{"id":473,"date":"2021-06-01T12:38:47","date_gmt":"2021-06-01T12:38:47","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/06\/01\/la-viuda-negra\/"},"modified":"2021-06-01T12:38:47","modified_gmt":"2021-06-01T12:38:47","slug":"la-viuda-negra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/narrativa\/la-viuda-negra\/","title":{"rendered":"La viuda negra"},"content":{"rendered":"<p>Se despert&oacute; entre tumbas, como cada aniversario de su madre, mirando muy de cerca la tierra que se le met&iacute;a entre las fosas nasales, los ojos y la boca. Sinti&oacute; entonces una punzada en el est&oacute;mago y su cuerpo se arque&oacute; al ritmo marcado para que finalmente se liberara de todo el licor ingerido a lo largo de la noche. Se incorpor&oacute; como pudo, sujetando con sus debilitadas fuerzas el florero de m&aacute;rmol que custodiaba el sepulcro, y pudo distinguir un brillo dorado en la l&aacute;pida donde se pod&iacute;a leer el nombre de su progenitora: <em>Laura Monserrat Enr&iacute;quez Ledesma<\/em>, por si acaso lo hubiera olvidado. Sacudi&oacute; sus arrugadas prendas, al tiempo que su mano mesaba una desali&ntilde;ada melena cubierta de <em>tepetate<\/em> de color ocre seco.<\/p>\n<p>Un arrebato de ira lo invadi&oacute; al lograr incorporarse con grandes dificultades. Le molestaba no recordar c&oacute;mo diablos hab&iacute;a llegado hasta el centro mismo del pante&oacute;n. Primero por la considerable distancia del lugar en que sol&iacute;a emborracharse y, segundo, eludir la vigilancia del velador. Sin duda lo habr&iacute;a chantajeado con algunos billetes, o de plano su buena suerte le permiti&oacute; encontrarlo dormitando al momento en que penetraba por alg&uacute;n claro de la barda. De otra manera no cre&iacute;a haber brincado al considerar lo alto y por el grado de embriaguez en que se encontraba la noche anterior.<\/p>\n<p>Trataba de armar su inadmisible rompecabezas de sucesos. Empez&oacute; estirando el entelerido cuerpo, entumecido por la posici&oacute;n y por dormir a la intemperie, profanando el silencio de la eterna paz del descanso de los muertos. Al rodear la tumba encontr&oacute; en el florero del extremo una botella de habanero. Alcanz&oacute; a recordar que fue su compa&ntilde;era de charla en su largo camino. Estaba medio vac&iacute;a o medio llena &mdash;no ten&iacute;a ganas de establecer la diferencia&mdash; y, seg&uacute;n sus propios c&aacute;lculos, eso significaba un promedio de hora y media de trayecto desde el bar, contando los respectivos descansos y prolongados tragos antes de recomenzar a caminar.<\/p>\n<p>Destap&oacute; con ansiedad la botella y sin pre&aacute;mbulos peg&oacute; la boca en sus labios. Bebi&oacute; conteniendo el asco que le produc&iacute;a el ron entrando y quemando sus entra&ntilde;as. Sinti&oacute; un ronroneo animal contraer sus tripas y peque&ntilde;os jalones dentro del est&oacute;mago, soportables m&aacute;s que la resaca a la que siempre trataba de ahuyentar ingiriendo tragos largos de ron. Al meter su mano entre los botones de la camisa coloc&oacute; la palma en el abultado vientre, inflamado por tanto alcohol y el poco alimento. Le cruz&oacute; por la mente la estrafalaria idea de que esa posici&oacute;n y su estatura baja lo har&iacute;an parecer a los ojos de cualquier curioso: un loco fugado del psiqui&aacute;trico que se siente Napole&oacute;n y que deambula entre su ej&eacute;rcito de muertos de la derrota de Waterloo. Transido, comenz&oacute; sin m&aacute;s a entonar una canci&oacute;n:<\/p>\n<p>&ndash;&Eacute;stas son las ma&ntilde;anitas que cantaba el Rey David&#8230;<\/p>\n<p>El llanto lo hizo interrumpir su desafinada interpretaci&oacute;n. Con ambas manos trataba de retirar el torrente de lagrimas. Retorn&oacute; varias veces a recordar la letra intentando hilar la tonadilla, y de la misma forma interrump&iacute;a lo que m&aacute;s parec&iacute;an lamentos de un alma en pena.