{"id":405,"date":"2021-04-27T14:17:52","date_gmt":"2021-04-27T14:17:52","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/04\/27\/los-libros-y-la-hoguera-de-las-vanidades\/"},"modified":"2021-04-27T14:17:52","modified_gmt":"2021-04-27T14:17:52","slug":"los-libros-y-la-hoguera-de-las-vanidades","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/los-libros-y-la-hoguera-de-las-vanidades\/","title":{"rendered":"Los libros y la hoguera de las vanidades"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>Yo sigo jugando a no ser ciego, sigo<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>llenando mi casa de libros.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>J. Luis Borges<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong><em>&nbsp;<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong><em>&hellip;Porque la lectura es la inmortalidad hacia atr&aacute;s.<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Umberto Eco<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El 23 de abril pasado se celebr&oacute; el D&iacute;a Internacional de Libro. Nunca como ahora vale celebrar la existencia de los libros. Pocos instrumentos han tra&iacute;do tantos beneficios y a la vez han sido tan peligrosos para la humanidad como los libros. Pueden exaltar o envilecer, seducir o asquear; magnificar la sensibilidad o banalizarla. Los libros han sido los portadores de los mensajes de los dioses y contienen las cr&oacute;nicas de los encuentros entre los hombres de todas las &eacute;pocas. Los libros, de alguna manera, posibilitan romper con los goznes del tiempo y el espacio. &ldquo;Quien no lee, a los 70 a&ntilde;os habr&aacute; vivido una sola vida: la propia. Quien lee habr&aacute; vivido 5000&rdquo; dec&iacute;a Umberto Eco.<\/p>\n<p>El libro es para Jorge Luis Borges el m&aacute;s asombroso de los instrumentos que el hombre ha inventado, extensi&oacute;n de su esp&iacute;ritu y no de su cuerpo. El libro ha sido tomado como basti&oacute;n que determina el ser de un Pueblo. <em>Pueblo del libro<\/em> se le llama a Israel y el juda&iacute;smo; con todo lo que ha implicado, ha asumido su funci&oacute;n hist&oacute;rica de ser el pueblo guardi&aacute;n de las Sagradas Escrituras. Seg&uacute;n George Steiner, el juda&iacute;smo se reconoce y asume como guardi&aacute;n de &ldquo;La bibliograf&iacute;a de lo universal&rdquo;, tal y como est&aacute; escrito en el <em>Libro de la vida<\/em> y el <em>Libro de las revelaciones<\/em>.<\/p>\n<p>Con la era digital, el libro parec&iacute;a condenado a muerte; sin embargo, con independencia de su formato, el libro es una de las encarnaciones del triunfo sobre la muerte; los autores deber&aacute;n morir, algunos libros nunca. Desde siempre, las hogueras fan&aacute;ticas y los involuntarios incendios han sido los mayores enemigos del libro. Los acervos bibliogr&aacute;ficos se encuentran bajo amenaza permanente. Reci&eacute;n supimos del incendio en la biblioteca Lagger que se encuentra en Ciudad del Cabo, en Sud&aacute;frica, dentro de la universidad. La p&eacute;rdida se calcula en 65 mil vol&uacute;menes, adem&aacute;s de otros materiales audiovisuales.<\/p>\n<p>Georges Steiner afirma que &ldquo;los que queman libros, los que expulsan y matan a los poetas, saben exactamente lo que hacen&rdquo;. Saben lo que hacen porque al echarlos a la hoguera reconocen que el poder de los libros es incalculable. La historia de la humanidad est&aacute; plagada de momentos en que los totalitarismos han tenido la peregrina idea de que eliminando los libros se elimina el peligro que encarnan, se elimina al otro, el diferente, y as&iacute; se mantiene la pureza.