{"id":383,"date":"2021-04-16T13:42:57","date_gmt":"2021-04-16T13:42:57","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/04\/16\/peregrino-entre-hojas\/"},"modified":"2021-04-16T13:42:57","modified_gmt":"2021-04-16T13:42:57","slug":"peregrino-entre-hojas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/tinta-insomne\/peregrino-entre-hojas\/","title":{"rendered":"Peregrino entre hojas"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>Cuando salgo de viaje desaparezco del mapa. Nadie sabe d&oacute;nde me <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>encuentro. &iquest;En el punto del que part&iacute; o en aquel al que me dirijo? <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>&iquest;Existe un &ldquo;entre&rdquo;? &iquest;No ser&eacute; como ese d&iacute;a perdido cuando volamos <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>al este o esa noche recuperada cuando lo hacemos hacia el oeste? <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>&iquest;Estoy sujeta a la misma ley de la que tan orgullosa est&aacute; la f&iacute;sica <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>cu&aacute;ntica: que una part&iacute;cula puede existir en dos lugares al mismo <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>tiempo? &iquest;o a otra que todav&iacute;a ignoramos: que se puede no existir <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>doblemente en el mismo lugar?<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Olga Tokarczuk, <em>Los errantes<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El concepto de viaje ha cambiado mucho para los hombres de hace siglos y el actual, sin embargo hay algo que se mantiene intacto: el efecto de cambio que el periplo ejerce sobre nosotros. Hace siglos viajar era una cuesti&oacute;n de necesidad m&aacute;s que de placer. Muchos de los viajes en la antig&uuml;edad se realizaban por expediciones militares, forzados por el ostracismo o exilio; en menor medida, algunos eran emprendidos en busca del conocimiento; los viajes tambi&eacute;n estaban asociados a la fe, en los que el trayecto era un mismo acto de creencia para ir a un lugar sagrado con el fin de expiar culpas, y el sendero implicaba purificaci&oacute;n para reintegrar la uni&oacute;n con Dios. Visitar un lugar santo era hasta cierto punto obligatorio para que el creyente reafirmara su fe. El t&eacute;rmino peregrinaci&oacute;n proviene del lat&iacute;n <em>peregrinatio<\/em>, significa viaje al extranjero o estancia en el extranjero. El peregrino, por su origen etimol&oacute;gico es el expatriado o exiliado, un extranjero desconocido en el pa&iacute;s. Tambi&eacute;n era com&uacute;n que muchos de estos desplazamientos o peregrinajes a lugares sagrados se hicieran caminando y en el trayecto los peregrinos hallaran respuesta a las preguntas o soluci&oacute;n a problemas. Las peregrinaciones m&aacute;s conocidas eran &ndash;&ndash;y contin&uacute;an siendo&ndash;&ndash; de los fieles musulmanes a La Meca (el Hach o Hajj), la peregrinaci&oacute;n de los jud&iacute;os ortodoxos al Templo de Jerusal&eacute;n, la de los fieles cat&oacute;licos a Santiago de Compostela, Tierra Santa o El Vaticano. Los creyentes y sabios consideraban la vida misma como un eterno peregrinaje y una formaci&oacute;n de identidad. Nada era tan serio como definir desde una etapa bastante temprana un destino u objetivo, lo que se deb&iacute;a y ten&iacute;a que seleccionar con confianza para punto de llegada, y considerar una l&iacute;nea recta de tiempo por delante que no se curvar&iacute;a o torcer&iacute;a hacia el objetivo. Todo eso ha cambiado. Es hasta en la &eacute;poca moderna que la idea de viaje adquiere un sentido distinto, s&oacute;lo como disfrute o relajaci&oacute;n, sin m&aacute;s prop&oacute;sito espec&iacute;fico que la satisfacci&oacute;n misma y la vanidad de visitar lugares remotos.<\/p>\n<p>Hoy los hombre tienen m&aacute;s de una raz&oacute;n para viajar o trasladarse, a diferencia de hace siglos. El fil&oacute;sofo y ensayista surcoreano Byung-Chul Han se&ntilde;ala que deambular sin punto fijo es com&uacute;n en el hombre actual y hace una reflexi&oacute;n del peregrino en su libro <em>El aroma del tiempo:<\/em> &ldquo;No se siente en casa aqu&iacute;. Por eso siempre est&aacute; en camino hacia alg&uacute;n lugar. Para la modernidad desaparece la diferencia entre aqu&iacute; y all&iacute;, el hombre moderno no avanza hacia un lugar, sino hacia un aqu&iacute; mejor o distinto.