{"id":2915,"date":"2025-11-25T15:34:20","date_gmt":"2025-11-25T15:34:20","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/?p=2915"},"modified":"2025-11-25T15:34:22","modified_gmt":"2025-11-25T15:34:22","slug":"la-mirada-el-mal-de-ojo-y-el-amor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/la-mirada-el-mal-de-ojo-y-el-amor\/","title":{"rendered":"La mirada, \u201cel mal de ojo\u201d y el amor"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Cuando, en el amor, pido una mirada, es algo intr\u00ednsecamente insatisfactorio y que siempre falla porque &#8211;<em>Nunca me miras desde d\u00f3nde yo te veo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Jacques Lacan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>El ojo que ves no es<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>ojo porque t\u00fa lo veas;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>es ojo porque te ve.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Antonio Machado<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El <em>mal de ojo<\/em> es una expresi\u00f3n que se escucha en las m\u00e1s diversas culturas. Desde siempre la mirada ha sido la parte del cuerpo a la que m\u00e1s se le han atribuido poderes sobrenaturales; en diversas latitudes se sostiene la superstici\u00f3n que asegura que la mirada tiene el poder de hacer da\u00f1o. Se habla, por ejemplo, de <em>miradas que matan, <\/em>se asegura que hay<em> miradas que parecen pu\u00f1ales<\/em>, o bien se dice que el ojo es<em> espejo del alma.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En M\u00e9xico, dentro de la medicina tradicional, en los pueblos originarios, el mal de ojo es una de las enfermedades del alma que afecta fundamentalmente a los ni\u00f1os, incluso se le conoce tambi\u00e9n como \u201c<em>ojo de ni\u00f1o<\/em>\u201d, o simplemente <em>ojo<\/em> si aqueja a los adultos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se dice que es una enfermedad causada por aquellas personas que tiene \u201c<em>la vista fuerte<\/em>\u201d, es decir, una mirada dotada del poder de hacer el mal, de enfermar con la mirada, con frecuencia una mirada cargada de envidia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La sintomatolog\u00eda con la que se reconoce el mal de ojo es muy rica en sus descripciones. Quien padece de <em>mal de ojo<\/em> sufre de calentura, diarrea, vista sin brillo y triste, p\u00e9rdida del apetito, y falta de sue\u00f1o. El diagn\u00f3stico se realiza mediante \u201cpulsar\u201d al paciente, dado que se supone que el aquejado de mal de ojo no tiene sangre o su sangre es tan d\u00e9bil que no tiene pulso, como un cad\u00e1ver. El tratamiento consiste en diversas formas de limpia, van desde el uso de un huevo que se pasa por todo el cuerpo \u2014se cree que el huevo absorbe el \u201caire malo\u201d \u2014, al terminar, el huevo se rompe y el curandero determina el origen del mal en las formas que la clara del huevo deja ver. El ritual se acompa\u00f1a de rezos y un frotamiento del cuerpo con ramas de albahaca, romero y otras muchas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ser <em>mal-visto<\/em> denota el mal que se <em>ve<\/em> en la mirada de alguien a quien se le supone querer causar da\u00f1o y puede incluso causar la muerte; se sostiene la creencia de que existen \u201c<em>Miradas que matan<\/em>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sigmund Freud habla del<em> mal de ojo<\/em> en su trabajo de 1919, <em>Lo Ominoso. <\/em>Ah\u00ed dir\u00e1 que una de las formas m\u00e1s extendidas y m\u00e1s siniestras de la superstici\u00f3n es el temor al <em>mal de ojo<\/em>. La fuente es clara, dice: \u201cQuien posee algo precioso, pero perecedero, teme la envidia ajena, proyectando a los dem\u00e1s la misma envidia que habr\u00eda sentido en el lugar del pr\u00f3jimo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esos impulsos de envidia se transmiten por la v\u00eda de la mirada, aunque uno se niegue a expresarlo con palabras. Bien aplica aqu\u00ed la conocida frase: \u201cuna imagen (una mirada) dice m\u00e1s que mil palabras\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Freud asociar\u00e1 el mal de ojo con la envidia, escribe: \u201cCuando alguien se diferencia de los dem\u00e1s por unos rasgos llamativos, en particular si son de naturaleza desagradable, se le atribuye una envidia de particular intensidad y la capacidad de trasponer en actos esa intensidad. Se teme as\u00ed un prop\u00f3sito secreto de hacer da\u00f1o, y por ciertos signos se supone que ese prop\u00f3sito posee tambi\u00e9n la fuerza de realizarse\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El ver y la mirada, entonces, son conceptos que vinculan, por un lado, una funci\u00f3n fisiol\u00f3gica y, por el otro, una omnipotencia del pensamiento. Sabemos que la funci\u00f3n de la mirada es fundamental en la constituci\u00f3n del sujeto. Para que advenga un sujeto es necesario que se produzca una operaci\u00f3n significante que venga a poner l\u00edmite a la omnipotencia de la mirada del Otro a la que el sujeto se encuentra desde el origen alienado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La mirada o presencia absoluta del Otro deber\u00e1 ser