{"id":559,"date":"2021-07-06T14:16:03","date_gmt":"2021-07-06T14:16:03","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/07\/06\/arthur-rimbaud-el-nuevo-amor\/"},"modified":"2021-07-06T14:16:03","modified_gmt":"2021-07-06T14:16:03","slug":"arthur-rimbaud-el-nuevo-amor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/arthur-rimbaud-el-nuevo-amor\/","title":{"rendered":"Arthur Rimbaud: el nuevo amor!"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\">El acto de amor es eso.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Hacer el amor, tal como lo indica el<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">nombre es poes&iacute;a. Pero hay un<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">abismo entre la poes&iacute;a y el acto.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Jacques Lacan<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p>El psicoan&aacute;lisis, quisiera decirlo de entrada, es un discurso que abre una posibilidad de bordear lo real mediante lo simb&oacute;lico. Y si partimos de que una de las &ldquo;formas&rdquo; de lo real es la muerte (es decir, lo que nunca cambia), entonces el psicoan&aacute;lisis es una posibilidad, siempre fallida, siempre en devenir, de apalabrar la muerte. Hay algo m&aacute;s que es necesario dejar en claro de entrada para poder avanzar aqu&iacute;: el psicoan&aacute;lisis se mueve por la palabra y &uacute;nicamente en la palabra.<\/p>\n<p>Hay, en este sentido, un encuentro entre el psicoan&aacute;lisis y la poes&iacute;a, que tambi&eacute;n trabaja con la palabra; sin embargo, aunque pisan terrenos muy cercanos, como un entre-cuerpos, se impone decirlo: el psicoan&aacute;lisis no es poes&iacute;a. Poes&iacute;a, lo sabemos, proviene del griego &pi;&omicron;&eta;&sigma;&iota;&sigmaf; (<em>poiesis<\/em>), que es acci&oacute;n, pero tambi&eacute;n creaci&oacute;n, engendramiento y, quiz&aacute;, sacar, dar a luz. Su acci&oacute;n consiste en decir lo indecible, es un dar cuenta de la exploraci&oacute;n del vac&iacute;o; el psicoan&aacute;lisis, por su parte, es una posibilidad de posicionarse de otra manera frente a lo dicho, es un discurso que la da lugar a los neologismos, al entre-dicho, a las ocurrencias, a lo que ocurre en el lenguaje y sus yerros.<\/p>\n<p>Ambas praxis, poes&iacute;a y psicoan&aacute;lisis, comparten el que no se puedan separar del cuerpo; el cuerpo, esa extraordinaria caja de resonancia, el cuerpo hecho de palabras e im&aacute;genes que les resulta ser el territorio m&aacute;s in&eacute;dito, el m&aacute;s inmediato, quiz&aacute;s el &uacute;nico.<\/p>\n<p>El psicoan&aacute;lisis, cauteloso como es, intempestivo como es, toma al lenguaje, y s&oacute;lo al lenguaje en su m&aacute;s m&iacute;nima expresi&oacute;n, la palabra, la letra, m&aacute;s a&uacute;n, el rasgo, el trazo, como el veh&iacute;culo en donde la subjetividad se hace f&oacute;rmula matem&aacute;tica, pero nunca c&oacute;digo: mediante la palabra el cuerpo explota m&aacute;s all&aacute; de los c&oacute;digos biol&oacute;gicos.<\/p>\n<p>En el apartado dos de <em>Funci&oacute;n y campo de la palabra y el lenguaje en psicoan&aacute;lisis<\/em>, Jacques Lacan nos ense&ntilde;a una distinci&oacute;n radical entre &ldquo;palabra plena&rdquo; y &ldquo;palabra vac&iacute;a&rdquo;. La diferencia se establece, desde esa lectura, a partir de una paradoja, ya que es la palabra plena la que es capaz de provocar un vac&iacute;o de sentido que permite algo nuevo; y la palabra vac&iacute;a, a su vez, contradictoriamente, llena el tiempo de sentidos f&uacute;tiles.