{"id":2882,"date":"2025-11-14T15:51:31","date_gmt":"2025-11-14T15:51:31","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/?p=2882"},"modified":"2025-11-14T15:51:32","modified_gmt":"2025-11-14T15:51:32","slug":"el-lapiz-roto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/escribir-para-divulgar\/el-lapiz-roto\/","title":{"rendered":"El l\u00e1piz roto"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El silencio en mi departamento se rompi\u00f3 por los golpes en la puerta. De discretos pasaron a en\u00e9rgicos y despu\u00e9s decididamente fuertes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El ruido se esparci\u00f3 por la sala, entre los sillones de cuero gastado, por la cocina con su aroma a tabaco y caf\u00e9, y lleg\u00f3 a las rec\u00e1maras, despertando el sue\u00f1o de los libros apilados en muebles y libreros y del periodista que gru\u00f1\u00f3 al levantarse en modo zombi para atender la puerta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ya medio despierto, escuch\u00e9 su voz detr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1Ya despierta, Pedro Mart\u00ednez! \u00bfQu\u00e9 haces? \u2014Pepita pasa de los cincuenta, y aunque siempre dice que ya nada puede sorprenderla, no pude dejar de notar un leve gesto de retroceso y los ojos m\u00e1s abiertos al verme tras abrir la puerta. Deb\u00eda estar hecho un asco. Otro gesto vino por el tufo, al recibir el beso en la mejilla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Vamos a la cocina \u2014le dije con voz de lija. Milagrosamente, la cocina estaba limpia y ordenada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Puse caf\u00e9 y descolgu\u00e9 el tel\u00e9fono.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014S\u00ed, Pedro, el del peri\u00f3dico \u2014la voz se fue suavizando\u2014. Dos chilaquiles bien picosos y cervezas&#8230; S\u00ed, aqu\u00ed le doy, do\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Volte\u00e9 a ver a Pepita, que me dijo, con un gesto, que no quer\u00eda nada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Mira c\u00f3mo est\u00e1s, Perico. \u00bfQu\u00e9 hiciste ayer? \u2014pregunt\u00f3\u2014. Espera, \u00bfpor qu\u00e9 pediste otros chilaquiles?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfQui\u00e9n ha de ser? \u00a1Sebasti\u00e1n! Est\u00e1 en la rec\u00e1mara de invitados. Lo hubieras visto ayer, que el festejo se puso un poco triste.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pepita se preocup\u00f3. Quer\u00eda al muchacho como al hijo que nunca tuvo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014No me digas, \u00bfa sus veinticuatro y se pone triste en su cumplea\u00f1os? Eso lo he visto en gente mayor, pero en muchachos casi no. \u00bfQu\u00e9 pas\u00f3?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de servirle caf\u00e9, le empec\u00e9 a contar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hab\u00edamos acordado d\u00edas antes vernos en el bar La \u00d3pera, ese que est\u00e1 a una calle de la Parroquia del Carmen. Se ha vuelto mi favorito desde que clausuraron la cantina de mi amigo el qu\u00edmico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Yo ya estaba en la mesa, terminando mi primer trago, cuando vi llegar a Sebasti\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Te hubiera gustado ver su entrada: en la rocola sonaba \u201cAses y tercia de reyes\u201d, de Juan Gabriel, cuando cruz\u00f3 las puertas abatibles, busc\u00e1ndome con la mirada. Ya lo conoces, con sus pelos rebeldes, alto y regordete. Los que lo conoc\u00edan lo respetaban. Con su chamarra de cuero, jeans y morral al hombro, ya solo le faltaban botas para parecer el h\u00e9roe de un western.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero fallar\u00eda como vaquero en que siempre evitaba las peleas, m\u00e1s a\u00fan desde que unos malos perdedores le dejaran esa leve cojera que se not\u00f3 al llegar a mi mesa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1Felicidades, chamaco! \u2014le dije con entusiasmo. Pero no acababa de abrazarlo cuando vi su cara triste otra vez.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de pedir su cerveza, sacamos las pipas y estuvimos callados unos minutos. Algo intuy\u00f3 el mesero, porque aparte de llevar un cenicero trajo un par de consom\u00e9s bien calientitos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Luego me cont\u00f3 la historia que lo ten\u00eda inquieto. El caso de la rata gigante de La Victoria ya era historia vieja, pero este asunto reciente en la Catedral, el del l\u00e1piz roto, no lo dejaba en paz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Semanas antes, me dijo, hab\u00eda visto gente reunida en el atrio. Curiosos, algunos asustados. Tuvo que empujar para acercarse al cuerpo que yac\u00eda ah\u00ed. \u00a1Gente morbosa y sin quehacer!