{"id":3005,"date":"2025-12-23T20:16:22","date_gmt":"2025-12-23T20:16:22","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/?p=3005"},"modified":"2025-12-23T20:16:24","modified_gmt":"2025-12-23T20:16:24","slug":"un-cuento-de-navidad-el-duelo-y-el-pacto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/un-cuento-de-navidad-el-duelo-y-el-pacto\/","title":{"rendered":"Un cuento de Navidad: el duelo y el pacto"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>No hay nada que satisfaga tanto, al ni\u00f1o y al adulto, como los cuentos populares de hadas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Bruno Bettelheim<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>En esta fiesta se celebra a la vez un duelo y un pacto.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Sigmund Freud<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los afectos son ambivalentes. La Navidad y, sobre todo, las celebraciones del A\u00f1o Nuevo no escapan a esta condici\u00f3n. Sobre la Navidad se han escrito innumerables cuentos. La \u00e9poca navide\u00f1a ha sido motivo de inspiraci\u00f3n para escritores y autores tan diversos como E. T. A. Hoffma,n, con su cuento El <em>Cascanueces y el rey de los ratones<\/em>, o el irland\u00e9s Oscar Wilde autor de <em>El Gigante ego\u00edsta, <\/em>lo mismo que Agatha Cristhie, quien escribi\u00f3 <em>Navidades tr\u00e1gicas<\/em>. Incluso el poeta y premio Nobel Dylan Thomas escribi\u00f3 <em>La conversaci\u00f3n de Navidad<\/em>. John Tolkien, el famoso autor de <em>El se\u00f1or de los anillos<\/em>, escribi\u00f3 <em>Cartas de Pap\u00e1 Noel<\/em> en 1994, se trata de las cartas ilustradas que Tolkein escrib\u00eda a sus hijos cada a\u00f1o como si fuera Pap\u00e1 Noel, eran historietas ilustradas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En muy diversas \u00e9pocas, autores de todos los g\u00e9neros se han referido a la Navidad en diversos tonos, incluso dram\u00e1ticos y hasta t\u00e9tricos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Navidad, ese gran mito que ha fungido como sost\u00e9n de las sociedades occidentales cristianas, tiene por lo menos dos puntos de vista: por un lado, ha sido y es a\u00fan tomada como paradigma de la felicidad, la abundancia y el amor, lo que la convierte en una \u00e9poca cargada de sentimentalismos que anhela una reconciliaci\u00f3n con lo mejor del ser humano. Aunque, por otro lado, la Navidad es vista tambi\u00e9n como un fuerte motivo para la nostalgia, el recuerdo de tragos amargos, de ausencias, de tristeza, soledad y abandono. La literatura sobre la Navidad adquiere eventualmente tonos de pedagog\u00eda de moral social, lo mismo que se muestra como una denuncia a la falsedad y fracaso de lo social y sus valores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Cuentos de Navidad<\/em>, de<strong> Charles Dickens, escrita en 1843, es un cl\u00e1sico de la literatura navide\u00f1a. La maestr\u00eda y profundidad de esta obra literaria ha causado olas de reverberancia hasta nuestros d\u00edas en m\u00faltiples adaptaciones de cine o teatro. La historia del escritor ingl\u00e9s es simple: el se\u00f1or Scrooge, un anciano avaricioso, detesta <\/strong>la Navidad y sus celebraciones, para \u00e9l, son una p\u00e9rdida de tiempo cuando todo su inter\u00e9s est\u00e1 puesto en hacer negocios. Para el anciano amargado, todo va a cambiar cuando una noche lo visita el fantasma de su ex socio Jacob Marley, muerto siete a\u00f1os antes. El amigo, mejor dicho el espectro del amigo, llega arrastrando pesadas cadenas como castigo por su vida ego\u00edsta y le advierte a Scrooge sobre una pr\u00f3xima visita que le har\u00e1 cambiar de parecer respecto a su adoraci\u00f3n por el dinero. El anciano Scrooge no toma en cuenta sus palabras.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La visita anunciada son tres esp\u00edritus: los de la Navidad pasada, la Navidad presente y la Navidad futura. La primera muestra al viejo amargado su vida de infancia; la Navidad presente le muestra c\u00f3mo celebra la Navidad su empleado Cratchit, pese a la pobreza y la enfermedad de uno de sus hijos; por \u00faltimo, la del futuro le muestra la tragedia en que se convertir\u00e1 su vida al borde de la tumba. Ante esta revelaci\u00f3n, el anciano recapacita y, como signo, sin que se sepa que es \u00e9l, le env\u00eda un pavo a su empleado. El viejo Scrooge se arrepiente y redime.