{"id":493,"date":"2021-06-08T13:57:24","date_gmt":"2021-06-08T13:57:24","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/06\/08\/franz-kafka-el-amor-y-temor-al-padre\/"},"modified":"2021-06-08T13:57:24","modified_gmt":"2021-06-08T13:57:24","slug":"franz-kafka-el-amor-y-temor-al-padre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/franz-kafka-el-amor-y-temor-al-padre\/","title":{"rendered":"Franz Kafka: el amor y temor al padre"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\">&ldquo;Lo cruel de la muerte reside en el hecho de<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">que trae el real dolor del fin, pero no el fin&rdquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Franz Kafka<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&ldquo;La Carta constituye una lecci&oacute;n de psicoan&aacute;lisis<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">desprovisto de cualquier intenci&oacute;n terap&eacute;utica&rdquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">R. Hayman<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p>Sigmund Freud en <em>El malestar en la cultura<\/em> se hace la siguiente pregunta: &iquest;C&oacute;mo se las arregla la civilizaci&oacute;n con la agresi&oacute;n, c&oacute;mo le hace para volverla inofensiva? La respuesta nunca dejar&aacute; de sorprendernos. Escribe: &ldquo;la agresi&oacute;n es introyectada, interiorizada, pero en verdad es reenviada a su punto de partida: vale decir, vuelta hacia el propio yo&rdquo;; y explica m&aacute;s adelante: &ldquo;ah&iacute; es recogida por una parte del yo, que se contrapone al resto como supery&oacute; y entonces como &lsquo;conciencia moral&rsquo; est&aacute; pronta a ejercer contra el propio yo la misma severidad agresiva que el yo habr&iacute;a satisfecho de buena gana en otros individuos, ajenos a &eacute;l&rdquo;.<\/p>\n<p>En otro momento Freud se pregunta: &iquest;Qu&eacute; es un padre? Valgan estas dos referencias para hablar de un escritor nacido en la muy hermosa y melanc&oacute;lica Praga el 3 de junio de 1883, Franz Kafka, quien deposit&oacute; en su padre todos los sentimientos de culpa que se pueden desprender en quien coloca ah&iacute;, en su padre, todas las tendencias agresivas que emanan del supery&oacute;.<\/p>\n<p>Este reconocido escritor, Franz Kafka, es un ser enfermizo, armado s&oacute;lo con una fe que le hace soportar casi estoicamente todo tipo de sufrimiento, perteneciente a una minor&iacute;a jud&iacute;a. Le escribe una famosa carta a su padre a los treinta y seis a&ntilde;os. Es una &eacute;poca particular en la que Kafka se dirige a su padre, es el tiempo en que los hijos sufren por los ideales frustrados de los padres; es el padre que es poco menos que el Se&ntilde;or feudal venido a menos, ya con el gobierno s&oacute;lo de su peque&ntilde;a familia y su decadente negocio. Se trata de un padre, el de Kafka, el de la &eacute;poca, que ya dejaba entrever lo que ser&iacute;a el padre de nuestra &eacute;poca, tal y como lo puede se&ntilde;alar Walter Benjamin: &ldquo;en las extra&ntilde;as familias de Kafka, el padre vive del hijo y pesa sobre &eacute;l como un enorme par&aacute;sito&rdquo;. Pero eran otros tiempos, tiempos del amor expresado en la sumisi&oacute;n.<\/p>\n<p>Franz Kafka le escribe una carta a su padre, un vendedor ambulante que, por un golpe de suerte, dej&oacute; su carro de ambulante para rozarse con lo &ldquo;mejor&rdquo; de la sociedad de su tiempo, haci&eacute;ndolo un advenedizo y a Kafka un desarraigado. &Eacute;ste vivi&oacute; y escribi&oacute; desde ese sin-lugar que le representa vivir entre las clases altas viniendo de un <em>ghetto<\/em> y siendo un jud&iacute;o de Praga. La carta inicia as&iacute;: &ldquo;Querido Padre: una vez me preguntaste por qu&eacute; afirmaba yo que te tem&iacute;a. Como de costumbre, no supe qu&eacute; contestarte, en parte precisamente por ese miedo que me infundes y en parte porque en el fundamento de ese miedo intervienen muchos detalles, demasiados para que pueda coordinarlos medianamente en una conversaci&oacute;n.&rdquo;<\/p>\n<p>Se trata de una carta que es un reclamo de amor al padre, carta que, se sabe, el padre nunca ley&oacute;. Kafka la entrega a su madre y a su hermana Ottilie sabiendo que ellas no le har&iacute;an conocer el escrito a su padre.