{"id":419,"date":"2021-05-04T15:09:41","date_gmt":"2021-05-04T15:09:41","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/05\/04\/de-dioses-vacios-y-nostalgias\/"},"modified":"2021-05-04T15:09:41","modified_gmt":"2021-05-04T15:09:41","slug":"de-dioses-vacios-y-nostalgias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/de-dioses-vacios-y-nostalgias\/","title":{"rendered":"De dioses, vacos y nostalgias"},"content":{"rendered":"<h5>Portada: &ldquo;Iv&aacute;n el Terrible y su hijo&rdquo;, obra de 1581 de Repin. Hemeroteca PL<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Y donde existe un vac&iacute;o, surgen nuevas energ&iacute;as y realidades que sustituyen a las antiguas [&hellip;] Este vac&iacute;o, esta oscuridad en el mismo centro, era debida a &ldquo;la muerte de dios&rdquo;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">George Steiner<\/p>\n<p><strong>I<\/strong><\/p>\n<p>En su extraordinario ensayo <em>Nostalgia del Absoluto<\/em>, George Steiner, nos permite reflexionar sobre el vac&iacute;o moral y emocional que ha dejado en la cultura occidental la decadencia de los sistemas religiosos. Este hecho tambi&eacute;n nos permitir&aacute;, por extensi&oacute;n, reflexionar en torno a la funci&oacute;n o papel del padre, y sus declinaciones, en las sociedades contempor&aacute;neas.<\/p>\n<p>Steiner, en el ensayo referido, parte de lo que es una evidencia para soci&oacute;logos e historiadores y que se puede constatar con facilidad: &ldquo;una apreciable decadencia del papel desempe&ntilde;ado por los sistemas religiosos formales, por las iglesias, en la sociedad occidental&rdquo;. Sostiene que las iglesias cristianas organizaron en gran medida la visi&oacute;n occidental de la identidad humana, desde el final del mundo romano y helen&iacute;stico en adelante. Ahora, sin embargo, se encuentra en paulatina decadencia, hasta convertirse en una simple convenci&oacute;n social, dejando un inmenso vac&iacute;o y &ldquo;donde existe un vac&iacute;o, surgen nuevas energ&iacute;as y realidades que sustituyen a las antiguas&rdquo;. As&iacute;, durante los &uacute;ltimos 150 a&ntilde;os se han desplegado una serie de intentos de llenar el vac&iacute;o dejado por la erosi&oacute;n de la teolog&iacute;a a partir de <em>la muerte de Dios<\/em>. Muerte que s&oacute;lo es posible concebirla en el cristianismo, como ense&ntilde;ar&aacute; Mar&iacute;a Zambrano.<\/p>\n<p>Para paliar el enorme y oscuro vac&iacute;o generado por la ca&iacute;da de los sistemas teol&oacute;gicos y sus mandatos sostenidos por la religi&oacute;n cristiana, se&ntilde;ala Steiner, se han construido &ldquo;anti-teolog&iacute;as&rdquo; o &ldquo;meta-religiones&rdquo;, o &ldquo;credo sustitutorio&rdquo; durante los siglos XIX y XX. Para agrupar estas construcciones emergentes propone la palabra &ldquo;mitolog&iacute;as&rdquo;. Sin embargo, para que sea una <em>mitolog&iacute;a<\/em>, el cuerpo de pensamiento que se proponga tiene que tener, en principio, pretensi&oacute;n de totalidad. En este sentido, dice, &ldquo;una mitolog&iacute;a es un cuadro completo del hombre en el mundo&rdquo;. En segundo t&eacute;rmino, &ldquo;una mitolog&iacute;a tendr&aacute; unas formas reconocibles de inicio y desarrollo. Habr&aacute; habido un momento de revelaci&oacute;n crucial o un diagn&oacute;stico clarividente del que surge todo el sistema&rdquo;. La visi&oacute;n prof&eacute;tica se guardar&aacute; en textos can&oacute;nicos. Y a&uacute;n habr&iacute;a un tercer criterio para determinar una mitolog&iacute;a verdadera: &ldquo;desarrollar&aacute; un lenguaje propio, un idioma caracter&iacute;stico, un conjunto particular de im&aacute;genes emblem&aacute;ticas, banderas, met&aacute;foras y escenarios dram&aacute;ticos&rdquo;.