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vemos en este cl\u00e1sico cuento de Navidad que es el sentimiento de culpa ante la amenaza de un futuro tr\u00e1gico lo que el autor usa para introducir su moraleja: nos presenta al futuro como un castigo por el ego\u00edsmo, pero tambi\u00e9n como posibilidad de redenci\u00f3n despu\u00e9s del arrepentimiento y sometimiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sabemos que la obra literaria, para bien o para mal, no se puede separar de su autor, as\u00ed, en Dickens, el tono melanc\u00f3lico, nost\u00e1lgico, incluso amargo de este cuento de Navidad proviene de su infancia. A los doce a\u00f1os, su padre fue llevado preso, y \u00e9l tuvo que trabajar todo el d\u00eda en una oscura y h\u00fameda bodega, con tan s\u00f3lo la compa\u00f1\u00eda de las ratas, hecho que le result\u00f3 fuertemente traum\u00e1tico y le lleno de desolaci\u00f3n y resentimiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin nos detenemos en otro cuento de la \u00e9poca navide\u00f1a, encontramos en <em>La vendedora de cerillas<\/em> un verdadero relato de estremecedor, ahora en el fin de a\u00f1o. El autor es ni m\u00e1s ni menos que el dan\u00e9s Hans Christian Andersen, quien con toda crudeza nos muestra el lado aterrador de la \u00e9poca. El argumento estremece: la \u00faltima noche del a\u00f1o, una noche muy fr\u00eda, en medio de las casi solitarias calles cubiertas de nieve, una ni\u00f1a harapienta y descalza camina de un lado a otro intentando vender sus cerillos que nadie compra. Agotada, se sienta en el suelo y hecha bolita para paliar el fr\u00edo, saca un cerillo e intenta encenderlo sin lograrlo por la humedad, con dificultad consigue encenderlos y uno a uno los va consumiendo para darse un poco de calor. Y as\u00ed, uno tras otro, mientras imagina aquellos lugares donde desear\u00eda estar. Mira al cielo y ve una estrella cruzar el cielo. \u201cCuando una estrella cae, un alma se eleva hacia Dios\u201d, le hab\u00eda dicho su abuela, a la que ve de pronto aparecerse ante s\u00ed. Justo en el \u00faltimo f\u00f3sforo, ambas se resguardan del fr\u00edo. Al d\u00eda siguiente, la peque\u00f1a cerillera es encontrada en la misma calle, sola y muerta de fr\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La ambig\u00fcedad afectiva que la Navidad moviliza tiene en uno de sus polos lo que se ha llamado \u201cdepresi\u00f3n blanca\u201d o \u201cblues de Navidad\u201d, y entre sus s\u00edntomas se se\u00f1alan el insomnio, la ansiedad, estados de tristeza o irritabilidad y falta de apetito.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llama la atenci\u00f3n que Sigmund Freud, en una carta escrita a su amigo Fliess el 1 de enero de 1896, llamada <em>Manuscrito K: las neurosis de defensa<\/em>, le agregue el subt\u00edtulo de <em>Un cuento de Navidad<\/em>. Lo cierto es que ah\u00ed, en ese texto pre-psicoanal\u00edtico, Freud expone sus primeras ideas sobre la defensa ps\u00edquica. Dir\u00e1 que tanto la histeria como la neurosis obsesiva y la paranoia son respuestas a recuerdos traum\u00e1ticos, y hace su recorrido por estas instancias cl\u00ednicas como si fuera un cuento. En esta carta del 1 de enero dir\u00e1 Freud su c\u00e9lebre cita: \u201cEn esta fiesta se celebra a la vez un duelo y un pacto. El primero es por algo perdido: los que no est\u00e1n, lo que no se logr\u00f3. El pacto es un nuevo arreglo con la divinidad, sea Dios, la vida, la contingencia, el estado de cosas, lo irremediable, lo imposible, etc. En ambos casos, nos sigue convocando a desafiar al futuro\u201d (Freud, 1896)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No hay nada que satisfaga tanto, al ni\u00f1o y al adulto, como los cuentos populares de hadas. Bruno Bettelheim En esta fiesta se celebra a la vez un duelo y un pacto. Sigmund Freud Los afectos son ambivalentes. La Navidad y, sobre todo, las celebraciones del A\u00f1o Nuevo no escapan a esta condici\u00f3n. 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