{"id":799,"date":"2021-10-26T12:35:39","date_gmt":"2021-10-26T12:35:39","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/10\/26\/la-imagen-la-fe-y-el-silencio\/"},"modified":"2021-10-26T12:35:39","modified_gmt":"2021-10-26T12:35:39","slug":"la-imagen-la-fe-y-el-silencio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/ensayo\/la-imagen-la-fe-y-el-silencio\/","title":{"rendered":"La imagen, la fe y el silencio"},"content":{"rendered":"<h6>Portada: Fotograma de <em>Silencio<\/em>, de Martin Scorsese, 2016<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La expansi&oacute;n del cristianismo, desde el siglo I, hasta nuestros d&iacute;as, ha sido constante. Esa revoluci&oacute;n iniciada por un rabino jud&iacute;o de Nazaret no s&oacute;lo se volvi&oacute; el motor en la construcci&oacute;n de la cultura y la sociedad occidental, sino que tambi&eacute;n sirvi&oacute; de engranaje filos&oacute;fico e ideol&oacute;gico para cometer los m&aacute;s grandes cr&iacute;menes e iniciar las guerras m&aacute;s mort&iacute;feras. El catolicismo, pilar hist&oacute;rico que sostiene la fe cristiana, y sus dogmas, en los que el dolor, la culpa y el sufrimiento conforman el pensamiento general de la fe, se ha nutrido incansablemente de historias ejemplares donde el sacrificio, el dolor y la muerte est&aacute;n presentes. Las diversas hagiograf&iacute;as, que conforman un extenso cat&aacute;logo literario, sirvieron durante siglos como edificadoras de la espiritualidad, donde al final m&aacute;rtires y santos eran ejemplos y piedras fundadoras de la iglesia. Sus muertes no eran en vano y sus sacrificios convert&iacute;an a los paganos al cristianismo casi como por arte de magia. Y si bien el cristianismo tuvo &eacute;xito en casi todo el mundo, en especial en Am&eacute;rica, donde la evangelizaci&oacute;n fue sistem&aacute;tica y productiva, lo cierto es que no todas las misiones gozaron de tales triunfos.<\/p>\n<p>Las incursiones evangelizadoras, cat&oacute;licas y protestantes, tuvieron una enorme dificultad para arraigarse en el lejano oriente. Jap&oacute;n es un ejemplo excelente de c&oacute;mo fracas&oacute; el cristianismo y sus intenciones de expansi&oacute;n. Hacia el siglo XVII, tanto espa&ntilde;oles como portugueses no s&oacute;lo hab&iacute;an fracasado en toda pretensi&oacute;n de introducir el cristianismo en tierras niponas, sino que, a diferencia de Am&eacute;rica, fueron ellos los que sufrieron en carne viva la violencia y la masacre. Los belicosos japoneses de ese tiempo, cuya cultura y civilizaci&oacute;n ya se remontaban a varios milenios atr&aacute;s, poco inter&eacute;s tuvieron en esas nuevas ideas y ante la invasi&oacute;n ideol&oacute;gica, que a veces se disfrazaba de comercio, decidieron prohibir el cristianismo y dar muerte a todo aquel extranjero que llegase con la m&aacute;s m&iacute;nima intenci&oacute;n de hablar del mes&iacute;as de Nazaret. Los samurai aplicaron todo su arte en la violencia y la tortura, desarrollado durante siglos, para hacer de aquellos misioneros, frailes o simplemente comerciantes incautos, verdaderos m&aacute;rtires. Los japoneses regodearon su crapulencia en el pensamiento cristiano, y el dogma del dolor y el sufrimiento, flagelando, martirizando y crucificando a todo infeliz que llegase a caer bajo su yugo. La insistencia de muchos misioneros s&oacute;lo engros&oacute; la lista de m&aacute;rtires y provoc&oacute; que Jap&oacute;n se aislara del mundo, cerrando sus puertos y sus l&iacute;neas de comercio hasta el siglo XIX, cuando su sistema feudal