{"id":655,"date":"2021-08-17T14:17:23","date_gmt":"2021-08-17T14:17:23","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/08\/17\/el-fantasma-de-la-prostitucion-tiempos-de-covid\/"},"modified":"2021-08-17T14:17:23","modified_gmt":"2021-08-17T14:17:23","slug":"el-fantasma-de-la-prostitucion-tiempos-de-covid","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/el-fantasma-de-la-prostitucion-tiempos-de-covid\/","title":{"rendered":"El fantasma de la prostitucin: tiempos de Covid"},"content":{"rendered":"<p>De entre las muchas secuelas de la Pandemia que nos aqueja en diversos &aacute;mbitos &mdash;en salud y econom&iacute;a, fundamentalmente&mdash;, tambi&eacute;n es factible percibir modificaciones y desgarraduras brutales en el tejido social. Uno de estos efectos &ldquo;colaterales&rdquo; es el incremento de la prostituci&oacute;n como una forma de acceder a los cada vez m&aacute;s escasos recursos econ&oacute;micos. Se volvi&oacute; (quiz&aacute; siempre lo fue) una actividad de sobrevivencia para muchas y muchos.<\/p>\n<p>La prostituci&oacute;n no es un fen&oacute;meno nuevo, lo sabemos. Incluso le han llamado el oficio m&aacute;s antiguo del mundo. Su presencia y su historia efectivamente se remontan a los albores de la civilizaci&oacute;n. Se trata de una actividad secreta y semi-oculta que ha acompa&ntilde;ado a todo conglomerado humano, lo mismo se ejerce en los arrabales que en las cortes.<\/p>\n<p>Su origen se remonta al auge de la antigua Mesopotamia. Ya entonces se reconocen leyes que buscan &ldquo;controlar&rdquo; y proteger a las mujeres que realizaban el trabajo sexual. Se sabe que el famoso <em>C&oacute;digo Hammurabi<\/em> ya contiene algunas leyes sobre los derechos de la herencia de las prostitutas. Hay que decir que los esfuerzos por &ldquo;regular&rdquo; o &ldquo;controlar&rdquo; la prostituci&oacute;n mediante la imposici&oacute;n de leyes o normas, lo mismo que por la v&iacute;a del establecimiento de zonas de tolerancia, ha fracasado hasta nuestros d&iacute;as. Hay algo en la prostituci&oacute;n que escapa al ordenamiento de la ley. Es justamente de ese <em>&ldquo;algo&rdquo;<\/em> de lo que nos ocuparemos en esta ocasi&oacute;n.<\/p>\n<p>Es en la Grecia Cl&aacute;sica donde aparece el t&eacute;rmino <em>&ldquo;porne&rdquo;<\/em> que se deriva de <em>&ldquo;pernemi&rdquo;<\/em> que significa vender, y sabemos que en la prostituci&oacute;n &ldquo;algo&rdquo; se vende o se alquila. Lo mismo la ejerc&iacute;an hombres que mujeres, tambi&eacute;n por ni&ntilde;os, tanto de manera obligada o como una actividad aceptada socialmente. Lo que permit&iacute;a distinguir a quienes practicaban la prostituci&oacute;n era la vestimenta utilizada. En Grecia, la regulaci&oacute;n existente obligaba a pagar impuestos a quienes ejerc&iacute;an la prostituci&oacute;n, igual que toda actividad. Se ten&iacute;a conocimiento de tres categor&iacute;as de prostituci&oacute;n: <em>Chamaitypai<\/em> que era ejercida en el exterior de las ciudades (despu&eacute;s llamadas &ldquo;rameras&rdquo; porque se apostaban bajo una enramada en las afueras de las ciudades); <em>Gephyrides<\/em>,<em> <\/em>denominaci&oacute;n que se usaba para aquellas que ejerc&iacute;an bajo los puentes y, las <em>Perepatetikes<\/em> que eran las que encontraban a sus clientes en las calles y despu&eacute;s los conduc&iacute;an a su hogar.