{"id":3160,"date":"2026-03-17T17:38:24","date_gmt":"2026-03-17T17:38:24","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/?p=3160"},"modified":"2026-03-17T17:38:26","modified_gmt":"2026-03-17T17:38:26","slug":"el-dolor-de-amar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/el-dolor-de-amar\/","title":{"rendered":"El dolor de amar"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Nunca estamos menos protegidos contra las cuitas (dolores) como cuando amamos; nunca m\u00e1s desdichados y desvalidos que cuando hemos perdido al objeto amado o a su amor<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sigmund Freud<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>En \u00faltimo t\u00e9rmino de la existencia no hay nada sino el dolor existir<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jacques Lacan<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfQu\u00e9 es el psicoan\u00e1lisis? El psicoan\u00e1lisis es un dispositivo cl\u00ednico y te\u00f3rico que Freud inventa para poder escuchar la desaz\u00f3n de existir que eventualmente invade y aqueja a todo ser humano, en particular en aquellos que se reconocen como neur\u00f3ticos. La ansiedad, los miedos sin objeto, los padecimientos del alma o la angustia, incluso, responden a eso que Sigmund Freud reconoce que existe en el ser humano, desde 1893, como una tendencia a la desaz\u00f3n. Parece que el ser humano no puede escapar f\u00e1cilmente al dolor de existir. Nacemos en una condici\u00f3n de desamparo estructural que nada podr\u00e1 calmar, en definitiva.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jacques Lacan, el psicoanalista franc\u00e9s que reinventa el psicoan\u00e1lisis, en el seminario VI <em>El objeto en psicoan\u00e1lisis<\/em>, propone que el dolor de existir es un dolor persistente que viene a reparar qui\u00e9n sabe qu\u00e9 dolor debido a la falla irremediable que insiste entre el sujeto y su objeto de amor. Esa desaz\u00f3n de existir, en su extremo radical, se presenta como melancol\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La melancol\u00eda, esa afecci\u00f3n que data de la teor\u00eda humoral de Hip\u00f3crates, el padre de la medicina. En el cuerpo, dec\u00eda, se conjugan cuatro sustancias o humores: sangu\u00edneo, bilis amarilla, bilis negra y flema, la p\u00e9rdida de la homeost\u00e1sis entre ellas implicaba la p\u00e9rdida de la salud mental o an\u00edmica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La bilis negra, se dec\u00eda, era ese t\u00f3xico corrupto responsable de la melancol\u00eda. El padre de la medicina dec\u00eda que, ante su persistencia: \u201csi el miedo y la tristeza duran mucho, se trata de una melancol\u00eda\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No hay cabida para pensar la melancol\u00eda como un monolito o manual de expresiones sintom\u00e1ticas. Se trata m\u00e1s bien, como se\u00f1ala la psicoanalista Marcela Martinelli en su libro <em>Las melancol\u00edas. Goce de vida\/Goce de muerte<\/em>,en una puntuaci\u00f3n que hace radical diferencia entre la melancol\u00eda (as\u00ed, en singular, esa que se\u00f1alan y a la vez excluyen los manuales) y las melancol\u00edas, as\u00ed en plural, escribe Marcela hablando de las melancol\u00edas en su variabilidad: \u201ces posible conceptualizar como posici\u00f3n subjetiva en plural, de forma tal que sean las melancol\u00edas, y que abarque desde estados de tristeza de duraci\u00f3n variable hasta la vivencia de dolor en estado puro (seg\u00fan Lacan), que paraliza a quien lo padece\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una de las in\u00fatiles variables diagn\u00f3sticas que persisten hasta nuestros d\u00edas es la que intenta determinarla a partir del factor temporal que las divide entre episodio depresivo temporal, disimia, trastorno depresivo mayor, trastorno maniaco depresivo o bipolar, etc. Las melancol\u00edas tambi\u00e9n han sido confundidas con las depresiones, la tristeza e incluso ha sido visto como un pecado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La cosa no es nueva. Ya en la Edad Media se habla del <em>Taedium vitae <\/em>(el tedio de vivir), la tristeza y la acedia. Esta \u00faltima es llamada tambi\u00e9n como <em>El demonio meridiano<\/em> y se muestra asociada a la pereza moral. Es tratada, entonces, como un <em>Pecado Capital<\/em>. La pereza de existir era tomada como una falta mayor, tal como hoy es vista como un pecado contra la \u00e9tica del trabajo. La acedia se refiere fundamentalmente a la pereza intelectual, esa especie de sopor o torpeza mental, tambi\u00e9n descrita como modorra. Se trata fundamentalmente de una fatiga ps\u00edquica, la cual se muestra incluso con