<\/p>\n<p>&ndash;&hellip; despierta, mam&aacute;, despierta; mira que ya amaneci&oacute;<\/p>\n<p>Entrecruzando una retah&iacute;la de reproches hizo m&aacute;s espectral la escena.<\/p>\n<p>&ndash;Ya no despertar&aacute;s nunca. Por fin dejar&aacute;s descansar a quienes nos hiciste sufrir.<\/p>\n<p>Y de nuevo volv&iacute;a a su canci&oacute;n:<\/p>\n<p>&ndash;Que linda est&aacute; la ma&ntilde;ana en que vengo a saludarte&hellip;<\/p>\n<p>Con muecas de desaprobaci&oacute;n volvi&oacute; a agregar con molestia:<\/p>\n<p>&ndash;Ni creas que es lindo venirte a saludar con esta maldita cruda y sin recordar c&oacute;mo llegu&eacute;. No vengo a saludarte. Como cada aniversario, vengo a escupir en tu tumba todo mi desprecio, para que no se te olvide mi promesa de estropear tu cumplea&ntilde;os. Ojal&aacute; te quemes eternamente en los infiernos.<\/p>\n<p>Sin soltar la botella, gir&oacute; en redondo para desandar el camino de salida, esperando desentra&ntilde;ar el laberinto de tumbas. De pronto se detuvo y como si dejara <em>el muerto boca abajo<\/em>, regres&oacute; de nuevo al lugar impulsado por una loca ansiedad en busca de algo, no sin antes ofrecer una absurda disculpa a su silenciosa madre<\/p>\n<p>&ndash;No creas que vengo arrepentido a suplicar me perdones, sabes que eso jam&aacute;s lo har&iacute;a. Regres&eacute; al recordar que anoche hizo m&aacute;s largo mi trayecto esta est&uacute;pida maleta.<\/p>\n<p>De entre los matorrales extrajo efectivamente un malet&iacute;n de viaje al que limpi&oacute; con esmero con el astroso pu&ntilde;o de su camisa.<\/p>\n<p>&ndash;Me promet&iacute; exorcizar toda culpa y hacerte insufrible tu venerado onom&aacute;stico. Como recuerdo que en casa ten&iacute;as un enorme calendario donde anotabas lo que a tu parecer era los sucesos m&aacute;s importantes de tu vida&hellip;<\/p>\n<p>Imitando en tono grotesco lo que recordaba de la voz de su madre, acompa&ntilde;ado de los ademanes que la caracterizaran en vida, y metiendo el dedo en la llaga abierta, completaba:<\/p>\n<p>&ndash;En un gran c&iacute;rculo rojo encerrabas esta fecha. Y no contenta con eso, me ense&ntilde;aste a contar los d&iacute;as, anotando los concluidos al final del mes, junto a los que todav&iacute;a faltaban. Tu ritual se cumpl&iacute;a a&ntilde;o con a&ntilde;o y este no puede ser la excepci&oacute;n.<\/p>\n<p>Fue cambiando paulatinamente su tono de voz, alargando el final de las palabras y endulzando su trato, como si de pronto se dirigiera a un ni&ntilde;o. Al mismo tiempo que colocaba el malet&iacute;n en la l&aacute;pida abri&eacute;ndolo para extraer algunas de las prendas que con profusi&oacute;n ocupaban el espacio del interior<\/p>\n<p>&ndash;No hay nada m&aacute;s dulce que la venganza y para disfrutarla se tiene que hacer despacio, por lo que prep&aacute;rate a dejar que los recuerdes gobiernen el momento. Siempre dijiste que a las cosas se les debe dar su tiempo. &iquest;Te acuerdas cuando te dec&iacute;a de mi urgencia por crecer, pues eso de ser ni&ntilde;o no iba conmigo? De alguna forma ten&iacute;a que asegurar nuestro futuro, no pod&iacute;as seguir dedic&aacute;ndote a dar placer a tantos hombres. Tarde o temprano dejar&iacute;an de buscarte, estabas perdiendo tu atractivo f&iacute;sico. No pod&iacute;as ignorar que cada vez las buscan m&aacute;s j&oacute;venes por aquello de estrenar sus virtudes.