<\/p>\n<p>Quiz&aacute;s el momento de la barbarie destructora de libros m&aacute;s presente en la memoria moderna es la tarde del 10 de mayo de 1933, cuando en la <em>Opernplatz <\/em>de Berl&iacute;n, 70 mil estudiantes hab&iacute;an arrojado m&aacute;s de 20 mil libros a la hoguera bajo el discurso cargado de odio de su l&iacute;der, Herbert Gutjahr: &ldquo;Hemos dirigido nuestro actuar contra el esp&iacute;ritu no alem&aacute;n. Entrego todo lo que representa al fuego&rdquo;, vocifer&oacute; este joven de 23 a&ntilde;os. Los libros se hab&iacute;an vuelto peligrosos y fueron retirados de los estantes de las librer&iacute;as p&uacute;blicas. Las obras de Marx, Freud, Henrie Heinch conocieron el fuego en ese evento que presid&iacute;a el lugarteniente de Hitler, Joseph Goebbels, y en su discurso literalmente incendiario sosten&iacute;a que &ldquo;la &eacute;poca extremista del intelectualismo jud&iacute;o ha llegado a su fin y la revoluci&oacute;n de Alemania ha abierto las puertas nuevamente para un modo de vida que permita llegar a la verdadera esencia del ser alem&aacute;n&rdquo;.<\/p>\n<p>Pero no han sido los nazis los &uacute;nicos ni los primeros que han mandado a los peligrosos libros a la hoguera. En la China imperial de 212 a.C., en la provincia de Qin Shi Huang no s&oacute;lo quemaron libros sino a sus autores que se opusieron a entregarlos. Otra c&eacute;lebre quema de libros es la de la Biblioteca de Alejandr&iacute;a en el a&ntilde;o de 292 a.C., ordenada por el emperador Diocleciano. En Europa conocemos la que se dio en llamar &ldquo;la hoguera de las vanidades&rdquo;, en Florencia, donde la quema libros y obras de arte fue promovida por el religioso dominico Girolamo Savonarola. Sigmund Freud, ir&oacute;nico, ante la quema de sus libros se&ntilde;alaba el &ldquo;avance&rdquo; de la sociedad ya que en otros tiempos lo hubieran quemado a &eacute;l. Quiz&aacute; la imagen m&aacute;s dolorosamente ic&oacute;nica de quema de libros sea el incendio de la biblioteca en la extraordinaria novela <em>El nombre de la rosa<\/em>, de Umberto Eco. En nuestra Am&eacute;rica tambi&eacute;n la barbarie religiosa ha hecho de las suyas: el sacerdote Diego de Landa, el 12 de julio de 1562, en la localidad de Man&iacute; (Yucat&aacute;n), instruye la quema de c&oacute;dices mayas con el argumento de que conten&iacute;an &ldquo;superstici&oacute;n y falsedades del demonio&rdquo;.<\/p>\n<p>Con los libros se busca eliminar todo aquello que sea contrario a los reg&iacute;menes totalitarios: quemando libros se busca eliminar la palabra del otro, del disidente; se busca eliminar la diferencia, por tanto no puede ser sino un acto de aut&eacute;ntico odio. A comienzos del siglo XVI los andaluces en la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica ten&iacute;an que entregar los libros escritos en &aacute;rabe; sin embargo, y por fortuna, por convenir a sus intereses se salvaron los de medicina, filosof&iacute;a o historia.<\/p>\n<p>Junto con los fan&aacute;ticos religiosos, los militares han sido de los principales incitadores a la quema de libros, tal como ocurri&oacute; en Chile bajo las &oacute;rdenes del dictador Augusto Pinochet: despu&eacute;s del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 requisaron los libros de los disidentes pol&iacute;ticos. Lo mismo ocurri&oacute; en Argentina, donde la dictadura quem&oacute; un mill&oacute;n de libros. El general Luciano Benjam&iacute;n Men&eacute;ndez se justific&oacute;: &ldquo;De la misma manera que destruimos por el fuego la documentaci&oacute;n perniciosa que afecta al intelecto y nuestra manera de ser cristiana, ser&aacute;n los enemigos del alma argentina.&rdquo;<\/p>\n<p>Los que queman libros saben lo que hacen, saben que el encuentro con el libro cambia la vida: el libro nos convertir&aacute;, nos abrir&aacute; a ser algo m&aacute;s de lo que somos, nos ense&ntilde;ar&aacute; ideolog&iacute;as desconocidas, mundos ajenos, nos mostrar&aacute; la otredad, y por eso son peligrosos estos portadores de la lengua. El libro est&aacute; ah&iacute;, esper&aacute;ndonos, en una vuelta de la mirada, en el lugar y momento menos pensado. En un polvoriento estante, olvidado, est&aacute; el libro que nos dar&aacute; nueva vida. De esto Borges sab&iacute;a algo e hizo su propia mitolog&iacute;a del libro: un libro aut&eacute;ntico nunca es impaciente, escrib&iacute;a.