&rdquo; (49) El filosofo tambi&eacute;n se&ntilde;ala que en &ldquo;la posmodernidad la falta de teleolog&iacute;a genera formas de movimiento y andares distintos&rdquo; (52). La sabidur&iacute;a del viajero se ha diluido o extraviado. El saber de los viajeros y navegantes, comprendida como un saber m&uacute;ltiple, qued&oacute; sepultado al igual que los grandes exploradores como Am&eacute;rico Vespucci o Alexander von Humboldt. Para el fil&oacute;sofo Zygmunt Bauman, hay una diferencia entre el andar de antes y el andar de ahora.<\/p>\n<p>El viajero ya no tiene que caminar para llegar a su destino. Gracias a los medios de transporte y comunicaci&oacute;n se le ha permitido llegar seguro y r&aacute;pido a casi cualquier parte del mundo en cuesti&oacute;n de horas, o segundos en caso de usar medios digitales. El car&aacute;cter sagrado del viaje est&aacute; casi extinto. Antes, cualquier demora en la gratificaci&oacute;n y alcance del lugar o las metas, as&iacute; como la frustraci&oacute;n, eran un factor vigorizante por la construcci&oacute;n de la identidad. Antes hab&iacute;a una confianza plena en el car&aacute;cter lineal y acumulativo del tiempo para adquirir madurez, experiencia y conocimiento. Hoy no. Todo se vuelve endeble ante el exceso de est&iacute;mulos y atomizaci&oacute;n del tiempo. Hoy no hay un mundo s&oacute;lido para los hombres viajeros ni los establecidos.<\/p>\n<p>La inclinaci&oacute;n hacia la levedad del ser, la adoraci&oacute;n a lo insustancial o instant&aacute;neo, el amor a lo breve y sin esfuerzo, ha vuelto al hombre de hoy caprichoso, sin prop&oacute;sito ni agradecimiento a lo que antes se consideraba un privilegio o bendici&oacute;n. El viajero antiguamente era un h&eacute;roe hecho por s&iacute; mismo, un hombre t&iacute;mido incapaz de resolver su existencia o afrontar sus problemas y que se transformaba al realizar su expedici&oacute;n. El peregrino sufr&iacute;a una metamorfosis, como Abraham en el libro del G&eacute;nesis, cuando emigr&oacute; desde Jar&aacute;n hasta Cana&aacute;n con su familia y sus reba&ntilde;os, cuando Dios le orden&oacute; salir de su tierra en busca de una mejor tierra. O Dante, en la <em>Divina Comedia<\/em>, en su viaje a trav&eacute;s del infierno y el purgatorio para alcanzar el cielo. O mejor a&uacute;n, la excursi&oacute;n interminable del estudiante de ingenier&iacute;a Osman al lado de Canan, la mujer que ama a otro, en el libro <em>La vida nueva<\/em> del escritor turco Orhan Parmuk. O el so&ntilde;ador Alonso Quijano en sus frecuentes salidas en busca de aventuras en <em>Don Quijote de la Mancha<\/em>. O el comerciante de corales Nissen Piczenik, con su obsesiva entrega a los corales y su periplo final hacia el mar que busca redimir errores pasados en <em>El Leviat&aacute;n<\/em>, de Joseph Roth. La lista de viajeros trasmutados es innumerable. La literatura es testigo de ello y nos entrega de forma particular esas peripecias como pasajeros de un s&oacute;lido barco recibiendo de los libros conocimiento y felicidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Bajo el encierro que nos ha mantenido enclaustrados a algunos durante m&aacute;s de un a&ntilde;o, en esta triste cuarentena, cualquier viaje en estos momentos es una salvaci&oacute;n para el alma. Desplazarse en el metro o autob&uacute;s para ir a un parque puede ser en s&iacute; mismo una aventura significativa. M&aacute;s a&uacute;n, hoy tomar un libro implica viajar en un sentido m&aacute;s all&aacute; de lo literal. Significa embarcarnos, aventurarnos, no hallar l&iacute;mites ni direcci&oacute;n alguna que obedezca la raz&oacute;n. La imaginaci&oacute;n se adue&ntilde;a de todo, aprendemos a leer y ver el mundo de otras formas, como lo hicieron anteriores exploradores; hacemos excursi&oacute;n a las experiencias de otros y nos iluminamos con ellas. Reconocemos las palabras, su esencia y las tomamos como un &eacute;xodo al aburrimiento, una confirmaci&oacute;n de fe, gran odisea de la vida, del mundo y del hombre mismo visible s&oacute;lo a trav&eacute;s de p&aacute;ginas. &iquest;Hacia d&oacute;nde se dirige el lector? No lo sabe. Nunca lo sabe, como los antiguos caminantes ciegos de fe, s&oacute;lo sonr&iacute;e porque se halla en una tierra santa multiplicada de palabras expiado de cualquier culpa. Reconoce que est&aacute; en dos lugares a la vez: aqu&iacute; y en el vuelo de su fantas&iacute;a que brinca cual brav&iacute;o peregrino entre hojas. &iexcl;Bienvenido al viaje! Celebra tu camino y &nbsp;no te canses nunca.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando salgo de viaje desaparezco del mapa. 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