{"id":2975,"date":"2025-12-16T12:33:16","date_gmt":"2025-12-16T12:33:16","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/?p=2975"},"modified":"2025-12-16T12:33:17","modified_gmt":"2025-12-16T12:33:17","slug":"capitulo-1-las-culpas-de-emilio-carbajal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/nada-se-termina-nunca\/capitulo-1-las-culpas-de-emilio-carbajal\/","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo 1: Las culpas de Emilio Carbajal*"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>2<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las antorchas en la noche brillaban en manos de los jornaleros y caporales, as\u00ed como en manos de muchos m\u00e1s empleados que se vieron afectados con la muerte de \u201cJicarito\u201d, la enorme bestia que durante el transcurso de la ma\u00f1ana desapareci\u00f3 del corral para ser encontrada vuelta girones de carne, huesos y tripas en las v\u00edas que construy\u00f3 el Presidente D\u00edaz muchos a\u00f1os antes. Don Ignacio Punz\u00f3n crey\u00f3 que en verdad todo aquel gent\u00edo le era fiel hasta la muerte y que todos quer\u00edan al semental Jicarito tanto como \u00e9l. No se acordaba, o no quer\u00eda acordarse, que hab\u00eda mandado decir que todo el rancho pagar\u00eda con su propio salario los miles y miles de pesos que costaba la bestia aquella y los miles y miles de pesos de p\u00e9rdidas en crianza. Y no era para menos, de los mismos test\u00edculos de Jicarito hab\u00edan salido las mejores faenas de los \u00faltimos a\u00f1os. Como verdaderos valientes, sus v\u00e1stagos hab\u00edan derramado su sangre en las mejores plazas del pa\u00eds. La agon\u00eda convulsa de esos toros fue para miles de personas el furor y el \u00e9xtasis. Algunos hab\u00edan llegado hasta las lejanas tierras del Per\u00fa a demostrar su val\u00eda y otros m\u00e1s hab\u00edan hecho historia en Madrid, dejando sangre y entra\u00f1as en las tierras de la Hispania. Una vez, mientras arrastraban el cuerpo casi sin vida de uno de esos magn\u00edficos toros, aquella famosa actriz se acerc\u00f3 al moribundo y le bes\u00f3 el hocico mientras una sangre negra y espesa se le escurr\u00eda a borbotones. \u201cQu\u00e9 hermosa mirada para morir tienes, criatura\u201d dijo ella y se embadurn\u00f3 su hermoso rostro con sangre. Fotograf\u00edas y primera plana en los peri\u00f3dicos de la capital. Don Ignacio Punz\u00f3n cre\u00eda entonces, mientras iba al frente de la muchedumbre, montado en su alaz\u00e1n, que todo el rancho hab\u00eda le\u00eddo aquella noticia en el peri\u00f3dico y que todos los pobres ten\u00edan sapiencia del valor de sus toros a lo largo y ancho del mundo y por eso la furia contra el infame culpable de tan r\u00e9probo crimen. Porque nadie culp\u00f3 al maquinista, que al final de cuentas result\u00f3 otra v\u00edctima en la historia, al ser el responsable s\u00f3lo ante la compa\u00f1\u00eda de ferrocarriles, que habr\u00eda de castigarlo como si \u00e9l hubiese puesto a \u201cJicarito\u201d en las v\u00edas del tren para destruirse la vida. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ignacio Punz\u00f3n pensaba, como piensan los hombres que creen tener poder y dinero, que sus problemas son asunto de todos y que todos son culpables de sus infortunios menos \u00e9l mismo. Orgulloso de su genealog\u00eda andaluza, don Ignacio, presum\u00eda que sus ancestros hab\u00edan llegado con las carabelas de Col\u00f3n, para despu\u00e9s decir que fueron los encomenderos del pacto con las tribus de Tepeticpac o que un t\u00edo abuelo muy lejano hab\u00eda sido oidor en los tiempos de Baltasar de Z\u00fa\u00f1iga y Guzm\u00e1n. El se\u00f1or Punz\u00f3n hab\u00eda mandado a hacer, en un sal\u00f3n junto a su comedor, una biblioteca enorme repleta de t\u00edtulos forrados de cuero y letras doradas que mandaba a traer de la capital con su amigo el