{"id":707,"date":"2021-09-14T13:15:00","date_gmt":"2021-09-14T13:15:00","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/09\/14\/mi-anaquel-de-poemas\/"},"modified":"2021-09-14T13:15:00","modified_gmt":"2021-09-14T13:15:00","slug":"mi-anaquel-de-poemas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/mi-anaquel-de-poemas\/","title":{"rendered":"Mi anaquel de poemas"},"content":{"rendered":"<h6>Portada: Cec&iacute;lia Meireles<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Para St&eacute;phanie <\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el anaquel de los recuerdos, la primera a la izquierda es Cec&iacute;lia Meireles con su obra, donde lo ef&iacute;mero y lo eterno aparecen fusionados como parte de un todo provisto de una profunda ternura. A Cec&iacute;lia, con su estilo m&aacute;s sencillo y preciso, la le&iacute; a mis tiernos siete a&ntilde;os, cuando empezaba a desarrollar mi personalidad un tanto triste, melanc&oacute;lica: &ldquo;Pus o meu sonho num navio \\e o navio em cima do mar; \\- depois, abri o mar com as m&atilde;os, \\para o meu sonho naufragar(&#8230;)&rdquo;.<\/p>\n<p>Yo ten&iacute;a siete a&ntilde;os y hab&iacute;a aprendido a juntar letras muertas para formar palabras vivas y me ca&iacute;an encima palabras que formaban versos y versos que formaban poemas&hellip; Entonces, mi mundo se ilumin&oacute;.<\/p>\n<p>Mi mundo crec&iacute;a y dejaba de circunscribirse a una mu&ntilde;eca que habla y otra que baila, para descubrir un espacio infinito: el espacio de las palabras.<\/p>\n<p>Ant&ocirc;nio Gon&ccedil;alves Dias supo impresionarme: &ldquo;O&rsquo; Guerreiros da Taba sagrada, \\ O&#8217; Guerreiros da Tribo Tupi, \\ Falam Deuses nos cantos do Piaga, \\ O&#8217; Guerreiros, meus cantos ouvi.&rdquo;<\/p>\n<p>Al igual que Castro Alves, que impregn&oacute; en mi mente los conceptos de justicia\/injusticia y esclavitud\/libertad: &ldquo;(&hellip;) Cala-te, bardo dos bosques! \\ Ai! n&atilde;o troques os quiosques \\ Pela c&uacute;pula do c&eacute;u.(&#8230;)&rdquo;.<\/p>\n<p>Seg&uacute;n abr&iacute;a los libros, los nombres de los poetas llegaban a m&iacute;, y de los libros escurr&iacute;an palabras que formaban versos y que ampliaban mi universo de ni&ntilde;a, que me llevaban a la frontera del sue&ntilde;o.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo empec&eacute; a reconocer las palabras vivas en los versos y el inventario de las palabras muertas, como dec&iacute;a Julio Cort&aacute;zar, que los diccionarios son una especie de cementerio al que van a morir las palabras.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>En las tardes calurosas de verano, un cura espa&ntilde;ol con su sotana daba clases a mi madre de &eacute;ste extra&ntilde;o idioma, que un d&iacute;a llegar&iacute;a a ser casi m&iacute;o&#8230; En la mesa del comedor de visitas, con los ojos bien atentos, yo acompa&ntilde;aba en silencio cada clase y escuchaba: &ldquo;Platero es peque&ntilde;o, peludo, \\ suave; tan blando por fuera, \\ que se dir&iacute;a todo de algod&oacute;n, \\ que no lleva huesos. S&oacute;lo los \\ espejos de azabache de sus \\ ojos son duros cual dos \\ escarabajos de cristal negro (&hellip;)&rdquo;. El nombre Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez se qued&oacute; tatuado en mi remembranza y su voz (la voz del cura espa&ntilde;ol) ser&aacute; la voz que querr&eacute; escuchar siempre que escuche a <em>Platero<\/em>. Eternamente&hellip;<\/p>\n<p>Lentamente, aprend&iacute; a identificar los ecos (etimol&oacute;gicos, simb&oacute;licos, metaf&oacute;ricos&#8230;), incluso los m&aacute;s sutiles, que encierran los distintos sentidos y posibilidades de las palabras que formaban versos y me esperaban en un libro cerrado.<\/p>\n<p>R&aacute;pidamente los nombres se amontonaron porque &ldquo;En medio del camino hab&iacute;a una piedra \\ hab&iacute;a una piedra en medio del camino&rdquo;, era Carlos Drummond de Andrade llegando con un &Aacute;ngel que le mandaba ser &ldquo;gauche na vida&rdquo;, mientras Olavo Bilac escuchaba a las estrellas y Manuel Bandera, enternecido, le&iacute;a las cartas que su abuelo escribi&oacute; a su abuela&hellip;<\/p>\n<p>De los libros que mi madre pose&iacute;a, sal&iacute;an palmeras y aves que solamente Gon&ccedil;alves Dias supo describir en su colorido profundo, en una especie de premonici&oacute;n de que un d&iacute;a yo tambi&eacute;n, al igual que &eacute;l, rogar&iacute;a a Dios por no morir sin volver a ver a mi patria amada.<\/p>\n<p>Conoc&iacute; nombres que sonaban extra&ntilde;os a mis o&iacute;dos de ni&ntilde;a, como L&ecirc;do Ivo, Amado Nervo, Federico Garc&iacute;a Lorca, que llegaba &ldquo;a las cinco de la tarde&rdquo;.