{"id":339,"date":"2021-03-23T14:23:26","date_gmt":"2021-03-23T14:23:26","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/03\/23\/la-mujer-es-el-negro-del-mundo\/"},"modified":"2021-03-23T14:23:26","modified_gmt":"2021-03-23T14:23:26","slug":"la-mujer-es-el-negro-del-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/la-mujer-es-el-negro-del-mundo\/","title":{"rendered":"La mujer es el negro del mundo"},"content":{"rendered":"<p><em>&ldquo;La mujer es el negro del mundo. S&iacute; ella es&hellip; piensa sobre eso.<\/em><\/p>\n<p><em>La mujer es el negro del mundo. Piensa en eso&hellip; haz algo al respecto&rdquo;<\/em><\/p>\n<p>John Lennon<\/p>\n<p><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n<p><em>&ldquo;&hellip;es que la mujer, no se sabe lo que es, <\/em><\/p>\n<p><em>tiene domicilio desconocido&rdquo; <\/em><\/p>\n<p>Jacques Lacan<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>I<\/strong><\/p>\n<p>Para leer los fen&oacute;menos de la cultura el psicoan&aacute;lisis se ha constituido como una pr&aacute;ctica dial&oacute;gica. Sus postulados te&oacute;ricos se sostienen en constante di&aacute;logo con otras disciplinas que abordan lo social.<\/p>\n<p>Un ejemplo de ello es que en 1919, para abordar lo siniestro (<em>Unheimlich<\/em>), Sigmund Freud, el inventor del psicoan&aacute;lisis, hace referencia a una disciplina que es propia de la filosof&iacute;a: la est&eacute;tica.<\/p>\n<p>Freud, en <em>Lo siniestro<\/em>, se&ntilde;ala que la est&eacute;tica se ha detenido preferentemente en lo bello y lo grandioso; en cambio, no repara en lo repulsivo o penoso. Sin embargo, dice, la v&iacute;a de la est&eacute;tica no tiene por qu&eacute; desecharse para abordar esas experiencias extremas que se producen en el sentir ante lo informe, lo oscuro, lo abismal, lo desproporcionado, lo monstruoso, lo grotesco. &nbsp;<\/p>\n<p>En lo siniestro, <em>unheimlich<\/em>, se incluye a su contrario, <em>Heimlich<\/em>, es decir, algo que nos resulta familiar, agradable, pero es al mismo tiempo algo oculto (recordemos que <em>Apocalipsis<\/em> en griego significa &ldquo;sacar el objeto de su escondite), y se refiere a un miedo de la infancia que hemos olvidado y que vuelve a asolarnos con su terrible rostro familiar. Lo siniestro genera atracci&oacute;n y repulsi&oacute;n al mismo tiempo. Propongo que eso ocurre con la presencia de lo femenino (eso que debiendo estar oculto se hace presente): deviene como algo siniestro para la sociedad en su conjunto.<\/p>\n<p>Freud, en el texto sobre <em>Lo siniestro<\/em>, hace un recuento de lo que nos resulta ominoso. Para muchos sujetos, la muerte, los cad&aacute;veres y el retorno de los muertos nos colocan ante lo m&aacute;s siniestro. En esta serie, con frecuencia tambi&eacute;n se ubica a la visi&oacute;n de los genitales femeninos como algo ominoso. Freud asocia esta angustia ante lo femenino como la experiencia de nostalgia de aquello que nos resulta familiar, los genitales o el vientre materno en el que alguna vez se vivi&oacute;. Del que podemos decir con propiedad, nos dice Freud: &ldquo;ya estuve ah&iacute; una vez&rdquo;. Freud lo reconoce desde hace mucho, la mujer est&aacute; asociada al mal, a <em>lo ominoso<\/em>; la mujer es el negro del mundo, como dice John Lennon.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n<p>En la clase del 10 de enero de 1960, en el Seminario VII, <em>La &eacute;tica del psicoan&aacute;lisis<\/em>, Lacan introduce un neologismo que nos conduce al coraz&oacute;n de lo siniestro. Se trata del t&eacute;rmino <em>&eacute;xtimo <\/em>que nos remite a lo &iacute;ntimo (lo m&aacute;s propio) y lo m&aacute;s extra&ntilde;o al mismo tiempo. Se refiere a lo que nos es m&aacute;s propio y que nos resulta, sin embargo, absolutamente ajeno. Nuestra muerte ser&iacute;a el ejemplo por antonomasia: es lo m&aacute;s propio y lo m&aacute;s extra&ntilde;o al mismo tiempo. Lacan inventa lo &eacute;xtimo