{"id":335,"date":"2021-03-19T16:17:03","date_gmt":"2021-03-19T16:17:03","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/03\/19\/mucho-mas-que-historia-elena-garro\/"},"modified":"2021-03-19T16:17:03","modified_gmt":"2021-03-19T16:17:03","slug":"mucho-mas-que-historia-elena-garro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/gorilas-en-trova\/mucho-mas-que-historia-elena-garro\/","title":{"rendered":"Mucho ms que historia, Elena Garro"},"content":{"rendered":"<p>&iquest;Se imagina perder sus metacarpos o su f&eacute;mur porque una ni&ntilde;a se lo ha llevado para jugar y no quiere devolverlo? Elena Garro agreg&oacute;, a estas peque&ntilde;as aventuras, otras de larga duraci&oacute;n en una obra de teatro de un solo acto.<\/p>\n<p>En <em>Un hogar s&oacute;lido<\/em>, drama escrito por Elena Garro, la ni&ntilde;a Catita, de cinco a&ntilde;os de edad, con su vestido blanco, antiguo, se lleva los huesos de Clemente para divertirse con ellos.<\/p>\n<p>De la misma manera, y con id&eacute;ntico prop&oacute;sito, toma la clav&iacute;cula de su sobrina Gertrudis (40 a&ntilde;os), esposa de Clemente (60 a&ntilde;os), quien es hija de su hermana Jesusita.<\/p>\n<p>En esta ocasi&oacute;n, los mencionados muestran un inter&eacute;s desusado en sus huesos.<\/p>\n<p>El apuro se debe a que recibir&aacute;n visitas y, como gente bien educada, est&aacute;n obligados a dar la mejor imagen.<\/p>\n<p>Adem&aacute;s, acoger&aacute;n a un nuevo hu&eacute;sped, a quien no han visto en todo el tiempo que llevan muertos.<\/p>\n<p>Porque ha de saber que durante a&ntilde;os esta familia, igual que muchas otras, se mantiene unida, aun despues de la muerte, compartiendo la misma tumba.<\/p>\n<p>Desde luego, esto le pondr&aacute; sobreaviso respecto a la conveniencia de contar con una cripta m&aacute;s o menos amplia, ya que el hacinamiento provoca algunos descontentos, al punto de que Jesusita, conocida como &ldquo;mam&aacute; Jesusita&rdquo;, insin&uacute;a que ser&iacute;a mejor optar por la incineraci&oacute;n; la dama act&uacute;a con mucha modernidad, &iquest;no lo cree?<\/p>\n<p>Catita escucha las pisadas y golpes sobre el techo, que viene siendo la losa de la tumba. Entonces se pregunta, &iquest;se presentar&aacute; do&ntilde;a Difteria, que es quien la llev&oacute; a ese lugar, o se tratar&aacute; de San Miguel Arc&aacute;ngel?<\/p>\n<p>Mientras tanto, se suceden remebranzas y reproches mutuos.<\/p>\n<p>Mam&aacute; Jesusita (80 a&ntilde;os) se queja de no poder levantarse de la litera empotrada en el muro, porque se les ocurri&oacute; enterrarla con camis&oacute;n y cof&iacute;a, lo que la hace impresentable.<\/p>\n<p>Se inquieta ante la cercan&iacute;a de su primo Vicente (23 a&ntilde;os), quien le recuerda la ocasi&oacute;n en que bailaron y, por mera casualidad, la boca de &eacute;l rozaba el cuello de ella. Ante esta confidencia, le ordena dejar esas tonter&iacute;as. &iquest;Qu&eacute; dir&iacute;a su marido, Ram&oacute;n (que Dios tenga en su santa gloria), enterrado en Dolores?<\/p>\n<p>Catita recrimina el abandono en que la dejaron, cuando la lanzaron a esa b&oacute;veda. Agrega que a pesar de que lleg&oacute; Vicente, &eacute;ste no jugaba con ella y tampoco charlaba con Eva porque es extranjera. Ante lo cual, Vicente, con su uniforme militar juarista, asegura que Catita es tan traviesa que, en aquella &eacute;poca, ya extra&ntilde;aba a los franceses. Expone que Eva no conversaba con nadie, ni con &eacute;l. Y Eva, cu&ntilde;ada de Clemente, vestida con traje de viaje de 1920, se excusa sosteniendo que se sent&iacute;a cohibida.<\/p>\n<p>Por su parte, Mam&aacute; Jesusita aclara a Catita que, cuando ambas eran ni&ntilde;as, jugaban. Llor&oacute; mucho su deceso; m&aacute;s tarde, se mudaron a la ciudad de M&eacute;xico; posteriormente vino la Revoluci&oacute;n; por eso no pudieron regresar a saludarla.