<\/p>\n<p>El v&iacute;nculo entre padre e hijo no es otro que el miedo, la amenaza constante; por lo menos es el componente central entre Kafka y su padre, a quien el escritor reconoce como el Verdadero Kafka, qued&aacute;ndose &eacute;l en ser un Lewi (como el apellido de la madre). Franz escribe: &ldquo;&eacute;ramos tan distintos y tan peligrosos el uno para el otro que si alguien hubiese pretendido conocer anticipadamente c&oacute;mo hab&iacute;amos de comportarnos, yo el ni&ntilde;o en lenta evoluci&oacute;n, y t&uacute;, el hombre formado, habr&iacute;a podido aventurar que t&uacute; me aplastar&iacute;as bajo tus pies, no quedando nada de m&iacute;&rdquo;.<\/p>\n<p>La ausencia de escucha del padre quiz&aacute; sea una anticipaci&oacute;n de la &eacute;poca en que vivimos, donde el padre (Dios acaso, el destino acaso) no lee o escucha los reclamos de sus hijos, y los hijos en realidad no saben qu&eacute; reclamarle. Es un escrito, la carta, de un hijo cuyo temor al padre le hace tartamudear, da rodeos, no termina de decir lo que quiere decir; se trata, en fin, m&aacute;s de un balbuceo que de un decir, todo plagado de dolor, de ese dolor particular que es el dolor de existir.<\/p>\n<p>Cronol&oacute;gicamente se trata de la carta de un hombre, el escritor, a otro hombre, el padre; sin embargo, en su escritura se puede reconocer a un ni&ntilde;o que se muestra extra&ntilde;ado por no ser reconocido, amado. Es la carta de un hombre-ni&ntilde;o que refleja el desarraigo de origen. Se sabe que en la infancia cambi&oacute; frecuentemente de domicilio, y no s&oacute;lo eso, que ya de por s&iacute; es demasiado, sino tambi&eacute;n de estatus social, quedando siempre imposibilitado para reconocerse un lugar en lo social. Ante esto Kafka, como ocurre con muchos ni&ntilde;os sometidos a ese proceso, encontr&oacute; en la soledad y la fantas&iacute;a un mundo m&aacute;s habitable que lo que le ofrec&iacute;a el mundo exterior.<\/p>\n<p>El mundo exterior, si bien mejorando cada vez m&aacute;s en lo material, para el joven Kafka se volv&iacute;a cada vez m&aacute;s extra&ntilde;o y amenazador. Dos hechos contribuyeron en esta conversi&oacute;n del mundo y de &eacute;l mismo: por un lado, la muerte inexplicable de sus dos hermanos, Georg y Heinrich, con muy poco tiempo de diferencia; y por el otro, el padre, un padre caprichoso y voluntarioso que, en su af&aacute;n de salir de la pobreza, hac&iacute;a que su mujer, madre del escritor, saliera muy temprano de casa para atender una tienda, dejando al ni&ntilde;o en la soledad.<\/p>\n<p>Desde luego, no se puede leer la <em>Carta al padre<\/em> de Kafka ahora como en la &eacute;poca cuando la escribi&oacute;, y en mucho ha cambiado la posici&oacute;n del padre y del hijo; ya no se trata, en el hijo, de c&oacute;mo volverse libre del padre, sino c&oacute;mo encontrar un camino donde &eacute;l, el padre, no lo encontr&oacute;. El padre, lo sabemos, en nuestra &eacute;poca se ha transformado en una amenaza imperceptible: no se trata ya del sometimiento al hijo, sino lo amenazante es que propague su propia sumisi&oacute;n.<\/p>\n<p>Kafka se queja ante el padre (el padre es sordo a sus reclamos), se queja del abandono, del sometimiento, de la falta de comprensi&oacute;n; y s&iacute;, era un tiempo en donde el padre idealizado se empezaba a caer. Los tiempos han cambiado, los hijos ahora se enfrentan a otro tipo de padre, el padre amoroso que difunde tiernamente su propia derrota, que propaga su servilismo humillante. &iquest;C&oacute;mo rebelarse ante un padre arrumbado en su conformismo? &iquest;C&oacute;mo sin parecer ingrato y cruel?<\/p>\n<p>Franz Kafka fallece el 3 de julio de 1924 y es enterrado en Praga, en la misma tumba que sus padres.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&ldquo;Lo cruel de la muerte reside en el hecho de que trae el real dolor del fin, pero no el fin&rdquo;. Franz Kafka &nbsp; &ldquo;La Carta constituye una lecci&oacute;n de psicoan&aacute;lisis desprovisto de cualquier intenci&oacute;n terap&eacute;utica&rdquo;. R. 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