<\/p>\n<p>Se abofetea, aunque parec&iacute;a desconcertado, como sin una fuerza invisible hubiera dirigido su mano<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;No vuelvas a hablarme de esa manera!, espetabas como si blasfemara, diciendo una mentira que te ofendiera el orgullo materno. La verdad es que estabas cada d&iacute;a m&aacute;s bofa y eso era notorio para cualquiera.<\/p>\n<p>Sentado sobre sus propias piernas y tomando como mesa la tumba, iba acomodando varias prendas femeninas extendi&eacute;ndolas, adem&aacute;s de varios pares de zapatos de distintos colores y de tacones altos y bajos, que hac&iacute;an juego con las diferentes prendas. Hab&iacute;a faldas plisadas, vestidos completos, <em>babydolls<\/em>, mascadas, estolas de colores de vedette de tercera. Entre las prendas sobresal&iacute;a un neceser abierto con varios pisos de lado a lado con <em>cosmeter&iacute;a<\/em> con la que podr&iacute;a maquillar al elenco completo de una obra musical de Broadway. Sigui&oacute; su perorata, ya con una voz de contralto confundida cada vez m&aacute;s con una mujer, y de hecho sus ademanes eran los de una mujer.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute; te parece todo esto? Digno de una reina, &iquest;no lo crees? Y como t&uacute; est&aacute;s bien muerta, no puedes entonces probarte el que m&aacute;s te gustar&iacute;a lucir. Entonces, por ser tu aniversario, tendr&aacute;s la oportunidad de elegir el que me pondr&eacute; para festejar tu recuerdo y celebrar tus a&ntilde;os de muerta. Procedo entonces a se&ntilde;alar las prendas y con una manifestaci&oacute;n en nuestro entorno sabr&eacute; la que hayas elegido &iquest;qu&eacute; te parece? Pues no se diga m&aacute;s, pongamos manos a la obra.<\/p>\n<p>Como encarnando a un director de orquesta con fren&eacute;ticos movimientos iba se&ntilde;alando de un lado a otro las prendas, tarareando al mismo tiempo una pieza sinf&oacute;nica y volteando a ver los movimientos de las hojas de los &aacute;rboles, el revoloteo de las mariposas, el viento y la manera de moverse de las flores de las tumbas contiguas, hasta que de un manotazo aplast&oacute; un mosquito en su cuello lo que vali&oacute; a su juicio como la se&ntilde;al esperada.<\/p>\n<p>&ndash;Curiosa forma de manifestarte: &iexcl;un mosco para el vestido rosa!<\/p>\n<p>Lo tom&oacute; y, al incorporarse, lo coloc&oacute; encima de su regazo. Coloc&oacute; sus mangas encima de sus hombros y tom&aacute;ndolo del talle bail&oacute; tarareando un vals de Strauss.<\/p>\n<p>&ndash;Sab&iacute;a que te gustar&iacute;a. Es divino. Debo admitir que lo adquir&iacute; recordando la infancia, ese para&iacute;so perdido al que buscamos retornar sin conseguirlo jam&aacute;s.<\/p>\n<p>Dejo a un lado el vestido y, sin dejar de bailar, se fue desprendiendo de su ropa de var&oacute;n, como una serpiente cambiando de piel. De un jal&oacute;n se puso la prenda y girando en redondo volvi&oacute; a sentarse sobre sus piernas y colocando el neceser frente a &eacute;l, fue entonces que pudo contemplar su rostro en los tres espejos y comenzando a maquillarse volvi&oacute; al pasado.