<\/p>\n<p>Sin embargo, del otro lado de los que queman libros se encuentran quienes los acumulan, aquellos para quienes los libros son joyas, no tanto por su contenido sino por el objeto mismo que son. El psicoanalista N&eacute;stor Braunstein nos regala la historia de Antoine-Marie Henry Boulard, un amante de los libros. Un hombre ordinario, un infame como dec&iacute;a Foucault, que coleccionaba libros. Se nos dibuja como un hombre cuyo mayor esc&aacute;ndalo en su vida lo protagoniz&oacute; con su mujer una noche que no lleg&oacute; a dormir a su casa por haberse quedado en otra casa acomodando los libros que cargaba en tres carros y que hab&iacute;a comprado la v&iacute;spera. La mujer lo perdon&oacute; bajo la consigna de no comprar un libro m&aacute;s.<\/p>\n<p>Este personaje es descrito como un viejo digno y canoso que recorr&iacute;a las librer&iacute;as de usado y se embriagaba del olor del papel, pero, vaya sufrimiento, no pod&iacute;a ya adquirir lo que husmeaba. Cay&oacute; enfermo de una grave melancol&iacute;a, s&oacute;lo as&iacute; pudo obtener permiso de comprar los libros que quisiera. Su pasi&oacute;n no apuntaba a la lectura sino al libro mismo como objeto. Se trataba m&aacute;s de un bibli&oacute;mano que de un bibli&oacute;filo. Es un bendito maniaco del libro.<\/p>\n<p>Bibli&oacute;filos s&iacute; los hay, y muy grandes, verdaderos amantes empedernidos de los libros, no tanto como objetos (sin dejar de apreciar las ediciones, las formas) sino por su contenido. Tanto ha sido su amor por los libros que consagraron su vida a exaltar su relaci&oacute;n con ellos, a vivir con ellos. Es el caso de Jorge Luis Borges, &ldquo;El bibliotecario valiente&rdquo;, como le llamaba Roberto Bola&ntilde;o. Borges imaginaba al para&iacute;so como una gran biblioteca, y su vida no le era concebible sin los libros.<\/p>\n<p>Otro excelente bibli&oacute;filo fue el escritor Georges Bataille, el autor de <em>Erotismo<\/em>, y <em>Las l&aacute;grimas de Eros. <\/em><em>P<\/em>as&oacute; buena parte de su vida entre la biblioteca y el burdel. Fue bibliotecario y medievalista de la Biblioteca Nacional de Par&iacute;s de 1924 a 1942, y director de la Biblioteca Municipal de Orle&aacute;ns de 1951 a 1962. El poeta griego Konstantino Kavafis tambi&eacute;n pas&oacute; buena parte de su vida entre libros como bibliotecario.<\/p>\n<p>Propongo que se reconozca que <em>el librero<\/em>, quienes dedican su vida a tratar con los libros, deber&iacute;an tener unas condiciones privilegiadas de existencia.<\/p>\n<p>Frente a los que queman libros, los bibli&oacute;manos que los acumulan y los bibli&oacute;filos que los aman, lamentablemente tenemos que padecer, muy en nuestros d&iacute;as, a los despreciadores de los libros, los que recomiendan no leer y los que no pueden recordar tres libros en su vida, eso en una naci&oacute;n que reconoce en los c&oacute;dices (en lat&iacute;n <em>codex<\/em> significa &ldquo;libro manuscrito&rdquo;) y en los <em>tlacuilos<\/em> (&ldquo;los que escriben pintando&rdquo;) un valor fundamental.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Yo sigo jugando a no ser ciego, sigo llenando mi casa de libros. J. Luis Borges &nbsp; &hellip;Porque la lectura es la inmortalidad hacia atr&aacute;s. Umberto Eco &nbsp; El 23 de abril pasado se celebr&oacute; el D&iacute;a Internacional de Libro. Nunca como ahora vale celebrar la existencia de los libros. Pocos instrumentos han tra&iacute;do tantos [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":100,"featured_media":406,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[],"class_list":["post-405","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-kaos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/405","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/100"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=405"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/405\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media\/406"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=405"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=405"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=405"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}