<\/p>\n<p>Son evidentes, desde las ciencias sociales, las pocas luces con que se cuenta para determinar con &ldquo;objetividad&rdquo; las causas de la prostituci&oacute;n. Ante el fracaso se recurre, entonces, a generar los dispositivos sociales, econ&oacute;micos, jur&iacute;dicos e incluso culturales que permitan, si no su eliminaci&oacute;n, s&iacute; su regulaci&oacute;n. En ese sentido, diversos estudios han se&ntilde;alado como sus causas a los sistemas patriarcales que producen y reproducen los sistemas de explotaci&oacute;n en particular de las mujeres; pero tambi&eacute;n se ha analizado el fen&oacute;meno como una cuesti&oacute;n de oferta y demanda, de tal manera que, se dice, si no existiera demanda del cliente la prostituci&oacute;n desaparecer&iacute;a. Las cosas no son tan simples. Las leyes del mercado en diversos momentos han sumido a las poblaciones, en particular a las mujeres, en la pobreza, como ocurre con las condiciones que se agravaron a partir de la Pandemia de Covid 19. Entonces, la prostituci&oacute;n ha sido, para muchas mujeres, una forma de responder a estas condiciones adversas.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n los an&aacute;lisis se han centrado en el fen&oacute;meno de <em>trata <\/em>y el papel del &ldquo;padrote&rdquo;, proxeneta o enganchador como quien, haciendo gala de sus capacidades de seducci&oacute;n, enga&ntilde;a a las mujeres (aunque tambi&eacute;n a varones, ni&ntilde;os sobretodo) ingres&aacute;ndoles a las redes de la prostituci&oacute;n, incluso con car&aacute;cter internacional en un mundo globalizado. En la actualidad, en M&eacute;xico &mdash;se sabe&mdash;, hay poblaciones casi enteras (como Tenancingo, en Tlaxcala) dedicadas a fomentar el trabajo de la prostituci&oacute;n. La familia en su conjunto participa de manera abierta y sin pudor en las actividades que fomentan la prostituci&oacute;n o trata con fines de explotaci&oacute;n sexual.<\/p>\n<p>Las formas y variedades de la prostituci&oacute;n son muchas, aunque siempre est&aacute;n marcadas por el intercambio econ&oacute;mico (material) por sexo, aunque no siempre se ha tenido claridad sobre lo que se compra (el tiempo, el simulacro del amor, el sexo). En nuestra &eacute;poca cruzada por el capitalismo salvaje (con el agravamiento producto de la Pandemia), en la b&uacute;squeda siempre fallida de la relaci&oacute;n sexual, por medio del dinero se espera que no haya lugar para la falta que nos constituye como sujetos. Con eso, con el dinero, se puede tener <em>Todo<\/em> de las mercanc&iacute;as que devienen fetiche en una transacci&oacute;n que cumple con los principios del capital: f&aacute;cil, r&aacute;pido y seguro.<\/p>\n<p>Aqu&iacute; se asoma ese &ldquo;algo&rdquo; enigm&aacute;tico que se juega en el fen&oacute;meno de la prostituci&oacute;n: entrar en relaci&oacute;n con una persona-objeto con quien se puede Todo, con quien se puede hacer Todo. Pareciera que en esa relaci&oacute;n de compra-venta, que apunta a Tener Todo, se busca desconocer la afirmaci&oacute;n del psicoanalista Jacques Lacan: <em>No hay relaci&oacute;n sexual<\/em>.<\/p>\n<p>Hay un sin n&uacute;mero de referencias culturales y art&iacute;sticas sobre la prostituci&oacute;n y sus practicantes, y sus consumidores. La literatura y la pintura ha dibujado a quien ejerce la prostituci&oacute;n como <em>seres casi objetos<\/em> envueltos en el glamour o bien en el vicio. Quiz&aacute; la primera mujer ligada a la prostituci&oacute;n es Mar&iacute;a Magdalena, quien acompa&ntilde;a a Jes&uacute;s en su pasi&oacute;n desde la seducci&oacute;n de su belleza. El personaje es fascinante porque tambi&eacute;n se le ha mostrado como pecadora arrepentida, una fantas&iacute;a que se repite en algunos asiduos a los burdeles: redimir a una prostituta, librarla del pecado.