{"id":415,"date":"2021-05-04T15:07:49","date_gmt":"2021-05-04T15:07:49","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/05\/04\/el-pastor-y-el-diablo\/"},"modified":"2021-05-04T15:07:49","modified_gmt":"2021-05-04T15:07:49","slug":"el-pastor-y-el-diablo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/narrativa\/el-pastor-y-el-diablo\/","title":{"rendered":"El pastor y el diablo"},"content":{"rendered":"<p>El joven pastor de cabras esperaba, como siempre, la se&ntilde;al para dirigirse de regreso a su casa: el &uacute;ltimo resplandor del sol brillando en tenue luz del ocaso, cerrando sus l&iacute;neas difusas en el horizonte, la que indicaba el momento de levantarse de la prolongada jornada de atenci&oacute;n y cuidados, sobre la enorme cantidad de cabezas balando de continuo.<\/p>\n<p>Caminaba con la calma habitual de las personas que viven la monoton&iacute;a del transcurrir del tiempo en los lugares donde la naturaleza todav&iacute;a reina sobre los seres humanos. Con la cabeza en alto, mirando con deleite la luz crepuscular, se vio sorprendido junto con el hato de animales, pues sin anuncio previo la noche se cerr&oacute; frente a sus ojos de forma poco habitual, dejando a los animales y a &eacute;l mismo sin poder reaccionar frente a tan inesperado suceso.<\/p>\n<p>Las cabras cesaron su protesta y con el silencio evidenciaron su miedo. En medio de la oscuridad, en la que no se pod&iacute;a ver m&aacute;s all&aacute; de sus narices, el pastor meti&oacute; su mano en el morral y extrajo su flauta de carrizo, la llev&oacute; a su boca y comenz&oacute; a tocar una nota prolongada que ya conoc&iacute;an sus animales, lo que significaba para aquel peculiar ej&eacute;rcito seguir los pasos del aquel que llevaba colgado el cencerro al cuello.<\/p>\n<p>Lo &uacute;nico que se distingu&iacute;a en la noche era el sonido chill&oacute;n de la flauta, haciendo que el o&iacute;do se impusiera sobre la mirada. El pastor, conociendo de memoria el terreno, encamin&oacute; sus pasos al estrecho sendero que conduc&iacute;a directamente al roble centenario que vigilaba desde el bordo de la cumbre de piedra maciza del acantilado. Desde ah&iacute; se distingu&iacute;a el fondo del valle y apenas se alcanzaba a apreciar su min&uacute;sculo pueblo, perdido en la inmensidad y la bruma, creando la extra&ntilde;a sensaci&oacute;n de que las miradas desde lo m&aacute;s alto del cielo planeaban como las &aacute;guilas.<\/p>\n<p>Al sentir la proximidad del roble, no sin apuros pudo distinguir su enorme tronco y su fronda, como un coloso que les saliera a cortar el paso. A pesar de su enorme tama&ntilde;o, s&oacute;lo a tientas pudo encontrar la roca que le serv&iacute;a de asiento, no lograba rivalizar con la anchura del tronco del &aacute;rbol que le gustaba aprovechar como respaldo. Ah&iacute; mismo termino de tocar su alucinante melod&iacute;a, aunque no pod&iacute;a precisar si las cabras se encontraban completas. &Uacute;nicamente sent&iacute;a su presencia por sus peque&ntilde;os movimientos que hac&iacute;an figurar una especie de bestia en piezas de rompecabezas recortando su silueta en la cerrada noche.<\/p>\n<p>Sent&iacute;a un gran desconcierto por el silencio que guardaban, y mientras buscaba una explicaci&oacute;n l&oacute;gica a lo que ocurr&iacute;a, revis&oacute; mentalmente el calendario aprendido a fuerza de mirar las estrellas y sus comportamientos, con la gu&iacute;a de las sabias palabras de los abuelos del pueblo. Sin embargo, no lograba recordar la proximidad de un eclipse, que es cuando sus cabras se quedan quietas y silenciosas, haciendo de cuenta que se les acort&oacute; el d&iacute;a para alimentarse y sobrevino la noche para dormir. Desconoc&iacute;a otro posible fen&oacute;meno ya que nunca lo hubiera tomado desprevenido.<\/p>\n<p>En esas profundas reflexiones se encontraba cuando, de pronto, surgieron dos puntos rojos de un color rojo tan brillante que parec&iacute;an antorchas que alguna persona cargara en sus manos casi juntas. Esos puntos atrajeron su atenci&oacute;n y por un momento pens&oacute; que se trataba de alguien que ven&iacute;a en su auxilio con teas que romp&iacute;an la tela oscura de la reinante oscuridad. Las dos luces parec&iacute;an volar sin que nadie las condujera, y al pasar por sobre las cabezas de las cabras, &eacute;stas hincaban sus cuartos frontales y agachaban la cabeza hasta casi tocar el piso, permaneciendo quietas sin emitir balido alguno. Cuando hubieron cruzado por sobre todo el reba&ntilde;o, se instalaron a unos metros del pastor que, sin pesta&ntilde;ar, no las perd&iacute;a de vista. De la nada se alcanz&oacute; a apreciar el cuerpo de un enorme macho cabr&iacute;o que por su color negro, tan oscuro como la noche, su silueta &uacute;nicamente se distingu&iacute;a por el brillo de su larga melena, enmarcando las curvaturas del par de majestuosas astas.