{"id":3275,"date":"2026-05-15T18:54:20","date_gmt":"2026-05-15T18:54:20","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/?p=3275"},"modified":"2026-05-15T18:54:22","modified_gmt":"2026-05-15T18:54:22","slug":"el-pueblo-que-no-existe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/escribir-para-divulgar\/el-pueblo-que-no-existe\/","title":{"rendered":"El pueblo que no existe"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Lunes 27 de noviembre de 1995.<\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>9 de la ma\u00f1ana.<\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sebasti\u00e1n entr\u00f3 a la cocina de la Yollotlcalli, la Casa del Coraz\u00f3n, y alcanz\u00f3 a escuchar a Don Perico decir:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1Mientras yo tenga entre mis amigos a un abogado, una m\u00edstica y un polic\u00eda, yo me peleo con quien me da la gana!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Sebasti\u00e1n, querido, \u00a1qu\u00e9 bueno que viniste! \u2014Don Perico y Pepita se voltearon y lo abrazaron efusivos, lo que distrajo a Sebasti\u00e1n de analizar la frase. \u00bfPor qu\u00e9 dir\u00eda algo as\u00ed antes de irse?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sebasti\u00e1n estaba un poco mosqueado. Hab\u00eda venido a despedirlos porque sal\u00edan de viaje por su cuarto aniversario de bodas, pero apenas el s\u00e1bado los hab\u00eda visto, cuando fue a ver con ellos <em>Pulp fiction<\/em> en su VHS y se quedaron hasta tarde discutiendo si lo que vieron era comedia negra o neo-noir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El desayuno transcurri\u00f3 de lo m\u00e1s normal. Ayud\u00f3 a abrir la reja para que saliera el Tsuru que hab\u00edan rentado para el viaje. \u201cNo nos vaya a dejar tirados el Tigre\u201d, hab\u00eda dicho Don Perico cuando vio que Sebasti\u00e1n levantaba una ceja al notar que no llevaban el vocho sino el otro carro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo listo, pero antes de subir al auto Don Perico se acerc\u00f3 a Sebasti\u00e1n y lo abraz\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Si pasa algo, busca a Maga\u00f1a. El sabr\u00e1 que hacer \u2014le dijo despu\u00e9s de soltarlo a rega\u00f1adientes. Subi\u00f3 al auto y se alej\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sebasti\u00e1n alcanz\u00f3 a ver la carita triste de Pepita despidi\u00e9ndose con la mano. No dejaba de pensar en que esa despedida fue m\u00e1s emotiva de lo habitual.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cerr\u00f3 la reja, entr\u00f3 a revisar que no hubiera nada mal puesto, y se fue a su departamento-taller a trabajar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cinco d\u00edas despu\u00e9s, el s\u00e1bado 2 de diciembre, Sebasti\u00e1n fue a la casa de la pareja como siempre, a la hora de la comida, pero a diferencia de la \u00faltima vez, la casa estaba vac\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Revis\u00f3 el registro de las c\u00e1maras de seguridad y qued\u00f3 claro que no hab\u00edan regresado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se preocup\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Busc\u00f3 en la cocina la tarjeta de la agencia de renta de autos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1No lo hab\u00edan devuelto el viernes!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">To\u00f1o, su amigo polic\u00eda, no le pod\u00eda recibir la llamada ya que estaba en una junta de seguridad. Fue cuando record\u00f3 que ten\u00eda que llamar a Maga\u00f1a. Busc\u00f3 el n\u00famero en su libretita azul y marc\u00f3. No estaba, dej\u00f3 mensaje con Memo, el mesero de la torter\u00eda-cantina El Jirofle, que hac\u00eda de secretario del abogado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por primera vez en su vida, Sebasti\u00e1n sent\u00eda p\u00e1nico. Desde hace a\u00f1os Perico y Pepita eran como sus pap\u00e1s adoptivos, el cari\u00f1o era mutuo y perderlos era algo inconcebible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Maga\u00f1a, \u201cel abogado de mucha ma\u00f1a\u201d, no se sorprendi\u00f3 cuando Sebasti\u00e1n lo busc\u00f3. Lo cit\u00f3 para media ma\u00f1ana del domingo 3 de diciembre en la \u00fanica mesa libre de la cantina del Jirofle, su oficina extraoficial. Sebasti\u00e1n, con la urgencia marcada en el rostro, no perdi\u00f3 el tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfEst\u00e1s seguro, morro? \u2014pregunt\u00f3 Maga\u00f1a sin rodeos, encendiendo un cigarro sin filtro. Su mirada, viva y penetrante, calculaba los \u00e1ngulos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Completamente. El coche no regres\u00f3, Maga\u00f1a. Y esa despedida fue rara. Me dijo que te buscara si \u201cpasaba algo\u201d \u2014explic\u00f3 Sebasti\u00e1n, sinti\u00e9ndose m\u00e1s Barrab\u00e1s (el investigador) que Sebasti\u00e1n (el amigo) para mantener la calma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Maga\u00f1a mostr\u00f3 su sonrisa torcida, acariciando su bigote tupido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00dajule, Julita. Si \u00e9l us\u00f3 esa despedida, el problema no es un coche descompuesto. La ley es como la cobija, muy corta pa donde le