{"id":3103,"date":"2026-02-24T15:39:23","date_gmt":"2026-02-24T15:39:23","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/?p=3103"},"modified":"2026-02-24T15:39:25","modified_gmt":"2026-02-24T15:39:25","slug":"constantino-kavafis-recuerda-cuerpo-cuanto-te-amaron","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/constantino-kavafis-recuerda-cuerpo-cuanto-te-amaron\/","title":{"rendered":"Constantino Kavafis: recuerda cuerpo cu\u00e1nto te amaron"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>Nuestros cuerpos se sintieron y se buscaron;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>nuestra sangre y nuestra piel entendieron.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>&#8230;Pero ambos nos ocultamos turbados.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Constantino Kavafis (En los pelda\u00f1os)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A la memoria de mi maestro y amigo Javier Mena, quien me ense\u00f1\u00f3 a Kavafis<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como le\u00eddos con el sol de la tarde, los versos de Constantino Petrou Kavafis (Alejandr\u00eda 1863-1933) son como tenues rayos de luz que apenas y nos permiten vislumbrar la inimaginable belleza de un cuerpo que parece estar eternamente a punto de realizar la proeza de transformarse en cuerpo deseante. Entre sus versos corre la potencia de lo er\u00f3tico, es justo de esa potencia de lo que se alimentan los recuerdos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde la potencia er\u00f3tica de sus letras, Kavafis habla del cuerpo, del cuerpo er\u00f3geno, del cuerpo er\u00f3tico, del cuerpo vivo, brillante, del cuerpo que se trasciende y transforma en deseo. En su po\u00e9tica, la carne se envuelve en el inagotable deseo: \u201cRecuerda cuerpo, cuanto te amaron\/ no s\u00f3lo los lechos que tuviste, sino tambi\u00e9n los deseos que brillaron abiertamente\/ en los ojos que te vieron,\/ las voces temblorosas que alg\u00fan obst\u00e1culo frustro\/ Recuerda los ojos que te vieron,\/ las voces que temblaron por ti.\/ Recuerda cuerpo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, de recuerdos, de obst\u00e1culos, de inagotables frustraciones est\u00e1 compuesta la historia de Constantino Kavafis. La familia de l\u00ednea materna era originaria de la comunidad turca de Constantinopla, de un barrio llamado El Fanar, que viv\u00eda de la grandeza helena que ya los siglos hab\u00edan devorado. Constantinopla, la ciudad de origen materno de nuestro poeta Constantino, es la misma donde alguna vez ense\u00f1aron los pitag\u00f3ricos, igual que Plotino. Es el mismo lugar donde Euclides escribi\u00f3 sus tratados de geometr\u00eda. En los tiempos de Kavafis, sin embargo, esa grandiosa y luminosa Constantinopla estaba en decadencia. S\u00f3lo se quedaba en el recuerdo. Alejandr\u00eda, la gran Alejandr\u00eda ha perdido su brillo e importancia. En su obra, Constantino Kavafis escribe como arque\u00f3logo: recrea la grandeza, la belleza y brillo de la ciudad en sus habitantes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La decadencia de la ciudad del poeta es an\u00e1loga con la decadencia social y econ\u00f3mica de su padre. De ser un rico comerciante, pasa sus \u00faltimos d\u00edas detr\u00e1s de un escritorio y muere en la completa miseria. Esa ciudad en decadencia y sus personajes, sin embargo, son profundamente amados por el poeta alejandrino. En su poes\u00eda establece un di\u00e1logo con sus antiguos dioses, se vincula con ellos de forma \u00edntima, casi melanc\u00f3lica, esc\u00e9ptica e incluso c\u00ednica. Pero siempre con una potencia er\u00f3tica. Con su poes\u00eda rehace una memoria citadina de lo no visto, escribe desde un contemplativo dolor por lo perdido, hace nacer po\u00e9ticamente una ciudad invisible, como las de Italo Calvino; pero no lo hace desde la queja, no con el lamento de lo que ya no est\u00e1. No. Por lo contrario, con su po\u00e9tica da vida a lo inexistente; con el deseo que se juega en su po\u00e9tica, hace existir lo inexistente con todo su antiguo brillo, con su poes\u00eda rescata de la memoria colectiva la grandeza y esplendor de Alejandr\u00eda y de Constantinopla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El poeta habita una ciudad inexistente, en su actualidad no encuentra, como ocurre con los aquejados de melancol\u00eda, nada que sostenga su