<\/p>\n<p>Presagiando un mal augurio, el pastor lanz&oacute; sus palabras de advertencia, que sin embargo salieron temblorosas de su boca, delatando el miedo que ten&iacute;a al encuentro:<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Jush, al&eacute;jate! No eres bienvenido aqu&iacute;.<\/p>\n<p>Los belfos del macho cabr&iacute;o se movieron al tiempo en que surg&iacute;a una cavernosa voz que helaba los huesos a quien la escuchaba.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No puede un viajero cruzar por estas tierras sin ser recriminada su acci&oacute;n?<\/p>\n<p>&mdash;No encuentro raz&oacute;n alguna para que tengas que importunar a personas humildes como yo, y asustando a los pobres animales provocando esos cambios en la naturaleza.<\/p>\n<p>&mdash;La condena que cargo es, por as&iacute; decirlo, un castigo inmerecido, pues la naturaleza reacciona a mi paso, como advirtiendo a los hombres de mi presencia. Si por m&iacute; fuera, pasar&iacute;a contemplando la tarde y sus brillos que hace tiempo no tengo oportunidad de disfrutar; de esa vida sencilla de la gente en sus actividades cotidianas, pasando como un paria sin que tengan que atemorizarse por mi presencia.<\/p>\n<p>&mdash;Cada uno es responsable de sus actos, y tus acciones tientan la voluntad humana. Por esa raz&oacute;n, &iexcl;no pueden tener sobre ti un mejor castigo que impedir tu mal&eacute;fica intervenci&oacute;n en los actos humanos!<\/p>\n<p>&mdash;No se me puede culpar por tener la voluntad de atender las peticiones humanas. &iexcl;Las debilidades son propias de tus hermanos! Lo &uacute;nico que me mueve es hacer cumplir sus deseos en este mundo y que muestren un poco de recelo en promesas que obligadamente se tendr&aacute;n que cumplir luego de una vida de sufrimiento. Es mejor un deseo cumplido en este mundo que las promesas en una supuesta gloria. &iexcl;Vaya siendo que no exista! &iquest;No crees?<\/p>\n<p>&mdash;No podr&aacute;s convencerme de tu prop&oacute;sito. Como ver&aacute;s, mis aspiraciones son pocas, porque he tenido por suerte reconocer que en la humildad puedo encontrar respuesta a mis m&aacute;s &iacute;ntimas preguntas.<\/p>\n<p>&mdash;Precisamente mi paso por este lugar es saber si puedes ayudarme a encontrar respuesta a una verdad humana. Como ver&aacute;s, yo no puedo responderme. Siempre he sido un cabeza dura. Estoy cierto que puedes ayudarme.<\/p>\n<p>&mdash;No estoy obligado a hacerlo. No lo deseo y, por tanto, no tienes autoridad para exigirlo.<\/p>\n<p>&mdash;Ya lo creo que s&iacute;, pues en ello descubrir&aacute;s una verdad que ser&aacute; revelada con tus propias acciones.<\/p>\n<p>&mdash;Ya lo dec&iacute;a yo que no pod&iacute;as cruzarte en el camino de alguien sin buscar el provecho de hacerle da&ntilde;o en alguna forma.<\/p>\n<p>&mdash;T&oacute;mala como una lecci&oacute;n que te har&aacute; vivir muchos a&ntilde;os o condenarte en la eternidad<\/p>\n<p>&mdash;Comprendo que me pondr&aacute;s a prueba. Mientras que esto no involucre a la pobre gente de mi pueblo, estar&eacute; dispuesto a enfrentarla pues no me importa lo que puedas hacer conmigo.<\/p>\n<p>&mdash;Nada puedo hacerte. T&uacute; mismo encontrar&aacute;s en tu verdad: el da&ntilde;o o la salvaci&oacute;n<\/p>\n<p>&mdash;Nada temo a mi proceder y menos frente a ti. Es notorio que tengo miedo, soy hombre de fe y creo con los ojos cerrados en las ense&ntilde;anzas que mis padres me dieron como herencia.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Pues venga, que tu tiempo es muy preciado! Yo no tengo marca que me lo exija. D&eacute;jame decirte que la noche se tendi&oacute; sin que yo lo mandara, aunque est&aacute;s cierto que en respuesta de mi presencia esperaba aprovechar tu miedo y el de tus animales para que corrieran y se despe&ntilde;aran en el acantilado. Sin embargo, con tu ayuda y tu cuidado se tranquilizaron, adem&aacute;s con tu flauta las hiciste seguirte hasta el pie del &aacute;rbol. A pesar de las dudas, pudiste encontrar una respuesta l&oacute;gica a las cosas que estaban sucediendo. &iquest;Qu&eacute; har&iacute;as para salvarlas de la muerte?<\/p>\n<p>&mdash;Nada que perturbara la obediencia a quien nos da la vida y quien nos la solicita de vuelta.<\/p>\n<p>&mdash;Si te fuera dado decidir proteger al reba&ntilde;o a costa de tu propia vida, &iquest;ser&iacute;as capaz de enfrentar esa verdad?<\/p>\n<p>&mdash;No hay mejor prueba para mostrar una verdad que defendiendo con la vida lo que es el motivo y sentido de ella.