{"id":391,"date":"2021-04-20T14:32:48","date_gmt":"2021-04-20T14:32:48","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/04\/20\/freud-escritor-de-cartas\/"},"modified":"2021-04-20T14:32:48","modified_gmt":"2021-04-20T14:32:48","slug":"freud-escritor-de-cartas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/freud-escritor-de-cartas\/","title":{"rendered":"Freud escritor de cartas"},"content":{"rendered":"<p>Con la llegada a la era digital, el g&eacute;nero conocido como epistolar pas&oacute; al olvido. La inmediatez de la comunicaci&oacute;n elimin&oacute; el fascinante tiempo entre mandar y recibir la correspondencia. En las escuelas primarias se ense&ntilde;aba la forma correcta de escribir una carta, con su encabezamiento, saludo y despedida. Su contenido va desde un mensaje fragmentado y en clave, como en el telegrama, hasta discursos de largo aliento. El g&eacute;nero epistolar es el g&eacute;nero literario m&aacute;s libre. Y tambi&eacute;n el m&aacute;s rom&aacute;ntico. Aunque hay desde luego quien le niega la categor&iacute;a de g&eacute;nero literario.<\/p>\n<p>La inmediatez se impuso y las cartas escritas a mano y enviadas en sobres lacrados desaparecieron. Tambi&eacute;n se esfum&oacute;, con el paso del tiempo y la comunicaci&oacute;n en tiempo real, la fascinaci&oacute;n de abrir un sobre quiz&aacute; largamente esperado. Grandes amistades y amores memorables se iniciaron a partir del intercambio epistolar.<\/p>\n<p>Sigmund Freud fue el inventor del psicoan&aacute;lisis, lo sabemos, y dej&oacute; constancia biogr&aacute;fica de sus pasos fundacionales recurriendo con asiduidad al g&eacute;nero epistolar. Como escritor de cartas fue extraordinariamente prol&iacute;fico. Dedicaba las tardes a contestar todas y cada una de las que recib&iacute;a, desde telegramas, tarjetas postales, hasta largas misivas dirigidas a sus disc&iacute;pulos, amigos y familiares, lo mismo que a los intelectuales de la &eacute;poca. Lo hizo as&iacute; a trav&eacute;s de su larga vida. Son c&eacute;lebres, adem&aacute;s de relevantes historiogr&aacute;ficamente, las cartas a Wilhelm Fliess, Ernest Jones, Albert Einstein, Carl G. Jung, Stefan Zweig, Lou Andreas-Salom&eacute;, entre much&iacute;simos m&aacute;s interlocutores. Desde luego, menci&oacute;n aparte merecen las cartas de amor escritas a su novia y posterior esposa Martha Bernays, lo mismo que a familiares y amigos.<\/p>\n<p>Escribi&oacute; un sinf&iacute;n de misivas y as&iacute; no solamente comunicaba sus sentires personales sino tambi&eacute;n las premisas de sus hallazgos te&oacute;ricos. Se tiene una estimaci&oacute;n de unas 19,000 o 20,000 cartas escritas por el inventor del psicoan&aacute;lisis. Se sabe de cartas que escribi&oacute; desde los 13 a&ntilde;os, y lo hizo en varios idiomas: alem&aacute;n, por supuesto, pero tambi&eacute;n en ingl&eacute;s, franc&eacute;s, hebreo y hasta en espa&ntilde;ol. Como ocurre con la correspondencia que establece con su amigo de su muy temprana juventud, Eduard Silberstein. Juntos compartieron su inter&eacute;s por diversos temas, la literatura, la filosof&iacute;a, la mitolog&iacute;a, la ciencia, etc. Juntos aprendieron el espa&ntilde;ol a partir de la lectura del <em>Quijote<\/em>. Por las cartas sabemos que era tal su admiraci&oacute;n por Cervantes que incluso crearon una &ldquo;Academia espa&ntilde;ola&rdquo; conformada &uacute;nicamente por ellos dos: se llamaban a s&iacute; mismos, Cipi&oacute;n y Berganza, nombres extra&iacute;dos de <em>El Coloquio de los perros <\/em>del mismo Cervantes. Freud era Cipi&oacute;n, el cr&iacute;tico y pedag&oacute;gico, casi como una premonici&oacute;n de lo que vendr&iacute;a a ser m&aacute;s tarde, y su amigo era Berganza, el atrevido y charlat&aacute;n.