{"id":723,"date":"2021-09-21T13:38:28","date_gmt":"2021-09-21T13:38:28","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/09\/21\/la-vida-al-compas-de-las-palabras\/"},"modified":"2021-09-21T13:38:28","modified_gmt":"2021-09-21T13:38:28","slug":"la-vida-al-compas-de-las-palabras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/la-vida-al-compas-de-las-palabras\/","title":{"rendered":"La vida al comps de las palabras"},"content":{"rendered":"<p><em>Belleza: una fruta a la que se mira sin alargar la mano. <\/em><\/p>\n<p><em>Semejante a una desgracia a la que se mira sin retroceder.<\/em><\/p>\n<p>Simone Weil<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As&iacute; como el hilo atraviesa las cuentas de un collar, precisamente as&iacute;, cada uno atraves&oacute; la propia vida. Despu&eacute;s de percibir los primeros rayos de sol, vinieron los primeros pasos y las primeras palabras que fueron tatuadas en el alma, dibujaron en el pecho la cicatriz madre-padre&ndash;hermano.<\/p>\n<p>La leche con chocolate humeante en el invierno fr&iacute;o que congelaba la punta de la nariz, un p&aacute;jaro carpintero que romp&iacute;a el silencio a camino de la escuela, donde la <em>b<\/em> y la <em>a<\/em> se un&iacute;an para decir <em>ba<\/em>. Cuando los ojos se iluminaban ante las letras y la boca tartamudeaba las mismas palabras que ya estaban suturadas en el pecho: ma-m&aacute;&hellip;<\/p>\n<p>En la mente, las palabras &mdash;que representaban seres y cosas&mdash; ganaron lentamente un cuerpo que se pod&iacute;a calcar sobre el papel. Era una especie de descubrimiento de la belleza, algo subjetivo que se anidaba en la mente sin que se le preste mucha atenci&oacute;n.<\/p>\n<p>En la habitaci&oacute;n de los padres, saltar sobre el colch&oacute;n de resortes y tener la certeza de que se vuela, antes de aterrizar sobre la colcha de sat&iacute;n amarillo quemado, un sol, suelo suave despu&eacute;s del viaje. Cuando no se ten&iacute;a la certeza del tiempo ni de las horas y la &uacute;nica obsesi&oacute;n era lo dulce: dulce de leche, caramelos, tablillas, dulce de frutas, chocolates, postres, dulce de zapallos, helados, algod&oacute;n dulce, paletas, tartas, dulce de coco, bombones. Que adem&aacute;s de comerlos, se guardaba las envolturas para hacer anillos de papel, tambi&eacute;n se los dibujaba y coloreaba en el cuaderno de dibujos, se le&iacute;a la marca, la composici&oacute;n, la industria y la direcci&oacute;n en letras diminutas, en un ejercicio de comprender el mundo que rodeaba la existencia incipiente.<\/p>\n<p>La alegr&iacute;a al ver una rayita de luz por debajo de la puerta al despertar y empezar el d&iacute;a con algarab&iacute;a, hac&iacute;a parte del cotidiano de la &eacute;poca en que se aprendi&oacute; de memoria los cuentos favoritos, que serv&iacute;an de pasatiempo en los d&iacute;as de recreo y que precedieron la revista <em>Selecciones<\/em> y otras tantas revistas que trajeron palabras que estaban ocultas.<\/p>\n<p>Las palabras paulatinamente empezaron a estallar en imagines de profunda belleza, mostraron otros mundos, en forma de lugares que existen solamente en los libros y lugares lejanos, que despu&eacute;s, mucho despu&eacute;s, se pudo pisar y eran tan reales y coincidentes cuanto su descripci&oacute;n en las revistas.