actividad maniaca. Se trata de un agujero en lo ps\u00edquico que es rechazo fundamentalmente de un saber, un rechazo del inconsciente, es decir, un rechazo de qui\u00e9n sabe qu\u00e9, un rechazo de algo desconocido cuyo saldo es un dolor de existir o dolor de amar cuyo el efecto es un empobrecimiento del yo, donde se presenta una dolorosa identificaci\u00f3n del yo con ser nada, con el desecho. La angustia o el agotamiento son sus se\u00f1ales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jacques Lacan le da nombre a este dolor del interior, a la desaz\u00f3n se\u00f1alada por Freud, le llama dolor ps\u00edquico o dolor de existir. Y m\u00e1s preciso a\u00fan, le llama dolor de amar, cuyo da\u00f1o se ubica no en el cuerpo sino en la desgarradura entre el que ama y su objeto de amor. Efectivamente, el dolor de amar o dolor de existir se presenta como la ruptura brutal y s\u00fabita del lazo que nos vincula con el ser o la cosa amada. Con ello, el principio del placer queda abolido y el deseo pierde su br\u00fajula. Sin embargo, ante esa ruptura, el yo se alcanza a percatar de su trastorno; lo recibe, no lo acepta, y reacciona enloqueciendo. El dolor viene justo de ese percatarse, por parte del yo, de la irremediable ruptura (trauma significa ruptura) del v\u00ednculo con el objeto de amor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dos respuestas se presentan ante el trauma. Frente a la ruptura amorosa se experimenta el dolor ps\u00edquico (o dolor de existir) o la angustia. Hay diferencia entre ambos, en Freud: el dolor es la reacci\u00f3n involuntaria ante la p\u00e9rdida efectiva de la persona u objeto amado, mientras que la angustia corresponde a la reacci\u00f3n ante la amenaza de esa p\u00e9rdida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ante la conmoci\u00f3n que produce la p\u00e9rdida o la amenaza de p\u00e9rdida del objeto amado, en la realidad o en la fantas\u00eda, el yo se defiende y el dolor de existir es la expresi\u00f3n de esa defensa; en ella, el yo concentra todas sus fuerzas en el rechazo y el recuerdo, al mismo tiempo, de la representaci\u00f3n del objeto amado y perdido. El dolor es resultado de saber perdido al objeto amado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ante la p\u00e9rdida, el yo tiene que emprender un doloroso proceso de <em>decatectizaci\u00f3n<\/em> que, dice Freud en <em>Duelo y Melancol\u00eda<\/em>: \u201cse ejecuta pieza por pieza, con un gran gasto de tiempo y de energ\u00eda, dando lugar a un proceso doloroso que una vez cumplido permite la restituci\u00f3n del yo y sus lazos con otros objetos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero eso no ocurre con la melancol\u00eda, aunque como dice Martinelli, mejor se\u00f1alar a las melancol\u00edas, dado que ah\u00ed la libido es retirada del objeto, pero no se desplaza sobre otro sino que se mantiene en el yo, dando lugar a una identificaci\u00f3n del yo con el objeto perdido. Freud lo dice en una sentencia c\u00e9lebre: \u201cla sombra del objeto ha ca\u00eddo sobre el yo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para Lacan, en el dolor de existir o el dolor de amar, a partir de su propia cl\u00ednica, se trata de ese dolor intolerable al que se refiere como un sentimiento de \u201cpura existencia\u201d, una existencia desprovista de m\u00e1scara, declinaci\u00f3n del fantasma donde el dolor que se experimenta en aquellas experiencias, conscientes o no, lacera desde una existencia desinvestida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ante ese dolor indecible, con una causa visible o no, hay, sin embargo, una salida. Ante el dolor de existir, el deseo opera como intermediario, es decir, opera como suplencia al dolor de existir. Es mediante el deseo, la \u00fanica v\u00eda quiz\u00e1, que es posible ponerle dique al abismo (traumatismo) que nos amenaza con desbordarnos y abrir la puerta a lo que viene, darle lugar a lo in\u00e9dito, a lo por-venir. En este sentido, el deseo es un operador, como dir\u00eda Spinoza, \u201cel centro de la experiencia humana\u201d, es la br\u00fajula del amor (le desinviste de toda ilusi\u00f3n) que opera transformando, como atinadamente se\u00f1ala Lacan en su famoso aforismo: \u201cs\u00f3lo el amor permite al goce condescender al deseo\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nunca estamos menos protegidos contra las cuitas (dolores) como cuando amamos; nunca m\u00e1s desdichados y desvalidos que cuando hemos perdido al objeto amado o a su amor Sigmund Freud En \u00faltimo t\u00e9rmino de la existencia no hay nada sino el dolor existir Jacques Lacan \u00bfQu\u00e9 es el psicoan\u00e1lisis? 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