<\/p>\n<p>&ndash;De ni&ntilde;o me gustaba contemplarte mientras te maquillabas. Ante mis ojos aparec&iacute;as como una reina. Hasta imaginaba tu corona de pedrer&iacute;a haciendo refulgir tu rostro, con los brillitos que esparc&iacute;as con tu ritual de diosa.<\/p>\n<p>Aplazando el t&eacute;rmino del maquillaje, emprendi&oacute; de nuevo el juego de los elementos del atuendo<\/p>\n<p>&ndash;Ahora escojamos los zapatos, y al tin marin de do ping&uuml;e, te indico los pares al pasar en la de ellas mi manita, &iquest;okis?<\/p>\n<p>Pas&oacute; varias veces la mano y, al no obtener respuesta, estall&oacute; en refunfu&ntilde;os<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Aich! De haber sabido de tus indecisiones, habr&iacute;a escogido un procedimiento m&aacute;s sencillo. Ahora ser&aacute; mejor que yo decida&#8230; Y claro, me inclino por este par de mediano tac&oacute;n, con la cruda y lo disparejo del terreno, capaz que me encuentran tiesa del trancazo que me pondr&eacute; entre ceja y oreja.<\/p>\n<p>Se calz&oacute; y pein&oacute; con fuerza su pelo relamido.<\/p>\n<p>&ndash;Parece que me hubieran revolcado en la tierra como perra calenturienta.<\/p>\n<p>Riendo de la ocurrencia record&oacute; las antiguas reprobaciones de su madre.<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;, ya s&eacute; que nunca te gust&oacute; que hablara as&iacute;, como si tu boca fuera santa. Com&iacute;as santos y zurrabas demonios, mamabas hasta el hast&iacute;o y quer&iacute;as corregirme, &iexcl;esas iron&iacute;as que tiene el destino!<\/p>\n<p>Grotescos resultaban sus gestos al entrar en detalles escatol&oacute;gicas que su madre odiaba mencionar en vida, por no tener defensa ante lo evidente.<\/p>\n<p>&ndash;Eso, y vestirme de mujer, eran de las cosas que despreciabas de m&iacute;. Siempre pensaste que tu reto&ntilde;ito adorado hab&iacute;a nacido marica, como s&iacute; fuera la &uacute;nica respuesta l&oacute;gica ante los hechos de travestirse.<\/p>\n<p>Su rostro se fue transformando por la ira que le produc&iacute;a recordarlo.<\/p>\n<p>&ndash;Jam&aacute;s entendiste el verdadero motivo de mi proceder. Siempre ocupada en atender al necesitado de tu cuerpo y de la entrega en el sexo, los parroquianos que anidaban por un rato en tu lecho de amor comprado. Mientras que junto a ti estaba pidi&eacute;ndote caricias de madre, besos de amor que nunca hubo, atenciones para calmar mi llanto, solicitando tu calor. Y s&oacute;lo consegu&iacute; andanadas de golpes y rega&ntilde;os, pues tus acompa&ntilde;antes exig&iacute;an silencio o la devoluci&oacute;n de su dinero, para despu&eacute;s de retirarse amenazando &ldquo;&iexcl;para la otra lo asfixio y as&iacute; te quitas del problema, y te concentras en coger como la gente decente!&rdquo;<\/p>\n<p>De nuevo las carcajadas y el ahogo tratando de hablar sin poder lograrlo.<\/p>\n<p>&ndash;Al quedarnos solos, lo &uacute;nico que se te ocurr&iacute;a era meterme tu chiche en la boca, no se s&iacute; para acallar tu conciencia o bien para callarme la bocota, o ambas al fin de cuentas ven&iacute;an juntas. En eso se resum&iacute;a tu decencia.<\/p>\n<p>Nuevas carcajadas que duraban muy poco.<\/p>\n<p>&ndash;Aprend&iacute; que el sabor de la leche ven&iacute;a con baba, sudor y aliento alcoh&oacute;lico, de todos los padres postizos que fui conociendo porque antes que yo mamara tus tetas, ya lo hab&iacute;an hecho ellos.