<\/p>\n<p>Hubo un eclipse de luna y el paso de la escuela al colegio, un paso r&aacute;pido por la vida, sin mucha certeza de nada. Apenas que ya no sal&iacute;a a hacer volar las cometas, ni volaba en la habitaci&oacute;n de los padres. La sensaci&oacute;n de haber realizado una especie de viaje en el tiempo y no reconocerse completamente tra&iacute;a consigo nuevas palabras como individuo, aqu&eacute;l que no se divide, y soledad, porque el individuo anda sin compa&ntilde;&iacute;a, mirando al espejo los granos de acn&eacute; en la punta de la nariz en los hermosos d&iacute;as de verano.<\/p>\n<p>No exist&iacute;a armon&iacute;a entre el espejo y la nariz. Los libros llegaban en vol&uacute;menes pesados de la mano del profesor de literatura y las nuevas palabras, como &ldquo;lecci&oacute;n&rdquo;, &ldquo;resumen&rdquo;, &ldquo;obligaci&oacute;n&rdquo;, no eran bellas y ven&iacute;an cargadas de hast&iacute;o; y uno miraba el reloj a cada segundo, porque sin percatarse asimil&oacute; el tiempo y sab&iacute;a que, desde el paleol&iacute;tico hasta aquel momento, la vida del hombre sobre la tierra hab&iacute;a sido una lucha por la sobrevivencia, tambi&eacute;n una lucha con los dem&aacute;s humanos&hellip; Y eso no ten&iacute;a nada de bello y las palabras aparec&iacute;an mojadas de sangre.<\/p>\n<p>La hora, la soledad, el espejo, los libros pesados, la sangre&hellip; Y de repente se ve una estrella cadente y de alg&uacute;n lado, tal vez del cielo, aparece la palabra &ldquo;amor&rdquo;.<\/p>\n<p>Amor, si fuera un sentimiento completamente bello no supondr&iacute;a un atractivo carnal. Tampoco, si fuera completamente bello el amor, se conocer&iacute;a su ant&oacute;nimo.<\/p>\n<p>Un eclipse de sol trajo la formaci&oacute;n universitaria, la profesi&oacute;n, una pareja y un hijo. Se conoci&oacute; las palabras t&eacute;cnicas y las palabras indecentes que revelan, en toda su desnudez, el absurdo que es el mundo y las barbaries que coexisten con la vida peque&ntilde;o burguesa, reflejada en los ideales clase media y las taras que se alimentan de dinero, cuerpos ajenos, drogas y otras porquer&iacute;as.<\/p>\n<p>Sin saber cu&aacute;ndo, llegaron las nuevas obsesiones, mucho m&aacute;s ac&eacute;rrimas que los dulces. Uno fue invadido por un sentimiento extra&ntilde;o al conocer la palabra &ldquo;necesidad&rdquo; y entonces trabaj&oacute; y trabaj&oacute;, haga sol o lluvia, sea noche o d&iacute;a&hellip; Mientras aprendi&oacute; el sentido de las ausencias irreductibles, que trajeron consigo un conformismo ap&aacute;tico.<\/p>\n<p>Pasaron muchos veranos y primaveras por la ventana y en pleno invierno, uno preparaba una taza de leche con chocolate humeante, porque el fr&iacute;o congelaba la punta de la nariz y de repente, de manera punzante, lleg&oacute; la palabra &ldquo;nostalgia&rdquo;. Entonces, como el hilo que atraviesa las cuentas de un collar, uno percibe como atraves&oacute; la propia vida&#8230; Y siente un dolor que, a fuerza de ser puro, tranquiliza. Las circunstancias traen palabras viejas, aprendidas en el camino, pero poco elaboradas durante la vida y uno murmura a Dios y lo eterno, mientras la fe y el alma se hacen palabras corrientes en un intento de alcanzar algo m&aacute;s bello, para cuando tenga que permanecer inm&oacute;vil para encontrarse<em> <\/em>con la palabra que ya no permitir&aacute; retroceso: la muerte.<\/p>\n<p><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Belleza: una fruta a la que se mira sin alargar la mano. Semejante a una desgracia a la que se mira sin retroceder. Simone Weil &nbsp; As&iacute; como el hilo atraviesa las cuentas de un collar, precisamente as&iacute;, cada uno atraves&oacute; la propia vida. 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