<\/p>\n<p>Con todo, lo que podemos apreciar en ambas praxis es, en el caso del psicoan&aacute;lisis, la prevalencia de una direcci&oacute;n, direcci&oacute;n de la cura; en la otra, la poes&iacute;a, en su pleno vuelo, apunta a la resonancia de todos los sentidos. Pero, en fin, ambos, poetas y psicoanalistas, apuntan a darle un lugar a lo inefable por la v&iacute;a de la palabra.<\/p>\n<p>Entre el psicoan&aacute;lisis y la poes&iacute;a hay vasos comunicantes. Dos reconocimientos a la poes&iacute;a, entre muchos, se pueden ubicar desde el psicoan&aacute;lisis. En Freud, en referencia al sue&ntilde;o, escribe: &ldquo;el sue&ntilde;o es un arte po&eacute;tico involuntario&rdquo;, y m&aacute;s tarde dir&iacute;a, con respecto al amor (&eacute;l que nunca dej&oacute; de hablar de amor), que &eacute;se era un terreno de los poetas. Jacques Lacan, por su parte, ubica a la poes&iacute;a del lado del analizante. As&iacute;, se&ntilde;ala tajante: &ldquo;el analizante habla, hace poes&iacute;a&rdquo;.<\/p>\n<p>Pero si ambos, la poes&iacute;a como el psicoan&aacute;lisis, apuntan a lo inefable, no podr&iacute;an sino apostar a darle un lugar al mal-decir, a romper el velo de la belleza, quiz&aacute; sea eso lo que hace que se pueda considerar maldito a alg&uacute;n poeta; maldito es aquel quien le da un lugar a lo mal-dicho (con lo mal-dicho es con lo que trabaja el psicoanalista, a quien por cierto nunca se le otorga el grado de maldito).<\/p>\n<p>Ambas disciplinas trabajan con lo inefable, con lo inexpresable, y con ello lo maldito, lo que incomoda a lo humano, lo que no anda, donde la condici&oacute;n humana, por estar atravesado por el lenguaje, muestra sus falencias. Siendo esencialmente pr&aacute;cticas del lenguaje, el psicoan&aacute;lisis y la poes&iacute;a no pueden pisar otros terrenos que los de la sexualidad y la muerte; y hay que reconocer que fue el genio de Freud quien puso en primer plano estos significantes y nos hered&oacute; la tarea de pensarlos como condici&oacute;n ineludible de la condici&oacute;n humana, pese al rechazo humanista e idiota que subsiste.<\/p>\n<p>El poeta Arthur Rimbaud es considerado, por antonomasia, el poeta maldito. Sobre este poeta franc&eacute;s, Jacques Lacan, quien declara que es &eacute;ticamente deseable un retorno a Freud si se quiere levantar la bandera del psicoan&aacute;lisis, plantea en el seminario 20, <em>A&uacute;n<\/em>, que, a causa de ser hablantes, es decir, estar atravesados en nuestro ser por el lenguaje, eso que introduce diferencia, no hay relaci&oacute;n entre los sexos, no hay &ldquo;proporci&oacute;n sexual&rdquo;, esto es, y no puede ser sino mi lectura, no hay armon&iacute;a entre el sujeto y el objeto, entre ambos est&aacute; la muerte y la sexualidad, y ah&iacute;, en esos terrenos escabrosos, lo humano resbala.<\/p>\n<p>Arthur Rimbaud (quien, junto con Baudelaire y Lautr&eacute;amont, constituye la vanguardia modernista en la literatura), a los 19 a&ntilde;os, abandona la literatura para emprender largos viajes, internos y geogr&aacute;ficos en busca de &ldquo;su voz&rdquo;. El joven poeta se mueve, en principio, bajo la radical consigna de &ldquo;convertirse en parnasiano o en nada&rdquo; planteada a los 17 a&ntilde;os. Jacques Lacan, en el seminario XX <em>A&uacute;n<\/em>, retoma un poema de Arthur Rimbaud: <em>&ldquo;A una raz&oacute;n&rdquo;<\/em>, donde hace eco de lo que &eacute;l mismo dec&iacute;a del poeta: &ldquo;el poeta tiene que convertirse en el gran enfermo, el gran criminal, el gran maldito, y el sabio supremo&rdquo;. Y se&ntilde;ala que Rimbaud escribe este poema, <em>&ldquo;A una raz&oacute;n&rdquo;<\/em>, y con ello nos ilustra sobre que el amor es signo de un cambio de discurso.