<\/p>\n<p>&mdash;Si ellas ser&aacute;n vendidas para dar dinero a tu familia y luego ser&aacute;n sacrificadas para dar de comer a la gente. &iquest;Qu&eacute; obtendr&iacute;as en todo caso al defenderlas previamente de su perentoria muerte?<\/p>\n<p>&mdash;Responder a la confianza de mi familia al poner en mis manos la vida de seres inocentes.<\/p>\n<p>&mdash;Los humanos tienen un peculiar sentido del amor y la justicia, si bien ello muestra que son interesados: s&oacute;lo cuidan y alargan la vida de seres &ldquo;inocentes&rdquo; para entregarlos al matadero cuando bien les conviene.<\/p>\n<p>&mdash;Estas reglas existen desde antes de que yo viniera a este mundo, y la vida se rige por ellas. No ser&eacute; yo quien las violente, ni siquiera por motivo de tus provocaciones.<\/p>\n<p>&mdash;Si decidiera en este momento lanzarlas por el abismo, estar&iacute;as en la imposibilidad de detenerme. Pero yo pod&iacute;a hacerte una oferta de amigos: &iquest;qu&eacute; responder&iacute;as si te pidiera cambiar la vida de tus &ldquo;queridos animalitos&rdquo; por la tuya, pidiendo que saltes en su lugar?<\/p>\n<p>&mdash;Si esa fuera la &uacute;nica alternativa, con gusto lo har&iacute;a por salvarlas.<\/p>\n<p>&mdash;No entiendo la terquedad del hombre. En caso de que eso muestre una verdad, dime t&uacute;: &iquest;en qu&eacute; se fundamenta?<\/p>\n<p>&mdash;T&uacute; no logras discernir entre lo malo y lo que resulta bueno para la comunidad, pues s&oacute;lo piensas en provecho propio. No alcanzas a saber que, de permitir que lances las cabras por el abismo, pondr&iacute;a en peligro la vida de toda mi familia, ya que no tendr&iacute;a, primero, una raz&oacute;n de peso con la que les pudiera explicar mi descuido y poca atenci&oacute;n. Por ese motivo ser&iacute;a se&ntilde;alado tanto por mi familia, como por la comunidad que nunca me lo perdonar&iacute;a. &iexcl;Y as&iacute; no podr&iacute;a vivir m&aacute;s entre ellos! No comprendes que mis familiares morir&iacute;an de verg&uuml;enza antes que de hambre y eso es una verdad que t&uacute; nunca alcanzar&aacute;s a discernir, pues los hilos de mis acciones est&aacute;n encadenados con solidez con los de mi familia y la comunidad entera.<\/p>\n<p>&mdash;Tu verdad est&aacute; dicha y yo no puedo con ella. Al salvarlas, te salvas y por lo mismo tu familia queda a salvo. &iexcl;Nada puedo hacer contra ti! Reconozco que son fuertes tus convicciones. Te dejo en paz y de vuelta a tu tranquilidad habitual, pues con retirarme las cosas regresar&aacute;n a su normalidad.<\/p>\n<p>El macho cabr&iacute;o pareci&oacute; desvanecerse junto con la oscuridad que dio paso a una noche tranquila tachonada por un cielo estrellado. Las cabras comenzaron su balido habitual mientras el joven pastor volvi&oacute; llevarse la flauta a los labios y entonar una tonadilla que sus eternos acompa&ntilde;antes reconocieron como la se&ntilde;al del regreso a casa. El animal del cencerro se puso a la cabeza justo detr&aacute;s del flautista y as&iacute; emprendieron el retorno a casa.<\/p>\n<p>El joven pastor sinti&oacute; que algo distinto flotaba en el ambiente. Incluso pod&iacute;a asegurar que las cabras sent&iacute;an lo mismo que &eacute;l, pues en los brazos de la naturaleza todas las criaturas son iguales. A nadie enterar&iacute;a de lo que hab&iacute;a ocurrido en lo alto del risco, y tampoco nunca se atrever&iacute;a a contar que hab&iacute;a sido puesto a prueba por el mism&iacute;simo Diablo, quien no tuvo armas para enfrentar la n&iacute;tida verdad de un pastor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El joven pastor de cabras esperaba, como siempre, la se&ntilde;al para dirigirse de regreso a su casa: el &uacute;ltimo resplandor del sol brillando en tenue luz del ocaso, cerrando sus l&iacute;neas difusas en el horizonte, la que indicaba el momento de levantarse de la prolongada jornada de atenci&oacute;n y cuidados, sobre la enorme cantidad de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":137,"featured_media":416,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"class_list":["post-415","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-narrativa"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/415","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/137"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=415"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/415\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media\/416"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=415"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=415"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=415"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}