{"id":3012,"date":"2026-01-06T13:06:42","date_gmt":"2026-01-06T13:06:42","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/?p=3012"},"modified":"2026-01-06T13:06:43","modified_gmt":"2026-01-06T13:06:43","slug":"capitulo-3-tercera-parte-la-huida-de-victoria-navarro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/nada-se-termina-nunca\/capitulo-3-tercera-parte-la-huida-de-victoria-navarro\/","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo 3, Tercera parte. La huida de Victoria Navarro"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lavando platos y cacharros hediondos, llenos de grasa y salsa picante, se encontraba Victoria Navarro. Hab\u00edan estado, aquellos trastos de hojalata, en el viejo fregadero desde hac\u00eda ya varios d\u00edas porque, en medio de las correr\u00edas de su dif\u00edcil trabajo nict\u00e1lope, olvid\u00f3 deshacerse de la herrumbre del consumo diario. Sent\u00edase, ella, como Magdalena penitente; Pandora arrepentida de los a\u00f1os que le persegu\u00edan debido a los infortunios del mundo. Victoria lavaba, sin pensar en su sexo h\u00famedo de la noche anterior; sin preocuparse por los hombres restreg\u00e1ndose entre sus pudencias. Ella fregaba trastos sucios y nada m\u00e1s. Su hijo dorm\u00eda pl\u00e1cido entre cobertores con olor a aserr\u00edn. Era un ni\u00f1o de mirada obtusa y ce\u00f1o retr\u00f3grado. Un retrasado, como en el pueblo sol\u00edan decirle. Pero Victoria sol\u00eda amarle. A veces. Ella pod\u00eda, tambi\u00e9n, odiarse a s\u00ed misma otras veces m\u00e1s. Porque el mundo llega a ser una ruleta donde nada es lo que debe ser. Por eso ella lava los trastes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El <em>toc toc<\/em> de la puerta y Victoria sin inmutarse. El <em>toc toc<\/em> otra vez y ella cierra el grifo. Otro <em>toc toc<\/em> y se pregunta qui\u00e9n demonios la molesta. Mir\u00f3 por una abertura en la madera cuarteada de su puerta, pintada apenas con unos cascajos quebradizos color verde esmeralda. No ve\u00eda claro; s\u00f3lo unos cuajos de neblina gris\u00e1cea del amanecer donde sobresal\u00eda una silueta escueta y torcida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-\u00bfQui\u00e9n es? -dijo Victoria en tono firme.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Soy yo, Emilio. \u00c1breme, por favorcito, mi amor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Ten\u00edas que ser t\u00fa, cabr\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Abre la puerta para encontrarse con la misma peste amada. Otra vez el mismo ni\u00f1o de mirada pusil\u00e1nime y de cortos placeres. Le deja entrar en su vida nuevamente porque es imposible romper con ciertos v\u00ednculos y antojos. \u00c9l se acuesta en el catre y disfruta de ella mientras puede, en una mezcla de angustia y lujuria. Victoria lo reh\u00fasa, pero es demasiada la costumbre. Ella sigue haci\u00e9ndolo hombre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante varias madrugadas consecuentes, cuando Victoria Navarro regresaba de sus nocturnas correr\u00edas en la cantina, se dio a Emilio Carbajal en un acto de compasi\u00f3n a \u00e9l y amor a s\u00ed misma. Montar al machito le parec\u00eda una recompensa, al fin, para su cuerpo y su coraz\u00f3n. Sentir ese enorme animalote viscoso vomitando su semilla hasta adentrito. Incluso lleg\u00f3 a amarle por breves instantes; incluso lleg\u00f3 a amarlo realmente, nada m\u00e1s por eso. Pero en el fondo segu\u00eda madurando el odio su semilla. Un laberinto llevaba mucho cocin\u00e1ndose en su cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Tienes que largarte ya, cabr\u00f3n, te andan buscando. No han de tardar mucho en sumar dos m\u00e1s dos y averiguar que andas ac\u00e1 escondido. No me chingues, ya la has chingado mucho conmigo, \u00bfno?