gobernador. Pasaba horas y horas hojeando los libros, tratando de leer esos enormes tomos empastados sin comprender mucho, pero entusiasmado de saber que por ah\u00ed deb\u00eda haber algo de sus ascendientes. Aprend\u00eda de memoria palabrejas como Leyes de Indias, Ley de Haciendas, Primer Imperio y Rep\u00fablica Centralista para entablar conversaciones interesant\u00edsimas con su amigo el gobernador y con pol\u00edticos e invitados en cada navidad celebrada con espl\u00e9ndido banquete en el Rancho Los Remedios. Ese magn\u00edfico latifundio del altiplano, herencia de su padre don Francisco Punz\u00f3n y Guarneros de quien hab\u00eda heredado la tierra y los complejos; Ignacio lo convirti\u00f3 de patrimonio a fortaleza para acorazarse a \u00e9l mismo. Temeroso de ser menos en otro lado, nunca intent\u00f3 siquiera salir de ese pueblo a sabiendas de que es mejor ser <em>cabeza de rat\u00f3n que cola de le\u00f3n<\/em>. Fustigado por su padre, se neg\u00f3 a contraer nupcias con mujer alguna que no estuviera en esa enso\u00f1aci\u00f3n idealizada que proven\u00eda de lo poco que entend\u00eda acerca de los visigodos en esos tomos que le\u00eda con tanta paciencia y tan poco discernimiento. Y esa quiz\u00e1 fue la raz\u00f3n de su extra\u00f1o y esperp\u00e9ntico matrimonio con la n\u00edvea Irma Zempoalt\u00e9catl, muchacha albina, hija de un campesino muy humilde de Zacatelco que hab\u00eda vivido trabajando en ejidos ajenos sin posibilidades de tener una parcela propia. De lacios y sedosos cabellos blanqueados y ojos azules como el arroyo de los axolotes, Irma era m\u00e1s como un fantasma envuelto en rebozo caminado por la noche sobre la plaza de Domingo Arenas, entre el tumulto de los cohetes y el gent\u00edo de las festividades de los chivarudos y los huichilobos. Ignacio, despu\u00e9s de verla y sabi\u00e9ndose ya hombre maduro, decidi\u00f3 comprarla a Pedro Zempoalt\u00e9catl, el padre, quien acept\u00f3 sin chistar siquiera; hizo el trueque a cambio de una peque\u00f1a parcela junto al arroyo de los axolotes y uno de esos artefactos que llamaban camionetas, todo a sabiendas que la piel de salamanquesa de Irma era muy mal vista entre la gente de abajo, pero muy bien vista entre la gente de arriba y que una parcela propia vale m\u00e1s que la dignidad. Ignacio Punz\u00f3n mand\u00f3, entonces, a vestir y refinar a la muchacha como si la hija de un pr\u00edncipe ostrogodo se tratara y hasta le cambi\u00f3 el nombre; le hizo llamar do\u00f1a Irma Pe\u00f1aflor, la patrona silenciosa y callada de Los Remedios. La n\u00edvea indita de ojos marinos se convirti\u00f3, inadvertidamente, en un trofeo para la rec\u00e1mara de don Ignacio Punz\u00f3n y tres hijas nacieron de su vientre de alabastro: Catalina, Paulina y Gracia. Las dos primeras conservaron la blancura de Irma y los ojos moriscos y hundidos de Ignacio, excepto Gracia, que ten\u00eda la piel y el rostro tal y como Pedro Zempoalt\u00e9catl, lo que hizo que Ignacio la rechazara y la mantuviera encerrada en la casa del rancho, como si tuviera una rara enfermedad. Y nadie la ve\u00eda y nadie la conoc\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de su madre, sus hermanas y la servidumbre, quienes ve\u00edan en Gracia toda la faz de los Zempoalt\u00e9catl, una familia que ten\u00eda siglos de existir en ese lugar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ignacio compr\u00f3 hermosos alazanes \u00e1rabes para sus dos hijas mayores cuando cumplieron edad y las ense\u00f1\u00f3 a cabalgar para llevarlas a todos lados, como si fueran una extensi\u00f3n de su dinast\u00eda inventada. Y las dos se\u00f1oritas doradas fueron el deleite de diputados y senadores durante los banquetes de Navidad en el Rancho Los Remedios o en las corridas de toros en la Plaza de Huamantla, donde se les ve\u00eda como dos perlas exquisitas de provincia o dos princesitas