qued&oacute; descontinuado y obsoleto ante los avances de la Revoluci&oacute;n Industrial. Y es que al final, el cristianismo s&iacute; lleg&oacute; a extenderse en las tierras del sol naciente, aunque de una forma h&iacute;brida, muy poco clara y confusa. Para nada serv&iacute;a a los intereses de protestantes o cat&oacute;licos, ya que era una mezcla entre sintoismo y budismo con ritos y simbolog&iacute;a cristiana. Los poqu&iacute;simos conversos japoneses jam&aacute;s entendieron los evangelios ni el concepto del mes&iacute;as, el cordero de Dios que vino a salvar al mundo de los pecados, as&iacute; que hicieron traducciones a su modo y entendieron lo que les dio la gana. Esto, para emperadores y autoridades niponas, resultaba en una excrecencia que deb&iacute;a ser eliminada, pues alteraba el orden social y tergiversaba, en ocasiones, la religi&oacute;n budista, cuando se hac&iacute;an paralelismos simb&oacute;licos entre Jes&uacute;s y Buda, lo que implicaba, si no problemas, al menos disgustos entre la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n que miraba a estos conversos como ascetas vagabundos y pordioseros. Este grupo, peque&ntilde;o y apenas visible, nunca lleg&oacute; a aportar nada ni a la Iglesia ni a Jap&oacute;n, desapareciendo sin dejar rastro.<\/p>\n<p><em>Silence <\/em>(2016) es una pel&iacute;cula basada en una novela de Shusaku Endo, en la que Martin Scorsese aborda este tema y pone una grave disyuntiva sobre la verdad. Sin duda, es un filme dicot&oacute;mico en el cual, evidentemente, Scorsese puede ser tergiversado o comprendido (tal vez fue su intenci&oacute;n), tanto por seres creyentes que miran en esta pel&iacute;cula una apolog&iacute;a homenajeante a los m&aacute;rtires y fieles cristianos y, por otro, lado la versi&oacute;n de los seres que se quedan con la sensaci&oacute;n angustiante provocada por el silencio de Dios, que remite a la teodicea leibniziana.Y es que, si Dios existe, por qu&eacute; permite las injusticias y el sufrimiento de sus hijos, a los que en medio de los calvarios torturantes se ha limitado a acompa&ntilde;ar en silencio.<\/p>\n<p>Martin Scorsese ya hab&iacute;a explorado temas religiosos en todas sus pel&iacute;culas, donde el catolicismo y sus dogmas est&aacute;n presentes como una bisagra en la que sus personajes desarrollan sus arcos narrativos y algunas emociones como la culpa, el sufrimiento y la redenci&oacute;n. Sin duda, la pel&iacute;cula que abord&oacute; mejor este tema fue <em>La &uacute;ltima tentaci&oacute;n de Cristo <\/em>(1988), empero, los elementos del catolicismo est&aacute;n presentes en muchas de sus pel&iacute;culas, donde italianos e irlandeses mafiosos pasan de la violencia y el crimen a la fe en un segundo. <em>Silence<\/em>, por otro lado, lleva este <em>leitmotiv <\/em>al extremo, donde la fe es cuestionada no por su efecto en las personas y los creyentes sino por sus motores simb&oacute;licos. La principal cr&iacute;tica a la fe ciega, que hace Scorcese, es a los s&iacute;mbolos e im&aacute;genes que parecen tener mayor peso en los hombres que en el mismo concepto de Dios. Dios es adorado por la imagen y el s&iacute;mbolo, no por la espiritualidad y la fe. El silencio de Dios se hace presente cuando, alejados de toda imagen y representaci&oacute;n, y al ser puesta a prueba la fe y la espiritualidad, sin el cobijo del simbolismo, el hombre entregado a Dios deja de o&iacute;rle en la oraci&oacute;n. &iquest;Acaso la espiritualidad del hombre est&aacute; internalizada s&oacute;lo por los elementos exot&oacute;picos de la imagen y el s&iacute;mbolo? &iquest;La fe necesita del s&iacute;mbolo para manifestarse? &iquest;Cu&aacute;l es la verdad de la fe?