<\/p>\n<p>Aprend&iacute; a caminar por la senda angosta de las palabras en un bosque encantado, lleno de vida y muerte, de los vocabularios&#8230;<\/p>\n<p>En el camino encontr&eacute; a Jo&atilde;o Cabral de Mello Neto y fue &eacute;l quien me mostr&oacute; que exist&iacute;a otro Brasil, dentro del Brasil que yo conoc&iacute;a&hellip; Entonces supe que no todas las ni&ntilde;as ten&iacute;an una mu&ntilde;eca que habla&hellip; Sus madres no ten&iacute;an libros y sus padres no regresaban a casa en su auto, despu&eacute;s de trabajar. Ese poeta no cuid&oacute; sus palabras, fue directo, honesto y verdadero como quien ya no tiene l&aacute;grimas&hellip; y me acribill&oacute; con la realidad: &ldquo;Somos muitos Severinos \\ iguais em tudo na vida: \\ na mesma cabe&ccedil;a grande \\ que a custo &eacute; que se equilibra, \\ no mesmo ventre crescido \\ sobre as mesmas pernas finas, \\ e iguais tamb&eacute;m porque o sangue \\ que usamos tem pouca tinta&rdquo;.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>Pero Mario Quintana me saludaba en la Rua dos Andradas, cuando cruz&aacute;bamos la mirada en las tardes h&uacute;medas del invierno &ldquo;ga&uacute;cho&rdquo;. Porque &eacute;l sab&iacute;a que yo sab&iacute;a qui&eacute;n era &eacute;l, ya que mis ojos se iluminaban por ver pasar a un poeta. Los poetas no sol&iacute;an ser muchos a mis quinces a&ntilde;os, tampoco andaban sueltos&hellip; Entonces, en mi coraz&oacute;n se hac&iacute;a una fiesta cuando Mario Quintana me saludaba: &ldquo;&mdash;Buenas tardes&#8230; \\ &mdash;Buenas tardes! Y la dulce amiga \\ y yo, de nuevo, lado a lado vamos! \\ Pero hay un &ldquo;no s&eacute; qu&eacute;&rdquo; que nos intriga: \\ Parece que uno al otro nos buscamos&#8230; \\ Y por piedad o gratitud, tratamos \\ de revivir aquella historia antigua. \\ Pero asalta una idea&#8230; ni s&eacute; c&oacute;mo decirla&#8230; \\ Que fuimos otros los que nos encontramos! \\ No hay remedio. Debemos separarnos. \\ Nuestras manos amigas se entendieron: \\ &mdash;Hasta pronto! &mdash;Hasta pronto! Y, con espanto \\ quedamos pensando en esos otros dos \\ aquellos dos que hace tanto murieron&#8230; \\ Y que, en un tiempo, se quisieron tanto!&rdquo;<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>Hasta que Vinicius de Moraes rob&oacute; mi coraz&oacute;n: &ldquo;Quiero llorar porque te am&eacute; demasiado, \\ quiero morir porque me diste la vida, \\ ay, amor m&iacute;o, &iquest;ser&aacute; que nunca he de tener paz? \\ Ser&aacute; que todo lo que hay en m&iacute; \\ s&oacute;lo quiere decir saudade&#8230; \\ Y ya ni s&eacute; lo que va a ser de m&iacute;, \\ todo me dice que amar ser&aacute; mi fin&#8230; \\ Qu&eacute; desespero trae el amor, \\ yo que no sab&iacute;a lo que era el amor, \\ ahora lo s&eacute; porque no soy feliz&rdquo;.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>Mucha agua pas&oacute; por debajo del puente, \\ los d&iacute;as luminosos se hicieron grises. \\ El anaquel de los recuerdos \\ se llen&oacute; de poemas tristes y felices.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>Mir&eacute; a la derecha: all&iacute; estaba con la mirada alucinada, entre muchos nombres, la ambivalente Alejandra Pizarnik, que logr&oacute; trascender fronteras f&iacute;sicas y temporales al dejar sus palabras, talladas a trav&eacute;s de su po&eacute;tica caleidosc&oacute;pica y aglutinadora, escribiendo poes&iacute;a libre, transgresora y escueta. Portadora de una est&eacute;tica de cambio, incluso premonitoria; que jug&oacute; un papel importante como promotora del arte de ruptura. Alejandra me acompa&ntilde;aba, con sus cuestionamientos existenciales: &ldquo;(&hellip;) &iquest;Qu&eacute; har&eacute; conmigo? (&hellip;)&rdquo; y sus recomendaciones pertinentes: &ldquo;(&hellip;) comida sana, vitaminizada, sobriedad, no alcohol, no excitantes, no gracias, no mescalina, no haschich, no &aacute;cido lis&eacute;rgico (&hellip;)&rdquo;.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>El poeta se crea, se inventa otras veces, nace.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Portada: Cec&iacute;lia Meireles &nbsp; Para St&eacute;phanie &nbsp; En el anaquel de los recuerdos, la primera a la izquierda es Cec&iacute;lia Meireles con su obra, donde lo ef&iacute;mero y lo eterno aparecen fusionados como parte de un todo provisto de una profunda ternura. A Cec&iacute;lia, con su estilo m&aacute;s sencillo y preciso, la le&iacute; a mis [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":131,"featured_media":708,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[],"class_list":["post-707","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-desde-el-sur"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/707","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/131"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=707"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/707\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media\/708"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=707"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=707"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=707"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}