<\/p>\n<p>Es tambi&eacute;n en una carta a su novia Martha Bernays, del 7 de febrero de 1884, que le cuenta sobre la creaci&oacute;n de esta original <em>Academia Castellana<\/em>. Escribe: &ldquo;Mi dulce ni&ntilde;a, Silberstein estuvo aqu&iacute; de nuevo hoy, tan simp&aacute;tico y buena persona como siempre. Nos hicimos amigos en la &eacute;poca en que la amistad no es ni un deporte ni una convivencia, obedeciendo m&aacute;s bien a la realidad de tener a alguien con quien compartir las cosas. Acostumbr&aacute;bamos estar juntos, literalmente, todas las horas del d&iacute;a que no pas&aacute;bamos en el aula. Aprendimos Espa&ntilde;ol juntos y pose&iacute;amos una mitolog&iacute;a que nos era peculiar, as&iacute; como ciertos nombres secretos que hab&iacute;amos extra&iacute;do de los di&aacute;logos del gran Cervantes [&hellip;] Juntos fundamos una extra&ntilde;a sociedad escol&aacute;stica: la Academia Castellana, compilamos una gran masa de obras humor&iacute;sticas que a&uacute;n deben andar por alg&uacute;n rinc&oacute;n de mis viejos papeles, compartimos nuestros frugales refrigerios y jam&aacute;s nos aburrimos mutuamente&rdquo;.<\/p>\n<p>Adem&aacute;s de la esencia multifac&eacute;tica que Freud nos muestra en sus cartas, tambi&eacute;n nos permite reconocerlo como un agudo observador de la realidad. En sus cartas pasa revista a los m&aacute;s diversos aspectos de la cultura, la pol&iacute;tica y la vida familiar. Tambi&eacute;n por medio de las cartas podemos recorrer las peripecias que habr&aacute;n de sortearse en los or&iacute;genes del movimiento psicoanal&iacute;tico.<\/p>\n<p>Resultan ejemplo de lo anterior las ya ic&oacute;nicas cartas a Martha Bernays (ninguna menor a tres cuartillas). Como es de pensarse, a su amada Martha le escribe con toda la cursiler&iacute;a que se creer&iacute;a ausente en el empe&ntilde;oso hombre de ciencia que era Freud. Le escribe el 14 de julio de 1882, como todo un hombre enamorado: &ldquo;Bella amada, dulce amor: Pongo en tu conocimiento que tu graciosa carta, por la que me autorizas a ir en peregrinaci&oacute;n hasta tus bellos ojos, me han hecho inmensamente feliz y que actualmente preparo mi malet&iacute;n para ir a averiguar si lo &uacute;nico que puedo esperar de ti es una mirada afectuosa o si tambi&eacute;n me conceder&aacute;s un beso de tus labios&rdquo;.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n resultan muy valiosas las cartas que intercambia con su amigo de la juventud intelectual, Wilhelm Fliess, y con su bi&oacute;grafo, Ernest Jones. Lo mismo ocurre con el intercambio epistolar con el genio de Einstein, entre ambos discuten aspectos sobre la guerra y la tendencia criminal en lo humano.<\/p>\n<p>A Fliess le escribe en el tono personal del querido y admirado amigo, aquel que es para Freud como un sol y de los pocos personajes del mundo acad&eacute;mico con quien se siente apoyado en los inicios; le narra los rechazos a los que se ve sometido por el mundo acad&eacute;mico. En una carta del 11 de marzo de 1902 le escribe: &ldquo;Mi querido Wilhelm [&hellip;] Llegu&eacute; a la conclusi&oacute;n de que, muy posiblemente, tendr&iacute;a que esperar la mayor parte de mi vida para que se reconocieran mis m&eacute;ritos y que, mientras tanto, ninguno de mis contempor&aacute;neos ser&iacute;a capaz de alzar un dedo siquiera para defenderme&rdquo;. Y un poco m&aacute;s adelante, en la misma carta: &ldquo;&hellip;decid&iacute; visitar a mi viejo maestro Exner. Estuvo todo lo desagradable que pudo, lindando con la groser&iacute;a; se neg&oacute; a explicarme por qu&eacute; me hab&iacute;an ignorado, y durante todo el tiempo asumi&oacute; la actitud de un alto funcionario&rdquo;.