acotada. El juego del fort-da freudiano es el ejemplo que mejor ilustra este l\u00edmite que permite acotar el goce del Otro. Se articular\u00eda a partir de un \u201cahora te veo, ahora no te veo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se trata de un doble juego fundante, por un lado, si la mirada del Otro falta, el <em>infans<\/em> no es inscrito en el registro simb\u00f3lico, sin embargo, si nada pone l\u00edmite a la mirada omnipotente del Otro, entonces el ni\u00f1o quedar\u00eda sometido a la voracidad de la mirada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jacques Lacan dedica cuatro lecciones a la mirada como modo de acercarse al concepto de pulsi\u00f3n, a la pulsi\u00f3n esc\u00f3pica. En la segunda parte del seminario XI, <em>Los cuatro conceptos fundamentales del psicoan\u00e1lisis,<\/em> se cuestiona sobre la funci\u00f3n de la mirada en el cuadro del pintor. Aborda la pulsi\u00f3n esc\u00f3pica a partir de lo que ocurre entre la obra del pintor y el espectador, y de ah\u00ed extiende una analog\u00eda con lo que ocurre en el amor. El cuadro es una \u201ctrampa-enga\u00f1o\u201d, dir\u00e1, y el aficionado ser\u00eda enga\u00f1ado del mismo modo que lo ser\u00eda el amante. Lacan propone que, en la dial\u00e9ctica del ojo y la mirada, tanto en el cuadro como en el amor, no hay ninguna coincidencia, sino fundamentalmente se\u00f1uelo. Lo que el pintor propone al espectador es deponer la mirada, asumir la existencia de una falta, algo que escapa entre el cuadro y su mirada, y lo mismo ocurre con el amante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lacan, desde el Seminario X sobre la angustia busca pensar la pulsi\u00f3n esc\u00f3pica en relaci\u00f3n a las diversas modalidades de la emergencia del objeto <strong>a <\/strong>(objeto causa del deseo), incluso dir\u00e1 que el mencionado objeto emerge como tal, propiamente dicho, a partir de ponerse en juego la mirada, ah\u00ed donde el objeto va m\u00e1s all\u00e1 del cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lacan se\u00f1ala que la mirada que est\u00e1 en juego es la mirada de la que habla Sartre: \u201cesa mirada que me sorprende, y me reduce a la verg\u00fcenza&#8230; esa mirada que encuentro no es en absoluto una mirada vista, sino una mirada imaginada por m\u00ed en el campo del Otro\u201d, y es en ese imaginario de la mirada del Otro donde se forja la presencia del mal de ojo. Se trata de una mirada que, dice, lo sorprende, lo desconcierta, lo perturba y lo reduce a un sentimiento de verg\u00fcenza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lacan sostiene que lo que est\u00e1 en el fundamento de la visi\u00f3n es la estructura vuelta de rev\u00e9s de la mirada, <em>verse ver, <\/em>mejor a\u00fan, en la hiancia entre ambos<em>. <\/em>En este sentido, en psicoan\u00e1lisis se trata de lo mal-visto, incluso lo que se ve de reojo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa dimensi\u00f3n de la mirada, desde lo mal-visto, inside en ese instante de ver que se juega en ese instante s\u00fabito del amor que se conoce como <em>el flechazo<\/em>: ah\u00ed donde algo se ve, lo real, pero no se sabe qu\u00e9 se mira.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al respecto, Jean Allouch, en su libro <em>El amor Lacan<\/em>, nos hablar\u00e1 del \u201camor enga\u00f1oso\u201d, al que ubica en la l\u00ednea de diversas adjetivaciones que el amor tendr\u00eda para Lacan, tales como \u201cfalsedad\u201d, \u201cnegaci\u00f3n\u201d, \u201cinoportuno\u201d, etc\u00e9tera, el amor es como una \u201cm\u00e1scara\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dice Lacan: \u201cDesde un principio, en la dial\u00e9ctica del ojo y la mirada, vemos que no hay coincidencia alguna, sino un verdadero efecto de se\u00f1uelo. Cuando, en el amor, pido una mirada, es algo intr\u00ednsecamente insatisfactorio y que siempre falla porque <em>Nunca me miras desde d\u00f3nde yo te veo<\/em>\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La mirada es un sost\u00e9n para mostrar la incidencia del objeto <strong><em>a<\/em><\/strong> sobre el amor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Freud despleg\u00f3 la emergencia del objeto perdido como una sucesi\u00f3n de escalones, oral, anal, f\u00e1lico; Lacan, en cambio, propone otras dos v\u00edas: la mirada y la voz. Todas comparten la premisa del consentimiento en una extracci\u00f3n, que se convertir\u00e1 despu\u00e9s en el objeto de deseo, en el s\u00edmbolo de lo que se perdi\u00f3. Y como s\u00edmbolo, todos ellos son el mismo, el falo, si lo entendemos como el comod\u00edn, como el vac\u00edo que imaginariamente rellenamos con tal o cual objeto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nos angustia la mirada del Otro porque sabemos que somos vistos, pero no sabemos <em>qu\u00e9<\/em> nos ve el Otro, es decir, potencialmente somos mal-vistos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando, en el amor, pido una mirada, es algo intr\u00ednsecamente insatisfactorio y que siempre falla porque &#8211;Nunca me miras desde d\u00f3nde yo te veo. Jacques Lacan. El ojo que ves no es ojo porque t\u00fa lo veas; es ojo porque te ve. 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