{"id":451,"date":"2021-05-18T13:43:44","date_gmt":"2021-05-18T13:43:44","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/05\/18\/domador-de-centauros\/"},"modified":"2021-05-18T13:43:44","modified_gmt":"2021-05-18T13:43:44","slug":"domador-de-centauros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/tinta-insomne\/domador-de-centauros\/","title":{"rendered":"Domador de centauros"},"content":{"rendered":"<h5>Jes&uacute;s Bonilla Fern&aacute;ndez y alumnos del IMACP. Cortes&iacute;a de la autora<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>El agua, la tierra, el aire, el fuego y otros componentes de <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>mi edificio, as&iacute; son instrumentos de tu vida como de tu <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>muerte. &iquest;Por qu&eacute; temes tu &uacute;ltimo d&iacute;a? Tu &uacute;ltimo d&iacute;a <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>contribuye lo mismo a tu muerte que los anteriores que <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>viviste. &Eacute;l &uacute;ltimo paso no produce la lasitud, la confirma. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Todos los d&iacute;as van a la muerte: el &uacute;ltimo llega. Tales son <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>los sanos advertimientos de nuestra madre naturaleza.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Montaigne. Cap&iacute;tulo XIX<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Nascentes morimur; finisque ab origine pendet.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Nacer es empezar a morir; el &uacute;ltimo momento de nuestra <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>vida es la consecuencia del primero. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Manilio, <em>Astronomic<\/em>, IV, 16.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Quien desea incursiona en el arte de la escritura y el pensamiento se enfrenta a un enorme reto. El descubrir libros y escritores que iluminen nuestra mente no es periplo sencillo; siempre es conveniente rodearse de hombres o mujeres cuya gu&iacute;a nos lleven a encontrar nuestro propio camino con un mapa de historias y escrituras ajenas. Esa gu&iacute;a en el g&eacute;nero centauro fue, para m&iacute;, el maestro ensayista Jes&uacute;s Bonilla Fern&aacute;ndez, y el conjunto de mapas, las reflexiones de la obra de Montaigne.<\/p>\n<p>&ldquo;Todo hombre por naturaleza desea saber&rdquo; se&ntilde;ala el axioma de Arist&oacute;teles contenido en su Metaf&iacute;sica, que coloca en la primera l&iacute;nea. Como todo buen curioso, pregunt&eacute; y el destino me llev&oacute;, m&aacute;s por causalidad que casualidad, a los talleres del Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla y a la Casa del Escritor, donde conoc&iacute; al maestro Bonilla y tuve la oportunidad de aprender de &eacute;l el dif&iacute;cil arte de organizar pensamiento y escribir ensayos.<\/p>\n<p>Para Michael de Montaigne la escritura siempre fue un acto de pensar y sentir, un continuo &ldquo;ensayar&rdquo;, pero ante todo una erudici&oacute;n t&aacute;cita en cada texto emitido no s&oacute;lo por lecturas sino por la pasi&oacute;n y entrega a ellas. En las clases del profesor Bonilla siempre experiment&eacute; esa consagraci&oacute;n. Si bien es cierto que el ensayo es &ldquo;centauro de los g&eacute;neros&rdquo;, como Alfonso Reyes lo defini&oacute;, y donde &ldquo;hay de todo y cabe todo, propio hijo caprichoso de una cultura que no puede ya responder al orbe circular y cerrado de los antiguos, sino a la curva abierta, al proceso en marcha, al etc&eacute;tera cantado ya por un poeta contempor&aacute;neo preocupado de filosof&iacute;a&rdquo;, es un g&eacute;nero que no es muy popular y se debe precisamente a ese raciocinio adicional que exige. No era por lo tanto de extra&ntilde;arse que los cursos iniciaran con m&aacute;s de veinte o treinta alumnos y terminaran, en el mejor de los casos, con menos de diez necios que nos empe&ntilde;&aacute;bamos en corregir una y otra vez hasta obtener un &ldquo;ensayo decente&rdquo;.<\/p>\n<p>M&aacute;s de una vez regres&eacute; a casa contrariada y dispuesta a releer mis fuentes, pensar y corregir observaciones hechas por el profesor Bonilla. Su forma de dar clases, que al principio se mostraba ruda, poco a poco se me iba tornando agradable y llena de comentarios reflexivos, acertados y hasta ir&oacute;nicos en torno a los diversos temas que se planteaban. La Literatura siempre fue la punta de lanza para sumergirnos a una gama de temas, un caleidoscopio y un mundo enriquecido por la pluralidad de las visiones e ideas, cuyos desacuerdos en lo m&aacute;s esperado, sirven de pretexto para generar nuevos juicios y argumentos que lejos de debilitar &mdash;como se cree en muchas ocasiones&mdash; fortalecen el pensamiento.