{"id":751,"date":"2021-10-05T12:27:43","date_gmt":"2021-10-05T12:27:43","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/10\/05\/la-vejez\/"},"modified":"2021-10-05T12:27:43","modified_gmt":"2021-10-05T12:27:43","slug":"la-vejez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/la-vejez\/","title":{"rendered":"La vejez"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>Me he resignado a la vejez y a la ceguera, del <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>mismo modo que uno se resigna a la vida.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Borges.<\/p>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; es la vejez? Se trata de una categor&iacute;a discursiva de la cultura y de la ciencia, construida a partir de diversas conceptualizaciones centradas en la declinaci&oacute;n vital del cuerpo. Cada &eacute;poca se plantea dispositivos para enfrentar esta especificidad de la condici&oacute;n humana, tanto en sus aspectos sociales como biol&oacute;gicos, e incluso espirituales. Pero tambi&eacute;n podemos pensar la vejez como otro momento, uno m&aacute;s, donde el sujeto se confronta con su deseo. En este sentido, la vejez conlleva un conflicto con los ideales y un redimensionamiento de los anhelos que no se han podido realizar.<\/p>\n<p>Dif&iacute;cil resulta determinar cu&aacute;ndo inicia la vejez. Parecer&iacute;a incluso que siempre nos acompa&ntilde;a, se va haciendo visible en nuestras vidas de manera casi imperceptible, con sus marcas, limitaciones y p&eacute;rdidas, pero tambi&eacute;n con sus revelaciones y saberes, que restauran un poco de dignidad. Quiz&aacute; por algo sean esos saberes de la &ldquo;vejez&rdquo; los que se atribuyen al diablo, no por diablo sino por viejo.<\/p>\n<p>La vejez no constituye un concepto del corpus te&oacute;rico del psicoan&aacute;lisis, lo mismo que no existe entre &ldquo;los viejos&rdquo; homogeneidad alguna, salvo el ser se&ntilde;alados e, incluso, autose&ntilde;alados mediante ese sustantivo. Pese a lo establecido, m&aacute;s all&aacute; de los clich&eacute;s y estereotipos, no se es viejo simplemente por la edad, la enfermedad o, mucho menos, la ilusi&oacute;n de la cercan&iacute;a con la muerte.<\/p>\n<p>El poeta griego Constantino Kavafis, tambi&eacute;n ya a una edad avanzada, nos regala algunas pinceladas sobre la vejez:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><strong>El viejo<\/strong><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">En una esquina del caf&eacute; sonoro de murmullos confusos,<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">un anciano sentado se inclina sobre la mesa,<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">leyendo un peri&oacute;dico, sin compa&ntilde;&iacute;a.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Y en el ocaso de su miserable senectud<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">piensa cu&aacute;n poco goz&oacute; en los a&ntilde;os<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">cuando tuvo la fuerza y el verbo y la belleza.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Sabe que est&aacute; muy viejo, y lo siente, y lo ve.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Y, sin embargo, le parece que la juventud<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">fue ayer. &iexcl;Corto intervalo, corto!<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Y piensa en qu&eacute; forma lo embauc&oacute; la prudencia,<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">c&oacute;mo de ella se fio y qu&eacute; locura<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">cuando la enga&ntilde;adora le dec&iacute;a:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">&ldquo;Ma&ntilde;ana. Tienes todo tu tiempo&rdquo;.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Se acuerda de los impulsos que detuvo y cu&aacute;ntas<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">delicias sacrific&oacute;. Ocasiones perdidas<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">que burla ahora su prudencia insensata.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">&#8230;A fuerza de rumiar pensamientos y recuerdos<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">el v&eacute;rtigo lo invade. Y se duerme<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">inclinado sobre la mesa del caf&eacute;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el &aacute;mbito de la cl&iacute;nica se escuchan los miedos a los efectos de la vejez, m&aacute;s que a la vejez misma: la soledad y el abandono, la inutilidad, el deterioro del cuerpo y las dependencias que conlleva, la sexualidad y sus impotencias, las renuncias alimenticias, las p&eacute;rdidas de los pares y el temor a la propia muerte.