jales, y a Don Perico le gusta jalarla mucho, pero sin lana. Dame unas horas, vamos a buscar informaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Usando sus contactos en la renta de autos y en las casetas de peaje, Maga\u00f1a confirm\u00f3 la ruta esa misma tarde. El Tsuru hab\u00eda seguido una l\u00ednea recta y r\u00e1pida, pagando peajes, hasta llegar al puerto de Veracruz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Viajaron esa noche en el Tigre, Maga\u00f1a en su traje barato pero impecable y Sebasti\u00e1n desarreglado por la preocupaci\u00f3n. El \u00faltimo rastro s\u00f3lido era una gasolinera antigua y solitaria despu\u00e9s de Paso del Toro. Claramente hab\u00edan cambiado la ruta, pero no pareciera que fueran de paseo. Parec\u00eda una huida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un anciano despachador, con un overol manchado, fue el \u00fanico testigo. Al ver la foto, supo qui\u00e9n era Perico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014S\u00ed, el se\u00f1or del bigote alegre y la se\u00f1ora elegante. Llen\u00f3 el tanque, pregunt\u00f3 por un atajo, el m\u00e1s corto, para ir a San Miguel de la Cruz. No se ve\u00eda preocupado, m\u00e1s bien apurado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sebasti\u00e1n sinti\u00f3 un escalofr\u00edo. El nombre del pueblo era nuevo, ajeno a cualquier conversaci\u00f3n con la pareja.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El pueblo era un laberinto de calles empedradas envuelto en una niebla densa y constante que apagaba el sonido. Las casas de piedra volc\u00e1nica eran bajas, oscuras, silenciosas, como si hubieran emergido de la monta\u00f1a. Ol\u00eda intensamente a le\u00f1a quemada y a humedad. Era un lugar donde la luz se rend\u00eda r\u00e1pido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se detuvieron en la casa de Do\u00f1a Soledad. La due\u00f1a, una mujer alta y con el rostro adusto, apenas si abri\u00f3 la puerta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Aqu\u00ed no ha llegado ning\u00fan fuere\u00f1o en d\u00edas. Solo gente de casa. No conozco a esos se\u00f1ores, declar\u00f3, con una firmeza que a Maga\u00f1a no le pareci\u00f3 sincera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Chiangaos \u2014sise\u00f3 Maga\u00f1a a Sebasti\u00e1n mientras se alejaban\u2014. A esa se\u00f1ora le acaban de pagar para que se le olvidaran las visitas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Siguieron el \u00fanico camino de terracer\u00eda que sal\u00eda del pueblo, un sendero lodoso que terminaba en un maizal abandonado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Siguieron por horas, d\u00edas, hasta que Maga\u00f1a tuvo que regresar por falta de recursos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al dejar a Sebasti\u00e1n en su casa, el s\u00e1bado 9 de diciembre, el muchacho estaba devastado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfQu\u00e9 pas\u00f3 aqu\u00ed, Maga\u00f1a? \u2014Pregunt\u00f3 con la voz quebrada. No era una pregunta sobre hechos, sino sobre el vac\u00edo que le dejaba la certeza hab\u00edan desaparecido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El lunes 11 de diciembre, una semana despu\u00e9s de haber iniciado la b\u00fasqueda sin \u00e9xito, Sebasti\u00e1n se present\u00f3 en la verdadera oficina de Maga\u00f1a: un cub\u00edculo polvoso en el Centro Hist\u00f3rico, con pilas de expedientes en equilibrio tal que parec\u00edan sostenidas por fe y amenazas. El abogado, impecable a pesar del caos, revisaba un acta en modo \u201cel suscrito Licenciado Maga\u00f1a\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sebasti\u00e1n no hab\u00eda dormido bien. Hab\u00eda pasado d\u00edas en su departamento-taller, ahora m\u00e1s un cuartel de Barrab\u00e1s que un hogar, esperando una llamada de Maga\u00f1a que nunca lleg\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Mi estimado colega \u2014Maga\u00f1a hizo un gesto al portafolio cerrado sobre el escritorio\u2014. El suscrito, Licenciado Maga\u00f1a, considera que hicimos un rastreo ejemplar. Pero la ley es fr\u00eda, y a partir de la falta de datos o pruebas no hay c\u00f3digo legal que aplicar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sebasti\u00e1n se sent\u00f3, el rostro demacrado. El modo Barrab\u00e1s, el investigador, apenas resist\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfQu\u00e9 sigue, Maga\u00f1a? Hay que buscarlos de alguna otra forma. \u00a1La m\u00edstica! Usted es el abogado, To\u00f1o el polic\u00eda. \u00bfQui\u00e9n es la m\u00edstica?&#8230; \u2014Dijo desesperado el muchacho. Inmediatamente se dio cuenta de que la m\u00edstica era Pepita; a fin de cuentas, la conoci\u00f3 cuando necesitaron entender sobre nahuales y brujos. Otro callej\u00f3n sin salida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014La m\u00edstica no es una pista, chamaco \u2014lo cort\u00f3 Maga\u00f1a con un adem\u00e1n\u2014. Lo que sigue es la burocracia de la ausencia. Mira.