{"id":290,"date":"2021-03-02T15:43:49","date_gmt":"2021-03-02T15:43:49","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/03\/02\/el-cuerpo-canto-grito-y-susurro\/"},"modified":"2021-03-02T15:43:49","modified_gmt":"2021-03-02T15:43:49","slug":"el-cuerpo-canto-grito-y-susurro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/el-cuerpo-canto-grito-y-susurro\/","title":{"rendered":"El cuerpo: canto, grito y susurro"},"content":{"rendered":"<h6><em>Portada: Oldich Kulh&aacute;nek (Praga, 1940). Tomado de <a href=\"https:\/\/www.mirartegaleria.com\/2014\/01\/torsos-y-cuerpos-masculinos-dibujos-de.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">https:\/\/www.mirartegaleria.com\/2014\/01\/torsos-y-cuerpos-masculinos-dibujos-de.html<\/a><\/em><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para Marcel, mi amado amigo, a quien abrazo en su mortificaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El hombre [&hellip;] piensa porque una estructura, la del lenguaje, lo implica. Porque una estructura recorta su cuerpo y nada tiene que ver con la anatom&iacute;a.<\/p>\n<p>Jacques Lacan<\/p>\n<p>El cuerpo suele ser tomado como el <em>shibboleth<\/em> del psicoan&aacute;lisis, su santo y se&ntilde;a, su Alfa y Omega. Y quiz&aacute; lo sea: tiene sus en-cantos, sus gritos y sus susurros. El psicoan&aacute;lisis tiene una mirada singular del cuerpo, como singular resulta su abordaje de todo lo que concierne a la condici&oacute;n humana. El cuerpo no s&oacute;lo es un mont&oacute;n de pelos, v&iacute;sceras y venas. Esencialmente es un espacio relacional, organizado m&aacute;s all&aacute; de lo biol&oacute;gico. En psicoan&aacute;lisis la concepci&oacute;n del cuerpo va m&aacute;s all&aacute; de las consideraciones de la f&iacute;sica que habla de un &ldquo;cuerpo&rdquo; para designar a todo aquello que ocupe un lugar en el espacio; eso es cierto, desde el psicoan&aacute;lisis el cuerpo ocupa un lugar, pero un lugar en el Otro. El cuerpo es inconsciente.<\/p>\n<p>Sigmund Freud, en su obra <em>Esquema del psicoan&aacute;lisis<\/em> (1938), se propone la gran tarea de &ldquo;reunir los principios del psicoan&aacute;lisis y exponerlos de manera dogm&aacute;tica &mdash;de la manera concisa y en los t&eacute;rminos m&aacute;s inequ&iacute;vocos&rdquo;. Ah&iacute; se&ntilde;ala que el psicoan&aacute;lisis se apoya y articula en dos cabos o comienzos de nuestro saber acerca de la vida an&iacute;mica. Uno es justamente el &oacute;rgano corporal, centrado en el enc&eacute;falo, que es su escenario, mientras que el otro se asienta en nuestros actos de conciencia. De esta afirmaci&oacute;n se desprende un cierto paralelismo psicof&iacute;sico. Freud le da nombre: <em>(Trieb)<\/em> pulsi&oacute;n, frontera entre lo ps&iacute;quico y lo som&aacute;tico. Estas dos hip&oacute;tesis, estos dos pilares, son las bases del edificio psicoanal&iacute;tico. El cuerpo adquiere estatuto de objeto conceptual en psicoan&aacute;lisis.<\/p>\n<p>El hombre no piensa con su alma como imagina el fil&oacute;sofo, dice el psicoanalista Jacques Lacan en un texto que en la jerga psicoanal&iacute;tica se conoce como <em>Televisi&oacute;n:<\/em> &ldquo;El hombre piensa porque una estructura, la del lenguaje, recorta su cuerpo y nada tiene que ver con la anatom&iacute;a&rdquo;. El cuerpo en psicoan&aacute;lisis es un cuerpo hecho de palabras y, por lo tanto, no puede ser sino un cuerpo fragmentado organizado con car&aacute;cter ilusorio en esa instancia enigm&aacute;tica llamada Yo.<\/p>\n<p>Freud, en <em>Introducci&oacute;n del narcisismo<\/em> (1914), se cuestiona sobre el Yo, partiendo de que es &ldquo;un supuesto necesario que no est&eacute; presente desde el comienzo en el individuo una unidad comparable al yo&rdquo;. Hay, en cambio, una fragmentaci&oacute;n de origen que se muestra como desarmon&iacute;a del organismo, una discordia primordial. El cuerpo como unidad, el cuerpo esfera, ense&ntilde;a Lacan, siempre fracasa porque el cuerpo real o cuerpo fragmentado lo agujera permanentemente.