{"id":822,"date":"2021-11-02T15:35:25","date_gmt":"2021-11-02T15:35:25","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/11\/02\/la-muerte-del-problema-al-enigma\/"},"modified":"2021-11-02T15:35:25","modified_gmt":"2021-11-02T15:35:25","slug":"la-muerte-del-problema-al-enigma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/la-muerte-del-problema-al-enigma\/","title":{"rendered":"La muerte: del problema al enigma"},"content":{"rendered":"<h6>Portada: Alberto Durero, <em>El soldado y la muerte<\/em>, 1510<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La muerte es un hecho del lenguaje, y no podemos acercarnos a ella sino desde el lenguaje mismo. El morir, las formas de morir, es una cuesti&oacute;n cultural. La muerte y el morir son dos cuestiones distintas. La muerte tiene tres formas de hacerse presente: un accidente, un homicidio o bien un suicidio. &ldquo;Morir&rdquo; es un verbo, una acci&oacute;n con un sujeto pasivo, lo mismo que ocurre con el verbo <em>nacer<\/em>. La muerte es una acci&oacute;n siempre presente, es una experiencia donde quien la experimenta, no puede hacerla palabra, la muerte llega siempre de s&uacute;bito. Es inefable, a los deudos s&oacute;lo les queda hacer ficciones, duelos, rituales.<\/p>\n<p>La muerte opera como una ficci&oacute;n. Es un hecho del lenguaje y propicia la conciencia. Cualquier ficci&oacute;n que se pretenda construir con la finalidad de explicar el proceso de humanizaci&oacute;n tendr&iacute;a que hacer una escala en el momento en que la muerte irrumpe en la cotidianidad biol&oacute;gica del ser. Esa irrupci&oacute;n, siempre s&uacute;bita, provoca el surgimiento de la conciencia, lo cual permite que el hombre se represente su vida, adem&aacute;s de vivirla. M&aacute;s claro, la irrupci&oacute;n de la conciencia de muerte posibilita en el sujeto una duplicaci&oacute;n. Esa representaci&oacute;n es s&oacute;lo factible a trav&eacute;s de una funci&oacute;n simb&oacute;lica. En otras palabras, es a partir del &ldquo;doblarse&rdquo; simb&oacute;lico sobre lo real biol&oacute;gico, que aparece el problema cultural (imaginario) de la muerte. La muerte en el estatuto de lo &ldquo;natural&rdquo; es un hecho.<\/p>\n<p>En ese nivel real, la muerte no es en absoluto existente, simplemente ocurre. La muerte se puede pensar desde lo humano, no ya s&oacute;lo como hecho sino como representaci&oacute;n, cuando de biol&oacute;gica se transforma en mito-l&oacute;gica, cuando se empieza a balbucear. De la muerte no es posible hablar de ning&uacute;n modo. De ella s&oacute;lo podemos hacer met&aacute;foras, s&iacute;mbolos, es decir, mitolog&iacute;as. Si el lenguaje es lo propio del ser humano, entonces, s&oacute;lo a partir de &eacute;l puede existir la representaci&oacute;n y, en consecuencia, la producci&oacute;n de s&iacute;mbolos que operan como base de la cultura. Visto as&iacute;, el fen&oacute;meno de la muerte es un hecho del lenguaje, y por tanto exclusivamente humano. Es decir, la muerte s&oacute;lo deviene conflicto para el ser humano.<\/p>\n<p>La muerte y el morir, como se ha dicho, no son lo mismo. Mientras que la primera se presenta siempre con su potencia, el segundo implica una acci&oacute;n pasiva. La muerte es un hecho del lenguaje, el morir una cuesti&oacute;n biol&oacute;gica. Todos los seres vivos habr&aacute;n de morir, pero s&oacute;lo el humano sabe de su muerte, est&aacute; condenado por su condici&oacute;n mortal, se encuentra atravesado por la astilla del tiempo.<\/p>\n<p>En mi libro <em>Ficciones sobre la muerte<\/em>, destacaba que Sigmund Freud nos advirti&oacute; que no dejamos de hablar de aquello de lo que nada puede decirse en definitiva, todo lo que se diga es entre-dicho: el amor, dios (el padre), la mujer y la muerte. Al abordar el fen&oacute;meno de la muerte se escucha el profundo silencio de todo lo dicho.<\/p>\n<p>La muerte est&aacute; presente en el parto mismo de la humanidad y es quiz&aacute;s el misterio sobre el que m&aacute;s discursos se han producido. Sobre la muerte se tiene la mayor certeza (si no la &uacute;nica): llegar&aacute;, se sabe, pero tambi&eacute;n se tiene la mayor de las incertidumbres: se ignora cu&aacute;ndo y en qu&eacute; condiciones.<\/p>\n<p>Las diversas cosmovisiones le han otorgado a la muerte un lugar especial. Las hay que de manera expresa han construido sus formas de vida y organizaci&oacute;n social en torno a sus concepciones sobre la muerte y el morir. De manera radical, para Freud, la cultura no es otra cosa que justamente lo que se erige como defensa contra la muerte, es decir, la muerte es el motor de la cultura. Dicho as&iacute;, podemos sostener que cada acto es una defensa contra la muerte.<\/p>\n<p>Se pueden se&ntilde;alar dos posiciones epist&eacute;micas con respecto a las ficciones que se han construido en torno a la muerte: la muerte vista como un problema o la muerte que se presenta como pregunta, como enigma. Las fronteras entre estas dos posiciones, sin embargo, no son muy claras. Por ello se han esgrimido innumerables respuestas que constituyen la base de las imaginaciones culturales en torno a la muerte. La vivencia de la muerte es una de las experiencias m&aacute;s complejas de asumir e integrar a los esquemas sociales o subjetivos. De hecho podemos decir que no hay experiencia de la muerte propia. Sabemos de ella por la muerte del otro, del cercano, del amado. La muerte presenta las mayores complejidades de representaci&oacute;n o significaci&oacute;n cultural pese a lo recurrente y variado de los intentos. En el plano de lo ps&iacute;quico, Freud va m&aacute;s lejos y propone que representarse la muerte, en el inconsciente, es asunto imposible.