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Maga\u00f1a desliz\u00f3 dos documentos por el escritorio. Uno era el testamento de Don Perico; el otro, una copia del reporte de desaparici\u00f3n oficial que \u00e9l ya hab\u00eda tramitado, demasiado pronto para el gusto de Sebasti\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Legalmente, ya notificamos a las autoridades. La polic\u00eda, con suerte, echar\u00e1 un vistazo al Tsuru si lo encuentran. Pero para que un juez se tome esto en serio, necesitamos agotar los recursos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Maga\u00f1a se recost\u00f3 en su silla, el bigote crispado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014En virtud de lo estipulado en el art\u00edculo&#8230; \u2014Maga\u00f1a pens\u00f3 un momento y dijo un art\u00edculo al que Sebasti\u00e1n no puso atenci\u00f3n\u2014. En el entendido de que la ley es una pared sin sentimientos: cinco a\u00f1os tienen que pasar para que un juez pueda emitir una presunci\u00f3n de muerte. Cinco a\u00f1os de silencio y tr\u00e1mites.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sebasti\u00e1n sinti\u00f3 que las palabras lo golpeaban m\u00e1s fuerte que un pu\u00f1etazo. Cinco a\u00f1os. Cinco a\u00f1os para aceptar que Don Perico y Pepita no volver\u00edan. El Tsuru, las maletas, el maizal, todo se le vino encima. El investigador se rindi\u00f3. El amigo aflor\u00f3. No le importaba la herencia, sino la ausencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Pero&#8230; pero ellos van a regresar, \u00bfverdad, Maga\u00f1a? \u2014La voz de Sebasti\u00e1n se quebr\u00f3, aferr\u00e1ndose a la \u00faltima hebra de esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Maga\u00f1a tom\u00f3 una bocanada de su cigarro. Por una vez, el abogado c\u00ednico permiti\u00f3 que la humanidad cruzara sus peque\u00f1os ojos vivaces.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Claro, chamaco \u2014minti\u00f3. No era por ser mala onda, pero a veces la verdad legal era peor que la esperanza falsa\u2014. Vete a tu taller, ponte a trabajar. Ellos van a regresar. Y cuando lo hagan, te van a rega\u00f1ar por andar todo ocioso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Maga\u00f1a le dio una palmada en el hombro. Sebasti\u00e1n se fue. El abogado se qued\u00f3 solo, viendo el portafolio que conten\u00eda el testamento y los documentos de Perico, y por primera vez, no sonre\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A pesar de su c\u00ednica postura legal, Maga\u00f1a no hab\u00eda dejado de mover algunas piezas. No era por la paga, sino por la lealtad que le deb\u00eda a Perico, su \u201cquerid\u00edsimo colega\u201d. Entre el periodista y Barrab\u00e1s le hab\u00edan ayudado con muchos casos y ya les hab\u00eda agarrado mucho cari\u00f1o, de ley que s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Le lat\u00eda que el problema no era una desaparici\u00f3n; era un secuestro o, peor, un ajusticiamiento. Y para eso, necesitaba moverse fuera de los c\u00f3digos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En lugar de llamadas a sus \u201ccontactos\u201d, Maga\u00f1a visit\u00f3 la trastienda de una peleter\u00eda oscura cerca del Mercado La Victoria. Ah\u00ed lo esperaba un hombre de rostro indistinguible, con un saco de cuadros barato y un cigarro consumi\u00e9ndose entre los dedos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Dicho lo anterior, mi argumento final es que Don Perico no se ir\u00eda sin avisar \u2014explic\u00f3 Maga\u00f1a, dejando una peque\u00f1a pila de billetes sobre la mesa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El contacto, un ex oficial de la judicial con m\u00e1s deudas que neuronas, asinti\u00f3 y tom\u00f3 el dinero. Maga\u00f1a no pag\u00f3 por saltarse la ley; pag\u00f3 por el silencio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La respuesta lleg\u00f3 al d\u00eda siguiente en un sobre sellado con una mancha de grasa. Maga\u00f1a lo abri\u00f3 con un cortapapeles de hueso y sus peque\u00f1os ojos se abrieron un poco m\u00e1s de lo habitual.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Don Perico, a trav\u00e9s de sus art\u00edculos \u2014algunos publicados bajo seud\u00f3nimo, otros archivados en su m\u00e1quina de escribir\u2014, hab\u00eda estado investigando a un grupo conocido en el argot local como el Poblanishment. No era un c\u00e1rtel, sino la \u00e9lite econ\u00f3mica y pol\u00edtica que se mov\u00eda bajo la mesa, controlando licitaciones, terrenos y los titulares de los peri\u00f3dicos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Perico hab\u00eda encontrado una pauta. La pareja no se hab\u00eda ido de vacaciones, hab\u00eda huido porque la investigaci\u00f3n de Perico estaba a punto de explotar. Maga\u00f1a encontr\u00f3 un recorte sin fecha. Don Perico estaba a d\u00edas de publicar una nota que ligaba al Poblanishment con una casa que parec\u00eda abandonada, pero que escond\u00eda una casa de citas donde hab\u00eda trata de mujeres menores de edad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El hallazgo lo llev\u00f3 a un segundo contacto, en la sala de redacci\u00f3n de un peri\u00f3dico de bajo tiraje donde Perico sol\u00eda colaborar. Maga\u00f1a se present\u00f3 como \u201cpariente\u201d y, tras un intercambio de frases cifradas, logr\u00f3 hablar con un editor nocturno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Con el debido respeto que usted se merece, Licenciado \u2014dijo el editor con la voz baja y temblorosa, usando la frase de Maga\u00f1a, mirando de reojo hacia la puerta\u2014, este es el tercer caso en un a\u00f1o. Tres periodistas han desaparecido investigando lo mismo. No hubo cuerpos. Solo silencio. El \u00faltimo fue hace seis meses.