<\/p>\n<p>En la correspondencia con Jones mezcla cuestiones personales con aquellas con car&aacute;cter cient&iacute;fico-pol&iacute;ticos del cada vez m&aacute;s floreciente movimiento. Por ejemplo, le escribe algo de sus desavenencias con Jung el 22 de septiembre de 1912, desde Roma: &ldquo;Pero ya es suficiente de quejas personales y esperanzas. Con respecto al inter&eacute;s cient&iacute;fico que nos une, estoy completamente de acuerdo con usted en que no existe un gran peligro de separaci&oacute;n entre Jung y yo. Empec&eacute; a leer su art&iacute;culo hasta conocer su argumento, p. 174. En ella ver&aacute; que simplemente se apropia de la cuesti&oacute;n y me mal interpreta. Yo nunca elimin&eacute; o cambi&eacute; el significado de la libido, sino que he sido fiel a mi primera definici&oacute;n&rdquo; y m&aacute;s adelante le dice a Jones: &ldquo;O sea, que si usted y la gente de Z&uacute;rich plantean una reconciliaci&oacute;n formal, yo no pondr&eacute; dificultades. Ser&iacute;a s&oacute;lo una formalidad, pues no estoy enfadado con &eacute;l y tambi&eacute;n es seguro que mis antiguos sentimientos por &eacute;l no se pueden recuperar&rdquo;.<\/p>\n<p>En este marco, son dignas de destacarse, entre su correspondencia m&aacute;s importante, los intercambios epistolares que durante 25 a&ntilde;os sostuvo con una mujer de las que marcan &eacute;poca y que conmueve de manera profunda, en muchos sentidos, al padre del psicoan&aacute;lisis. Se trata de la joven rusa de origen alem&aacute;n Lou Andreas-Salom&eacute;.<\/p>\n<p>En su primer intercambio con el Dr. Freud, el 27 de septiembre de 1912, desde G&ouml;ttingen le escribe: &ldquo;Muy estimado se&ntilde;or profesor: Desde que en oto&ntilde;o pasado tuve la oportunidad de asistir al Congreso de Weimar, el estudio del psicoan&aacute;lisis se ha adue&ntilde;ado de m&iacute; y me cautiva tanto m&aacute;s cuanto m&aacute;s voy penetrando en &eacute;l.&rdquo; Despu&eacute;s de semejante declaraci&oacute;n Freud le solicita, en una pr&oacute;xima visita a Viena, seguir sus ense&ntilde;anzas y sumarse al selecto grupo que los mi&eacute;rcoles se reun&iacute;a en su propia casa. Ella se volver&aacute; una de las pioneras del psicoan&aacute;lisis y conocemos los avatares con Freud y con el movimiento gracias a la copiosa correspondencia que con ella mantuvo. Se volvi&oacute; en parte de su familia. Le escribe en medio de la vivencia de guerra, el 30 de julio de 1915: &ldquo;Mi querida Frau Lou: le escribo interrumpiendo por unos momentos el idilio que mi mujer y yo nos hemos empe&ntilde;ado en anudar contra viento y marea; pero que est&aacute; siendo interrumpido a cada momento por exigencia de los tiempos que corremos. [&hellip;] nuestro hijo mayor nos escrib&iacute;a que una bala le hab&iacute;a atravesado la gorra y otra rozado el brazo&hellip;&rdquo;<\/p>\n<p>Muchos aspectos de la vida del inventor del psicoan&aacute;lisis nos ser&iacute;an desconocidos si Freud no hubiera sido un escritor de cartas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con la llegada a la era digital, el g&eacute;nero conocido como epistolar pas&oacute; al olvido. La inmediatez de la comunicaci&oacute;n elimin&oacute; el fascinante tiempo entre mandar y recibir la correspondencia. 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