<\/p>\n<p>Un &uacute;ltimo se&ntilde;alamiento en lo que podemos recoger de la generosidad intelectual de Steiner. Con frecuencia estas mitolog&iacute;as utilizan el disfraz de <em>cient&iacute;ficas<\/em>. Se&ntilde;ala que esos grandes movimientos filos&oacute;ficos, pol&iacute;ticos, antropol&oacute;gicos; esos grandes movimientos de la imaginaci&oacute;n en Occidente, han tratado de sustituir a la religi&oacute;n y, sin embargo, resultan ser muy semejantes a las iglesias, muy semejantes a las teolog&iacute;as que quieren desplazar.<\/p>\n<p>Si atendemos lo indicado por Steiner, y m&aacute;s cercano a nosotros, acudimos a la construcci&oacute;n de una <em>mitolog&iacute;a<\/em> propia de las sociedades marcadas por el <em>capitalismo salvaje<\/em>, teniendo como signo la llamada declinaci&oacute;n del padre. El vac&iacute;o que deja esta erosi&oacute;n de la figura del padre se sustituye con ese otro dios que es el consumo.<\/p>\n<p>Desde los a&ntilde;os sesenta del siglo pasado se empezaba a hablar de la declinaci&oacute;n del padre o ca&iacute;da del patriarcado, y con ello se planteaba ya la cuesti&oacute;n sobre c&oacute;mo se habr&iacute;a de organizar lo social si quien hace la funci&oacute;n de garante, la instancia inexistente que posibilita que la violencia o el goce se regulen, est&aacute; en ca&iacute;da, se muestra en declive. Algunas formas de nominaci&oacute;n de esta declinaci&oacute;n de la funci&oacute;n del padre han sido: &ldquo;la feminizaci&oacute;n del mundo&rdquo;, &ldquo;el fin de las ideolog&iacute;as&rdquo; e &ldquo;incluso el fin de la historia&rdquo;, por ejemplo, y en nuestros d&iacute;as se se&ntilde;ala como &ldquo;la muerte del sistema patriarcal&rdquo;. Sin embargo, pese a lo evidente de lo aqu&iacute; se&ntilde;alado, pocas disciplinas se interrogan sobre esta decadencia de la funci&oacute;n del padre al interior de la familia y lo que implica en la subjetividad para cada sujeto. El psicoan&aacute;lisis reconoce a la funci&oacute;n paterna como fundante del psiquismo en el sujeto, incluso Jacques Lacan, dir&aacute; que &ldquo;el psicoan&aacute;lisis reintroduce en la ciencia el Nombre-del-padre&rdquo;.<\/p>\n<p>La fil&oacute;sofa y poeta Mar&iacute;a Zambrano tambi&eacute;n marca como fen&oacute;meno de transici&oacute;n social <em>la muerte de Dios<\/em>, y el vac&iacute;o que eso implica, escribe en <em>El hombre y lo divino<\/em>: &ldquo;La ausencia, el vac&iacute;o de Dios, podemos sentirlo bajo dos formas que parecen radicalmente diferentes a simple vista: la forma intelectual del ate&iacute;smo, y la angustia, la anonadadora irrealidad que envuelve al hombre cuando Dios ha muerto&rdquo;. Zambrano propone que la respuesta, ante el vaci&oacute; que dejar&iacute;a la muerte de Dios, ser&aacute; lo divino, aquello que se experimenta como irreductible. Lo divino convoca a la acci&oacute;n, llama a dar forma y definir permanentemente, por medio de ritos, el pensamiento de Dios. La pensadora destaca al cristianismo como la religi&oacute;n que funda su permanencia en la muerte de Dios. Esto es su <em>leimotiv<\/em>, m&aacute;s que la resurrecci&oacute;n, ya que, dice, hay otras religiones antiguas que incluyen la resurrecci&oacute;n: &ldquo;Pues hay dioses que mueren, que sufren una pasi&oacute;n hasta la muerte y que resucitan: Atis, Osiris, Adonis. M&aacute;s no a manos de los hombres, sino de potencias enemigas de su mismo rango&rdquo;. La muerte de Dios o de los dioses, y su resurrecci&oacute;n, no es exclusiva del cristianismo, si lo es, y ah&iacute; radica su originalidad, el hecho de que la muerte no es producto de otra potencia divina sino que ocurre por manos de los hombres. Destaca entonces que la <em>mitolog&iacute;a<\/em> cristiana se fundamenta en la muerte del hijo de Dios (por tanto un Dios) a manos de los hombres que, por otro lado, ser&aacute;n perdonados tras reconocer su culpa.