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El editor se inclin\u00f3 hacia Maga\u00f1a, el miedo le brillaba en los ojos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Si lo aprecia, no lo busque m\u00e1s. Perico sab\u00eda d\u00f3nde se met\u00eda. Si a\u00fan est\u00e1 vivo, est\u00e1 oculto. Si no lo est\u00e1, ya no hay nada que buscar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Maga\u00f1a regres\u00f3 a su oficina. No llam\u00f3 a Sebasti\u00e1n. Encendi\u00f3 un cigarro y se puso de cara a la ventana empolvada, viendo el tr\u00e1fico en el Centro. Cambi\u00f3 la pistola peque\u00f1a del tobillo por una Trejo modelo 1 que se puso al cinto. \u201cPor si las moscas\u201d, se dijo para tranquilizarse. Con r\u00e1fagas de 1400 balas por minuto no necesitaba preocuparse por afinar la punter\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Poblanishment no eran maleantes de poca monta; era gente que operaba con la impunidad de la ley en el bolsillo. Maga\u00f1a entendi\u00f3 de golpe la despedida de Perico: la menci\u00f3n al abogado, la m\u00edstica, el polic\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Perico no se estaba jactando de sus amigos; estaba dando un mapa de escape. La m\u00edstica para la fe, el polic\u00eda (To\u00f1o) para la protecci\u00f3n inmediata y el abogado (Maga\u00f1a) para los problemas legales. Pero este problema era ilegal y Maga\u00f1a, por primera vez, no ve\u00eda un amparo que pudiera conseguir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El silencio de la se\u00f1ora de ese pueblo no era un fracaso. Era la advertencia de Perico a Maga\u00f1a: no sigas este rastro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Maga\u00f1a tom\u00f3 el portafolio que conten\u00eda el testamento de Perico. \u201cMi estimado colega \u2014murmur\u00f3\u2014, esto est\u00e1 m\u00e1s enredado que medias de piruja en tiempos de aguinaldo.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sab\u00eda que lo mejor para Sebasti\u00e1n, y para la propia seguridad de Perico y Pepita (si estaban vivos), era que Sebasti\u00e1n pensara que estaban muertos o que se hab\u00edan ido. La ley no pod\u00eda ayudarlo. Sebasti\u00e1n\/Barrab\u00e1s tendr\u00eda que actuar solo y fuera del radar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Barrab\u00e1s pasaba diario al despacho de Maga\u00f1a, al verdadero si no estaba en El Jirofle, tanto para dar ideas como para preguntar si hab\u00eda noticias. To\u00f1o mismo le dec\u00eda que la polic\u00eda no encontraba nada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Maga\u00f1a sent\u00eda un el coraz\u00f3n apretado al ver c\u00f3mo Sebasti\u00e1n se iba como encogiendo con el pasar los d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Son chingaderas \u2014se volvi\u00f3 una frase que repet\u00eda siempre que recordaba \u201cSi lo aprecia, no lo busque m\u00e1s\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una semana despu\u00e9s de dejar a Sebasti\u00e1n destrozado en su oficina, y tras los descubrimientos sobre el Poblanishment, el abogado Maga\u00f1a estaba solo en su despacho. Las luces del Centro estaban casi todas apagadas. El \u00fanico sonido era el crepitar de un cigarro sin filtro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A las once de la noche del 18 de diciembre, el tel\u00e9fono de su escritorio \u2014una reliquia de baquelita\u2014 son\u00f3. Maga\u00f1a dud\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Diga\u2026 \u2014contest\u00f3 con el tono \u00e1spero que usaba para sus deudores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Del otro lado no hab\u00eda interferencia, solo una voz seca, apenas un susurro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Ferm\u00edn\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Maga\u00f1a se levant\u00f3 tan r\u00e1pido que tir\u00f3 la silla. Su portafolio \u2014donde guardaba la pistola\u2014 estaba a solo un metro, tan lejos y tan cerca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">R\u00e1pidamente cerr\u00f3 la ventana y corri\u00f3 la cortina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1Cabr\u00f3n! \u00bfD\u00f3nde est\u00e1s? \u00bfSabes el l\u00edo que armaste?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014En un pueblo que no existe. Escucha, ya no tengo tiempo. Los que me buscan son gente que entiende de c\u00f3digos. El Poblanishment. No voy a decir el nombre de ninguno, no quiero que te mueras todav\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1Ya lo s\u00e9! Encontr\u00e9 el rastro. \u00bfLe pagaste a la se\u00f1ora del pueblo?