{"id":445,"date":"2021-05-18T13:39:12","date_gmt":"2021-05-18T13:39:12","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/05\/18\/imaginarios-colectivos\/"},"modified":"2021-05-18T13:39:12","modified_gmt":"2021-05-18T13:39:12","slug":"imaginarios-colectivos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/ensayo\/imaginarios-colectivos\/","title":{"rendered":"Imaginarios colectivos"},"content":{"rendered":"<p>En 1988 el ex fiscal de distrito de Nueva Orleans, Jim Garrison, public&oacute; el libro <em>JFK. On the trial of the Assasins<\/em>, un h&iacute;brido literario extraordinario que se suscribe a las memorias, la novela y la investigaci&oacute;n policiaca con muchos tecnicismos legales. Una ficci&oacute;n que rompe los l&iacute;mites con la realidad y en la que la ret&oacute;rica legal crea un efecto literario muy poderoso y convincente. En sus p&aacute;ginas viene contenido el trabajo de investigaci&oacute;n real de Jim Garrison como fiscal durante el caso contra Clay Shaw en 1969, presunto l&iacute;der de una conspiraci&oacute;n para asesinar a John Kennedy en 1963. La trama es sencilla: un joven fiscal de Nueva Orleans descubre, por medio de un par de rumores y casualidades, una conspiraci&oacute;n gestada en el coraz&oacute;n de Luisiana para asesinar al presidente durante su visita a Dallas, Texas, que est&aacute; a miles de kil&oacute;metros del centro de operaciones del se&ntilde;or Shaw. La investigaci&oacute;n, que toma lugar casi cinco a&ntilde;os despu&eacute;s del magnicidio, se basa en conexiones inveros&iacute;miles entre testigos que pocas relaciones ten&iacute;an con el caso, pero que contradec&iacute;an, plausiblemente, la investigaci&oacute;n de la Comisi&oacute;n Warren, el &oacute;rgano oficial del gobierno para esclarecer el magnicidio. As&iacute;, tras un par de sospechosas muertes y por medio de una argucia legal por dem&aacute;s extravagante, en 1969 fue llevado a juicio Clay Shaw, un empresario local cuyo &uacute;nico delito fue ser homosexual y hablar p&uacute;blicamente de su desprecio por la administraci&oacute;n de Kennedy, durante reuniones con cubanos exiliados e inconformes tras el fracaso de Bah&iacute;a de Cochinos. De alguna forma, el se&ntilde;or Garrison, que no ten&iacute;a ni competencias ni autoridad para investigar nada sobre el caso JFK, encontr&oacute; la manera se sumarse a la narrativa, casi extraoficialmente, descubriendo que, casualmente, la conspiraci&oacute;n a la que apelaba se dio en su vecindario. El juicio de 1969, que poca relevancia tuvo en los medios, puso en evidencia que hubo, posiblemente, una conspiraci&oacute;n, pero que &eacute;sta ten&iacute;a poco que ver con Clay Shaw, a quien el autor castiga inmisericorde por sus preferencias sexuales. Las omisiones, las inconsistencias y los errores procesales de la Comisi&oacute;n Warren fueron el punto fuerte del fiscal, quien culpaba indirectamente a la Casa Blanca a cargo de Richard Nixon. Al final se determin&oacute; que la investigaci&oacute;n de Jim Garrison, si bien no esclarec&iacute;a el magnicidio, tampoco conten&iacute;a pruebas que demostraran lo contrario. Un verdadero ur&oacute;boro. Jim Garrison pas&oacute; parcialmente al olvido hasta la publicaci&oacute;n de su libro en 1988, al que le sigui&oacute; una pel&iacute;cula de Oliver Stone en 1991, llamada precisamente <em>JFK<\/em>, que puso en el ojo del hurac&aacute;n la famosa conspiraci&oacute;n que incluye al FBI, la CIA, el Servicio Secreto, el Pent&aacute;gono, el KKK, la mafia, cubanos anticastristas, espionaje internacional