{"id":3237,"date":"2026-04-28T20:37:04","date_gmt":"2026-04-28T20:37:04","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/?p=3237"},"modified":"2026-04-28T20:37:05","modified_gmt":"2026-04-28T20:37:05","slug":"pensar-las-infancias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/pensar-las-infancias\/","title":{"rendered":"Pensar las Infancias"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">.<em>..Todo ni\u00f1o que juega se conduce como un poeta, cre\u00e1ndose un mundo propio, o m\u00e1s exactamente, situando las cosas de un mundo en un orden nuevo, grato para \u00e9l.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Sigmund Freud<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El psicoan\u00e1lisis, entre muchas otras cosas, se distingue como discurso por darle lugar y relevancia a la sexualidad y a la infancia como factores decisivos en la constituci\u00f3n del aparato ps\u00edquico y la subjetividad. Mejor a\u00fan, el psicoan\u00e1lisis es una disciplina que tanto en lo te\u00f3rico como en la cl\u00ednica reconoce el valor constitutivo de la sexualidad infantil. En sus inicios, a finales del siglo XIX, la innovadora idea de que la infancia no era el lugar de inocencia como se le pensaba, sino que se trataba ya de una etapa crucial pero marcada por la sexualidad, se trat\u00f3 de una idea pol\u00e9mica que gener\u00f3 (y sigue generando) un fuerte rechazo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sigmund Freud, el inventor del psicoan\u00e1lisis, en los primeros a\u00f1os de su recorrido te\u00f3rico, plantea que es en la infancia donde se va a vivir una experiencia de seducci\u00f3n por parte de un adulto y ubica en esa escena la etiolog\u00eda de la histeria. Esta era la l\u00f3gica de formaci\u00f3n del s\u00edntoma: sus pacientes de entonces, casi todas mujeres, recordaban haber vivido esas experiencias de seducci\u00f3n durante su infancia de manera pasiva, incluso se vive con \u201cespanto\u201d, lo que les imposibilitaba una representaci\u00f3n que les permitiera defenderse de ella, es decir, se trata de una vivencia sin s\u00edntoma; s\u00f3lo m\u00e1s tarde, por alguna circunstancia desconocida, adviene el s\u00edntoma asociado a la vivencia primera de seducci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero lo que ahora vale, m\u00e1s all\u00e1 de los desarrollos te\u00f3ricos posteriores, es que Freud reconoce el valor de la infancia (en un momento en que a nadie le interesaban las infancias), en correlato con el drama ed\u00edpico, como el epicentro de la constituci\u00f3n del entramado ps\u00edquico del futuro sujeto, lo mismo que de la posici\u00f3n sexuada que habr\u00e1 de sostener en su historia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Que Freud pensara al ni\u00f1o como sexuado es una novedad y tambi\u00e9n una innovaci\u00f3n te\u00f3rica en un momento en que todo lo referente a la sexualidad era tab\u00fa (aunque en los interiores se viviera de manera desenfrenada, el discurso imperante es el de la familia y la reproducci\u00f3n). Estas ideas no son en absoluto bien recibidas por el imaginario que en la \u00e9poca victoriana se ten\u00eda de las infancias. Se trata de una \u00e9poca marcada por una moral conservadora que hace a los ni\u00f1os y las ni\u00f1as ajenas por completo a la sexualidad. A\u00fan resulta sorprendente saber que, como se puede corroborar en la cl\u00ednica psicoanal\u00edtica, los sujetos reconocen su elecci\u00f3n de posici\u00f3n sexuada desde una muy temprana infancia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pensar las infancias ha sido siempre complicado. La actitud de los adultos frente al ni\u00f1o ha ido cambiando lentamente. Por fortuna, las infancias han pasado del casi olvido a ser el centro de la vida familliar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El historiador de las mentalidades Phillipe Ari\u00e8s, en su libro <em>El ni\u00f1o y la vida familiar en el antiguo r\u00e9gimen<\/em>, va a poner en cuesti\u00f3n la tendencia a la naturalizaci\u00f3n de la noci\u00f3n de infancia, al enunciar que \u201cel sentimiento de infancia es un concepto propio a la modernidad\u201d. Lo que no implica evidentemente que antes no hubiera ni\u00f1os sino que no exist\u00eda en el antiguo r\u00e9gimen la posibilidad de pensar en las particularidades y diferencias entre los ni\u00f1os con respecto a los adultos. Con lo que, seg\u00fan Ari\u00e8s, la intenci\u00f3n de desarrollar conocimientos cient\u00edficos espec\u00edficos sobre la infancia, las leyes de protecci\u00f3n a la infancia, as\u00ed como la salida del ni\u00f1o del \u201canonimato\u201d surgen con la llegada de la modernidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre los siglos XVII-XVIII, con la Reforma del Estado y las transformaciones en las formas familiares (especialmente con el surgimiento de la noci\u00f3n de \u201cfamilia nuclear\u201d), se empiezan a generar legislaciones propias para la regulaci\u00f3n de las relaciones paterno\u2013filiares, y los modos de crianza pasan a ser asunto de Estado, con lo que se va a instituir como tal la noci\u00f3n de infancia. De esta manera, en el