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Do\u00f1a Soledad, la m\u00edstica. Era la advertencia. Para ti. Una se\u00f1al de que no quer\u00edamos que nos siguieran. Tienes que entender esto, Ferm\u00edn, es lo m\u00e1s importante. Si Sebasti\u00e1n sabe que estamos vivos, lo usar\u00e1n o lo eliminar\u00e1n para sacarnos. \u00c9l es mi \u00fanico punto d\u00e9bil que conocen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Lo extra\u00f1amos mucho, no lo dejes solo \u2014se oy\u00f3 la voz de Pepita, Don Perico retom\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Te vas a re\u00edr, a Do\u00f1a Soledad le dicen la m\u00edstica porque tiene contactos con el otro lado, pero del otro lado del charco. Nos ayudar\u00e1 a escapar, a salir del pa\u00eds si todo sale mal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Maga\u00f1a se llev\u00f3 la mano a la sien. Su respiraci\u00f3n era pesada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014El reporte oficial de desaparici\u00f3n los mantiene a raya. Su protocolo es claro: no tocar casos activos que ya est\u00e9n en el radar de la ley. Les da mucho m\u00e1s miedo el papeleo que la polic\u00eda real. El reporte nos da tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Don Perico tosi\u00f3, un sonido seco y lejano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Cu\u00eddalo como si fuera tu hijo, Ferm\u00edn. No le digas nada. Ni una palabra. \u00c9l tiene que creer que estamos muertos. Por su seguridad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfCu\u00e1nto tiempo, Perico? El chamaco est\u00e1 devastado. Ya firm\u00f3 los papeles&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014No s\u00e9. Meses. Un a\u00f1o. Hasta que mis contactos y yo podamos movernos y limpiar el tiradero. Si ve que te alejas, creer\u00e1 que est\u00e1s comprando tiempo para ti. Tienes que ser su ancla en la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014El chamaco est\u00e1 muy mal, Perico. Est\u00e1 que se lo lleva la tristeza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Por eso te necesito. No dejes que haga una pendejada. Que no busque a nadie m\u00e1s. Que no use a la m\u00edstica. Si no hay cuerpo, tiene que ser paciente. Es la \u00fanica forma de que no se meta en la boca del lobo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hubo un fuerte crujido met\u00e1lico del otro lado. Un portazo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Me tengo que ir. Conf\u00edo en ti.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El tel\u00e9fono se cort\u00f3 con un clac ensordecedor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Maga\u00f1a se qued\u00f3 de pie, la mano temblando sobre el auricular muerto. El cigarro se le cay\u00f3 de los dedos y aterriz\u00f3 en el suelo de lin\u00f3leo, sin que el abogado lo notara. Se dej\u00f3 caer en la silla, tom\u00f3 el portafolio que conten\u00eda el testamento de Perico y lo apret\u00f3 contra su pecho.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El \u201cabogado de mucha ma\u00f1a\u201d se encogi\u00f3. El cinismo se esfum\u00f3. Por primera vez en a\u00f1os, Maga\u00f1a no pens\u00f3 en un art\u00edculo ni en un amparo, ni en cu\u00e1nto pod\u00eda sacar de la situaci\u00f3n. Llor\u00f3 en silencio por su amigo y por el muchacho que acababa de condenar a un doloroso y prolongado duelo falso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tras la llamada de Perico, la prioridad de Maga\u00f1a cambi\u00f3 de \u201cresolver el caso\u201d a \u201cproteger al testigo\u201d. La idea de dejar a Sebasti\u00e1n solo en la Casa del Coraz\u00f3n \u2014un lugar que el Poblanishment podr\u00eda vigilar\u2014 o solo en su departamento del Parral era intolerable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con la excusa legal de que Sebasti\u00e1n necesitaba estar cerca de su despacho para la \u201cburocracia de la ausencia\u201d, Maga\u00f1a lo instal\u00f3 en su propio departamento en un viejo edificio del barrio de El Carmen. Era un refugio desordenado, lleno de libros de leyes forrados con pl\u00e1stico, olor a tabaco a\u00f1ejo y caf\u00e9 quemado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sebasti\u00e1n no protest\u00f3. Estaba en modo zombi, la parte emocional que ahora estaba sumergida en la depresi\u00f3n. No com\u00eda, apenas dorm\u00eda y la barba le crec\u00eda descuidada, ocultando el rostro del estudiante aplicado y el investigador agudo. Parec\u00eda una sombra en el sof\u00e1 de cuero gastado de Maga\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El abogado, obligado a jugar el rol de padre sustituto, luchaba por reanimarlo. Lo intentaba con la comida (tacos de canasta fr\u00edos que compart\u00edan en silencio), con casos simples (papeles sin importancia que le lanzaba para que el Barrab\u00e1s latente se activara) y con caminatas nocturnas por el parque aleda\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A veces, funcionaba. Sebasti\u00e1n se enderezaba un poco, analizaba un diagrama el\u00e9ctrico viejo o debat\u00eda por inercia un punto del C\u00f3digo Penal. Pero un recuerdo, un aroma, o una simple menci\u00f3n al \u201caniversario\u201d de Perico y Pepita, lo devolv\u00eda al abismo. Maga\u00f1a no pod\u00eda consolarlo con la verdad, solo con el silencio y la presencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Navidad lleg\u00f3 envuelta en esa melancol\u00eda forzada. La noche del 24, el departamento de Maga\u00f1a estaba m\u00e1s silencioso que nunca. La ley dictaba que no hab\u00eda nada que celebrar. La verdad dictaba que sus amigos estaban vivos, pero