<\/p>\n<p>Montaigne se&ntilde;alaba: &ldquo;Cuando me llevan la contraria despiertan mi atenci&oacute;n, no mi c&oacute;lera; me ofrezco a quien me contradice, que me instruye. La causa de la verdad deber&iacute;a ser la causa com&uacute;n de uno y otro&rdquo;. Y al igual que para el escritor franc&eacute;s, el maestro Jes&uacute;s Bonilla nos se&ntilde;alaba la importancia de buscar &ldquo;m&aacute;s el trato de quienes me reprenden que el de quienes me temen. Es un placer ins&iacute;pido y nocivo tener relaci&oacute;n con gente que nos admira y nos cede el sitio&rdquo;. Tal vez fue ese el zurcido invisible que me uni&oacute; m&aacute;s a su forma de ver el mundo y que produjo en m&iacute; un efecto benigno tanto en mi persona como en mi pr&aacute;ctica de escritura. Aquellas clases, al principio mon&oacute;tonas, fueron poco a poco tomando otra perspectiva, abriendo la estrechez de la mente y permiti&eacute;ndome visualizar los libros y sus contenidos de otras maneras. Como alumnos, prob&aacute;bamos nuestro pensamiento de manera diferente, no desde nuestra pl&aacute;cida lecci&oacute;n sino desde el di&aacute;logo acalorado y la pr&aacute;ctica nunca definitiva de mejorar los razonamientos escritos.<\/p>\n<p>Como un buen jinete del peculiar g&eacute;nero, Jes&uacute;s Bonilla sab&iacute;a que el mundo se enriquece por m&uacute;ltiples colores. Por ello nos exig&iacute;a ser buenos observadores y leer a los autores cl&aacute;sicos. Su honestidad varias veces me hizo reflexionar y hacer que me preocupara m&aacute;s en la selecci&oacute;n de mis lecturas y palabras a la hora de escribir. Una vez fuera de la Casa del Escritor, &ldquo;Ville refuge, City of asylum&rdquo;, cerrada en el a&ntilde;os 2016 bajo la administraci&oacute;n de Rafael Moreno Valle, nuestra charla se vio siempre enriquecida en diversos caf&eacute;s del centro hist&oacute;rico. Nos volvimos n&oacute;madas, hu&eacute;rfanos sin hogar propio pero fieles a la b&uacute;squeda de mansos espacios para la lectura y la reflexi&oacute;n. Me enorgullece ser de sus &uacute;ltimos alumnos y la &uacute;nica mujer &mdash;a veces corriendo a sus clases y otras tantas con mis hijos peque&ntilde;os&mdash; que sobrevivi&oacute; a esa etapa de incertidumbre por la falta de espacios y a ese grupo de fraternos compa&ntilde;eros que hac&iacute;an di&aacute;logos extensos tras la revisi&oacute;n de nuestros textos. Siempre fue un hombre directo, con un elevado sentido de humor, correspondiente a las mentes de ideas claras y pocas palabras, <em>La jaula invisible<\/em>, libro publicado en 1999 y reimpreso en 2014 por la Benem&eacute;rita Universidad Aut&oacute;noma de Puebla es testimonio de ello. En la escritura como en su vida abogaba por la sencillez y la sabidur&iacute;a al igual que el autor humanista de Burdeos: &ldquo;Conquistar un puerto, dirigir una embajada, gobernar una naci&oacute;n son obras brillantes. [Sin embargo] Reprender, re&iacute;r, comprar, vender, amar, odiar, convivir con amabilidad y con justicia en el hogar y con usted mismo; no ser flojo ni falso consigo mismo, esas con cosas a&uacute;n m&aacute;s notables, m&aacute;s raras y m&aacute;s dif&iacute;ciles.&rdquo; Agradezco infinitamente su exigencia como el buen tutor que vela por sus pupilos. Siempre me sugiri&oacute; escribir y no desistir, abri&oacute; la puerta a muchos autores pues estaba convencido de que un buen ensayista se forma en el constante ejercicio de la escritura y no en la academia.<\/p>\n<p>Afirmaba Nietzsche que cada vez que abr&iacute;a los <em>Ensayos<\/em> de Montaigne le crec&iacute;a un ala o una pierna. Ignoro a cu&aacute;ntos de los alumnos de Jes&uacute;s Bonilla nos crecieron alas a los juicios y a la imaginaci&oacute;n; lo que s&iacute; es seguro afirmar es que, como se&ntilde;ala el mismo creador del ensayo, &ldquo;el m&aacute;s fructuoso y natural ejercicio de nuestro esp&iacute;ritu es la conversaci&oacute;n&rdquo;. Al igual que los sofistas, aquellos hombres expertos en el arte de la ret&oacute;rica, oratoria y practicantes de diversos saberes de la Grecia antigua, por lo que en su tiempo se les consider&oacute; sabios, el ensayista Jes&uacute;s Bonilla Fern&aacute;ndez supo ense&ntilde;ar el dif&iacute;cil arte de domar centauros.<\/p>\n<p>Siempre te recordaremos. &iexcl;Que en paz descanse el maestro y amigo!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes&uacute;s Bonilla Fern&aacute;ndez y alumnos del IMACP. Cortes&iacute;a de la autora &nbsp; El agua, la tierra, el aire, el fuego y otros componentes de mi edificio, as&iacute; son instrumentos de tu vida como de tu muerte. &iquest;Por qu&eacute; temes tu &uacute;ltimo d&iacute;a? 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