<\/p>\n<p>Es evidente que los dispositivos institucionales no han sido preparados para una poblaci&oacute;n, cada vez mayor, que se define bajo el significante de la vejez o de eufemismos como &ldquo;adulto mayor&rdquo;, &ldquo;persona de la tercera edad&rdquo; o &ldquo;adulto en plenitud&rdquo;. Las condiciones que las instituciones reservan para &ldquo;los viejos&rdquo; parecen programadas para hacer cumplir la maldici&oacute;n &uacute;ltima expresada por S&oacute;focles en <em>Edipo en Colona<\/em>: &ldquo;cuando se es viejo la raz&oacute;n se apaga, la acci&oacute;n resulta in&uacute;til y tiene vanas preocupaciones&rdquo;.<\/p>\n<p>&ldquo;Envejecer es definirse, reducirse. Me he debatido contra las etiquetas, pero no he podido evitar que los a&ntilde;os me aprisionen. He vivido tendida sobre el porvenir y ahora, recapitulo en el pasado, dir&iacute;a que el presente me ha sido escamoteado [&hellip;] He perdido el poder que ten&iacute;a de separar las tinieblas de la luz; consiguiendo al precio de algunos tornados, cielos radiantes. La muerte ya no est&aacute; en la lejan&iacute;a de una aventura brutal, asedia mi sue&ntilde;o. Cuando estoy despierta siento su sombra entre el mundo y yo, ha comenzado&rdquo;, escribe Simone de Beauvoir en <em>La fuerza de las cosas<\/em>, poco antes de cumplir sus 72 a&ntilde;os.<\/p>\n<p>En 1936, en una carta a Arnold Zweig, Freud sit&uacute;a sus interrogantes sobre la vida y la muerte: &ldquo;No puedo habituarme a las miserias del desamparo de la vejez, avizoro con una suerte de nostalgia el tr&aacute;nsito a la nada&rdquo;. Ha vivido ya la muerte de sus hijos en la guerra, ha padecido m&uacute;ltiples operaciones en la mand&iacute;bula y es perseguido por el r&eacute;gimen nazi. Ante la enfermedad y la muerte, dos signos asociados con la vejez, Freud responde escribiendo <em>Mois&eacute;s y la religi&oacute;n monote&iacute;sta<\/em>, <em>An&aacute;lisis terminable e interminable<\/em> y <em>Construcciones en an&aacute;lisis<\/em>. De esta manera, hace realidad la idea de que se envejece como se vive. Los duelos por las p&eacute;rdidas sufridas son procesos insidiosos y dolorosos que llevan a des-investir un objeto para sostenerse en la conquista por la vida.<\/p>\n<p>Freud, durante una entrevista realizada en Viena en 1926, con George Sylvester Viereck, cuando est&aacute; cerca de cumplir setenta a&ntilde;os, habla de su condici&oacute;n de vejez y se&ntilde;ala: &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; deber&iacute;a yo esperar un tratamiento especial? La vejez, con sus arrugas, llega para todos. Yo no me rebelo contra el orden universal. Finalmente, despu&eacute;s de setenta a&ntilde;os, tuve lo bastante para comer. Apreci&eacute; muchas cosas &mdash;en compa&ntilde;&iacute;a de mi mujer, mis hijos&mdash;, el calor del sol. Observ&eacute; las plantas que crecen en primavera. De vez en cuando tuve una mano amiga para apretar. En otra ocasi&oacute;n encontr&eacute; un ser humano que casi me comprendi&oacute;. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s puedo querer?&rdquo; Y m&aacute;s adelante menciona el entrevistador Sylvester: &ldquo;El se&ntilde;or tiene una fama. Su obra prima influye en la literatura de cada pa&iacute;s. Los hombres miran la vida y a s&iacute; mismos con otros ojos, por causa de este se&ntilde;or. Recientemente, en el septuag&eacute;simo aniversario, el mundo se uni&oacute; para homenajearlo, con excepci&oacute;n de su propia universidad&rdquo;. Freud responde: &ldquo;Si la Universidad de Viena me demostrase reconocimiento, me sentir&iacute;a inc&oacute;modo. No hay raz&oacute;n en aceptarme a m&iacute; o a mi obra porque tengo setenta a&ntilde;os. Yo no atribuyo importancia insensata a los decimales. La fama llega cuando morimos y, francamente, lo que ven despu&eacute;s no me interesa. No aspiro a la gloria p&oacute;stuma. Mi virtud no es la modestia&rdquo;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me he resignado a la vejez y a la ceguera, del mismo modo que uno se resigna a la vida. Borges. &nbsp; &iquest;Qu&eacute; es la vejez? Se trata de una categor&iacute;a discursiva de la cultura y de la ciencia, construida a partir de diversas conceptualizaciones centradas en la declinaci&oacute;n vital del cuerpo. 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