacute;s el mar Mediterr&aacute;neo! 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