{"id":3306,"date":"2026-06-02T20:52:08","date_gmt":"2026-06-02T20:52:08","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/?p=3306"},"modified":"2026-06-02T20:52:10","modified_gmt":"2026-06-02T20:52:10","slug":"la-lagrima","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/narrativa\/la-lagrima\/","title":{"rendered":"La l\u00e1grima"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Observo su espalda. Veo en su parte baja una ligera curvatura que la hunde un poco. Por todo lo largo del dorso se escurre el lazo de la honda, arma con la que piensa atacar, misma que, en su pecho, sujeta con su mano izquierda. Contemplo las cuatro costillas, las perfectas nalgas que, imagino, Miguel \u00c1ngel admiraba. Observo con calma su magnificencia. Distingo ojo, oreja y hombro, izquierdos todos. Me embelesa su tambi\u00e9n izquierda pantorrilla, la \u00fanica descubierta. La diestra la cubre el tronco de un \u00e1rbol cercenado, supongo, en alguna batalla. Miro su mano derecha, que empu\u00f1a el poderoso proyectil, con \u00e9l enfrentar\u00e1 al gigante. Veo su rostro, creo que me vigila, pero solo lo creo, pues no pierde el enfoque de su mirada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estoy convencido que \u00e9l observa al adversario, seguro de que lo impacta su espectacular tama\u00f1o y no le teme, pues ya lo ha retado y el tit\u00e1n lo espera confiado y soberbio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Debe ser tan grande, quiz\u00e1s el doble de mi tama\u00f1o, piensa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su ce\u00f1o fruncido indica un compromiso profundo: enfrentar al gigante, atacarlo, derrotarlo. Sabe que solo tendr\u00e1 un disparo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No debo fallar, debo ser certero, se dice.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Calcula distancia y fuerza del impacto. Estima cuarenta pasos hasta la victoria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Once giros bastar\u00e1n para quebrar su cr\u00e1neo, cavila ensimismado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su mirada permanece fija en el colosal contrincante, no parpadea, no se distrae, solo un objetivo hay ahora en su destino. El silencio cubre el campo de batalla, lo \u00fanico que rompe la afon\u00eda reinante es su respiraci\u00f3n, su tranquila y pausada respiraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuarenta pasos, once giros, un disparo, define en su mente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aprieta el pu\u00f1o de su mano derecha, siente el ob\u00fas y se decide. Caminar, correr para enfrentarlo, girar la honda con su brazo izquierdo, soltar el disparo. La l\u00e1grima escurre por su rostro, cae lenta, desafiando la gravedad, hasta llegar a la comisura de sus labios. Al instante, lo invade la pena por la inminente muerte del tit\u00e1n. Sabe que la colisi\u00f3n entre el proyectil y la testa del rival ser\u00e1 devastadora. Un solo golpe, directo en la frente y \u00e9l, sin remedio, morir\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Florencia, mayo 2026.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Observo su espalda. Veo en su parte baja una ligera curvatura que la hunde un poco. Por todo lo largo del dorso se escurre el lazo de la honda, arma con la que piensa atacar, misma que, en su pecho, sujeta con su mano izquierda. 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