{"id":567,"date":"2021-07-13T13:51:44","date_gmt":"2021-07-13T13:51:44","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/07\/13\/dialogo-a-la-vieja-usanza\/"},"modified":"2021-07-13T13:51:44","modified_gmt":"2021-07-13T13:51:44","slug":"dialogo-a-la-vieja-usanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/dialogo-a-la-vieja-usanza\/","title":{"rendered":"Dilogo a la vieja usanza"},"content":{"rendered":"<p>En alg&uacute;n lugar del planeta infestado por la peste del siglo XXI, cuyo nombre no importa recordar, en una noche de invierno, por el mes de julio, se encontraba Sancho (o Pedro o Juan) enfermo, por lo que fue a visitarle su noble amigo Miguel.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; te ocurre, fiel amigo, que durante el d&iacute;a no has venido a verme?<\/p>\n<p>&mdash;No s&eacute; qu&eacute; me est&aacute; pasando, pero siento como si me estuviera muriendo.<\/p>\n<p>&mdash;Mi buen amigo, &iquest;qu&eacute; tomaste anoche que te sentara tan mal?<\/p>\n<p>&mdash;S&eacute; que lo que me hizo da&ntilde;o no fue la cena regada con vino. Estoy seguro que fue la gente que no usaba barbijo&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;No te preocupes, mi fiel amigo. Voy a ir ahora mismo a hablar con un m&eacute;dico y har&eacute; lo que sea para que los Gigantes me den los medicamentos para ti &mdash;dijo Miguel, siempre teniendo presente su locura creativa.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No vayas! Tu buena intenci&oacute;n es lo que cuenta. Quiero contarte lo &uacute;ltimo que me ha sucedido:<\/p>\n<p>Estuve so&ntilde;ando que estaba en mi retiro, donde los campos te&ntilde;idos de amarillo, despu&eacute;s de la siega del trigo, representan la paz silenciosa y buc&oacute;lica que ya no existe en las ciudades ahogadas por edificios y por el sonido delirante del movimiento de m&aacute;quinas que transportan gente, de propagandas que venden cosas. En fin, estuve en un espacio irreal, inalcanzable para las mayor&iacute;as, pero que s&iacute; existe. Un valle donde los gansos son los m&aacute;s ruidosos y fren&eacute;ticos transe&uacute;ntes. All&iacute; yo disfrutaba de la paz que no conoce wi-fi. Me envolv&iacute;a, constantemente, un abrazo amoroso y los sonidos eran tan placenteros como indescriptibles. Adem&aacute;s, el tiempo y la televisi&oacute;n no invad&iacute;an mi privacidad.<\/p>\n<p>Estuve disfrutando del lugar y de todos los buenos sentimientos inherente a las circunstancias, cuando de repente, como salido del noveno c&iacute;rculo del infierno, apareci&oacute; un fantasma reclam&aacute;ndome por cosas que desconozco, atribuy&eacute;ndome actos irreales que no comet&iacute;, habl&aacute;ndome sobre asuntos que no me dicen respecto, achac&aacute;ndome palabras que no profer&iacute;, habl&aacute;ndome de cuentos que le comentaron algunos aduladores fraudulentos y, para mi gran sorpresa, contradictoriamente, rog&aacute;ndome que le d&eacute; paz&hellip;<\/p>\n<p>Sabiendo que la paz es un negocio de puertas adentro, que es el sosiego que conocen los sujetos honestos consigo mismos, leales con su amada familia, justos y ecu&aacute;nimes. Siendo una virtud que los que la disfrutan pueden dormir tranquilos toda la noche, porque saben que no enga&ntilde;aron a nadie para engrandecer al propio ego&hellip;<\/p>\n<p>Me caus&oacute; una especie de par&aacute;lisis, no lleg&oacute; a ser una apnea del sue&ntilde;o porque mi coraz&oacute;n se dispar&oacute;, pero el impacto mit&oacute;mano fue como una bola pesada que me golpe&oacute; con fuerza.<\/p>\n<p>Pero, noble amigo, para que comprendas mi pena, tengo que confesarte que el fantasma que irrump&iacute;a mi silencio ten&iacute;a un nombre que hace mucho tiempo pertenece al l&eacute;xico olvidado por mi mente. Entonces, podr&aacute;s imaginar la gran sorpresa que me caus&oacute;.<\/p>\n<p>T&uacute; me conoces muy bien y sabes cu&aacute;nto aborrezco a la mentira y la hablilla sobre la vida y pecados de los dem&aacute;s. Asimismo, sabes que no hablo con cierta gente para no indigestarme. Especialmente ahora, en estos tiempos de peste, que Hades abri&oacute; las puertas de su morada y orden&oacute; a Caronte que no cobre moneda por el transporte, que lleve la barca llena como tren de periferia, que pague el que pueda, el que no pueda viaje igual, pues ya nadie tendr&aacute; que quedar a la orilla del r&iacute;o por no tener moneda. Yo aprecio mi tiempo y trato de usarlo sabiendo que cada d&iacute;a es &uacute;nico y puede ser el &uacute;ltimo.