{"id":375,"date":"2021-04-14T16:51:20","date_gmt":"2021-04-14T16:51:20","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/04\/14\/psique-y-eros-la-metafora-del-amor\/"},"modified":"2021-04-14T16:51:20","modified_gmt":"2021-04-14T16:51:20","slug":"psique-y-eros-la-metafora-del-amor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/psique-y-eros-la-metafora-del-amor\/","title":{"rendered":"Psique y Eros: la metfora del amor"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>El milagro del amor se realiza en &eacute;l en tanto que se convierte en el deseante.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Jacques Lacan<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Jacopo Zucchi, pintor manierista nacido en Florencia en 1541 realiz&oacute; la obra tard&iacute;a (1589) <em>Amor y Psique<\/em>, tambi&eacute;n llamada <em>Psique sorprende a Amore<\/em>, ilustrando una interpretaci&oacute;n de una escena narrada por Lucio Apuleyo en su <em>Metamorfosis o el asno de oro<\/em>, escrita en el siglo II d.C.<\/p>\n<p>La escena en cuesti&oacute;n es la entrada de Psique a la habitaci&oacute;n donde algunas noches se ha encontrado con su amante (Eros), a quien ten&iacute;a prohibido ver.<\/p>\n<p>En la representaci&oacute;n ella se ve de pie con una l&aacute;mpara en una mano y en la otra una daga.<\/p>\n<p>Ha estado muchas noches con Eros, pero nunca lo ha visto y no puede m&aacute;s con la curiosidad y las ansias de conocerlo que la consumen.<\/p>\n<p>Casi dos siglos antes, tambi&eacute;n en otra&nbsp; <em>Metamorfosis<\/em>, pero ahora la de Publio Ovidio Nas&oacute;n, un largo poema que narra la historia del mundo, en el libro X se relata la historia de Mirra y su padre Cinirias, que es recitada por el divino Orfeo, despu&eacute;s de fallar en el rescate de Eur&iacute;dice de los infiernos.<\/p>\n<p>Mirra se encuentra ya en edad casadera. Su padre le dice que ya es momento que le diga con qui&eacute;n quiere desposarse. Se cuenta que todos los hombres de Oriente, hermosos y poderosos, se disputaban el amor de Mirra, pero no era eso lo que ella deseaba. El objeto de su amor es prohibido e inconfesable. Llorando, narra Ovidio, la desdichada joven encaraba a los dioses con intensidad: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; pasi&oacute;n me enloquece? &iquest;Qu&eacute; deseo hacer? &iexcl;Oh, dioses! &iexcl;Piedad! &iexcl;No permit&aacute;is mi pecado, si pecado es amar a su padre!..&rdquo; As&iacute; se dol&iacute;a la joven Mirra, calificaba como una injusticia el no poder amar a su padre como ella lo deseaba, lamenta su deseo incestuoso. &ldquo;Cinirias es digno de ser amado&hellip; pero &iexcl;&iexcl;yo no lo puedo amar como a un padre!! La sangre me une a &eacute;l&hellip; &iexcl;y la carne! &iexcl;Es m&iacute;o&hellip; y no es m&iacute;o! [&hellip;] Cuando me acaricia, mi sensualidad se enciende&hellip; &iexcl;Ay, c&oacute;mo envidio y odio a mi madre que con &eacute;l ha gozado!&rdquo;<\/p>\n<p>El padre le pregunta a qui&eacute;n ha decidido entregarle su coraz&oacute;n, y ella contesta: &ldquo;&iexcl;A ti le quiero semejante!&rdquo;. Al no encontrar respuesta a sus tormentos amorosos, decide suicidarse. Una anciana que escuch&oacute; sus plegarias la salva y le promete ayudarle en sus pasiones. Lo hace: una noche aprovecha que Cinirias est&aacute; medio borracho y le dice que hay una doncella muy hermosa y llena de amor por &eacute;l. Cinirias, febril, le pide que la haga venir. La anciana le pone una condici&oacute;n a Cinirias para llevarle a su propia hija: ella, la hermosa doncella, quer&iacute;a llegar e irse sin ser vista, sin ser reconocida. As&iacute; se consum&oacute; la relaci&oacute;n. Este clandestino amor tuvo su fruto. Los encuentros se sucedieron muchas noches, hasta que Cinirias no pudo refrenar su deseo de conocerla e ide&oacute; una forma en que las luces de los mecheros se encendieran de pronto, y al ver que era Mirra, su hija, qued&oacute; aterrado, cogi&oacute; su espada y Mirra sali&oacute; huyendo. Amor incestuoso, amor enloquecido. De esa relaci&oacute;n naci&oacute; el hermoso Adonis.<\/p>\n<p>Regresando al cuadro de Jacopo Zucchi, donde Psique sorprende a Eros, ella entra a la habitaci&oacute;n alzando su l&aacute;mpara sobre la cabeza de Eros. Psique es favorecida por el amor de un dios, es un amor extraordinario, pero hay una prohibici&oacute;n: &eacute;l le proh&iacute;be verle. El amor persiste mientras no se realiza. Psique no puede evitarlo, la curiosidad le gana y transgrede la prohibici&oacute;n; empiezan sus desgracias.