rancheras, seg\u00fan el tono de la conversaci\u00f3n. En ese caso, la charla alrededor de su compraventa era sutil y t\u00e1cita, como un poema susurrado por las ninfas y los s\u00e1tiros en torno a la diosa Venus. Pero Ignacio Punz\u00f3n parec\u00eda ignorar esa po\u00e9tica insulsa a sabiendas de que los verdaderos tratos se pactar\u00edan con su amigo el gobernador quien ten\u00eda una enorme cama de lat\u00f3n preparada para los rituales santos del amor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La noche que Ignacio sali\u00f3 con la turba iracunda para ajusticiar al infame que hab\u00eda provocado la muerte del Jicarito, Catalina y Paulina iban en la comparsa, m\u00e1s por una obligaci\u00f3n protocolaria que por una convicci\u00f3n genuina de buscar alg\u00fan culpable en un asunto que no les interesaba y mucho menos entend\u00edan. Pero iban arrastradas por la obligaci\u00f3n y el deseo ajeno, como suele sucederle a toda gente que dej\u00f3 de tener control sobre su vida. Y porque hab\u00eda un culpable y para la masa iracunda el culpable era Emilio Carbajal, el hombre que dej\u00f3 abierto el corral del Jicarito por estar pensando en las suculentas piernas de Victoria Navarro a la hora de estar haciendo su labor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eran las nueve de la noche cuando lleg\u00f3 la turba a la casa de Fausto Medina. Hasta ese momento \u00e9l s\u00f3lo sab\u00eda que un toro del rancho Los Remedios, de don Ignacio Punz\u00f3n, hab\u00eda sido arrollado por una locomotora, pero al ver que el gent\u00edo con antorchas estaba en su puerta, pens\u00f3 que andaba ya involucrado en una cosa peligrosa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1Soledad! Sal a la calle a ver qu\u00e9 quieren. \u00a1Que salgas Soledad, que ya han de venir por m\u00ed! \u2014Soledad sab\u00eda que el dinero robado por su padre, que se ofrec\u00eda de sacrist\u00e1n en la iglesia bajo el pretexto de ser el padre de la Santa Soledad, no era el problema que a sus puertas estaba tocando. No, ella present\u00eda en su coraz\u00f3n que Emilio ten\u00eda que ver en algo. La muchachita de ojos verdes sali\u00f3 valerosa por el port\u00f3n de madera y levant\u00f3 las manos, haciendo ademanes para aplacar los humores y las brasas ardientes en los corazones de los jornaleros y caporales del rancho Los Remedios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfD\u00f3nde anda Emilio Carbajal, si me permite indagar, se\u00f1orita Soledad? \u2014le pregunt\u00f3 don Ignacio Punz\u00f3n a la fr\u00e1gil chamaca. Don Ignacio respetaba a Soledad por la \u00fanica cosa por la que, seg\u00fan \u00e9l, ella era digna de su respeto y ella sent\u00eda ese respeto por \u00e9l, por la \u00fanica cosa que una muchachita puede sentir al ver a un hombre con poder. Y al ver que se inspiraban mutuamente respeto, ella se anim\u00f3 a endurecer el miocardio y sacarse un fog\u00f3n de las entra\u00f1as. Porque el respeto lo es todo y sin \u00e9ste, el hombre no es nadie.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1Emilio Carbajal no est\u00e1 aqu\u00ed! \u2014grit\u00f3 Soledad, con todas las fuerzas que sus peque\u00f1os pulmones pudieron darle. El gent\u00edo se call\u00f3 estrepitosamente; aquello era como ver a la madrecita de Dios enojada y eso era para guardar mucho respeto\u2014. \u00a1El muy cabr\u00f3n se ha pelado! La muerte de ese toro y su presencia aqu\u00ed me lo confirman. Y yo lo s\u00e9 tambi\u00e9n\u2026 \u2014hizo, Soledad, una pausa que pareci\u00f3 eterna y fr\u00eda como los t\u00e9mpanos en los polos del mundo, mientras llegaba a esa conclusi\u00f3n que le desgarraba el coraz\u00f3n \u2014\u00a1Porque seguramente Emilio Carbajal ya se raj\u00f3 pa\u2019 desposarme a m\u00ed, el muy canalla! Hay cosas que son verdad porque son absurdas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dicen que el grito iracundo que reson\u00f3 a trav\u00e9s de los cerros durante esa noche, s\u00f3lo se hab\u00eda escuchado durante los a\u00f1os de La Bola. Emilio Carbajal pod\u00eda darse ahora por muerto. \u201c\u00a1Ah que jijo e\u2019 la chingada!