{"id":2909,"date":"2025-11-25T15:29:33","date_gmt":"2025-11-25T15:29:33","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/?p=2909"},"modified":"2025-11-25T15:29:54","modified_gmt":"2025-11-25T15:29:54","slug":"ahora-tengo-la-nostalgia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/ahora-tengo-la-nostalgia\/","title":{"rendered":"Ahora tengo la nostalgia"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u201c(\u2026) vengo de la piel que tengo de ustedes<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>vengo de robar el \u00faltimo clavel,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>yo vengo, yo vengo, yo vengo, yo vengo.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Piero Antonio Franco de Benedictis<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vengo del sur de Brasil, de Rio Grande do Sul, mi linda tierra gaucha, donde sopla el viento Minuano. Un viento fr\u00edo, helado, que llega seco y cortante desde el sudoeste trayendo el aliento polar. Su nombre viene de los minuanos, un pueblo ind\u00edgena de raza guerrera y brav\u00eda, que habitaba la regi\u00f3n. Pero sobre el viento, dec\u00eda mi abuelo con la cuia en mano, mientras degustaba su chimarr\u00e3o: \u201cEste viento, no solo trae fr\u00edo; cuando llega, trae advertencias. El gaucho, desde tiempos idos, sabe leer el viento como quien lee el destino\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El chimarr\u00e3o gaucho es una ceremonia silenciosa que habla de hospitalidad. Se prepara con yerba mate verde, fina, suave, en una calabaza llamada cuia. El agua caliente destila la yerba, y uno sorbe el amargor tibio por una bombilla de plata con pico de oro. Esa pajilla, ca\u00f1a o sorbete que usamos los gauchos es siempre de metal; y la cuia pasa de mano en mano, gesto antiguo de confianza y amistad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi abuelo dec\u00eda que, antes del amanecer, el primer sorbo serv\u00eda para despejar el alma y despertar el campo mojado por el roc\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En algunas noches de verano, cuando la luna llena iluminaba los caminos, convers\u00e1bamos afuera de la casa bajo el titilar de las luci\u00e9rnagas. Entonces los abuelos hablaban m\u00e1s despacio, casi en secreto, y dec\u00edan que los difuntos segu\u00edan rondando la casa, velando por el ganado y por la familia. Por eso encend\u00edan velas en las noches de tormenta, para pedir protecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Asimismo, por la impresionante imagen de la luna, ellos siempre comentaban que la luna llena hac\u00eda florecer los campos y crecer el cabello. Muchas veces, mi abuela cort\u00f3 las puntas de mis trenzas bajo esa luz. Sin olvidarse de comentar que, por el contrario, durante la luna menguante, nadie deb\u00eda plantar, cambiar su plata o cortaba le\u00f1a: todo menguaba con la luna.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Transmit\u00edan el conocimiento heredado de sus abuelos \u2014esos abuelos que nunca pisaron la tierra brasile\u00f1a, pero que les grabaron entre ceja y ceja que la mesa era sagrada. Por eso, dejar un cuchillo sucio sobre la mesa era una falta de respeto: hab\u00eda que lavarlo enseguida para quitarle el peso de la sangre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando estoy en la ciudad, no siempre recuerdo su sabidur\u00eda. Pero en esos d\u00edas que me recojo en mi finca, todo me trae los recuerdos de los abuelos: si el perro a\u00falla en la noche, es porque se acerca una tormenta. Si el caballo relincha sin motivo, anuncia la llegada de un visitante. El campo siempre daba una se\u00f1al, dec\u00edan los abuelos. Hoy, creo que el campo sigue dando se\u00f1ales, aunque uno viva distra\u00eddo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A veces, se queda todo difuso en mi mente, todo tan lejos, casi ajeno. Pero si el alborozo de la vida digital lo permite, regreso a sus voces. Recuerdo a mi abuelo explicando que, en el tiempo de su abuelo, la palabra, era casi sagrada, val\u00eda m\u00e1s que el papel. Quien promet\u00eda, cumpl\u00eda. Faltar a la palabra era manchar el alma y el nombre de la familia. Y siempre recalcaban que la familia no pod\u00eda pelearse por cosas, porque solamente los muertos de hambre peleaban por las herencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, a la hora de la comida, en las horas bajo la luna o frente al fuego, ellos repet\u00edan aquellas ense\u00f1anzas que sus abuelos les dejaron y que les ayudaron a pasar la vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Antes de llamar al m\u00e9dico, un mate o una oraci\u00f3n. Siempre una ramita de ruda y la fe bastaban para curar el mal de ojo y el miedo. Tantas cosas tan grandes, tan peque\u00f1as. Tal vez, sin darse cuenta. \u00a1No s\u00e9!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora tengo la nostalgia de la fogata que parec\u00eda sagrada, ya que nunca se apagaba con agua para no atraer la mala suerte. Un buen fuego se extingu\u00eda solo, en paz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al igual que se extinguieron los abuelos, en la madrugada, cuando todos pensaban que estaban dormidos\u2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201c(\u2026) vengo de la piel que tengo de ustedes vengo de robar el \u00faltimo clavel, yo vengo, yo vengo, yo vengo, yo vengo.\u201d Piero Antonio Franco de Benedictis Vengo del sur de Brasil, de Rio Grande do Sul, mi linda tierra gaucha, donde sopla el viento Minuano. 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