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-\u00bfY pa\u2019d\u00f3nde carajos me voy a ir? No tengo familia ni conozco a nadie fuera de aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Victoria no pod\u00eda ver el gesto adusto, tan parecido al de su hijo, sin sentir verdadera compasi\u00f3n por el hombre temeroso frente a sus ojos. A ella, alguna vez, cuando era ni\u00f1a y viajaba en algunas caravanas, le dijo su abuela que la misericordia era un cuchillo muy afilado para deshacerse de aquellos que amas y de aquellos que odias. Sinti\u00f3 ella, entonces, misericordia por Emilio Carbajal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Tengo una hermana en Guaymas, vete para all\u00e1. Est\u00e1 muy lejos y nadie sabr\u00e1 de ti. Hasta all\u00e1 no te van a buscar por la mugrosa vaca que le perdiste al cabr\u00f3n ese de Nacho Punz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Muchas gracias. \u00bfEn serio s\u00ed se hizo mucho jaleo por aquello?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-\u00a1Uy, claro, papacito! Hasta tu pinche noviecita esa, la cara de estatua, se hizo c\u00e9lebre por denunciarte. Ahora no es nom\u00e1s la vaca, sino la santa a la que le metiste el animalote.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Victoria ech\u00f3 a re\u00edr y se puso de pie. Encendi\u00f3 el fog\u00f3n y prepar\u00f3 caf\u00e9 en el trasto quemado y despostillado de peltre. Comenz\u00f3 a desnudarse en el medio del cuarto. Dej\u00f3 caer primero su falda y despu\u00e9s su blusa. Victoria Navarro nunca necesit\u00f3 bragas porque su cuerpo de fruta madura nunca las necesit\u00f3. Ella dejaba que sus aromas se hicieran poemas por s\u00ed mismos, que hablaran con voz de olfato.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Vete por el ni\u00f1o y m\u00e9telo a la casa. Me cambio y me voy pa\u2019 la cantina. -No hab\u00eda m\u00e1s que un enorme pesar en sus movimientos, como si quisiera morirse ah\u00ed mismo de fatiga. Harta de lo era y de que podr\u00eda ser, Victoria miraba en el ni\u00f1o y en Emilio dos r\u00e9moras de las que ya no pod\u00eda deshacerse, una por pudor cristiano y la otra por las ansias locas del oficio que la orillaba a sentirse nada donde no sent\u00eda m\u00e1s que desprecios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De pronto, un <em>bam bam<\/em> en la puerta reson\u00f3. Victoria supo que eran aquellos que ven\u00edan por Emilio, porque hab\u00edan sumado dos m\u00e1s dos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-\u00a1Abre la puerta, pinche furcia!- se oy\u00f3 tras la puerta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Emilio Carbajal se arrastr\u00f3 bajo el catre de madera mientras las carnosas piernas de Victoria Navarro se movieron hasta la entrada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-\u00bfQu\u00e9 quieres, cabr\u00f3n? -dijo Victoria cuando abri\u00f3. Sin inmutarse siquiera, permaneci\u00f3 desnuda frente a aquellos dos hombres que le vieron la carne tr\u00e9mula y desnuda, remoj\u00e1ndose los labios y olfate\u00e1ndole sutilmente los rincones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013Voy pa\u2019 la cantina. Se me est\u00e1 haciendo tarde. M\u00e9tete chamaco, rapidito. -dijo al ni\u00f1o tronando violentamente los dedos. -Me dices qu\u00e9 quieres, Eladio, porque ya me voy y no tengo tiempo pa\u2019 tarugadas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Pues con tu respeto o sin el tuyo, Victoria, venimos a registrar tu casa para ver si aqu\u00ed no est\u00e1 Emilio Carbajal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-\u00bfY por qu\u00e9 ha de estar aqu\u00ed metido ese fulano?