\u201d exclam\u00f3 Fausto Medina mientras tomaba su carabina, uni\u00e9ndose al contingente y dando gracias a la Virgen de los Remedios por permitirle seguir gozando de las limosnas por tiempo indefinido. Y no fue Fausto Medina el \u00fanico que se sinti\u00f3 aliviado: muchas jovencitas ahora pod\u00edan culpar a ese criminal sin escr\u00fapulos por haberles gozado las fragilidades durante las noches de sudor: \u201ccon magia negra\u201d, dijeron unas; \u201ces el Diablo\u201d, dijeron otras. No importaba la versi\u00f3n, para el pueblo todas eran iguales. Y muchos hombres, por su parte, vieron la oportunidad de hacerse del cuerpo de Soledad Medina; otros pocos con hacerse de su coraz\u00f3n y s\u00f3lo uno que otro atolondrado de convertirse en su marido. As\u00ed que el pueblo pospuso la cacer\u00eda de Emilio Carbajal para hacer un jolgorio con el pretexto de unas nuevas nupcias para Soledad Medina. \u201cTotal que s\u00ed se puede\u201d, \u201cNo m\u00e1s hay que hablarle bonito\u201d, \u201cSi ya las dio una vez, ya las da pa\u2019 siempre\u201d. Y as\u00ed fue que se pospuso por una semana la b\u00fasqueda de Emilio y todo el pueblo cooper\u00f3 para arreglar el kiosco, el parque y sus calles aleda\u00f1as para la fiesta del domingo. Una familia llev\u00f3 el papel picado, otra puso las serpentinas y el confeti, otra puso las l\u00e1mparas empapeladas. La comida corri\u00f3 a cargo de don Ignacio Punz\u00f3n, porque ya les hab\u00eda quitado la Navidad por adelantado a sus empleados, as\u00ed que pens\u00f3 en retribuir de cierta forma, para no tenerlos tan inconformes todo el a\u00f1o; sin embargo, las fritangueras de siempre, no se hicieron esperar y sacaron muy puntuales sus comales, por aquello de que no alcanzara para todos. El padre Jacinto no vio correcto que se llevara fiesta sin Santo que celebrar, pero no puso objeci\u00f3n, ya que Soledad Medina lo val\u00eda, y dado que la fiesta de la Virgen de los Remedios estaba muy lejos y hac\u00eda falta la cooperaci\u00f3n, pues termin\u00f3 por aceptar que el atrio fuese la pista de baile ante la concurrencia esperada. Y los hacendados llegaron en sus lujosos artefactos llamados camionetas y se pusieron espl\u00e9ndidos y generosos al llevar juegos y cohetes para tronar. Hasta los mariachis llegaron desde las ciudades cercanas y lejanas y todo el pueblo se uni\u00f3 a la fiesta, como si con eso espantaran sus culpas los unos y sus intenciones los otros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Camila Medina, la madre de Soledad, le hizo hermosas trenzas con listones de colores, le puso colorete rojo en las mejillas y la adorn\u00f3 con arracadas, collares y pulseras de plater\u00eda jalisciense. Fausto Medina le compr\u00f3, gracias a los favores de la Virgen de los Remedios, un hermoso vestido de tul y zapatos de raso bordados en seda. La abuelita sac\u00f3 un rebozo de Santa Mar\u00eda, uno que le dieron el d\u00eda de su boda. Ve\u00edase Soledad, a ella misma, con extra\u00f1eza, como fuera de s\u00ed misma; sabi\u00e9ndose lejana y apartada de la alegr\u00eda de ese d\u00eda. Ella no quer\u00eda a Emilio Carbajal, pero lo extra\u00f1aba. No lo extra\u00f1aba con cari\u00f1o, ni siquiera como se extra\u00f1a a una persona. Lo extra\u00f1aba como extra\u00f1aba al perro que anduvo en su jard\u00edn tantos a\u00f1os, de cuyo nombre no se acordaba; o como al gato que nunca regres\u00f3 y no pudo ponerle nombre. Lo extra\u00f1aba como a sus mu\u00f1ecas o a sus juegos de t\u00e9. Pero ella s\u00ed se extra\u00f1aba a s\u00ed misma por sobre todas las cosas. El necio amor que hab\u00eda jugado con