<\/p>\n<p>En esta obra, publicada en 1958, la dinast&iacute;a de Mam&aacute; Jesusita y Ram&oacute;n queda encadenada al proceso hist&oacute;rico de M&eacute;xico: las guerras de la &eacute;poca de Ju&aacute;rez, incluyendo la librada contra los franceses (1862); la Revoluci&oacute;n Mexicana (1910-1930); hasta llegar a la actualidad.<\/p>\n<p>Aunque no se trata de una cr&oacute;nica, indudablemente, gracias al vestuario y a los eventos narrados, se comprende c&oacute;mo las personas comunes participan, sin querer, en la vida cotidiana de una naci&oacute;n, y c&oacute;mo sobreviven a todo esto.<\/p>\n<p>Lo que sirve para asimilar que el ser humano es mucho m&aacute;s que la historia.<\/p>\n<p>A esta complejidad, Garro suma los datos propios de una ofrenda, que dan cohensi&oacute;n a los planos habitados por los personajes. Veamos:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al abrirse el techo de la cripta, todos ven un c&iacute;rculo de luz, por el que desciende Lidia, a quien llam&aacute;n Lil&iacute;.<\/p>\n<p>Lidia (32 a&ntilde;os) es prima de Muni, un joven de 28 a&ntilde;os, de piel color azul y cabellos rubios, vestido de pijama, hijo de Eva.<\/p>\n<p>Al hacerse las presentaciones, Lidia reconoce a Catita, a Vicente y a Eva.<\/p>\n<p>De la primera, dice haber tenido su retrato sobre el piano, con su vestido blanco. Del t&iacute;o Vicente rememora su uniforme y una cajita con su medalla, en la sala. Y evoca a la t&iacute;a Eva, con su sombrilla y su sill&oacute;n meci&eacute;ndose a&uacute;n despu&eacute;s de muerta.<\/p>\n<p>Es decir, seg&uacute;n la autora, los objetos de los ya fallecidos, se conservan pr&aacute;cticamente en el mismo sitio donde acostumbraban usarlos, como una especie de homenaje a sus vidas; perpetuando sus im&aacute;genes para preservar un di&aacute;logo con ellos o para emplazar a quienes no se conoci&oacute;, como la peque&ntilde;a Catita o el t&iacute;o Vicente.<\/p>\n<p>Por eso la ofrenda no es tr&aacute;gica, sino que ayuda a mantener viva la memoria, al punto de que Lidia pudo identificar a sus parientes.<\/p>\n<p>Ahora bien, tras tan bonitos saludos y reminiscencias, los personajes quedan sorprendidos, al saber que el encargado de dar sepultura es don Gregorio de la Huerta Ram&iacute;rez y Puente, quien le habla de &ldquo;t&uacute;&rdquo; a Lidia, porque est&aacute; de moda referirse de esta forma a los difuntos.<\/p>\n<p>Encima, es el Presidente de la Asociaci&oacute;n de ciegos, de la Banca, de los caballeros de Colon, de la Ceguera, de la Bandera y del Dia de la Madre.<\/p>\n<p>En otras palabras, se estila la creaci&oacute;n de muchas asociaciones, cuya direcci&oacute;n y utilidad est&aacute;n en manos de un &uacute;nico hombre.<\/p>\n<p>De esta suerte, &ldquo;Un hogar s&oacute;lido&rdquo; muestra la manera en que las antiguas y nuevas generaciones van comunicando los cambios y adapt&aacute;ndose a ellos, sin que la sorpresa los paralice, pues dedican muy poco espacio a cualquier cuestionamiento que pudieran tener. No obstante, hay otros temas que fusionan a todo el linaje:<\/p>\n<p>Muni precisa que en vida quer&iacute;a una ciudad s&oacute;lida:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>&hellip; Yo queria una ciudad alegre, llena de soles y de lunas. Una ciudad solida, como la casa que tuvimos de ninos, con un sol en cada puerta, una luna para cada ventana y estrellas errantes en los cuartos. &iquest;Te acuerdas de ellas, Lili? Tenia un laberinto de risas. Su cocina era cruce de caminos; su jardin, cauce de todos los rios; y ella toda el nacimiento de los pueblos&#8230; <\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Su madre, Eva, afirma:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>&hellip;Tambien yo, Muni, hijo mio, queria un hogar solido. Una casa que el mar golpeara todas las