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Pues porque no est\u00e1 en ning\u00fan lado y s\u00f3lo nos falta buscar por aqu\u00ed. Y a sabiendas de sus tratos\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Ta\u2019 bueno. P\u00e1sale nom\u00e1s t\u00fa Eladio, en lo que me visto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eladio Almonte era pariente de Emilio. Un primo de un t\u00edo; cosa nada fraternal. Hab\u00eda trabajado con Ignacio Punz\u00f3n desde tiempo antes que Emilio. Prieto \u00e9l, con el ce\u00f1o adusto y el bigote tieso, como hecho de cerdas manchadas de chapopote. \u00c9l hab\u00eda vivido envidioso de Emilio Carbajal desde que le disfrut\u00f3 el pubis a Soledad Medina. Lo odiaba como los hombres odian a otros hombres. Por eso, desde que la cabeza de Carbajal ten\u00eda precio, \u00e9l fue el primero en saberse \u00fatil para el se\u00f1or Punz\u00f3n y estaba entusiasmado de reventarle la cabeza con la carabina treinta treinta que portaba en el hombro. Dec\u00eda que iba a cortarle la tripa de hombre y ponerla en vinagre para guardarla y ense\u00f1arla a todos, a ver si era como todas dec\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El grueso hombre dej\u00f3 en la puerta a su compinche y entr\u00f3 sigui\u00e9ndole los pasos a Victoria Navarro, peg\u00e1ndole las pupilas negras a los gl\u00fateos que se contoneaban delante. No pod\u00eda decir palabra alguna ante el espect\u00e1culo que le ofrec\u00eda la meretriz y se qued\u00f3 parado en medio de la habitaci\u00f3n con la carabina colgando al hombro y con el gesto de un ni\u00f1o en la espera de su merienda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Ay, pero qu\u00e9 bonito ha de ser sentir tu afecto. \u2013dijo Eladio con una voz calmada, como si rezara una plegaria. \u2013Qu\u00e9 rebonito ha de ser abrazar el cari\u00f1o de una mujer bonita y formada como t\u00fa. Pero amor de verdad, no ese que se compra con dinero. O\u00edrte decir \u201cte quiero\u201d con sinceridad, con esa sinceridad de las mam\u00e1s. Fig\u00farate que cuando te miro me pregunto qu\u00e9 debe hacerse, qu\u00e9 palabras tienen que decirse. Pero nom\u00e1s pienso en mi fealdad y en lo tosco de mis maneras y creo que no merezco nada de eso bonito que tienes ah\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Victoria se puso el vestido en silencio, pero escuch\u00f3 con atenci\u00f3n las palabras de Eladio; palabras que sal\u00edan de una parte ronca de su pecho, como si quisiera llorar y la voz se le hubiera atravesado en el pescuezo. Se sirvi\u00f3 caf\u00e9 y se sent\u00f3 al filo del catre sin poder sostenerle la mirada al hombre que permanec\u00eda parado en el centro del cuartucho con la carabina al hombro y las botas lodosas. Eladio sent\u00eda verg\u00fcenza de sus palabras, as\u00ed, de pronto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Disp\u00e9nseme Victoria, no me haga caso. Digo puras tarugadas, pero la verdad es que usted se me hace muy chula y me llena de muina a sabiendas que es puta y que su coraz\u00f3n se lo entrega a todos, menos a m\u00ed. Yo ni pagando la puedo tener, porque a leguas veo que le doy asco. Se acuerda que una vez le di el dinero, pero s\u00f3lo de ver su cara toda bonita mirarme con ese desd\u00e9n, pues no sub\u00ed al catre en la cantina. Ese d\u00eda mat\u00e9 a mi primo Claudio Almonte, el manco, por el puro gusto. Le invent\u00e9 una trampa en la baraja espa\u00f1ola y le met\u00ed tres balas en la panza, as\u00ed, a lo cabr\u00f3n. Y despu\u00e9s me fui a buscar a la que fuera su prometida, Azucena Munive, la hija de Estanislao, ese que est\u00e1 ac\u00e1 afuera, fig\u00farate, y la mat\u00e9 tambi\u00e9n, en su propia casa cuando no hab\u00eda nadie, no sin antes hacerme de su cuerpecito todo chulito y tiernito. Y qu\u00e9 jugosita estaba la mujercita, hasta me dio pena matarla. Me la llev\u00e9 en mi jaco envuelta en un petate y la enterr\u00e9 all\u00e1 en Barranca Muerta y le requer\u00ed a un arriero que dijera que la vio huir con fulano en un auto rumbo a Santa Ana. Y Estanislao lo crey\u00f3 y escupi\u00f3 su nombre. Fig\u00farate que antier estuve con ese pobre diablo en mientras lloraba a su hija, toda una furcia y una perdida. Y fig\u00farate adem\u00e1s que cuando la hice m\u00eda a la fuerza s\u00f3lo pens\u00e9 en ti, Victoria. Yo quer\u00eda que fueras t\u00fa y no ella. Yo soy un mat\u00f3n y no tengo