Emilio hab\u00eda terminado y le quedaba un sabor como el de la leche de magnesia y la purga de nopal. No obstante, y como suele pasar cuando hay jolgorio, lo que Soledad Medina pensara o sintiera no ten\u00eda importancia para la gente porque la fiesta fue un evento maravilloso, con todas esas mariposas de papel revoloteando entre las luci\u00e9rnagas de p\u00f3lvora encendida. Y las notas alegres del viol\u00edn nadando entre los brazos de los bailarines igual que pececillos en el agua clara. Despu\u00e9s, el bullicio de los juegos y las risas de los ni\u00f1os; el tronar de los cohetes y el ladrido de los perros flacos que buscaban entre las sobras un pedazo de algo que comer. El olor del ponche se confund\u00eda con el olor del humo de los comales y el sabor de las aguas frescas con el picante de las garnachas. Aparecieron de pronto los hombres con m\u00e1scaras de hombres, talladas en madera, con los ojos fijos y la mirada en la nada; como muertos que sonre\u00edan por la fiesta para Soledad Medina. Y los hombres con m\u00e1scaras de hombres muertos que r\u00eden por las fiestas bailaron como posesos y se golpearon indiscriminadamente con lazos de cuero, hasta que su sangre alegr\u00f3 a la comunidad, que ri\u00f3 con su dolor y el placer de sus bailes. Y los mariachis, por un lado, y banda del pueblo por otro, como pele\u00e1ndose la supremac\u00eda del sonido desafinado de sus trompetas. El aguardiente corri\u00f3, entonces, como suele correr todos los d\u00edas, pero ahora sin remilgos de mujeres ni taca\u00f1er\u00eda de hombres: todos a beber y a bailar, a comer y a amar. Salud por Soledad Medina y sus nuevas nupcias, aunque sabr\u00e1 Dios con qui\u00e9n. Salud. Y Soledad Medina no sal\u00eda. \u201c\u00bfA qu\u00e9 voy a salir si ando extra\u00f1\u00e1ndome a m\u00ed misma?\u201d se preguntaba mientras esperaba permanecer entre las sombras y sombras nada m\u00e1s. De pronto todo ces\u00f3 y empez\u00f3 a escuchar a los mariachis bajo su ventana: la serenata de los pretendientes de pueblo y los alrededores. Todos quer\u00edan su oportunidad y todos la tuvieron, entre berridos inentendibles y voces aguardientosas. Tuvieron que pasar mil canciones antes de que Soledad identificara aquella con la que Emilio Carbajal hab\u00eda ganado su coraz\u00f3n unos meses atr\u00e1s y entonces se asom\u00f3 para descubrir al hombre m\u00e1s hermoso que hab\u00eda visto en toda su vida y con la voz m\u00e1s agraciada del mundo.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#_ftnref1\" id=\"_ftn1\">*<\/a> T\u00edtulo de la Redacci\u00f3n<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>2 Las antorchas en la noche brillaban en manos de los jornaleros y caporales, as\u00ed como en manos de muchos m\u00e1s empleados que se vieron afectados con la muerte de \u201cJicarito\u201d, la enorme bestia que durante el transcurso de la ma\u00f1ana desapareci\u00f3 del corral para ser encontrada vuelta girones de carne, huesos y tripas en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":190,"featured_media":2976,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[49],"tags":[],"class_list":["post-2975","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-nada-se-termina-nunca"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2975","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/190"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2975"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2975\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2977,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2975\/revisions\/2977"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2976"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2975"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2975"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2975"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}