<\/p>\n<p>Quiz&aacute;s el momento final de la cinta defina todo, cuando el sacerdote, padre Rodrigues, es incinerado en una ceremonia budista, se puede explicar mucho mejor la condici&oacute;n humana respecto de lo que guarda una persona en su interior respecto a la fe, el dogma y la verdad. Los hombres, invariablemente, guardan secretos tan profundos que resultan incre&iacute;bles para ellos mismos. Un hombre puede guardar tan hondamente &eacute;stos que desaparecen por un instante durante la vida cotidiana. Cristo, grabado en el <em>fumie<\/em>, le pide al padre Rodrigues que lo pise para apostatar y salvar la vida de japoneses cristianos condenados a morir. Es la voz de Dios que rompe el silencio. &ldquo;Vamos, p&iacute;same. Yo ya cargu&eacute; con los pecados del mundo&rdquo;. Es m&aacute;s valiosa la vida humana que el dogma de una religi&oacute;n de hombres. Rodrigues pisa y ante los ojos del inquisidor ha negado a Dios. <em>Yo soy el camino la verdad y la vida, nadie viene al Padre si no es por m&iacute;.<\/em> De ah&iacute; en adelante Rodrigues vive como un japon&eacute;s, un cristiano apostata; pero la <em>verdad<\/em> oculta en su interior nunca desapareci&oacute;, a pesar del silencio. Pisar a Cristo no fue apostatar, por el contrario, fue un acto sublime de amor a Dios. La verdad interna es tambi&eacute;n silencio. &iquest;Somos esa verdad que ocultamos o los actos en la realidad? <em>Quit et veritas?<\/em><\/p>\n<p>El cine de Mart&iacute;n Scorsese, sin duda, llega a un ep&iacute;tome filos&oacute;fico y est&eacute;tico con esta cinta, sin recurrir a una pol&eacute;mica religiosa como lo fue su pel&iacute;cula de 1988 sobre la vida de un Jesucristo mundano alejado de la divinidad y reivindicado en el &uacute;ltimo momento. <em>Silence<\/em> es una cinta que, por su crudeza y su violencia, contrastada con su belleza visual, pone en dinamismo el pensamiento moderno mediante un discurso hist&oacute;rico. El tema del silencio es abismal y puede entenderse en la actualidad m&aacute;s que nunca, ya que en medio de tanto ruido e im&aacute;genes vertiginosas a las que nos exponemos diariamente, al final existe un silencio enorme que nos envuelve y nos enloquece.<\/p>\n<p>Resulta sumamente interesante c&oacute;mo el cristianismo y la imagen de Jes&uacute;s actualmente se ha hibridado en Jap&oacute;n con Santa Claus u otros elementos extravagantes. Lo cierto es que tales ideas no son propias del pensamiento oriental y si bien hay comunidades cristianas, protestantes en su mayor&iacute;a, como los son Testigos de Jehov&aacute; o Mormones, que han podido prosperar t&iacute;midamente en tierras niponas, ciertamente resulta plausible pensar que aquellos fen&oacute;menos del siglo XVII se repitieron y en realidad los japoneses cristianos actuales creen otra cosa muy diferente. Y es que debe ser claro, que hoy, m&aacute;s que nunca, la imagen es lo que construye el pensamiento y por qu&eacute; no decirlo, la fe misma. Y con la imagen hacemos lo que queremos arbitrariamente. &iquest;Dios es s&oacute;lo una imagen a la que nos aferramos? &iquest;Es una imagen para despreciar y apostatar? <em>Quit et veritas?<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Portada: Fotograma de Silencio, de Martin Scorsese, 2016 &nbsp; La expansi&oacute;n del cristianismo, desde el siglo I, hasta nuestros d&iacute;as, ha sido constante. 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