sovi&eacute;tico, Harvey Lee Oswald, Lyndon Johnson y al ya mencionado Clay Shaw. La pel&iacute;cula, ganadora de dos premios &Oacute;scar en 1992, hace un despliegue de im&aacute;genes extraordinariamente editadas con las que el espectador es enga&ntilde;ado. A esa magn&iacute;fica edici&oacute;n de video se suma la incre&iacute;ble ret&oacute;rica documental del se&ntilde;or Garrison, quien est&aacute; detr&aacute;s del gui&oacute;n, para poner a los protagonistas de su melodrama casi frente al descapotable donde viajaba el presidente, apunt&aacute;ndole con un rifle. A esto se suman personajes sombr&iacute;os y an&oacute;nimos que encarnan a las agencias de inteligencia estadounidense que, al mismo tiempo que le advierten y le amenazan, tambi&eacute;n le dicen que va por buen camino y ha puesto a temblar al sistema. Y surge una narrativa precisa, que se hab&iacute;a sugerido desde los a&ntilde;os sesenta, donde la muerte de John Kennedy estuvo orquestada por el mismo gobierno, pero esta vez con un Washington que dio la orden reuniendo a sus agentes, esp&iacute;as, la mafia, cubanos y dem&aacute;s involucrados a la vuelta de la casa del ex fiscal. Si la teor&iacute;a del asesinato es cierta o no, es algo que se omite, porque lo importante es crear una red de signos por medio de im&aacute;genes que se traduzcan desde lo individual hasta lo colectivo en una verdad, la que Jim Garrison quiere que creamos. Estas redes de signos, construidas por medio de la literatura y el cine han puesto sobre la mesa una infinita cantidad de otros imaginarios, alimentados por teor&iacute;as conspirativas, donde las agencias de inteligencia parecen entidades omnipotentes, capaces de poner y de quitar presidentes o derrumbar gobiernos a placer. La CIA, en este sentido, es el &aacute;rbitro invisible del mundo y de lo que contiene, y alguien o algo, en las sombras, gobierna la Casa Blanca m&aacute;s all&aacute; de sus paredes de m&aacute;rmol veneciano. En este caso, el ex fiscal utiliz&oacute; todo eso que de forma colectiva se sospecha y lo amplifica con su novela. El discurso contestatario de Oliver Stone, lleno de im&aacute;genes y estrobos visuales dram&aacute;ticos, sin duda tiene una participaci&oacute;n pol&iacute;tica en contra de la administraci&oacute;n de George Bush, un conservador republicano, como en su momento Garrison lo hizo con Nixon, y no es en vano que, durante las administraciones de Bill Clinton, entre 1993 y 2001, se diera pie a m&aacute;s teor&iacute;as que apoyaran esto, incluyendo el &Aacute;rea 51 y otras tantas.<\/p>\n<p>En su libro <em>El cine o el hombre imaginario<\/em> (2001), publicado en 1956, Edgar Morin, un te&oacute;rico y cineasta franc&eacute;s, explica como el cine ha sido un veh&iacute;culo para fusionar la realidad con la ficci&oacute;n. Para este autor, el cine ha sido un motor important&iacute;simo de lo que denomin&oacute; &ldquo;imaginarios colectivos&rdquo;. Si bien existe una realidad objetiva &eacute;sta se subjetiva y reinterpreta por medio de la literatura en el siglo XIX y el cine en el siglo XX.