<\/p>\n<p>De verdad, verdadera, mi noble amigo, ahora prefiero dormir con mi moneda bajo la lengua, por si la muerte me encuentra dormido: no quiero que Caronte me mire de mala manera. Es suficiente la mirada de los envidiosos que me persiguen en vida para no querer soportar la mirada disgustada por no llevar una moneda a Caronte.<\/p>\n<p>Pues bien, el espectro era una cosa amorfa, cobraba la forma de las palabras que profer&iacute;a&hellip; Y vaya, se metamorfoseaba cuando hablaba de muchas personas, tanto as&iacute; que no pude reconocerlo y tampoco puedo describirlo con precisi&oacute;n porque no se parec&iacute;a a nadie que conoc&iacute; en la vida. Tal vez, pienso ahora, algunos sujetos se presentaron con brillantes m&aacute;scaras&#8230; S&iacute;, eso explicar&iacute;a su intento de involucrarme en menjunjes que no apetezco. Completamente impactado, casi sin poder moverme le dije:&iexcl;espera!<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>T&uacute; me has ense&ntilde;ado que la verdad es hija del tiempo y que las injusticias son infames, as&iacute; que ni en las pesadillas acepto ciertas actitudes.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>El fantasma no pudo explicarse y dar nombres de su s&eacute;quito de aduladores. Se puso inc&oacute;modo en su crisis mit&oacute;mana paranoide y trat&oacute; de disculparse. As&iacute; que, por mi parte, trat&eacute; de hacer un pacto amoroso, le ofrec&iacute; mi amistad &mdash;al final cada uno ofrece lo que tiene&mdash; pero &eacute;l no acept&oacute;.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>No podemos adivinar qu&eacute; demonios persiguen a los fantasmas, tampoco conocemos sus viejos dolores, as&iacute; como no sabemos qu&eacute; buscan cuando se nos presentan de improviso y agresivamente. Son misterios dolorosos que permanecer&aacute;n irresueltos en el tiempo.<\/p>\n<p>Pues bien, mi noble amigo, cuando despert&eacute;, estuve tembloroso, prend&iacute; una vela y rogu&eacute; a Dios por esa alma que, mismo cuando dice lo contrario, camina sin esperanza.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s, cuando pude mirarme al espejo, vi que qued&eacute; con el rostro p&aacute;lido, la expresi&oacute;n cansada y los p&aacute;rpados ca&iacute;dos. Me sobrevinieron los conocidos s&iacute;ntomas&hellip;<\/p>\n<p>Ahora que has escuchado mi letan&iacute;a en formato pesadilla, mi noble amigo, &iquest;qu&eacute; dices?<\/p>\n<p>&mdash;Mi fiel amigo, &ldquo;la verdad adelgaza y no quiebra&rdquo;. Deje de poner esa mala cara. Sabemos que te vas a recuperar, mucha gente se recupera &mdash;intent&oacute; animar Miguel&mdash;. Como en los tiempos idos, estaremos de vuelta galopando por campo abierto&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Como dijo el Quijote mi noble amigo: &ldquo;Nuestras aventuras fueron maravillosas, pero ese tiempo ya pas&oacute;. Es tarde, y la otra vida me espera.&rdquo; Escucha: la sirena de la ambulancia est&aacute; llegando, no haga alarido por mi partida y, por favor, mis cenizas las esparces en el campo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En alg&uacute;n lugar del planeta infestado por la peste del siglo XXI, cuyo nombre no importa recordar, en una noche de invierno, por el mes de julio, se encontraba Sancho (o Pedro o Juan) enfermo, por lo que fue a visitarle su noble amigo Miguel. &mdash;&iquest;Qu&eacute; te ocurre, fiel amigo, que durante el d&iacute;a no [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":131,"featured_media":568,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[],"class_list":["post-567","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-desde-el-sur"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/567","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/131"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=567"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/567\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media\/568"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=567"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=567"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=567"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}