inicio de la modernidad, el imaginario de la infancia se presenta en sus comienzos como un tiempo de preparaci\u00f3n para la vida adulta, con lo que la escuela, como instituci\u00f3n del Estado, pasar\u00e1 a jugar un papel prioritario en el desarrollo moral de los futuros ciudadanos, de quienes se espera que sean \u00fatiles y productivos para el Estado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Uno de los aspectos menos importantes en el Antiguo R\u00e9gimen, como llama Ari\u00e8s a la \u00e9poca anterior al siglo XVII, era la mortalidad infantil, y una fuerte tendencia a la tolerancia del infanticidio. La muerte de los ni\u00f1os no produc\u00eda demasiada aflicci\u00f3n, incluso cuando ven\u00eda de las manos de sus propios padres o personas cercanas. El infanticidio resultaba algo com\u00fan. Esto indica que, en el imaginario de la antig\u00fcedad, pareciera que no se le otorgaba inscripci\u00f3n simb\u00f3lica a \u201ceso\u201d que era el ni\u00f1o y resultaba poco menos que insignificante. Este olvido de la infancia, o mejor a\u00fan, esta insignificancia de la infancia, es un fen\u00f3meno que pareciera renacer en nuestros tiempos, donde, pese a las muchas legislaciones y proclamas de los ni\u00f1os y adolescentes, \u00e9stos quedan olvidados, con un alt\u00edsimo \u00edndice de desnutrici\u00f3n y mortalidad, adem\u00e1s de ser explotados sexual y laboralmente de manera recurrente y sin mayor sanci\u00f3n, quedando as\u00ed como \u201centes\u201d insignificantes para un Otro que les niega ser mirados en sus particularidades.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los sentimientos respecto a la conservaci\u00f3n de los hijos, su crianza, su atenci\u00f3n y cuidado, lo mismo que el reconocimiento de la infancia como tal, si bien pasan por la biolog\u00eda, en lo humano est\u00e1n sujetos al lenguaje, plasmado en discursos y pr\u00e1cticas que revela cu\u00e1l es el lugar que a las nuevas generaciones se les otorga, cu\u00e1l es el topos que una sociedad le asigna a su infancia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este es el proceso de inscripci\u00f3n de los nuevos seres en el devenir hist\u00f3rico de una comunidad. Una relevante tesis podemos leer con respecto a la infancia en Philippe Ari\u00e8s, quien se\u00f1ala que la antigua sociedad tradicional no pod\u00eda representarse al ni\u00f1o en su singularidad. Adem\u00e1s de que la duraci\u00f3n de la infancia se reduc\u00eda al per\u00edodo de mayor fragilidad, cuando la cr\u00eda del hombre no pod\u00eda valerse por s\u00ed misma y compart\u00eda sus trabajos y juegos con los adultos. En el antiguo r\u00e9gimen, la educaci\u00f3n, la transmisi\u00f3n de los dispositivos de la cultura, no estaba otorgada a la familia. Muy temprano al ni\u00f1o era separado de sus padres (como ocurre ahora de facto) y la educaci\u00f3n era producto del aprendizaje que esencialmente era concebido a partir de la convivencia de los ni\u00f1os con los adultos, ya fuese en el taller artesanal o en el campo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero volvamos al psicoan\u00e1lisis, ahora con el psicoanalista Jacques Lacan, para quien pensar las infancias es un punto que marca su planteado retorno a Freud. Es desde ese retorno que Lacan reconoce el valor del juego en la constituci\u00f3n ps\u00edquica del ni\u00f1o, reconoce que para Freud el juego es la primera y m\u00e1s importante actividad para un ni\u00f1o. Lacan va del <em>fort-da<\/em> freudiano a pensar la psicosis infantil en <em>Alocuci\u00f3n sobre las psicosis del ni\u00f1o<\/em> (1967), donde dir\u00e1 que la infancia es tan trascendente en la vida del sujeto que afirma que \u201cno hay personas mayores\u201d, lo que hace resonancia con esa expresi\u00f3n freudiana que sosten\u00eda que toda neurosis es neurosis infantil. Dos a\u00f1os despu\u00e9s, en su trabajo <em>Nota sobre el ni\u00f1o, <\/em>que en realidad es una carta a Jenny Aubry, se\u00f1ala el lugar del ni\u00f1o como una funci\u00f3n de \u201cresiduo\u201d de la familia conyugal que se sostiene en tanto que \u201cimplica la relaci\u00f3n con un deseo que no sea an\u00f3nimo\u201d. Del lado de la madre, en tanto que sus cuidados est\u00e1n orientados en articulaci\u00f3n con su propia falta, y esto porque es justo donde falla el cuidado aparece el deseo. Del lado del padre, Lacan sostiene que su nombre, es decir, lo que transmite, es el vector de la ley que organiza la filiaci\u00f3n del sujeto en los desfiladeros de la cultura, sin embargo, es necesario que quien hace funci\u00f3n paterna represente la ley sin creer que \u00e9l es la ley, ah\u00ed encontramos la funci\u00f3n residual en su relaci\u00f3n con la ley. De esta manera, lo que una forma de decir lo residual, el ni\u00f1o deviene s\u00edntoma de la pareja parental, hecho fundamental en su constituci\u00f3n ps\u00edquica y sexuada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8230;Todo ni\u00f1o que juega se conduce como un poeta, cre\u00e1ndose un mundo propio, o m\u00e1s exactamente, situando las cosas de un mundo en un orden nuevo, grato para \u00e9l. 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