<\/p>\n<p>Se qued&oacute; quieto, sin pesta&ntilde;ear y guardando el silencio m&aacute;s profundo y sepulcral que su propia madre en todos los a&ntilde;os juntos dentro de la tumba, y como si nada hubiera pasado retorn&oacute; al comentario justo donde se detuvo.<\/p>\n<p>&ndash;Ah&iacute; fue, quiz&aacute;, donde me di entera cuenta de que para sentirte cerca no pod&iacute;a seguir mendigando tu amor. Justo era que lograra entender la clase de mujer que eras, las razones de no querer ligarte a la vida de un solo hombre, y preferir la pueril entrega de quien, como yo, &uacute;nicamente aspiraba a atrapar por un instante tu atenci&oacute;n. Ellos lo consegu&iacute;an con la moneda corriente que compra un instante de placer; en mi caso, transformado en quien era la imagen encarnada del amor y el odio juntos.<\/p>\n<p>Adopta de nuevo el tono candoroso, pero ahora trepando de un salto en la tumba, se recuesta hecho un ovillo como si se tratara del regazo de su madre.<\/p>\n<p>&ndash;Confieso que todo comenz&oacute; como una manera de llamar tu atenci&oacute;n. Sent&iacute;a que un abismo se abr&iacute;a entre nosotras y cada d&iacute;a se iba haciendo m&aacute;s grande y profundo, exigiendo tomar medidas extremas. Jam&aacute;s imagin&eacute; que las aguas se saldr&iacute;an de su cauce y que nos llevar&iacute;a a enfrentarnos en una guerra sin cuartel, provocando lo inevitable.<\/p>\n<p>Como impulsado por un resorte, se incorpor&oacute; y de un salto baj&oacute; de la tumba, para sentarse en la vecina, dando la espalda a la de su madre.<\/p>\n<p>&ndash;Siendo tu doble, los eternos pretendientes tomaron tus desplantes y constantes rechazos como el mejor pretexto de desquite, provocando tu ira, buscando los brazos y el cuerpo de tu doble; y para m&iacute;, la oportunidad que juntos buscamos: la revancha frente a la que comenzaron a llamar, de manera despectiva, &ldquo;la viuda negra&rdquo;, por aquello de requerir &uacute;nicamente a un macho para asegurar la reproducci&oacute;n de la especie, y porque nunca se supo el nombre del padre, al que hab&iacute;as terminado por devorar luego de fornicar. Se dec&iacute;a que su cabeza la guardabas como talism&aacute;n bajo la cama, para que nunca te faltara compa&ntilde;&iacute;a. Lo que parec&iacute;an primero viles patra&ntilde;as de hombres heridos por el despecho, fueron apareciendo en mi mente como una sola verdad: eras la viuda negra con una cr&iacute;a que, al parecer, ser&iacute;a como tu mismo retrato y que ven&iacute;a a superarte y aniquilarte, ocupando tu lugar. Convencido de los anterior, acept&eacute; la misi&oacute;n m&aacute;s importante de mi vida. Ya no importaba si me gustaban o no los hombres. Para saber qu&eacute; clase de mujer eras, ten&iacute;a que aprender a conocer lo que ellos buscaban en ti; y para eso era necesario pensar, sentir y vivir siendo &ldquo;la viuda negra&rdquo;. Al principio te pareci&oacute; divertida la competencia: cre&iacute;as que no te llegar&iacute;a ni a los talones, simplemente sentenciaste &ldquo;buscan esto que traigo en medio de las piernas y t&uacute; no lo tienes, s&oacute;lo esa abertura por la que te pedorreas y sacas excremento. Tarde o temprano regresan por donde salieron, esa es la ley del sexo. Al final, terminar&aacute;s pidi&eacute;ndome que te perdone y hasta ese momento aceptar&aacute;s que ten&iacute;a raz&oacute;n al afirmar que yo ten&iacute;a ganada la partida&rdquo;.<\/p>\n<p>Mir&oacute; largamente sus u&ntilde;as limpiando las imperfecciones del barniz con la yema del &iacute;ndice de la otra mano y, dispuesto a dar fin al trance, ofreci&oacute; la carta que escond&iacute;a bajo la manga.