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Subjetividad y objetividad no solamente est&aacute;n superpuestas, sino que renacen contantemente una de la otra, ronda incesante de subjetividad objetivante, de objetividad subjetivante. Lo real est&aacute; ba&ntilde;ado, rodeado, llevado por lo irreal. Lo real est&aacute; amoldado, determinado, racionalizado, interiorizado por lo real<\/em>. (Morin, 141)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para Morin, la realidad est&aacute; tocada por la ficci&oacute;n y lo que se conoce de ella est&aacute; ligado, irreductiblemente, a lo que se materializa en la literatura y el cine, creando imaginarios colectivos que muchas veces trascienden m&aacute;s que los hechos concretos. Como en el caso de <em>JFK<\/em>, muchos de los imaginarios que se han construido alrededor de la muerte del presidente Kennedy provienen del cine y la literatura que hay alrededor, y a pesar de que muchos archivos se han desclasificado resulta interesante como las fuentes de informaci&oacute;n como la misma Comisi&oacute;n Warren son escasamente consultadas. Si bien es un hecho que hay mucha opacidad, que da verosimilitud a las teor&iacute;as conspirativas, lo cierto es que la ficci&oacute;n se ha mezclado tanto con la realidad que se han hecho una sola. En este sentido, Morin (2001) explica que las im&aacute;genes que arroja el cine y la literatura crean imaginarios donde ya todo es posible, sobre todo el cine por su alcance masivo en la &eacute;poca, de lo que denomina Walter Benjamin (2019), de reproductividad t&eacute;cnica.<\/p>\n<p>Conrado Cabrera define lo imaginario como &ldquo;un hecho hist&oacute;rico, social y colectivo&rdquo; que trasciende a las mentalidades individuales, y que &ldquo;estas son por as&iacute; decirlo; variantes, combinaciones de la sociedad de una &eacute;poca&rdquo; (Cabrera, 30). Coincide con Ginzburg (1999) en que lo imaginario es un acervo colectivo de las sociedades y los perfiles ideol&oacute;gicos de cada sociedad van de la mano con sus mitos y la construcci&oacute;n de imaginarios que provienen de todo ese acervo social que se materializa en el arte y la cultura. Gruzinski (1994) conviene en que la relaci&oacute;n de la imagen sobre la palabra en relaci&oacute;n con el colectivo tiene un poder en la forma en la que se construyen los imaginarios. Los imaginarios est&aacute;n conectados, invariablemente, con la interpretaci&oacute;n que se hace de la realidad y su material s&iacute;gnico. Voloshinov dice que<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Para que un tema, cualquiera que sea el nivel de la realidad a la que pertenezca, forme parte del horizonte social de un grupo y suscite una reacci&oacute;n semi&oacute;tico-ideol&oacute;gica, es necesario que dicho tema est&eacute; relacionado con los presupuestos socioecon&oacute;micos m&aacute;s importantes del grupo mencionado; es preciso que involucre siquiera parcialmente las bases de la existencia material del grupo se&ntilde;alado.<\/em> (45)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es decir, es posible que dichas construcciones est&eacute;n dadas por la extensa lucha de clases, donde hay una clase social que usar&aacute; unos signos y otra que usar&aacute; otros, y de ah&iacute; construir&aacute; el material simb&oacute;lico para cada colectivo semi&oacute;tico, es decir, con el grupo que utiliza los mismos signos de la comunicaci&oacute;n ideol&oacute;gica. &ldquo;As&iacute; las distintas clases sociales usan una misma lengua. Como consecuencia, en cada signo ideol&oacute;gico se cruzan los acentos de orientaciones diversas. El signo llega a ser la arena de la lucha de clases&rdquo;.