<\/p>\n<p>Jacques Lacan, en la lecci&oacute;n XVI del Seminario 8, sobre <em>La transferencia<\/em>, bajo el nombre de <em>Psique y el complejo de castraci&oacute;n<\/em>, desarrolla una lectura de esta pintura de Zucchi. Despu&eacute;s de mencionar la cuesti&oacute;n de que Psique irrumpe armada, se&ntilde;ala la ausencia de alas en Psique. Pero sobre todo nos llamar&aacute; la atenci&oacute;n sobre un ramo de flores que aparece en primer plano. Se&ntilde;ala &ldquo;el &oacute;rgano que anat&oacute;micamente debe estar simulado detr&aacute;s de esa masa de flores, a saber, muy precisamente, el falo de Eros&rdquo;. Las flores se&ntilde;alan ocultando lo que es amenazado por la daga de Psique. Para el psicoanalista es claro: se trata de la representaci&oacute;n de la amenaza de castraci&oacute;n, aqu&iacute; de manera directa a lo sexual, porque ya algo hay de esto, nos recuerda Lacan, por ejemplo, en la representaci&oacute;n de <em>Judith<\/em> y la decapitaci&oacute;n de<em> Holofernes<\/em>.<\/p>\n<p>La escena representada en el cuadro del manierista es s&oacute;lo un momento de la novela de Apuleyo. Viene precedida por una fase de la historia que bien podr&iacute;a ser llamada, nos dice Lacan, como etapa de &ldquo;la felicidad de Psique&rdquo;, aunque tambi&eacute;n ah&iacute; hay una adversidad: Psique es considerada tan bella como Venus; la diosa sufre en su vanidad por esa comparaci&oacute;n y le encarga a su hijo Eros que la lleve a la cima del monte y la entregue a un monstruo. Sin embargo, en la encomienda &eacute;l queda prendado de ella, la rapta y la lleva a lo m&aacute;s oscuro de una gruta, y entonces Psique todas las noches disfruta de Eros, conoce la felicidad de los dioses. Hay un pacto que sostiene esta relaci&oacute;n imposible, se trata de una prohibici&oacute;n: la condici&oacute;n para que se encuentren carnalmente es que ella nunca lo vea. La joven, sin embargo, es curiosa y desobediente, e incitada por sus hermanas, decide armarse de una l&aacute;mpara y una daga y as&iacute; revelar el misterio.<\/p>\n<p>El resultado es que Eros huye cuando es visto. Psique ha perdido lo que gozaba. Eros, el objeto de amor, se ha perdido y, sin embargo, ense&ntilde;a Lacan, es ahora que &ldquo;Psique empieza a vivir como Psique&rdquo;. Es decir, no simplemente provista de ese don que es la belleza que le lleva a competir con Venus, ni tampoco aferrada a una promesa de felicidad; por el contrario, adviene &ldquo;como sujeto de un <em>pathos<\/em> que es propiamente hablando el alma&rdquo;, se hace de un alma s&oacute;lo en el momento en que &ldquo;el deseo que le ha colmado se escapa y huye de ella&rdquo;.<\/p>\n<p>El alma (el falo, dir&iacute;amos desde el psicoan&aacute;lisis) es lo que organiza la existencia y, m&aacute;s a&uacute;n, es lo que da estructura y din&aacute;mica al sujeto; dicho de otra manera, le otorga existencia sexuada al sujeto. Dado que, seg&uacute;n Freud, donde el deseo se presenta como deseo es en el plano del deseo sexual. Por ello, Lacan le hace coincidir en su surgimiento con el drama de la castraci&oacute;n y lo marca como un momento hist&oacute;rico en la vida del sujeto, es decir, como un drama que marca en la dimensi&oacute;n significante; marca que posibilita que el sujeto ocupe un lugar como deseante, que se ubique en una dimensi&oacute;n inconsciente.<\/p>\n<p>En Psique se produce una met&aacute;fora, de ser el objeto de amor: la que es raptada, pasa a la acci&oacute;n, pone en juego su deseo de saber con qui&eacute;n se encuentra amorosamente, es cuando lo sabe que el objeto falta. Lacan en el seminario 8, haciendo referencia a <em>El banquete o sobre la er&oacute;tica<\/em> de Plat&oacute;n, dir&aacute; que el amor es una met&aacute;fora, se produce cuando quien ocupa el lugar de objeto de amor (Er&oacute;menos) se transforma en el amante (Erast&eacute;s). En el cuadro de Jacopo Zucchi es lo que queda oculto por las flores, el significante que falta, lo que organiza la escena, lo que introduce el enigma que se revela y se pone a la luz en primer plano en la relaci&oacute;n entre Psique (el alma) y Eros (el amor).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El milagro del amor se realiza en &eacute;l en tanto que se convierte en el deseante. 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