{"id":557,"date":"2021-07-06T14:14:01","date_gmt":"2021-07-06T14:14:01","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/07\/06\/tarde-de-lluvia-virtud-franciscana-o-gente-corriendo\/"},"modified":"2021-07-06T14:14:01","modified_gmt":"2021-07-06T14:14:01","slug":"tarde-de-lluvia-virtud-franciscana-o-gente-corriendo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/gorilas-en-trova\/tarde-de-lluvia-virtud-franciscana-o-gente-corriendo\/","title":{"rendered":"Tarde de lluvia, virtud franciscana o gente corriendo"},"content":{"rendered":"<p>Cada fen&oacute;meno de la naturaleza imprime su huella en nuestros sentidos. Por cierto,&iquest; a Usted, a qu&eacute; le suena la lluvia?<\/p>\n<p>Para muchos, la lluvia signfica ecos, onomatopeyas; incluso, canciones; como dir&iacute;a Armando Manzanero:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>&hellip; Esta tarde vi llover vi gente correr<\/em><\/p>\n<p><em>Y no estabas t&uacute; &hellip;<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En este fragmento &mdash;de la canci&oacute;n, &ldquo;Esta tarde vi llover&rdquo;, del yucateco Armando Manzanero&mdash;, la precipitaci&oacute;n pluvial imita el discreto sigilo que deja la ausencia del ser amado.<\/p>\n<p>Pareciera la cortina de agua desatada en una calle populosa, desvelando lo que la ciudad ya sabe: ella no est&aacute;. El vac&iacute;o atrapa al personaje, y aunque ser&aacute; diluido en el mismo elemento donde fue creado, permanecer&aacute; en su memoria por mucho tiempo.<\/p>\n<p>Siempre hay y habr&aacute; una lluvia, especialmente, hermosa o duradera, reverberando en nuestras vidas. &iquest;Usted, cu&aacute;l recuerda?<\/p>\n<p>El sevillano, Rafael de Le&oacute;n, miembro de la Generaci&oacute;n del 27, en su poema &ldquo;Lluvia a Conchita Herrera&rdquo;, dice:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>&hellip; &iexcl;Te quiero!, <\/em><\/p>\n<p><em>dijiste, y la flor de tu mano<\/em><\/p>\n<p><em>puso un arpegio triste<\/em><\/p>\n<p><em>sobre el viejo piano.<\/em><\/p>\n<p><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n<p><em>(En la ventana oscura <\/em><\/p>\n<p><em>la lluvia sonre&iacute;a&hellip;<\/em><\/p>\n<p><em>Tamboril de dulzura <\/em><\/p>\n<p><em>Gong de monoton&iacute;a).<\/em><\/p>\n<p><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n<p><em>&mdash;&iquest;Me querr&aacute;s tu lo mismo? <\/em><\/p>\n<p><em>y en tu voz apagada <\/em><\/p>\n<p><em>hubo un dulce lirismo<\/em><\/p>\n<p><em>de magnolia trochada.<\/em><\/p>\n<p><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n<p><em>(La lluvia prosegu&iacute;a <\/em><\/p>\n<p><em>llorando en los cristales&hellip; <\/em><\/p>\n<p><em>Cortina de agon&iacute;a. <\/em><\/p>\n<p><em>Guada&ntilde;a de rosales) &#8230;<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En estos versos, Rafael de Le&oacute;n y Arias Saavedra &mdash;VIII marqu&eacute;s del Valle de la Reina, VII marqu&eacute;s del Moscoso y IX conde de G&oacute;mara&mdash;, mejor conocido como Rafael de Le&oacute;n, relata c&oacute;mo las vibraciones de la lluvia percuten en la ventana, adquiriendo la placentera sensaci&oacute;n de un &ldquo;tamboril de dulzura&rdquo;, y el apacible movimiento de un &ldquo;Gong de monoton&iacute;a&rdquo;; gran tel&oacute;n de fondo para la franca confidencia de la amada: &ldquo;Te quiero&rdquo;.<\/p>\n<p>Sin embargo, la duda penetra su voz: &ldquo;&iquest;Me querr&aacute;s t&uacute; lo mismo?&rdquo;, y en la espera de la respuesta, la lluvia se transfigura en ruego y amenaza. El poeta la escucha llorar en los cristales, prometiendo cortar de tajo con la ilusi&oacute;n reci&eacute;n nacida; coincidente con la voz de magnolia trochada; es decir, de mujer solitaria, temerosa de su propia conducta y de la r&eacute;plica que podr&iacute;a partirla en dos.<\/p>\n<p>Rafael de Le&oacute;n, en los siguientes versos, plantea otras acuosas resoluciones; pero lo importante es: la lluvia suena a un &ldquo;Te quiero&rdquo;.