{"id":737,"date":"2021-09-28T13:33:14","date_gmt":"2021-09-28T13:33:14","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/09\/28\/el-amor-eso-que-no-cesa-de-no-inscribirse\/"},"modified":"2021-09-28T13:33:14","modified_gmt":"2021-09-28T13:33:14","slug":"el-amor-eso-que-no-cesa-de-no-inscribirse","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/el-amor-eso-que-no-cesa-de-no-inscribirse\/","title":{"rendered":"El amor: eso que no cesa de no inscribirse"},"content":{"rendered":"<h6>Portada: Marc Chagall, &ldquo;El cumplea&ntilde;os&rdquo;, 1915<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para Elianne<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>&hellip;no hay disfraz que pueda largo tiempo ocultar el amor donde lo hay,<\/em><\/p>\n<p><em>ni fingirlo donde no lo hay<\/em><\/p>\n<p>La Rochefoucauld<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>El amor, como el fuego, no puede subsistir sin un movimiento continuo y muere en cuanto deja de esperar o de temer<\/em><\/p>\n<p>La Rochefoucaul<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Francisco V de La Rochefoucauld, pr&iacute;ncipe de Marcillac, escritor y arist&oacute;crata, militar y poeta, fil&oacute;sofo y amante, se preguntaba si acaso &iquest;podr&iacute;amos decir algo del amor si nunca hubi&eacute;semos escuchado hablar sobre el amor? En el siglo XVIII, nos dice el poeta Arthur Rimbaud, hacer el amor era hablar de amor. Ya antes, Dante inventa una lengua para hablar de su amor. Pareciera ser que el amor es una cuesti&oacute;n de palabras, es un hecho del lenguaje, por tanto, es fuente de mal entendidos. Ese afecto llamado amor es una pregunta abierta, no cesa de inscribirse, la pregunta se actualiza en cada encuentro&hellip;: &iquest;Qu&eacute; es eso que se llama amor? &ldquo;Un nuevo amor es una ocasi&oacute;n para hablar del amor&rdquo; dice el psicoanalista Michel Silvestre.<\/em><\/p>\n<p><em>&iquest;Qu&eacute; es eso que se llama amor y que no cesa de no escribirse? Pocas preguntas nos pueden abrir tanto a un mundo de significaciones como las referentes al amor. &iquest;Es natural o es un artificio, es una enfermedad o una locura, o es signo de normalidad? <\/em><\/p>\n<p><em>Resulta casi imposible establecer una definici&oacute;n o respuesta efectiva en tanto que, por parad&oacute;jico que parezca, el amor se establece sobre la base del desencuentro, aunque sus protagonistas crean que es un encuentro.<\/em><\/p>\n<p><em>Al respecto, sobre el amor hay una formulaci&oacute;n muy conocida y repetida que el psicoanalista franc&eacute;s Jacques Lacan propone en el seminario 5 Las formaciones del inconsciente: &ldquo;El amor es dar lo que no se tiene a quien no es&rdquo;. Es una frase que apunta de manera directa a eso enigm&aacute;tico que deja su huella de imposibilidad. Amar es mostrar la falta, revelar que algo falta y se quiere alcanzar en el otro, en el partenaire. <\/em><\/p>\n<p><em>El encuentro amoroso nos conmueve y conmociona, nos transforma. Ocurre porque imaginamos o creemos detectar en la otra persona aquello que a nosotros nos falta, por eso nos precipitamos a tomarlo. Como al otro suele ocurrirle lo mismo, nos encontramos con que tambi&eacute;n se nos acerca buscando lo que cree que tenemos, ofreci&eacute;ndonos lo que a &eacute;l o a ella le falta.<\/em><\/p>\n<p><em>El amor es lo que enga&ntilde;a (y no podr&iacute;a amar quien no se deja enga&ntilde;ar) y se sostiene de una ilusi&oacute;n donde se sostiene la idea de que dos pueden hacer Uno. El encuentro, que en todo caso se trata de un reencuentro, seg&uacute;n plantea Freud, produce una ilusi&oacute;n, una necesaria ilusi&oacute;n. Un enga&ntilde;o que nada tiene que ver con lo que se digan entre ambos, va m&aacute;s all&aacute;: es un enga&ntilde;o estructural, necesario.<\/em><\/p>\n<p><em>En el encuentro con el partenaire es ese momento de impacto donde las pasiones se desbordan ante la imagen del otro a quien suponemos ser portador de algo que ahora nos hace falta. La imagen recargada del otro desata las pasiones amorosas. Pero para sostenerse, el amor tendr&aacute; que ir m&aacute;s all&aacute; de la imagen, se requiere lo simb&oacute;lico, ya no s&oacute;lo es la atracci&oacute;n de los cuerpos sino tambi&eacute;n las historias, el amor se sostiene en los puentes, en los pactos que se construyen con palabras, son las que detienen las pasiones.<\/em><\/p>\n<p>Sabemos que las pasiones del ser para Lacan son tres: amor, odio e ignorancia. El amor es definido por el psicoanalista franc&eacute;s como imposibilidad, seg&uacute;n la f&oacute;rmula que ya se&ntilde;alaba: &ldquo;dar lo que no se tiene a quien no es&rdquo;. Los amantes pueden prometerse hacerse Uno, sin embargo, lo que se pone de manifiesto en cada v&iacute;nculo amoroso es la imposibilidad, se impone la presencia de una no-comunidad de goces. Al respecto de la vivencia de esta imposibilidad entre los sexos, Lacan dice que mientras la mujer teje, hace trenzas, el hombre hace c&iacute;rculos, es decir, se muerde la cola y no sabe nada del goce femenino. Lo puede suponer, sospechar, pero no lo alcanza.