<\/p>\n<p>El m&aacute;s persistente obst&aacute;culo metodol&oacute;gico para abordar el fen&oacute;meno de la muerte es la diversidad de aristas, visiones o disciplinas que no dejan de intentar representarse a la muerte, lo mismo desde los discursos culturales, acad&eacute;micos o cient&iacute;ficos que en las creencias religiosas o desde el vasto universo del arte. Mucho se avanza, creo, si se aborda el fen&oacute;meno de la muerte en dos dimensiones: como un problema o como un enigma. La apuesta que aqu&iacute; se sostiene es abordar el fen&oacute;meno en la direcci&oacute;n que ir&iacute;a de verle como problema (o problemas), datos, cifras, representa un &iquest;qu&eacute; hacer con la muerte? Pero tambi&eacute;n es factible reconocerle como pregunta (o preguntas), enigmas que lleven a mejores formas de vivir. Es decir, en tanto que hecho del lenguaje, con la muerte se puede transitar de ser un problema a la potencia creativa de una interrogaci&oacute;n que abra el enigma al discurso.<\/p>\n<p>Bajo la consideraci&oacute;n anterior, es posible se&ntilde;alar que la muerte, la condici&oacute;n de mortalidad vista como problema es un fen&oacute;meno de hecho, situaci&oacute;n que no permite decir mucho si no es en t&eacute;rminos estrictamente estad&iacute;sticos, lo que no es asunto menor. Una de las caras de la muerte, quiz&aacute; la m&aacute;s visible o identificable en t&eacute;rminos objetivos, es la que se muestra como n&uacute;mero, la muerte hecha dato. Esto lo podemos pensar hoy m&aacute;s que nunca con la pandemia que nos atraviesa y atravesamos. La muerte presentada como dato estad&iacute;stico nos aporta poco o nada para reconocer las maneras en que, en lo social o lo ps&iacute;quico (lo subjetivo), se vive la muerte. Las cifras poco o nada nos dicen sobre las creencias y representaciones ante la muerte y el morir, o de los sentimientos ante la muerte del otro, del pr&oacute;jimo, del cercano, del amado. De otra manera, los datos y las cifras de la muerte poco nos dejan ver de la muerte que se despliega como pregunta para un sujeto. En pocas palabras, la muerte como hecho se transforma simplemente en un dato sin sujeto.<\/p>\n<p>En los a&ntilde;os setenta, seg&uacute;n ha se&ntilde;alado Ernest Becker, los aspectos subjetivos de la muerte eran poco abordados en tanto que, explica, la muerte es lo que m&aacute;s terror produce en el psiquismo del ser humano. Este autor cataloga al enfrentamiento con la muerte como un acto heroico. Dice al respecto: &ldquo;el hero&iacute;smo es, en primer lugar y principalmente, un reflejo del terror a la muerte&rdquo;. En este sentido, el acto heroico ser&iacute;a una respuesta ante el terror que los humanos experimentamos ante la certeza subjetivada de la muerte. Quiz&aacute; sea &eacute;sta la raz&oacute;n por la que, ante la devaluaci&oacute;n evidente en que se encuentra toda clase de hero&iacute;smo, se contin&uacute;e hablando tan poco de la muerte en las postrimer&iacute;as del siglo XXI. Es cierto, la celebridad que se vive en los d&iacute;as de muertos mexicanos es una festividad por los muertos, nuestros muertos, una vivencia festiva de la muerte, un tiempo de carnaval, que permite no hablar m&aacute;s de la muerte, negarle la palabra durante el resto del a&ntilde;o.<\/p>\n<p>En nuestro tiempo, la muerte contin&uacute;a siendo un tema tab&uacute; del que poco se habla. En el mundo occidental la muerte es marginada y relegada a mera tradici&oacute;n que la dupla producci&oacute;n\/consumo usufruct&uacute;a, y, desde ah&iacute;, m&aacute;s que interrogaciones se generan descripciones folcl&oacute;ricas y propuestas para intentar domesticarle desde el discurso sin sujeto de la ciencia. Sin embargo, como se podr&aacute; apreciar desde el psicoan&aacute;lisis, es posible vislumbrar otro camino: ubicar la muerte como pregunta, lo que lleva a producir discursos, es decir, a generar sentido, lo que implica hacerle un hoyo al silencio de lo tr&aacute;gico.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Portada: Alberto Durero, El soldado y la muerte, 1510 &nbsp; La muerte es un hecho del lenguaje, y no podemos acercarnos a ella sino desde el lenguaje mismo. El morir, las formas de morir, es una cuesti&oacute;n cultural. La muerte y el morir son dos cuestiones distintas. La muerte tiene tres formas de hacerse presente: [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":100,"featured_media":823,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[],"class_list":["post-822","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-kaos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/822","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/100"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=822"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/822\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media\/823"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=822"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=822"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=822"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}