<\/p>\n<p>La raz&oacute;n, en el buen sentido, apunta a un discurrir para dar cuenta de algo, algo que, sin embargo, siempre se est&aacute; yendo. La raz&oacute;n es, hay que se&ntilde;alarlo de manera radical, algo que s&oacute;lo se sostiene en la ausencia, es decir, en el porvenir. Es, la raz&oacute;n, el recurso que utilizamos para recubrir lo inefable que resulta de la experiencia del encuentro con lo real, rostro de lo imposible. As&iacute; podemos ver que, hablando de la raz&oacute;n, el poeta, desde su radiante juventud, apuesta a lo que de alqu&iacute;mico tiene el lenguaje, hace referencia a lo que escapa a la raz&oacute;n, como corresponde a todo poeta que se precie de serlo. Veamos algunos versos:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un golpe de tu dedo sobre el tambor descarga todos los sonidos e inicia una nueva armon&iacute;a.<\/p>\n<p>Un paso tuyo. Y el alzamiento de los hombres nuevos y su caminar.<\/p>\n<p>Tu cabeza se vuelve: &iexcl;el nuevo amor! Tu cabeza gira, &iexcl;el nuevo amor!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Rimbaud apuesta a la raz&oacute;n en el t&iacute;tulo de su poema y, sin embargo, lo que hace es ir m&aacute;s all&aacute; de lo que dice, como corresponde a un poeta que queda rebasado como persona para que prevalezca su ser en la obra (lo que no se puede impostar). Pero, &iquest;a qu&eacute; se hace referencia aqu&iacute; con ese signo de &ldquo;m&aacute;s all&aacute;&rdquo;?<\/p>\n<p>El acto de amor, el acontecimiento amor como dir&iacute;a Badiou, no parte de la raz&oacute;n sino de un signo. De un hallazgo, de <em>un golpe de tu dedo<\/em>. No se trata desde luego de un signo ling&uuml;&iacute;stico, se trata de algo m&aacute;s all&aacute;, simplemente lo que quiere decir algo para alguien, pero m&aacute;s all&aacute; de la raz&oacute;n, o en esa &ldquo;otra raz&oacute;n&rdquo;, la que se juega en el inconsciente.<\/p>\n<p>&ldquo;T&uacute; cabeza se vuelve: &iexcl;el nuevo amor!&rdquo; En ese gesto de voltear la cabeza se juega la vida (y la muerte), la vida se juega en los gestos, no m&aacute;s que ah&iacute;. En el azar, que no es casualidad sino causalidad. El amor se juega ah&iacute;, en el encuentro inesperado, en las alas por venir, en una pregunta &ldquo;&iquest;qu&eacute; es tu tatuaje?&rdquo;, una vuelta de cabeza y el amor ah&iacute;, aunque no es de ah&iacute;, como ense&ntilde;a Freud, &ldquo;cuando conocemos a alguien, m&aacute;s bien lo reconocemos&rdquo;.<\/p>\n<p>Pero entonces, si se apuesta a los signos, si se apuesta a &ldquo;algo m&aacute;s all&aacute;&rdquo; que se ubica en los gestos, si eso es as&iacute;: &iquest;d&oacute;nde est&aacute; entonces la trampa? En creer que los gestos se pueden codificar; en al amor se trata de que los gestos, los signos, los signos de amor, escapan al c&oacute;digo, apuestan a un m&aacute;s all&aacute;, a hacer del azar destino, como se refiere Julia Kristeva al amor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El acto de amor es eso. Hacer el amor, tal como lo indica el nombre es poes&iacute;a. Pero hay un abismo entre la poes&iacute;a y el acto. 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