<\/p>\n<p>De esta manera podemos ver dos posiciones en la constituci&oacute;n y manifestaci&oacute;n del v&iacute;nculo amoroso, dos medios decires que, por un lado, presentan y viven el amor que se presenta como eterno, y en cierta manera lo es, en el sentido que Lacan se&ntilde;ala con respecto al famoso aforismo sobre que no hay relaci&oacute;n-proporci&oacute;n sexual: el amor es lo que no cesa de no inscribirse. As&iacute; lo muestra en su Seminario 20, <em>A&uacute;n<\/em>: &ldquo;&hellip; defin&iacute; la relaci&oacute;n sexual como aquello que no cesa de no escribirse. Hay all&iacute; imposibilidad. Es, asimismo, que nada puede decirlo: no hay, en el decir, existencia de la relaci&oacute;n sexual&rdquo;.<\/p>\n<p>Si afinamos la expresi&oacute;n podemos decir que se trata, por un lado, de la imposibilidad de escribir la relaci&oacute;n entre hombre y mujer. De all&iacute; no hay sino un paso al &ldquo;no hay relaci&oacute;n sexual&rdquo;, afirmaci&oacute;n estructural que nada tiene que ver con los periodos de abstinencia del acto sexual, sino m&aacute;s bien con la imposibilidad de la complementariedad entre sujeto y objeto. Pero la imposibilidad tiene otro rostro, se trata de lo que no puede cesar de inscribirse, si no cesa es, justamente, porque su tarea es imposible. Es &eacute;sta una ense&ntilde;anza fundamental que ya Freud hab&iacute;a dejado esbozada desde 1905 con sus <em>Tres ensayos para una teor&iacute;a sexual<\/em>. Lo que podemos extraer como la gran ense&ntilde;anza de este texto es justamente la posibilidad de relaci&oacute;n sin falla entre el sujeto y el objeto.<\/p>\n<p>Pero hay otras dos modalidades l&oacute;gicas que se articulan con &ldquo;lo imposible&rdquo;, y, por tanto, participan en la convocatoria a no cesar de inscribirle, tal como sigue diciendo Lacan en el mismo Seminario 20, <em>A&uacute;n<\/em>: &ldquo;La contingencia la encarn&eacute; en el cesa de no escribirse. Pues no hay all&iacute; m&aacute;s que encuentro, encuentro en la pareja, de los s&iacute;ntomas, de los afectos, de todo cuanto en cada quien marca la huella de su exilio, no como sujeto sino como hablante, de su exilio de la relaci&oacute;n sexual.&rdquo;<\/p>\n<p>Se trata para el sujeto de un encuentro con el car&aacute;cter de una contingencia, donde aparece una vez m&aacute;s la ilusi&oacute;n de encuentro y que, por tanto, devendr&aacute; desencuentro, lo que le coloca en el exilio de la relaci&oacute;n sexual s&oacute;lo para formular un nuevo encuentro marcado por la ilusi&oacute;n, &iquest;pero de qu&eacute;?: &ldquo;&hellip; ilusi&oacute;n de que algo no s&oacute;lo se articula sino que se inscribe, se inscribe en el destino de cada uno, por lo cual, durante un tiempo, tiempo de suspensi&oacute;n, lo que ser&iacute;a la relaci&oacute;n sexual encuentra en el ser que habla su huella y su v&iacute;a de espejismo&rdquo;.<\/p>\n<p>En el encuentro amoroso se presenta un efecto de suspensi&oacute;n de la imposibilidad. El amor suple moment&aacute;neamente la ausencia de relaci&oacute;n sexual, encuentro dichoso donde moment&aacute;neamente se supera lo que no cesa de no escribirse, donde hay posibilidad de realizar la proporci&oacute;n sexual, de inscribirla, de acceder a lo imposible, aunque sea s&oacute;lo al nivel de la ilusi&oacute;n. En el encuentro amoroso, &ldquo;el objeto es elevado a la dignidad de la Cosa&rdquo;, seg&uacute;n ense&ntilde;a Lacan.<\/p>\n<p>El amor se revela como la v&iacute;a por la que el deseo puede acceder al goce. La suspensi&oacute;n se efect&uacute;a en tanto que se ha logrado un significante que detiene el deslizamiento de significado, un trazo, una imagen, un nombre, que ocupa el vac&iacute;o que de otra manera se muestra como insoportable.<\/p>\n<p>Pero si bien este encuentro, en la dimensi&oacute;n del registro imaginario, suspende moment&aacute;neamente el vac&iacute;o y el dolor del ser, no resulta suficiente. Es por tanto necesario avanzar hacia la dimensi&oacute;n simb&oacute;lica que supone la instalaci&oacute;n del amor en el sujeto. Lacan lo sanciona as&iacute;: &ldquo;El desplazamiento de la negaci&oacute;n, del cesa de no escribirse al no cesa de escribirse, de contingencia a necesidad, &eacute;ste es el punto de suspensi&oacute;n del que se ata todo amor [&hellip;] Todo amor, por no subsistir sino con el cesa de no escribirse, tiende a desplazar la negaci&oacute;n al no cesa de escribirse, no cesa, no cesar&aacute;.&rdquo;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Portada: Marc Chagall, &ldquo;El cumplea&ntilde;os&rdquo;, 1915 &nbsp; Para Elianne &nbsp; &hellip;no hay disfraz que pueda largo tiempo ocultar el amor donde lo hay, ni fingirlo donde no lo hay La Rochefoucauld &nbsp; El amor, como el fuego, no puede subsistir sin un movimiento continuo y muere en cuanto deja de esperar o de temer La [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":100,"featured_media":738,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[],"class_list":["post-737","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-kaos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/737","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/100"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=737"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/737\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media\/738"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=737"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=737"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=737"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}