sentimientos para nadie, m\u00e1s que para ti. Y viene a tu casa a buscar a Emilio para matarlo, porque lo odio y lo odio porque s\u00e9 que t\u00fa lo quieres. Pero tambi\u00e9n quer\u00eda decirte que me cuadras y que te quiero. Pero, pues ahora s\u00ed que ya dije mucho y mejor me pongo a registrar tu casa y a meterte plomo a ti tambi\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Pues tienes de dos, Eladio -le dijo Victoria Navarro con una voz suave y firme-: registras la casa o me registras a m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y ella dio un paso hacia atr\u00e1s, para ser contemplada como una Venus espuria, un trozo de carnaza para el hocico de un perro rabioso. Y se acost\u00f3 y se qued\u00f3 quieta sobre eso que llamaba cama, silbando una tonada dulce, como un llamado primitivo y natural.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eladio acometi\u00f3 con fuerza sobre el cuerpo de Victoria, encima del catre. Ella sinti\u00f3 por primera vez, en mucho tiempo, un placer desaforado, fuera de s\u00ed. Sinti\u00f3 al verdadero hombre y al ni\u00f1o que su cuerpo hab\u00eda llamado desde hac\u00eda a\u00f1os. Las flores le ca\u00edan a borbotones sobre la piel y las mariposas le revoloteaban en el vientre para salir volando de su boca a trav\u00e9s de suspiros. Sus muslos de venada se abrazaban a las caderas de este nuevo amante del que no sab\u00eda nada, pero del que ya conoc\u00eda todo. Cuando Victoria era ni\u00f1a, y viajaba con las caravanas, escuchaba el coraz\u00f3n de todas las criaturas y las cosas; entend\u00eda el lenguaje de los latidos. Para ella alguna vez todo tuvo un coraz\u00f3n y una vida; platicaba con las tortugas y los gatos, con los peces y las plantas; con las luces y las mu\u00f1ecas. Para ella los corazones hablaban por s\u00ed mismos, sin obedecer a las bocas, porque estas hablaban cosas sin sentido. Cuando le toc\u00f3 ser vendida como cabra pens\u00f3 que el lenguaje de los corazones iba a volverse mudo, pero no fue as\u00ed. Siempre pudo escuchar esas palabras hasta el d\u00eda en que dej\u00f3 de o\u00edrlas por escuchar las voces del mundo. Se volvi\u00f3 sorda para escuchar a las personas. Y por a\u00f1os ella se qued\u00f3 sin alma ni vida. Hasta que los latidos de su ni\u00f1o le volvieron a conectar con ese reino olvidado. El hijo de Emilio Carbajal le devolvi\u00f3 a la ni\u00f1a de las caravanas; por eso lo amaba por ratos; algunas veces y a diario. Entonces, ese d\u00eda, el ni\u00f1o vio el amor surgiendo en los gemidos de su madre. A trav\u00e9s de los incomprensibles movimientos de los cuerpos sudorosos; sin poder entenderlos. Emilio tambi\u00e9n escuch\u00f3, revolcado bajo el catre. Victoria Navarro se transform\u00f3 por \u00faltima vez y decidi\u00f3 quedarse as\u00ed, con su nueva forma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-No tengo mujer, Victoria -dijo Eladio-. Vente conmigo y deja esta vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-S\u00ed, Eladio, lo que t\u00fa digas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eladio se colg\u00f3 la carabina y se puso el sombrero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Toma tus cosas y no regreses a la cantina. Vengo en la noche por ti.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-As\u00ed lo har\u00e9 Eladio, pero\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Dile a Emilio Carbajal que puede salir de abajo del catre. Dile que su hijo tiene padre y que no debe volver aqu\u00ed nunca o yo le disparar\u00e9 por mi cuenta. Ya debe saber lo que le pas\u00f3 a su primo, el otro manco bueno para nada y sabe que no estoy bromeando.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Yo creo que ya te escuch\u00f3. Aqu\u00ed te espero con mis chivas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lavando platos y cacharros hediondos, llenos de grasa y salsa picante, se encontraba Victoria Navarro. 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