<\/p>\n<p>Entonces la pregunta m&aacute;s importante, &iquest;qu&eacute; tiene que ver todo esto con <em>JFK<\/em>? Pues que la Historia est&aacute; construida m&aacute;s como un enorme aparato de ficci&oacute;n que otra cosa, y los imaginarios colectivos alrededor de los principales hechos hist&oacute;ricos que marcan cada periodo est&aacute;n atravesados por discursos que llevan a una interpretaci&oacute;n paralela de la realidad, sea que &eacute;sta se deforme o no, parezca irreal y descabellada o no. Si le pregunt&aacute;ramos a cualquier persona, m&iacute;nimamente versada en el tema, sobre la muerte del presidente estadounidense, dir&iacute;a, sin chistar, que lo mat&oacute; el gobierno de su mismo pa&iacute;s por medio de la CIA o el FBI; incluso no faltar&aacute; quien llegue a citar la dichosa pel&iacute;cula de Stone como una evidencia historiogr&aacute;fica. La pel&iacute;cula trasciende su &eacute;poca y su contenido y se vuelve una realidad. Nadie investiga los documentos desclasificados de la Comisi&oacute;n Warren, ni los cientos de investigaciones alrededor del tema hechos por expertos (ni los mismos estadounidenses, quienes deber&iacute;an estar interesados en &ldquo;la verdad&rdquo;). Y si bien la muerte del primer mandatario &mdash;de origen irland&eacute;s&mdash; de la naci&oacute;n m&aacute;s poderosa del mundo es sospechosa, nublosa y encubre una verdad mayor, nadie se cuestiona la verdad un&iacute;voca que nos dio el cine. &iquest;Qu&eacute; sucede entonces con la masificaci&oacute;n de contenidos y videos que existen en la actualidad en internet, donde se dan versiones incontables y alternativas de cualquier tema? Lo cierto es que estamos, m&aacute;s que nunca, inmersos en la irrealidad mezclada con realidad; una verdad ficcional que se ha tomado como historia y de la que se desprenden todos los valores pol&iacute;ticos y culturales. La misma lucha de clases est&aacute; en este escenario quim&eacute;rico. Al final son entelequias y cada quien ve lo que quiere ver, porque ya existen muchas versiones distorsionadas de todo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Bibliograf&iacute;a<\/strong><\/p>\n<p>BENJAMIN, Walter. <em>Tesis sobre la historia y otros Fragmentos<\/em>. M&eacute;xico: UACM. &Iacute;taca. (2008)<\/p>\n<p>__________ <em>La obra de arte en la &eacute;poca de su reproductibilidad t&eacute;cnica<\/em>. Buenos aires: Ediciones Godot. (2019)<\/p>\n<p>GINZBURG, Carlo. &ldquo;Mitolog&iacute;a germ&aacute;nica y nazismo. Acerca de un viejo libro de George Dumezill&rdquo; en <em>Mitos, emblemas, indicios. Morfolog&iacute;a e Historia. <\/em>Espa&ntilde;a: Gedisa (1999)<\/p>\n<p>GRUZINSKI, Serge. <em>La guerra de las im&aacute;genes. <\/em>M&eacute;xico: FCE. (1994)<\/p>\n<p>MORIN, Edgar. <em>El cine o el hombre imaginario<\/em>. Barcelona: Paid&oacute;s Comunicaci&oacute;n. (2001)<\/p>\n<p>RICOEUR, Paul. <em>Narraci&oacute;n y tiempo III. El tiempo narrado<\/em>. M&eacute;xico: Siglo XXI Editores. (2004)<\/p>\n<p>VOLOSHINOV, Valent&iacute;n. <em>El marxismo y la filosof&iacute;a del lenguaje. <\/em>Buenos Aires: Ediciones Godot (2009).<\/p>\n<p>WHITE, Hayden. <em>El texto hist&oacute;rico como artefacto literario<\/em>. Barcelona: Paid&oacute;s. (2003)<\/p>\n<p>WOOD, James. <em>Los mecanismos de la ficci&oacute;n<\/em>. Madrid: Gredos. (2009)<\/p>\n<p>CANO VARGAS, Alexander. &ldquo;De la historia de las mentalidades a la historia de los imaginarios sociales&rdquo;. Colombia: Universidad de Medell&iacute;n. Ciencias Sociales y Educaci&oacute;n vol 1. No1. Pp: 135-146. (2012)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1988 el ex fiscal de distrito de Nueva Orleans, Jim Garrison, public&oacute; el libro JFK. On the trial of the Assasins, un h&iacute;brido literario extraordinario que se suscribe a las memorias, la novela y la investigaci&oacute;n policiaca con muchos tecnicismos legales. 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