ausentes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Maga\u00f1a, sentado en la ventana abierta, mirando las luces lejanas de la Catedral y el z\u00f3calo, sirvi\u00f3 dos tequilas a\u00f1ejos en vasos de cristal opaco. No se habl\u00f3 de la cena, ni de los regalos, ni de la pareja desaparecida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sebasti\u00e1n, con la mirada perdida en la bruma de la ciudad, levant\u00f3 su vaso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Feliz navidad, Licenciado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Maga\u00f1a, sintiendo el peso de la mentira y la responsabilidad, choc\u00f3 su vaso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Feliz navidad, chamaco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bebieron en silencio, cada uno anclado en su propia soledad. Sebasti\u00e1n, llorando una muerte que no hab\u00eda ocurrido; Maga\u00f1a, conteniendo el llanto que ya hab\u00eda derramado, sabiendo que ten\u00eda que ser el muro de contenci\u00f3n hasta que Perico pudiera regresar. El duelo falso de Sebasti\u00e1n continu\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El tiempo se hab\u00eda arrastrado hasta la v\u00edspera de A\u00f1o Nuevo. Maga\u00f1a hab\u00eda salido un momento para comprar una botella de ron, y tacos, dejando a Sebasti\u00e1n solo en la oscuridad del departamento de El Carmen. Cuando regres\u00f3, el portazo reson\u00f3 en el silencio, pero no obtuvo respuesta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Maga\u00f1a subi\u00f3 por la escalera de caracol de metal oxidado que daba a la azotea. Cuando regresaba crey\u00f3 ver una silueta fumando. La niebla y el fr\u00edo de la noche envolv\u00edan los tejados, y abajo, los fuegos artificiales empezaban a reventar sobre el Centro Hist\u00f3rico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ah\u00ed estaba Sebasti\u00e1n. Estaba de pie en el pretil, justo al borde, con la barba crecida y la ropa sucia, mirando hacia el abismo. La pipa en la mano con la \u00faltima braza encendida. Sus gafas reflejaban las luces explosivas de la ciudad. Estaba demasiado cerca del abismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Maga\u00f1a no grit\u00f3. No corri\u00f3. Sac\u00f3 un cigarro, lo encendi\u00f3 y su voz sali\u00f3 raspada y c\u00ednica, justo el tono que usaba para ocultar el p\u00e1nico m\u00e1s profundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00c1ndale pues, avi\u00e9ntate.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sebasti\u00e1n no se movi\u00f3, pero se tens\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Avi\u00e9ntate, Sebasti\u00e1n. Don Perico regresa y le digo \u201cTu chamaco se mat\u00f3 porque no aguant\u00f3 la espera.\u201d Y se va a encabronar. Y me va a preguntar: \u201c\u00bfQu\u00e9 tipo de abogado de mucha ma\u00f1a eres que ni a un escuincle sabes cuidar?\u201d \u00bfAs\u00ed o m\u00e1s pendejo quieres que me vea ante \u00e9l?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La menci\u00f3n de Don Perico regresando rompi\u00f3 el muro. Sebasti\u00e1n se gir\u00f3 un poco, las l\u00e1grimas corriendo por su rostro sucio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014No puedo, Maga\u00f1a. No puedo estar sin ellos. Primero mi abue, luego ellos. Ya no s\u00e9 qu\u00e9 hacer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Maga\u00f1a se acerc\u00f3 lentamente al borde. No hab\u00eda mentira ni frase legalista en su voz, solo una verdad que le quemaba por dentro. Se sent\u00f3 en el suelo de concreto, dejando su botella a un lado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Yo tampoco, morro. Yo tampoco puedo estar sin mi amigo. Perico es el \u00fanico cabr\u00f3n que me paga con cemitas y me llama \u201ccolega\u201d sin re\u00edrse. Es el \u00fanico que est\u00e1 ah\u00ed para romper la soledad. Por aqu\u00ed estoy. Ching\u00e1ndole. Fingiendo que s\u00e9 algo para que \u00e9l pueda seguir vivo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sebasti\u00e1n lo mir\u00f3, confundido por la revelaci\u00f3n de la debilidad del abogado, pero Maga\u00f1a sigui\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Porque eso es lo que hacemos, chamaco. Aguantamos. Aguantamos esta pinche tristeza. Aunque duela. Y si no puedes por ti, aguanta por \u00e9l. Como dir\u00eda Don Perico: \u201cSi est\u00e1 fuera de tus manos, que est\u00e9 fuera de tu cabeza.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Maga\u00f1a extendi\u00f3 una mano firme y regordeta. Sebasti\u00e1n la tom\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El abogado no lo solt\u00f3 hasta que estuvieron de vuelta en el departamento. Maga\u00f1a no pregunt\u00f3 nada sobre el intento, ni sobre la depresi\u00f3n. Simplemente prepar\u00f3 un caf\u00e9 espeso y cargado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las horas pasaron. Maga\u00f1a, en un acto de terapia improvisada, sac\u00f3 los viejos expedientes que hab\u00eda trabajado con Don Perico a\u00f1os atr\u00e1s. El caso del restaurantero, el caso de la rata gigante del mercado la Victoria&#8230; Cont\u00f3 historias de la vieja amistad, de los l\u00edos, de las veces que Perico lo hab\u00eda sacado de apuros legales y hasta amorosos. Por primera vez, Sebasti\u00e1n vio el afecto genuino