a partir de aplicar el prefijo ex (exterior) a la palabra intimidad para se&ntilde;alar <em>algo<\/em> que est&aacute; tanto dentro como fuera. De esta manera, lo Otro es algo extra&ntilde;o al sujeto y al mismo tiempo constituye su n&uacute;cleo. La propuesta aqu&iacute; es que, para todo sujeto, la condici&oacute;n femenina adquiere car&aacute;cter de &eacute;xtima: es lo m&aacute;s ajeno, pero al mismo tiempo es lo m&aacute;s propio del sujeto. Se encuentra en el n&uacute;cleo e inicio de sus identificaciones narcisistas. Lo femenino es lo m&aacute;s familiar y al mismo tiempo lo m&aacute;s desconocido para todo sujeto: es lo m&aacute;s real, lo m&aacute;s cercano a la muerte. La mujer (lo femenino) es el negro del mundo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>III <\/strong><\/p>\n<p>En un art&iacute;culo de Freud denominado <em>El motivo de la elecci&oacute;n del cofre<\/em>, muestra diversas escenas donde hay que elegir entre tres mujeres, como tres cofrecillos (oro, plata y cobre). La elegida es siempre la tercera mujer. Una mujer que &ldquo;ama y calla&rdquo;. A esta tercera elegida tambi&eacute;n la identifica con <em>Atropos<\/em>, la inexorable, la muerte. En algunas mitolog&iacute;as esa tercera mujer tambi&eacute;n, contradictoriamente, es hermosa, prudente, fiel. Se trata de lo femenino-materno asociado a la muerte.<\/p>\n<p>Es imposible dejar de encontrar resonancias de este trabajo de Freud &mdash;donde se asocia lo femenino con la muerte&mdash; con el horror a la castraci&oacute;n se&ntilde;alado en <em>El tab&uacute; de la virginidad, <\/em>de 1917, y tambi&eacute;n con otro, <em>La cabeza de la medusa, <\/em>de 1922, donde Freud considera el horror a los genitales femeninos como el horror ante la castraci&oacute;n de la madre. En los tres se aborda b&aacute;sicamente el horror y rechazo a la diferencia sexual.<\/p>\n<p>La sexualidad femenina se present&oacute; ante Freud como un enigma hasta el final de su producci&oacute;n te&oacute;rica: <em>el continente oscuro <\/em>le llam&oacute;. La mujer es un discurso sin lugar; no se sabe qu&eacute; es la mujer. Tiene domicilio desconocido, se&ntilde;ala Lacan. La condici&oacute;n femenina ha sido asociada a la noche, la oscuridad, la maldad. Se le atribuyen comercios sexuales con el diablo, etc. Esto se puede constatar a lo largo de la historia e incluso en las narraciones mitol&oacute;gicas: las mujeres han sido perseguidas por oponerse a la legalidad social de los hombres. La mujer es el negro del mundo.<\/p>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p><strong>IV<\/strong><\/p>\n<p>Sabemos que Freud inventa el psicoan&aacute;lisis a partir de escuchar a las hist&eacute;ricas que hablan con su cuerpo de la sexualidad que les es silenciada. Mientras que Jacques Lacan se introduce al psicoan&aacute;lisis a partir de escuchar a las psic&oacute;ticas. Aquellas cuya voz es acallada porque rompen con el orden de la raz&oacute;n. Ambos psicoanalistas dan un lugar en la escucha a lo silenciado.<\/p>\n<p>Lacan ha planteado la existencia de dos dimensiones del goce: un goce llamado f&aacute;lico y otro con car&aacute;cter suplementario. Hel&iacute; Morales, en su libro <em>Otra historia de la sexualidad<\/em>, ense&ntilde;a que el primero est&aacute; sometido a un &oacute;rgano determinado y una temporalidad marcada por la eyaculaci&oacute;n. El segundo es un goce abierto al infinito, cuya geograf&iacute;a no est&aacute; limitada a un &oacute;rgano, sino que todo el cuerpo se vuelve terreno de lo er&oacute;tico. Esta distinci&oacute;n de goces es lo que hace que haya algo de insoportable en el goce del cuerpo, en el goce femenino. Se trata entonces de un goce ligado al exceso. Si lo f&aacute;lico introduce orden, lo suplementario est&aacute; ligado a lo fuera de orden. As&iacute;, lo f&aacute;lico nos introduce al mundo; lo suplementario, el goce femenino, nos conduce a lo in-mundo.