noches, &iexcl;bum! &iexcl;bum!, y ella se riera con la risa de mi padre llena de peces y de redes&hellip;<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lidia comparte haber tenido el mismo deseo, al que califica de imposible. Ante lo cual Clemente le responde:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>&hellip;&iquest;Lili, no estas contenta? Ahora tu casa es el centro del sol, el corazon de cada estrella, la raiz de todas las hierbas, el punto mas solido de cada piedra&hellip;<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y Muni, la anima:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>&hellip;Si, Lili, todavia no lo sabes, pero de pronto no necesitas casa, ni necesitas rio. No nadaremos en el Mezcala, seremos el Mezcala&hellip;<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Asimismo todos sus parientes le informan que debe &ldquo;esperar&rdquo;, igual que ellos, en tanto no llegue el juicio final. Le explican qu&eacute; hacen en esa &ldquo;espera&rdquo;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Querido lector, si Usted fuera alguno de esos personajes, &iquest;en qu&eacute; invertir&iacute;a su &ldquo;espera&rdquo;? Le advierto que la creadora, Garro, haciendo gala de una gran imaginaci&oacute;n, propone muchas y variadas opciones (por cierto, le conviene leerlas), sin que quepa lo infructuoso ni lo est&eacute;ril; por cierto, tenga presente: robar los huesos de los dem&aacute;s no cuenta como algo productivo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Elena Garro, dramaturga, ensayista, cuentista, poeta, traductora y periodista, nacida en Puebla, se atreve con gran maestr&iacute;a a tocar los estratos de la ofrenda mexicana; la vida en la tierra, en el inframundo y en el cielo; creando una amalgama con el linaje y la naci&oacute;n.<\/p>\n<p>Ficci&oacute;n en la que la cotidianidad de cada personaje y del grupo es soportada y superada por las angustias y creencias exteriorizadas; sobre todo por la idea de un principio creador, por la integraci&oacute;n del ser al resto del universo y por la certeza de un futuro extraordinario; de modo que los signos exteriores resultan naturales, por ejemplo, que el sill&oacute;n de Eva continuara meci&eacute;ndose a&uacute;n despu&eacute;s de su deceso.<\/p>\n<p>O bien, que durante la &ldquo;espera&rdquo; sea posible disfrutar de un estado maravilloso, como lo deja entrever, cuando Clemente y Muni comentan a Lidia que ella es el centro del sol, de cada estrella y el Mezcala mismo.<\/p>\n<p>Eso implica el por qu&eacute; hay cosas que parecen superficiales o triviales, mas no lo son.<\/p>\n<p>Si Usted tuviera que presentarse ante Dios, &iquest;qu&eacute; ropas llevar&iacute;a? o, tal vez, como Mam&aacute; Jesusita, ordenar&iacute;a:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>&hellip;&iexcl;Catita! Ven aca y puleme la frente; quiero que brille como la estrella polar. Dichoso el tiempo en que yo corria por la casa como una centella, barriendo, sacudiendo el polvo que caia sobre el piano, en enganosos torrentes de oro, para luego, cuando ya cada cosa relucia como un cometa, romper el hielo de mis cubetas dejadas al sereno, y banarme con el agua cuajada de estrellas de invierno&hellip;<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En todo caso, valdr&iacute;a la pena rodearse del arte de Elena Garro; es probable que descubra que &ldquo;su casa es el centro del sol&rdquo; y que la obras de teatro en un solo acto son intensas y divertidas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&iquest;Se imagina perder sus metacarpos o su f&eacute;mur porque una ni&ntilde;a se lo ha llevado para jugar y no quiere devolverlo? Elena Garro agreg&oacute;, a estas peque&ntilde;as aventuras, otras de larga duraci&oacute;n en una obra de teatro de un solo acto. 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