detr\u00e1s del bigote torcido. Barrab\u00e1s se activ\u00f3, no por la b\u00fasqueda, sino por la necesidad de entender a la persona que estaba honrando con ese silencio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al amanecer del 1 de enero, cuando el departamento que ol\u00eda a caf\u00e9 y cigarro se iluminaba con el sol y Maga\u00f1a por fin se hab\u00eda dormido en el sof\u00e1, Sebasti\u00e1n se levant\u00f3 y mir\u00f3 por la ventana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Abajo, en la calle silenciosa y helada, un gato lo miraba curioso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al verlo, Sebasti\u00e1n ya no sinti\u00f3 tanto el peso del duelo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cAguantar\u201d, pens\u00f3 Sebasti\u00e1n, enderez\u00e1ndose. Se puso sus gafas. \u201cNo. Investigar.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Sebasti\u00e1n destrozado se hab\u00eda ido. Barrab\u00e1s tampoco estaba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hab\u00eda pasado un mes desde la noche de la azotea. Sebasti\u00e1n, con la rutina impuesta por Maga\u00f1a: la mayor\u00eda de los casos, si no ten\u00eda trabajo en el taller, lo acompa\u00f1aba para dar opini\u00f3n t\u00e9cnica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Maga\u00f1a, por su parte, segu\u00eda en su oficina. La ma\u00f1ana del 31 de enero, un sobre de papel manila sin remitente y sin sello postal apareci\u00f3 discretamente pegado detr\u00e1s de la puertecilla del medidor de luz. Solo un contacto de la vieja guardia sabr\u00eda d\u00f3nde dejarlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Maga\u00f1a lo abri\u00f3 con su cortapapeles de hueso de carnero. Dentro, encontr\u00f3 dos objetos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El primer objeto era una fotograf\u00eda. Don Perico y Pepita estaban juntos, sonriendo con una familiaridad forzada, pero sus ojos eran serios y tristes. Era la sonrisa de la despedida final.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Maga\u00f1a le dio la vuelta a la foto. Escrita a mano, con la caligraf\u00eda inconfundible de Don Perico, estaba el mensaje que confirmaba la mentira:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cNo volveremos. Cu\u00eddalo. Gracias. P y P\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El abogado cerr\u00f3 los ojos un instante. No hab\u00eda fallado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El segundo objeto era un recorte de peri\u00f3dico, sin fecha ni nombre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cInvestigaci\u00f3n sobre corrupci\u00f3n en Puebla, sin fundamento; denunciante retira cargos.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Era el cierre. El Poblanishment hab\u00eda borrado el rastro legal. La pareja era ahora, oficialmente, un \u201cCaso Cerrado\u201d y a la huida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Maga\u00f1a se recost\u00f3 en la silla. Abri\u00f3 el caj\u00f3n de su escritorio y sac\u00f3 una botella de whiskey del bueno y una copa polvosa. Se sirvi\u00f3 un trago corto y lo levant\u00f3 hacia la foto que confirmaba la supervivencia de su amigo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00d3rale, cabr\u00f3n. Mucha suerte, mi estimado colega.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bebi\u00f3 el mezcal. Guard\u00f3 la foto de Perico y Pepita en su caja fuerte, junto con los documentos del testamento y la Trejo lista para la acci\u00f3n. Luego, Maga\u00f1a sac\u00f3 de su funda de tobillo la pistola .22 cromada, el dinero sucio y las balas que siempre llevaba consigo. Los revis\u00f3 con un met\u00f3dico silencio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mir\u00f3 por la ventana, hacia el horizonte industrial de la ciudad. El miedo que sinti\u00f3 la noche de la llamada se hab\u00eda disipado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sebasti\u00e1n sobrevivi\u00f3. Don Perico y Pepita est\u00e1n a salvo. \u00c9l hab\u00eda cumplido su promesa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Aguantamos, Perico. Los dos aguantamos \u2014murmur\u00f3 Maga\u00f1a, volviendo a enfundar la pistola.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El abogado de mucha ma\u00f1a se levant\u00f3, se puso el traje que siempre estaba impecable y apag\u00f3 la luz del despacho, dejando que la oscuridad se tragara la esa triste historia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pasaron dos semanas de febrero, el abogado segu\u00eda con su rutina de casos en la penumbra legal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cLa rutina es la \u00fanica cura cuando las anclas se pierden\u201d, le hab\u00eda dicho a Sebasti\u00e1n, que siempre se sumerg\u00eda en el taller, desarmando la radio m\u00e1s compleja que ten\u00eda, buscando pistas en diagramas el\u00e9ctricos en lugar de escenas del crimen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero el mi\u00e9rcoles 14, Maga\u00f1a irrumpi\u00f3 en el taller, quit\u00e1ndole el caut\u00edn de la mano a Sebasti\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00d3rale, morro. Ya estuvo suave.