<\/p>\n<p>El maestro vien&eacute;s nos deja una orientaci&oacute;n y una verdad incontestable hasta el momento con respecto al cuerpo: el ser humano nace de manera prematura y nace con el cuerpo fragmentado. Se encuentra en estado de desamparo (<em>hilfsbed&uuml;rftigkeit<\/em>). En el <em>infans<\/em>, al nacer, no hay un <em>yo<\/em> que se reconozca como tal, el <em>infans<\/em> (el que no est&aacute; en el habla) no sabe que su mano es su mano, que su pie es su pie, etc. No hay reconocimiento innato de su cuerpo, luego entonces, tendr&aacute; que pasar un proceso de apropiaci&oacute;n (siempre imposible, inacabado) de su cuerpo. Proceso que pasa de lo imaginario a lo simb&oacute;lico, y que no termina nunca dado que hay una dimensi&oacute;n real del cuerpo que imposibilita toda asimilaci&oacute;n. Podemos ver aqu&iacute; los tres registros que propone el psicoanalista franc&eacute;s Jacques Lacan: real, simb&oacute;lico e imaginario.<\/p>\n<p>Entonces, y hay que decirlo de manera radical, el ser humano no nace con cuerpo, por tanto, tendr&aacute; que construirse un cuerpo en una necesaria relaci&oacute;n significante con el Otro. Vaya cosa: el ser humano se reconoce en <em>otro lado de s&iacute;<\/em>, en el Otro. Eso ense&ntilde;a Freud: el yo se constituye a partir de la ausencia de un supuesto de unidad comparable al yo. El yo es Otro. En suma: el Yo, asiento del cuerpo, se constituye no desde el conocimiento o consciencia sino desde el desconocimiento.<\/p>\n<p>Es cierto que la importancia del cuerpo est&aacute; dada desde mucho antes de la invenci&oacute;n del psicoan&aacute;lisis, sin embargo, la disciplina fundada por Freud, y en particular la lectura de Lacan, le da a la categor&iacute;a <em>cuerpo<\/em> otra dimensi&oacute;n. Un punto referencial de este cambio epist&eacute;mico ocurre cuando el cuerpo deviene morada de la muerte: el cuerpo deviene mortificaci&oacute;n en s&iacute;. Lacan, desde Freud, reivindica la presencia de la muerte en la vida. Es ante la muerte (que en principio viene del afuera) que el sujeto habla, crea, se crea la imagen de un cuerpo.<\/p>\n<p>Por parad&oacute;jico que parezca, en el mundo no siempre los seres humanos se han pensado como habitados de la muerte. La muerte resultaba ajena. Por muchos siglos la muerte ven&iacute;a del exterior, era cuesti&oacute;n de Dios o del <em>maligno<\/em>. El cuerpo no estaba habitado de la muerte, la muerte era ajena. Con el Renacimiento, sin embargo, el cuerpo se vuelve morada de la muerte. La muerte baja del cielo y la vida corporal se habita de muerte. El cuadro de Rembrant <em>Lecci&oacute;n de anatom&iacute;a del Dr. Nicolaes Tulp <\/em>es una ilustraci&oacute;n cl&aacute;sica de la b&uacute;squeda de la muerte en el cuerpo diseccionado. El cuerpo, al ser tomado por la muerte, nos deja como saldo un cuerpo fragmentado. La fragmentaci&oacute;n de la carne se sutura (mal) por el lenguaje. Tenemos ahora un cuerpo hecho de palabras, mejor a&uacute;n, por la pulsaci&oacute;n de la palabra, vamos, por la Letra.<\/p>\n<p>El cuerpo est&aacute; indisolublemente ligado al lenguaje. El cuerpo habla, as&iacute; lo mostr&oacute; el genio de Freud en su encuentro con la histeria. Los signos del cuerpo, sin embargo, son opacos, ambiguos, insensatos, como el canto que escuchamos en los sue&ntilde;os. El cuerpo habla tambi&eacute;n en los silencios. El cuerpo se expresa con jerogl&iacute;ficos, con mensajes encriptados, es un laberinto enigm&aacute;tico. Freud descubre que el cuerpo habla con el lenguaje fascinante de los s&iacute;ntomas. Pero no s&oacute;lo eso, al escuchar el habla singular del cuerpo, escucha lo que los dem&aacute;s se niegan a escuchar, escucha la sexualidad femenina, escucha el &ldquo;otro-sexo&rdquo;.<\/p>\n<p>S&iacute;, el cuerpo es un cuerpo er&oacute;geno. Las v&iacute;as de la sexualidad llevaron a Freud a un encuentro con la muerte. La muerte que no es vista con la simpleza de quien la supone al final de la vida, no, la muerte es una muerte que insiste en la vida, insiste en el cuerpo: lo mortifica. De esta manera, el cuerpo se encuentra anudado por la sexualidad y la muerte. El cuerpo deviene campo de batalla entre la sexualidad y la muerte. Lo que resulta contundente (y para muchos discursos insoportable) en la ense&ntilde;anza de Freud es que no hay sexualidad sino en relaci&oacute;n con la muerte. Esto nos lleva a pensar en una nueva er&oacute;tica y nos muestra lo ingenuo de la sexolog&iacute;a. &ldquo;No somos psic&oacute;logos sino erot&oacute;logos&rdquo; dir&aacute; Lacan.