<\/p>\n<p>Por su parte, Federico Garc&iacute;a Lorca, en su poema &ldquo;Lluvia&rdquo;, narra:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>&hellip; &iexcl;Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,<\/em><\/p>\n<p><em>lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,<\/em><\/p>\n<p><em>lluvia buena y pac&iacute;fica que eres la verdadera,<\/em><\/p>\n<p><em>la que llorosa y triste cae sobre las cosas caes! &#8230;<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para el nacido en Fuente Vaqueros, Espa&ntilde;a, adscrito a la denominada &ldquo;Generaci&oacute;n del 27&rdquo;, la lluvia es silenciosa, tiene el h&aacute;bito de callar y de no hacer ruidos.<\/p>\n<p>Y debido a su car&aacute;cter suave y d&oacute;cil, es bienhechora; no se le confunde con las tempestades, aguaceros ni trombas; recuerde, nunca le acompa&ntilde;an tormentas ni vientos.<\/p>\n<p>A&uacute;n m&aacute;s, es agua clara y benigna. Es la que cae, como l&aacute;grimas derramadas, apesadumbrada sobre toda la Tierra. Y es la &ldquo;de esquila&rdquo;; o sea, de la campana convocante de la comunidad, hacia la verdad.<\/p>\n<p>Probablemente, estos versos contienen un concepto religioso o espiritual; el poeta contin&uacute;a:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>&hellip; &iexcl;Oh lluvia franciscana que llevas en tus gotas<\/em><\/p>\n<p><em>almas de fuentes claras y humildes manantiales!<\/em><\/p>\n<p><em>Cuando sobre los campos desciendes lentamente <\/em><\/p>\n<p><em>las rosas de mi pecho con tus sonidos abres&hellip;<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As&iacute;, la lluvia hace referencia a la pureza y humildad, virtudes franciscanas. Cabe recordar: el &ldquo;cord&oacute;n de San Francisco (de As&iacute;s)&rdquo; se desata causando fuertes tormentas, por lo cual es famoso.<\/p>\n<p>La leyenda informa que San Francisco usaba una t&uacute;nica atada a la altura de su cintura con un cord&oacute;n. Con &eacute;l, fustigaba al demonio solt&aacute;ndose rayos, truenos, vientos violentos y abundantes y destructivas aguas.<\/p>\n<p>De modo que &eacute;stas son la cara contraria a las tormentas, cuya caracter&iacute;stica es la maldad.<\/p>\n<p>Ahora bien, para algunas iconograf&iacute;as cristianas, las rosas simbolizan al recept&aacute;culo de la sangre de Cristo o a esta misma en forma de sus llagas.<\/p>\n<p>En consecuencia, esa lluvia prodigiosa lava la Tierra; a gotas, es Dios entrando al coraz&oacute;n del poeta y es el ta&ntilde;ido que convoca y dirige hacia la Verdad o hacia Dios.<\/p>\n<p>Garc&iacute;a Lorca, agrega:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>&hellip; El canto primitivo que dices al silencio <\/em><\/p>\n<p><em>y la historia sonora que cuentas al ramaje<\/em><\/p>\n<p><em>los comenta llorando mi coraz&oacute;n desierto<\/em><\/p>\n<p><em>en un negro y profundo pentagrama sin clave&#8230;<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La lluvia lleva y prolonga antiguas alabanzas, r&iacute;tmicas y acompasadas, dedicadas al Misterio (Dios); transmite Vida a los seres vivos, particularmente, a la humanidad; dado que el ramaje corresponde al conjunto de familias de plantas, animales y hombres. Mas el poeta, compungido porque su alma es hoja rayada sin notas musicales, pide participar de esa lluvia; por lo tanto, de Dios.<\/p>\n<p>Federico del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s Garc&iacute;a Lorca &mdash;conocido como Federico Garc&iacute;a Lorca&mdash;, prosigue explicando el tema de la lluvia. Por el momento, podemos sostener, a este extraordinario poeta, dramaturgo y prosista espa&ntilde;ol la lluvia le suena a silencio, Verdad, Vida y divinidad.<\/p>\n<p>Seguramente muy pocos atinar&aacute;n a formular respuestas tan profundas como las de Garc&iacute;a Lorca; ni tan musicales como las de Rafael de Le&oacute;n. Ni siquiera tan ciertas como las de Manzanero. No obstante, ser&aacute;n atinadas, originales y sinceras.<\/p>\n<p>Como siempre, Usted tiene la &uacute;ltima palabra.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cada fen&oacute;meno de la naturaleza imprime su huella en nuestros sentidos. 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