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfQu\u00e9? \u2014pregunt\u00f3 Sebasti\u00e1n, que no se hab\u00eda ba\u00f1ado en d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Necesitas aire, chamaco. Hueles a muerte, a mugre y a pinche soldadura quemada. Hoy te invita el Licenciado Maga\u00f1a, y no te atrevas a decir que no.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Caminaron sin rumbo por el Centro Hist\u00f3rico. Maga\u00f1a hablaba de fianzas y c\u00f3digos civiles; Sebasti\u00e1n, de la resistencia de la mica del radio al \u00e1cido. Finalmente, terminaron en la zona de Los Sapos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Vamos a sentarnos \u2014dijo Maga\u00f1a, se\u00f1alando la entrada de un peque\u00f1o caf\u00e9 de barrio\u2014. Te invito un caf\u00e9. Uno de verdad, no el aguado de oficina. Si saliendo no est\u00e1s mejor entonces nos vamos mi cantina favorita, <em>la \u00d3pera<\/em>, ah\u00ed Lupita nos dar\u00e1 unos menyules para levantar los \u00e1nimos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El interior del caf\u00e9 estaba casi vac\u00edo. La luz era tenue y tranquila, un refugio contra la prisa del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Detr\u00e1s del mostrador estaba la mesera. Joven, con el cabello oscuro recogido en una trenza pulcra que le daba una seriedad inusual. Llevaba un atuendo negro, austero. No sonre\u00eda f\u00e1cilmente. Ten\u00eda esa econom\u00eda de movimientos de quien observa m\u00e1s que participa; todo era preciso, medido. Sus ojos, inteligentes y atentos, le daban un aire de estar esperando algo m\u00e1s seguir ah\u00ed para siempre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tom\u00f3 la orden de Maga\u00f1a (un expreso cargado) y la de Sebasti\u00e1n (un simple americano) sin dejar ver alguna emoci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras esperaban, Sebasti\u00e1n la observ\u00f3 sin darse cuenta. Su mente de Barrab\u00e1s analizando la pauta: c\u00f3mo organizaba las tazas en la repisa con una precisi\u00f3n geom\u00e9trica; c\u00f3mo le\u00eda un libro en el mostrador, Sebasti\u00e1n no alcanz\u00f3 a ver el t\u00edtulo; c\u00f3mo hab\u00eda algo en ella&#8230; algo quieto, contenido, como un manantial a punto de desbordarse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ella regres\u00f3 con la orden. Al poner la taza frente a Sebasti\u00e1n, sus miradas se cruzaron por un solo segundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ella no sonri\u00f3. \u00c9l tampoco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero en ese breve encuentro, hubo algo. Un reconocimiento sin palabras. La sensaci\u00f3n de que ambos estaban mirando la misma herida oculta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ella se retir\u00f3. Sebasti\u00e1n tom\u00f3 el caf\u00e9, pero ya no mir\u00f3 por la ventana. Mir\u00f3 hacia el mostrador, donde ella hab\u00eda vuelto a su libro.&nbsp; Hab\u00eda algo en la forma en que ella le\u00eda \u2014concentrada, ausente del mundo\u2014 que le resultaba familiar. Como si ella tambi\u00e9n estuviera escapando de algo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por primera vez en meses, Sebasti\u00e1n sinti\u00f3 curiosidad por alguien que no fuera Don Perico o Pepita.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Maga\u00f1a, que no perd\u00eda detalle a pesar de fingir inter\u00e9s en el peri\u00f3dico, sonri\u00f3 con su sonrisa torcida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00d3rale. Ya te vi.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sebasti\u00e1n se sobresalt\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfQu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Nada, morro. Nada. \u2014Maga\u00f1a bebi\u00f3 su expreso y se levant\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201c\u00bfYa se te quit\u00f3 la tiricia? Chance y s\u00ed, chance y no\u201d, pens\u00f3 para s\u00ed mirando con esperanza a Sebasti\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Salieron a la calle. Sebasti\u00e1n se sinti\u00f3 obligado a voltear una \u00faltima vez hacia dentro del caf\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ella estaba limpiando una mesa cerca de la ventana, pero por un instante \u2014apenas un segundo\u2014 tambi\u00e9n volte\u00f3 hacia la calle.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sus miradas se encontraron otra vez.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Luego ella regres\u00f3 a su trabajo, y el aire de enigma que la envolv\u00eda se cerr\u00f3 como un libro. Sebasti\u00e1n sinti\u00f3 un peque\u00f1o impulso, una nueva curiosidad que desplazaba el dolor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El duelo no hab\u00eda terminado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y as\u00ed, sin saberlo, Sebasti\u00e1n comenz\u00f3 una nueva rutina. Los domingos en Los Sapos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No para resolver misterios, sino para sobrevivir a la p\u00e9rdida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y en alg\u00fan punto, entre el caf\u00e9 y las miradas esquivas de la mesera de negro, la supervivencia se convertir\u00eda en algo m\u00e1s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lunes 27 de noviembre de 1995. 9 de la ma\u00f1ana. 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