<\/p>\n<p>Si con alguna consideraci&oacute;n del cuerpo el psicoan&aacute;lisis guarda distancia (quiz&aacute; al nivel de la visi&oacute;n religiosa del cuerpo) es con el cuerpo visto desde la medicina. Para la ciencia de Hip&oacute;crates, lo real del cuerpo se equipara con el organismo y sus funciones. El cuerpo de la medicina es el de la anatom&iacute;a y la fisiolog&iacute;a, se detiene en lo que se hace visible del cuerpo. &Eacute;ste no es el cuerpo del psicoan&aacute;lisis. En la invenci&oacute;n de Freud, el cuerpo se construye en la relaci&oacute;n con el Otro como significante que le precede como discurso. En <em>Psicoan&aacute;lisis y medicina<\/em>, Lacan escribe: &ldquo;este cuerpo no se caracteriza simplemente por la dimensi&oacute;n de la extensi&oacute;n: un cuerpo es algo que est&aacute; hecho para gozar, gozar de s&iacute; mismo&rdquo;.<\/p>\n<p>Esta lectura del cuerpo que propone el psicoan&aacute;lisis nos obliga a pensarlo, con Lacan, como se ha dicho, desde los tres registros que el psicoanalista nos propone: el imaginario, el simb&oacute;lico y el real. Canto, grito y susurro.<\/p>\n<p>Canto.<\/p>\n<p>En el registro de lo imaginario el cuerpo pasa por los dispositivos especulares e identificatorios que posibilitaran la vivencia de unificaci&oacute;n del cuerpo a partir de la imagen que el Otro le devuelve. El organismo fragmentado encuentra en la imagen su unidad, su l&iacute;mite, su silueta, su contorno. El cuerpo entonces es reconocido con un estallido de j&uacute;bilo, el ni&ntilde;o se reconoce en el cuerpo que ve unificado en el espejo, el cuerpo se encanta con el Otro. Se trata de un cuerpo unificado, s&iacute;, pero en lo imaginario, fuera de s&iacute;, en el Otro, en la dependencia del Otro que le devuelve una imagen de s&iacute; mismo. En lo imaginario, el cuerpo es espejo de las pasiones, opera como im&aacute;n er&oacute;tico.<\/p>\n<p>Grito.<\/p>\n<p>Pero el cuerpo tambi&eacute;n resulta ser como un texto (libro abierto y enigm&aacute;tico), es el lugar donde se inscribe nuestra historia. En el registro de lo simb&oacute;lico, el cuerpo es archivo del amor y el odio, cartograf&iacute;a de los encuentros y los desencuentros. Mapa de los abandonos y las mudanzas. En el cuerpo se encuentran inscritas las cicatrices de la infancia. El cuerpo grita al Otro sus desgarraduras, sus mortificaciones. El cuerpo grita al Otro <em>Che vuoi?<\/em>, &iquest;qu&eacute; me quieres?, &iquest;qu&eacute; quieres de m&iacute;?. Desde lo simb&oacute;lico y las filiaciones, en el nombre, el cuerpo es el portador de la historia del sujeto, sus pactos, sus amores y sus desamores.<\/p>\n<p>Susurro.<\/p>\n<p>Por otro lado, en el registro de lo real, el cuerpo nos confronta con lo indecible, con lo imposible, con eso que s&oacute;lo conocemos por el susurro. El cuerpo, pese a cada uno, nos muestra aquello que se juega entre los gritos y silencios, lo inasible, el puro susurro de la muerte, con lo real de mortificaci&oacute;n. Aquello que nos coloca entre dos-muertes. El cuerpo de lo real es el que se resiste al signo, s&oacute;lo es aullido, grito que desgarra toda inscripci&oacute;n, lo que rompe de un golpe seco (la muerte que llega de s&uacute;bito), lo real del cuerpo ata&ntilde;e al horror. El cuerpo en lo real es reducido al desecho.<\/p>\n<p>En la experiencia amorosa podemos ver en juego estos tres registros: en principio los cuerpos se atraen, la imagen del otro es im&aacute;n er&oacute;tico que despierta las pasiones. El erotismo se hace presente. Pero la atracci&oacute;n, para no consumirse en el fuego ardiente de lo er&oacute;tico, para sostenerse, convoca a las historias, los amantes se muestran al otro con sus cicatrices, sus heridas, y desde ah&iacute; se hacen pactos. Sin embargo, en todo encuentro hay un susurro de muerte. M&aacute;s all&aacute; de las im&aacute;genes y las historias, en el encuentro del cuerpo y el Otro, se muestran el horror, los silencios, los gemidos, los llantos, las violencias y la muerte.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Portada: Oldich Kulh&aacute;nek (Praga, 1940). Tomado de https:\/\/www.mirartegaleria.com\/2014\/01\/torsos-y-cuerpos-masculinos-dibujos-de.html &nbsp; Para Marcel, mi amado amigo, a quien abrazo en su mortificaci&oacute;n. &nbsp; El hombre [&hellip;] piensa porque una estructura, la del lenguaje, lo implica. Porque una estructura recorta su cuerpo y nada tiene que ver con la anatom&iacute;a. 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