existencia. Su b\u00fasqueda est\u00e1 atrapada en la nostalgia de una ciudad ya casi inexistente, y, sin embargo, parece que de ah\u00ed no quisiera salir. As\u00ed nos lo muestra al final de ese poema llamado <em>En la tarde<\/em>: \u201c&#8230;Y sal\u00ed fuera al balc\u00f3n con melancol\u00eda\/ sal\u00ed a pensar en otras cosas, al menos contemplando\/ un poco de la ciudad amada, un poco\/ de ese fragor de calles y de tiendas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Alejandr\u00eda, en los tiempos de Kavafis, es una ciudad en ruinas, tanto f\u00edsicas como morales, es la ciudad en la que vive un poeta casi desconocido, un \u201cpoeta secreto\u201d. Su obra se le\u00eda s\u00f3lo por un c\u00edrculo muy reducido de lectores empedernidos. El poeta muere en 1933 y su obra se publicar\u00e1 hasta 1951. Tampoco parece que le interesaba mucho salir de ese anonimato, que adem\u00e1s le permit\u00eda esa especie de vivencia intima que recrea en su po\u00e9tica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con ese mismo escepticismo de la eterna espera, el poeta evoca la llegada de los B\u00e1rbaros, que acaso pudieran salvar al pueblo de Alejandr\u00eda: \u201c\u2026Por qu\u00e9 cay\u00f3 la noche y los B\u00e1rbaros no llegaron \/ y gente que viene de la frontera\/ asegura que ya no existen los B\u00e1rbaros\/ y ahora,\/ \u00bfqu\u00e9 suceder\u00e1 sin los B\u00e1rbaros?\/ Estos hombres al menos ofrec\u00edan una soluci\u00f3n\u201d. Esta espera deja al pueblo, y al poeta como su representante, en esa espera interminable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los versos de Kavafis no s\u00f3lo recrean la belleza de la ciudad, tambi\u00e9n recrean la eterna belleza de los cuerpos. Siendo un griego moderno, pol\u00edglota, era un ardoroso amante del arte, sobre todo de la escultura. La poes\u00eda le permite hacerse escultor, el talla im\u00e1genes con palabras, como se talla el m\u00e1rmol con martillo y cincel, con palabras talla un cuerpo y lo muestra con efusividad: \u201cVean con atenci\u00f3n esta Rea: venerable, arcaica.\/ vean a Pompeyo, a Mario\/ Emilio Pablo,\/ Escipi\u00f3n el Africano.\/ Es tan real la semejanza que pueden ser ellos mismos.\/ [\u2026] Pero hay una obra que prefiero,\/ a la cual m\u00e1s atenci\u00f3n he dedicado;\/ en un c\u00e1lido d\u00eda de verano,\/ cuando mi mente se acerc\u00f3 al ideal so\u00f1\u00e9\/ vi en mis sue\u00f1os a este joven\u2026Hermes\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El erotismo es una potente columna en su poes\u00eda, le permite poner palabras a esa permanente lucha entre una ferrea moral cristiana y sus proscritos amores. En su poes\u00eda se permite hacer alabanza de su prohibido placer: \u201cJura con frecuencia empezar una vida nueva;\/ pero cuando llega la noche, con sus consejos,\/ tentaciones y promesas\u2026\/ cuando viene la noche con sus instintos,\/ deseando, buscando\/ accede sonriente a su acostumbrado placer.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Kavafis habla y vive en su poes\u00eda, la habita desde sus visiones er\u00f3ticas, \u00edntimas, las cuales recomienda, por ser escasas, cuidar. Escribe en el poema <em>Cuanto puedas<\/em>: \u201cAunque no puedas hacer tu vida como quieras\/ int\u00e9ntalo al menos\/ cuanto puedas: no la envilezcas en el trato desmedido con la gente,\/ en el tr\u00e1fago desmedido y de los discursos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sus visiones er\u00f3ticas habitan su recuerdo; y en sus recuerdos, constantemente, recorre los bellos cuerpos de los efebos, esbeltos y de belleza acabada, que le amaron y, por que le amaron, son ya inexistentes, son los que ya no son. Le escribe a los amores a los que no se puede acceder sino, como ense\u00f1a Parm\u00e9nides, por la sensaci\u00f3n, es decir, por la v\u00eda del cuerpo, por el cuerpo er\u00f3tico. Su poes\u00eda es evocadora de los recuerdos er\u00f3ticos en el lector, conmueve, logra poner al lector de su poes\u00eda en contacto con ese territorio enigm\u00e1tico de los recuerdos que hacen resonancia en el cuerpo, con su poes\u00eda Kavafis evoca la memoria er\u00f3tica del cuerpo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nuestros cuerpos se sintieron y se buscaron; nuestra sangre y nuestra piel entendieron. &#8230;Pero ambos nos ocultamos turbados. 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