<\/p>\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n<p>En el seminario 4 de Jacques Lacan, denominado <em>La relaci&oacute;n de objeto<\/em>, el psicoanalista franc&eacute;s destaca que la obra completa de Freud se puede leer a trav&eacute;s de la funci&oacute;n del padre. Durante varios momentos del seminario se plantea la misma pregunta: &iquest;Qu&eacute; es ser un padre? Estamos advertidos de lo improcedente que resulta contestar demasiado r&aacute;pido a una cuesti&oacute;n tan compleja como &eacute;sta. Freud mismo nos deja ver que en su vida familiar, sus costumbres est&aacute;n conducidas por esta pregunta. La muerte del padre, de su propio padre, resulta ser un evento de suma importancia en su elaboraci&oacute;n te&oacute;rica; incluso no es una exageraci&oacute;n decir que este evento es lo que va a catapultarlo como el padre del psicoan&aacute;lisis.<\/p>\n<p>El v&iacute;nculo con el padre resulta relevante en extremo para cada sujeto, tanto lo es que nos mueve una demanda insistente de un jefe que se levante y hable fuerte y claro para ordenar lo que hay que hacer. Es el anhelo que muchas masas, en momentos cr&iacute;ticos, demandan: cuando todo va mal s&oacute;lo un verdadero amor nos puede salvar. Esto mismo nos recuerda Konstantino Cavafis en su poema &ldquo;<em>Esperando a los b&aacute;rbaros<\/em>&rdquo;, cuyos primeros verso rezan: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; esperamos congregados en el foro?\/Es a los b&aacute;rbaros que hoy llegan.&rdquo; Nostalgia del Absoluto.<\/p>\n<p>La historia pol&iacute;tica y social de Occidente, tanto en la antig&uuml;edad como en los &uacute;ltimos tiempos, no es sino la historia de una serie de intentos, muchas veces violentos, de llenar el vac&iacute;o central dejado por la erosi&oacute;n de quien hace la funci&oacute;n paterna. Llega incluso a ser un lugar com&uacute;n, un simplismo psicologizante, la asociaci&oacute;n lineal que se hace entre la incidencia de la delincuencia juvenil y la ausencia paterna. Tambi&eacute;n se le achaca a la ausencia paterna la desintegraci&oacute;n familiar, etc. Sin duda, podemos ubicar, aunque s&oacute;lo de manera artificial, los or&iacute;genes de esta decadencia paterna en la era moderna (si se ve con detenimiento, este vac&iacute;o siempre ha existido) desde la afirmaci&oacute;n ya se&ntilde;alada de Nietzsche sobre <em>la muerte de Dios<\/em>; por lo menos es muy claro en la ca&iacute;da del orden que establec&iacute;a el cristianismo. La muerte de Dios nos deja en absoluto desamparo porque las <em>mitolog&iacute;as<\/em> de la ciencia (incluyendo las llamadas ciencias sociales y las humanidades), las tecnolog&iacute;as y de las religiones no ofrecen garant&iacute;a alguna en sus respuestas. El desamparo an&iacute;mico es el signo de la modernidad, y con ello l<em>a nostalgia del Absoluto<\/em>.<\/p>\n<p>Para convocar al Otro, para llamar a aquel que habr&aacute; de poner orden de manera incuestionable, una forma a la que se recurre con frecuencia es la violencia, incluso el crimen. Se trata de una llamada al <em>Padre Ideal<\/em> que aparecer&iacute;a como una respuesta salvadora. As&iacute; lo ha mostrado Freud con el padre de la horda primitiva en su propia mitolog&iacute;a que llam&oacute; <em>T&oacute;tem y Tab&uacute;<\/em>. Ese padre odiado a quienes los hijos dan muerte para librarse de su tiran&iacute;a. Pero al hacerlo tambi&eacute;n terminan con aquel que manten&iacute;a el orden. La culpa los har&aacute; erigir a un padre ideal que garantice el orden. El mismo acontecimiento parricida en el primitivo, Freud lo encuentra como esencial en la constituci&oacute;n ps&iacute;quica del neur&oacute;tico que demanda el amor del Otro.<\/p>\n<p>Esta b&uacute;squeda del Padre Ideal, esta nostalgia de un Absoluto, es algo que en todos los tiempos se ha expresado de muchas maneras. Quiz&aacute; sea este anhelo lo explique el crecimiento de las religiones y sectas que prometen dejar de sufrir. Se anhela un padre que nos libre cuando existir duele, un padre que, sin fallas, nos libre de la desgracia de existir.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Portada: &ldquo;Iv&aacute;n el Terrible y su hijo&rdquo;, obra de 1581 de Repin. 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