{"id":521,"date":"2021-06-22T14:20:17","date_gmt":"2021-06-22T14:20:17","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/06\/22\/ernesto-guevara-los-sintomas-de-un-medico-guerrillero\/"},"modified":"2021-06-22T14:20:17","modified_gmt":"2021-06-22T14:20:17","slug":"ernesto-guevara-los-sintomas-de-un-medico-guerrillero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/ernesto-guevara-los-sintomas-de-un-medico-guerrillero\/","title":{"rendered":"Ernesto Guevara: los sntomas de un mdico guerrillero"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\">&ldquo;Me estremeci&oacute; la mujer<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">del poeta, el caudillo<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">siempre a la sombra y llenando<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">un espacio vital&rdquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Silvio Rodr&iacute;guez<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&ldquo;&#8230;la mujer para el hombre es un s&iacute;ntoma, el<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">hombre para la mujer un estrago&rdquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Jacques Lacan<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sin duda, son pocos los personajes de la historia que podr&iacute;an ocupar el lugar de icono de una &eacute;poca que abarca desde la segunda mitad del siglo XX y lo que va del siglo XXI, como ocurre con el m&eacute;dico argentino Ernesto &ldquo;Che&rdquo; Guevara de la Serna. Resulta ic&oacute;nica la imagen de Alberto D&iacute;az (Korda) donde el guerrillero, con boina negra, se encuentra mirando al infinito. La mejor de las r&eacute;plicas de Sim&oacute;n Bolivar. Sin duda alguna, la admiraci&oacute;n para el Che, ha venido del lado femenino de la humanidad.<\/p>\n<p>Ateni&eacute;ndonos a lo que el psicoanalista franc&eacute;s Jacques Lacan pronunciaba en el Seminario 18, <em>De un discurso que no fuera semblante<\/em>: &ldquo;Para tener la verdad de un hombre, conviene saber cu&aacute;l es su mujer, por supuesto llegado el caso, su esposa; y por qu&eacute; no: es el &uacute;nico lugar donde eso puede tener un sentido, lo que alguien llam&oacute; el pesa-persona. Para sopesar a una persona, cuando se trata de un hombre, nada mejor que sopesar a su mujer&rdquo;, para sopesar al hombre Ernesto Guevara valdr&iacute;a sopesar el v&iacute;nculo que mantuvo con sus mujeres. Y decir &ldquo;sus mujeres&rdquo; es un exceso, casi po&eacute;tico.<\/p>\n<p>Aunque sabemos que el Che se casa s&oacute;lo dos ocasiones (con Hilda Gadea, en Tepotzotlan, M&eacute;xico, y con Aleida March Torres, en la Habana, Cuba), su vida amorosa empieza muy temprano, a los 15 a&ntilde;os, cuando se enamora de su prima la <em>Negrita<\/em>, Carmen C&oacute;rdoba de la Serna. M&aacute;s tarde, ya en plena juventud, se enamora de Mar&iacute;a del Carmen <em>Chichina<\/em> Ferreyra, a quien conoce en el liceo y frecuenta hasta su ingreso a la escuela de medicina. Podr&iacute;amos decir que se trata de amores idealizados, como muchos otros ideales que mover&aacute;n al combatiente. Su amor es de una poderosa intensidad, as&iacute; como poderosa es la negativa de la familia a dar consentimiento a la relaci&oacute;n. Ella pertenece a una familia de terratenientes en Argentina, la condici&oacute;n de &eacute;l es precaria. Ernesto en esa &eacute;poca es conocido con el apodo de <em>El<\/em> <em>Chancho<\/em>, dado su aspecto siempre sucio. Vest&iacute;a una camisa que lavaba una vez por semana: la llamaba &ldquo;La semanera&rdquo;. S&oacute;lo ten&iacute;a, para impresionar a la familia de <em>Chichina<\/em>, su elocuencia cuando hablaba de literatura, filosof&iacute;a, medicina, etc&eacute;tera.<\/p>\n<p>Esta relaci&oacute;n con <em>Chichina<\/em> est&aacute; marcada por lo que se conoce como un &ldquo;acto de amor&rdquo;, en el cual un hombre apuesta a estrechar un cuerpo Otro, y sin embargo queda s&oacute;lo con su inconsciente; este acto de amor es lo que le da a la relaci&oacute;n con Mar&iacute;a del Carmen Ferreyra car&aacute;cter de s&iacute;ntoma. Veamos: en 1951 Ernesto Guevara le propone no s&oacute;lo matrimonio sino que se vaya con &eacute;l en una aventura por Am&eacute;rica del Sur. Ella, por presi&oacute;n de los padres le dice que no. M&aacute;s tarde, ella le mandar&aacute; una carta al amoroso combatiente donde da por terminada la relaci&oacute;n. Ernesto queda sumamente conmocionado. Quiz&aacute; lo que el Che le propuso provoc&oacute; que ella manifestara una cualidad de lo femenino consignada por Freud al se&ntilde;alar que &ldquo;algo de la feminidad ser&iacute;a rebelde a la sublimaci&oacute;n de la cultura&rdquo;. Ernesto no ceja y en 1952 le vuelve a pedir matrimonio; nuevamente es rechazado.<\/p>\n<p>Le siguen otras aventuras amorosas en sus recorridos en motocicleta por Sudam&eacute;rica. Conoce, por ejemplo, a Zoraida Boluarte en Per&uacute;, asistente m&eacute;dico en un leprosario.