<\/p>\n<p>&ndash;Todo parec&iacute;a darte la raz&oacute;n: que el mundo confabular&iacute;a en contra m&iacute;a, cuando sucedi&oacute; lo que ten&iacute;a que suceder y donde ning&uacute;n poder humano puede detenerlo. El destino manifiesto que involucra mezclando la vida de terceros de manera inevitable y ninguno puede prevenir lo que ese destino nos tiene reservado.<\/p>\n<p>Comenz&oacute; a guardar las cosas en su neceser y, cerrando los broches, emprendi&oacute; el camino de salida, como escena extra&iacute;da de un film cl&aacute;sico, de esos de cinemascope donde los actores parecen monumentos gigantes en blanco y negro. Gir&oacute; en redondo mientras las palabras se agolpaban tropezando con el quicio inevitable de sus labios.<\/p>\n<p>&ndash;Mira que venir a enamorarnos del mismo hombre, que result&oacute; un &ldquo;chichifo&rdquo;, quien extorsionaba a ambas con la cuenta que levant&aacute;bamos. Hasta que un d&iacute;a, cansada de compartirlo, en un arranque de celos pretendiste que escogiera entre las dos viudas negras, provocando un desarreglo dentro de su min&uacute;sculo cerebro, acertando a exigir a punta de pistola m&aacute;s dinero; sobre todo del &ldquo;maric&oacute;n&rdquo;, revelando que era una molestia encajarle la riata. Y que le har&iacute;a un favor a la madre, quien estar&iacute;a agradecida de quitarlo de en medio, que ya estaba harto de toda esta farsa por lo que ya iba siendo hora de ech&aacute;rselo al plato.<\/p>\n<p>Rompiendo en llanto se desplom&oacute; de rodillas.<\/p>\n<p>&ndash;Todo sucedi&oacute; tan de repente que, a pesar de los a&ntilde;os no logro armar el rompecabezas completo de im&aacute;genes del recuerdo, lo m&aacute;s claro es la imagen de cuando dispar&oacute; y te interpusiste entre m&iacute; y la bala que penetr&oacute; tu pecho. Antes de morir pronunciaste la palabra deseada: &ldquo;te amo, reconozco que perd&iacute; y no me duele que haya sido contigo&rdquo;.<\/p>\n<p>El silencio parec&iacute;a inundar el ya de por si s&oacute;rdido ambiente del pante&oacute;n sumido en el silencio. Al incorporarse se sinti&oacute; ligero, como s&iacute; se desprendiese de la pesada loza que tra&iacute;a a cuestas desde hace tiempo y, cantando el final de las ma&ntilde;anitas, dio por terminada la visita de otro a&ntilde;o.<\/p>\n<p>&ndash;&ldquo;Ya viene amaneciendo ya la luz del d&iacute;a nos dio&#8221;.<\/p>\n<p>Con la maleta en una mano y con la botella en la otra, mir&oacute; al cielo e hizo una grotesca caravana de despedida, mientras se alejaba hacia la salida del pante&oacute;n. Iba tropezando con las piedras por la dificultad de caminar con zapatillas en un terreno tan desigual, mientras repet&iacute;a mascullando unas palabras aprendidas de memoria por las visitas anuales que se hab&iacute;an acumulado en su memoria.<\/p>\n<p>&ndash;Con las sombras surgen los miedos y con la luz los recuerdos se desvanecen. Ya no hay tiempo para despedidas, ni falta hace con los muertos para quienes no existe. Cuando regrese a visitarla en su aniversario, habr&aacute; pasado un largo a&ntilde;o y de nuevo escuchar&aacute; de mis labios el desprecio que se acumula.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se despert&oacute; entre tumbas, como cada aniversario de su madre, mirando muy de cerca la tierra que se le met&iacute;a entre las fosas nasales, los ojos y la boca. 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