<\/p>\n<p>El odio a la mujer es consecuencia de la imposibilidad de decirla toda, de controlarla; ese goce suplementario escapa al saber, se escabulle, es inasible, y eso es insoportable. Ante ello, las mujeres han sido colocadas del lado de lo grotesco, portadoras de la gruta de lo indecible, producen horror, son embajadoras de lo siniestro. Ante la imposibilidad de escucharlas, una por una, la opci&oacute;n a la que se ha recurrido es a su silenciamiento, incluso por la v&iacute;a de la muerte. &ldquo;La mujer es la esclava de los esclavos. Si me crees&hellip;. es mejor que grites sobre eso&hellip;&rdquo;, escribe y canta John Lennon.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>V<\/strong><\/p>\n<p>Hasta Freud, no se escuchaba a las mujeres, en su singularidad, una por una, en particular a aquellas que quedan por fuera del orden y la raz&oacute;n. Este silenciamiento de su singularidad constituye el n&uacute;cleo de la misoginia. Las relaciones de dominio se dan a partir de un rechazo a la palabra. Y la palabra es femenina, es diferencia.<\/p>\n<p>Pero &iquest;qu&eacute; es lo que no se escucha en las mujeres?, &iquest;qu&eacute; es lo que produce tanto horror y rechazo? Quiz&aacute; sea justamente que en el centro mismo de la constituci&oacute;n ps&iacute;quica de la mujer se encuentra <em>Nada<\/em>. Lo indecible que le habita, lo que la acerca a Dios, y al Diablo, y a lo real. Un cuerpo sin centro, un discurso sin sentido, eso es una mujer.<\/p>\n<p>Todo discurso es un discurso dominante y la mujer, o lo femenino, representa la alteridad a todo discurso dominante. La mujer es un s&iacute;ntoma para un hombre, seg&uacute;n Lacan. Y eso es justamente lo que se vive con recelo, no se sabe qu&eacute; con ellas: &iexcl;gozan demasiado! Es justamente esta condici&oacute;n de gozante sin l&iacute;mites, sin tiempo ni localizaci&oacute;n corporal de su goce, lo que no se soporta. Lo que no se soporta de las mujeres (para hombres y mujeres) es lo que le falta. Lo insoportable es el <em>no todo<\/em> que les habita.<\/p>\n<p>Quien se coloca del lado del tener (el control, el poder, el falo como dice el psicoan&aacute;lisis) est&aacute; siempre amenazado con perder. Es por ello que act&uacute;a en defensa contra aquello que lo amenaza con su demanda excesiva y enigm&aacute;tica. Las respuestas del var&oacute;n son tres: la huida, la impotencia o la aniquilaci&oacute;n de quien lo angustia con su demanda.<\/p>\n<p>Sin embargo, en las &uacute;ltimas fechas, somos testigos de una nueva salida: el hombre reacciona &ldquo;haci&eacute;ndose feminista&rdquo;, coloc&aacute;ndose de &ldquo;su lado&rdquo;, el de todas, como si fueran iguales, como si tuvieran causa com&uacute;n. As&iacute;, en lugar de escucharlas en su singularidad, se identifican con una masa pol&iacute;ticamente correcta. Es decir, se feminizan para no escuchar la singularidad de la condici&oacute;n femenina.<\/p>\n<p>Lo radical y peligroso de esta acci&oacute;n es que el var&oacute;n, identific&aacute;ndose con ellas como si fuera <em>ella<\/em>, negando la diferencia, contribuye a no escuchar su singularidad: lo que las hace diferentes, una por una.<\/p>\n<p>La ola de feminicidios que azota al mundo es una expresi&oacute;n m&aacute;s del odio que las mujeres han suscitado a lo largo de la historia de la humanidad.<\/p>\n<p>Las pol&iacute;ticas sociales no pueden enderezarse sin atender, creo, las siguientes cuestiones:<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; hacer con aquellas que ponen en cuesti&oacute;n el orden establecido? &iquest;C&oacute;mo vivir, ahora, con dos discursos cuando la humanidad casi toda ha vivido con uno solo? &iquest;Qu&eacute; lugar damos a esa forma de <em>Ser <\/em>sostenida desde el <em>no todo<\/em> por poco m&aacute;s de la mitad de la humanidad?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&ldquo;La mujer es el negro del mundo. 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