<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a> Quiz&aacute; como reminiscencia de un anhelo infantil de rescatar a la amada perdida.<\/p>\n<p>Esta dicotom&iacute;a entre virgen-puta (es decir, <em>una mujer que no es cualquiera<\/em>) ha sido recurrente en la literatura, como lo constata Garc&iacute;a M&aacute;rquez, en su <em>Memoria de mis putas tristes<\/em>, con Delgadina, una prostituta virgen con la que un viejo periodista se encuentra para celebrar sus 90 a&ntilde;os y, al estar dormida, le permite conocer <em>otra forma<\/em> de &ldquo;hacer el amor&rdquo;, ahora por la v&iacute;a de la palabra, cuando ya la potencia sexual ha declinado. Tambi&eacute;n encontramos esta f&oacute;rmula puta-virgen en el genial Yasunari Kawabata y su novela <em>La casa de las bellas durmientes<\/em>, un burdel muy singular que s&oacute;lo admite ancianos y donde las mujeres prostitutas son bellas doncellas que se encuentran drogadas y no pueden ser despertadas por los clientes. Ellos duermen a su lado y se llenan de juventud; ellas, en el silencio de su sue&ntilde;o, no se oponen a que los ancianos revivan sus encuentros amorosos ya perdidos. Pero el ejemplo m&aacute;s relevante de esta f&oacute;rmula virgen-puta la encontramos en <em>Medida por medida<\/em>, de Shakespeare. Se&ntilde;ala la dicotom&iacute;a entre el convento y el burdel, instituciones ambas que han tenido como funci&oacute;n el control de las mujeres. Las personajes son, por un lado, la se&ntilde;orita Isabelle, comprometida a la castidad garantizada por su devoci&oacute;n y el encierro en el convento, y por el otro lado, la se&ntilde;ora Overdone, la prostituta siempre dispuesta a desplegar sus artes amatorias con todo aquel que pueda pagar. Nada m&aacute;s distante que estas protagonistas a quienes, como es obvio, la moralidad de la &eacute;poca les impide hablar entre ellas. Es el lector quien las vincular&aacute; en su imaginaci&oacute;n y encontrar&aacute; las similitudes entre ambas, la virgen y la puta. Hay algo de inasible, un halo de misterio, un enigma, rodeando a la sacerdotisa que ejerce la prostituci&oacute;n, lo mismo que en su escenograf&iacute;a que parece, lo mismo en el burdel de mala muerte como en las salas elegantes, ambos dispuestos para desplegar todas las fantas&iacute;as.<\/p>\n<p>Algo del misterio sobre ese &ldquo;algo&rdquo; que sostiene el fantasma de la prostituci&oacute;n es revelado por el psicoanalista Hel&iacute; Morales quien, al abordar la cuesti&oacute;n de la prostituci&oacute;n, en su libro <em>Otra historia de la sexualidad,<\/em> plantea que es en la relaci&oacute;n con la prostituta donde el hombre muestra, de la manera m&aacute;s clara, &ldquo;el fantasma de obtener el goce de una mujer mediante el pago, mediante algo del orden del tener: como si fuera posible tener a una mujer&rdquo;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Freud hace referencia al tema en un extraordinario texto que lleva el sugerente t&iacute;tulo de <em>Sobre un tipo particular de elecci&oacute;n de objeto de amor en el hombre<\/em>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De entre las muchas secuelas de la Pandemia que nos aqueja en diversos &aacute;mbitos &mdash;en salud y econom&iacute;a, fundamentalmente&mdash;, tambi&eacute;n es factible percibir modificaciones y desgarraduras brutales en el tejido social. 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