<\/p>\n<p>En 1953, durante un viaje a Guatemala, conoce a Hilda Gadea, de origen peruano, bajita, de rasgos ind&iacute;genas, tez morena, quien ser&aacute; su primera esposa. Los une la militancia y el gusto por la literatura, en particular por la poes&iacute;a de Le&oacute;n Felipe. Ella pone a Ernesto Guevara en contacto con la intelectualidad cubana que planea el derrocamiento del dictador Fulgencio Batista en la Isla. Un a&ntilde;o despu&eacute;s, la joven Hilda es detenida e interrogada para saber el paradero del m&eacute;dico argentino llamado Ernesto Guevara; ella no lo delatar&aacute;. &Eacute;l se encuentra exiliado en la embajada de su pa&iacute;s. Es ya un amor en combate. Ese a&ntilde;o &eacute;l le pedir&aacute; matrimonio; ella, consciente de las dificultades pol&iacute;ticas y de seguridad por las que atraviesan, pospone la respuesta. Ella es deportada de Guatemala y el Che la espera en el Distrito Federal, en M&eacute;xico; ah&iacute; le pedir&aacute; matrimonio por segunda vez y, por segunda vez, Aleida le dir&aacute; que a&uacute;n no est&aacute; lista. &Eacute;l se molesta y decide terminar la relaci&oacute;n. M&aacute;s tarde hay una reconciliaci&oacute;n y por fin se casan el 18 de marzo de 1955 en Tepotzotl&aacute;n. El motivo, seg&uacute;n se cuenta, que hizo que Hilda aceptara es que se encontraba embarazada.<\/p>\n<p>El nacimiento de su hija Hilda Beatriz matiza un poco la relaci&oacute;n entre ambos. El Che la sigue amando pero el deseo de aventura es m&aacute;s fuerte. Ante esto, vale preguntarse si el Che pod&iacute;a amar, en el sentido en que el psicoan&aacute;lisis se refiere al amor. Sin duda algunos saben provocar el amor en el otro, hacerse amar, pero para amar hay que confesar su falta y reconocer que se necesita al otro, que el otro hace falta.<\/p>\n<p>En este caso, Hilda, una vez &ldquo;tenida&rdquo; no hace falta. &iquest;Qu&eacute; provoca ella en el Che? Su huida, su b&uacute;squeda de otros espacios, otros v&iacute;nculos. Ernesto termina la relaci&oacute;n; Hilda piensa que su relaci&oacute;n se reconstruir&aacute;. Los papeles se han invertido. Es en este sentido que se puede decir que la mujer hace al hombre, es decir, el fracaso amoroso con Hilda lleva al Che a nuevas aventuras: lo hace combatiente.<\/p>\n<p>La expedici&oacute;n a Cuba se planea, y eso ocupa todo el tiempo del Che. Durante la llegada conoce a Zoila Rodr&iacute;guez, una hermosa campesina, mulata, que le ense&ntilde;a los secretos de las plantas medicinales. Ella se muda a una peque&ntilde;a casita donde vive Ernesto Guevara. La relaci&oacute;n dura pocos meses.<\/p>\n<p>Una casualidad hace que el Che conociera a su segunda esposa en 1958, se trata de Aleida March Torres, quien para entonces ten&iacute;a 22 a&ntilde;os y era tambi&eacute;n guerrillera. Actuaba de manera clandestina en Santa Clara; ah&iacute; conoce al ya reconocido Comandante Guevara. Se trata de un amor de combate: ella era muy valiente, hermosa, y pasa a formar parte de la escolta del Che. Se trata de un amor entre compa&ntilde;eros de lucha, un amor extraordinario, como quiere el poeta Roque Dalt&oacute;n.<\/p>\n<p>Jacques Lacan, en la clase del 21 de enero de 1975 se llega a preguntar: &ldquo;&hellip; para quien est&aacute; estorbado por el falo, &iquest;qu&eacute; es una mujer? Es un s&iacute;ntoma&rdquo;. Y m&aacute;s adelante va a puntualizar: &ldquo;Ver&aacute;n all&iacute; que una mujer en la vida de un hombre es algo en lo que &eacute;l cree.&rdquo; Sabemos que si algo es Aleida para Ernesto Che Guevara es una mujer en la que cree, en la que conf&iacute;a plenamente. Ella se vuelve su sombra literalmente, lo acompa&ntilde;a en todo momento, se torna celosa de todos aquellos y aquellas que conocieron al guerrillero antes que ella. Juntos entran en La Habana el d&iacute;a de la victoria. Se vuelve la &ldquo;Una-mujer&rdquo; para &eacute;l, seg&uacute;n la expresi&oacute;n que nos ense&ntilde;a a pensar Lacan.<\/p>\n<p>Aleida March Torres se convierte formalmente en su esposa, y con ella engendrar&aacute; cuatro hijos. Pero su v&iacute;nculo con las mujeres no queda ah&iacute;. M&aacute;s tarde establece relaci&oacute;n con Lidia Rosa L&oacute;pez, a&uacute;n casado. De esa relaci&oacute;n tiene tambi&eacute;n un hijo. Tiempo despu&eacute;s, en un viaje a Praga surge una relaci&oacute;n amorosa con Tamara Bunke, <em>Tania<\/em>. Ella se vuelve su traductora en esa gira.<\/p>\n<p>Ernesto Guevara de la Serna, conocido como el Che, muri&oacute; el 9 de octubre en La Higuera, Bolivia. Sus batallas no s&oacute;lo fueron por la Revoluci&oacute;n en diversos pa&iacute;ses, tambi&eacute;n se enfrent&oacute; con sus s&iacute;ntomas: las mujeres.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&ldquo;Me estremeci&oacute; la mujer del poeta, el caudillo siempre a la sombra y llenando un espacio vital&rdquo;. Silvio Rodr&iacute;guez &nbsp; &ldquo;&#8230;la mujer para el hombre es un s&iacute;ntoma, el hombre para la mujer un estrago&rdquo;. 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