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La puerta de la torre, ahora de metal, hab\u00eda sustituido a la de madera que rompieron para verificar que el muchacho hab\u00eda estado solo. Sebasti\u00e1n, en modo detective, subi\u00f3 a revisar. Por eso rompi\u00f3 la puerta y por eso se gan\u00f3 tres d\u00edas de arresto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me cont\u00f3 que pens\u00f3 en nosotros, pero que no nos imaginaba en un lugar as\u00ed. \u00bfTe acuerdas cuando el sacrist\u00e1n dejaba subir a las parejitas por unos pesos? \u00a1Y lo hicimos! Al principio te mareabas, pero all\u00e1 arriba te sent\u00edas libre, como si pudieras volar. Ah\u00ed te bes\u00e9 por primera vez, apenas hace un par de a\u00f1os. Nos port\u00e1bamos como chamacos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero sigo, que quiero contarte todo antes de que despierte Sebas y organicemos su fiesta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al subir a la torre, revis\u00f3 cada rinc\u00f3n. En lo alto dedujo por cu\u00e1l ventana hab\u00eda saltado el joven: hab\u00eda raspones al pie de la misma. Sin embargo, la ventana opuesta tambi\u00e9n ten\u00eda marcas parecidas, mamposter\u00eda rota y, justo debajo, la mitad de un l\u00e1piz quebrado bruscamente. Lo recogi\u00f3 con cuidado. Ol\u00eda vagamente a aceite de madera y estaba manchado de tierra rojiza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras \u00e9l estaba all\u00e1, llevaron el cad\u00e1ver a la morgue del hospital de San Pedro, en espera de que alguien lo identificara. Eso ocurri\u00f3 al d\u00eda siguiente, cuando la se\u00f1ora Eladia, madre de Crist\u00f3bal, lleg\u00f3 desde la comandancia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ten\u00eda la negra sensaci\u00f3n de que era su hijo: el supuesto suicida que llevaba una nota, un par de monedas, las llaves de la puerta rota\u2026 y la mitad de un l\u00e1piz, tambi\u00e9n roto. La otra mitad, Sebasti\u00e1n la hab\u00eda encontrado arriba, en la torre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y era precisamente el l\u00e1piz roto lo que no le cuadraba a Sebasti\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El nombre de Barrab\u00e1s ya hab\u00eda aparecido dos veces en <em>El Clarinete de Puebla<\/em>: una en la nota roja, por el caso de la rata, y otra en el del Tata Nacho. Puro show, ya sabes. Pero mi Sebas merece m\u00e1s, y lo lograr\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El caso de Crist\u00f3bal Morales no fue el m\u00e1s sonado, pero mostr\u00f3 al joven Barrab\u00e1s que los misterios del amor pueden ser m\u00e1s fuertes que nada. Y sin embargo, para los dem\u00e1s, solo fue una nota amarillista con una foto borrosa del cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de que falleciera Lolita, su abue, Sebasti\u00e1n traspas\u00f3 el local del mercado y se mud\u00f3 a la ciudad, por la China Poblana. Ya no era el chamaco de antes; ahora era Barrab\u00e1s, el que descifraba lo que nadie quer\u00eda ver.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y ah\u00ed estaba, en La \u00d3pera, con esa mirada que ya conoc\u00eda. Sonaba una de Leo Dan cuando sac\u00f3 su libretita azul, ya casi deshecha, y me dijo:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Don Perico, le cuento algo que me pas\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo solt\u00f3 como quien comenta el clima, pero yo, que lo conoc\u00eda desde chamaco, sab\u00eda que cuando hablaba as\u00ed era porque necesitaba sacarse algo del pecho.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Barrab\u00e1s contaba sus casos como quien arma un rompecabezas para un ni\u00f1o: primero la torre con su ventana raspada, luego el funeral en Santiago, despu\u00e9s la carpinter\u00eda con su olor a aceite y su tierra rojiza. Pero yo te los cuento como fue, d\u00eda tras d\u00eda, para que entiendas por qu\u00e9 aquel muchacho regordete que resolv\u00eda misterios por amor a su abuelita nunca volvi\u00f3 a ser el mismo despu\u00e9s del caso del l\u00e1piz roto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La madre del difunto no cre\u00eda en el suicidio, sobre todo porque era un muchacho enamorado y correspondido. Todas las tardes se re\u00eda con Hilaria, la hija del panadero, en el jard\u00edn del Carmen, antes de acompa\u00f1arla a casa. Ese nivel humilde pero honesto no atra\u00eda ni a la nota roja.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero el l\u00e1piz estaba roto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y la nota dec\u00eda, como si fuera requisito: <em>\u201cNo se culpe a nadie de mi muerte. C.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sebas devoraba el peri\u00f3dico cada d\u00eda. Yo mismo le consegu\u00ed permiso para entrar al archivo de nota roja de <em>El Clarinete<\/em>. De ah\u00ed se enter\u00f3 de todas las maldades del hombre: desde el alba\u00f1il que decapita al compa\u00f1ero hasta el ni\u00f1o rico que reporta la desaparici\u00f3n de su novia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llenaba su libreta azul de garabatos y s\u00edmbolos, hasta que entendi\u00f3 que solo su abue pod\u00eda descifrarlos. Luego volvi\u00f3 al texto com\u00fan, aunque indescifrable para los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como ingeniero electr\u00f3nico, lo llamaban a veces para arreglar los radios de las patrullas. Trabajaba cerca de la polic\u00eda, pero no ve\u00eda m\u00e1s que esc\u00e1ndalos de borrachos o robos menores. Ning\u00fan misterio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso no entend\u00eda por qu\u00e9 nadie segu\u00eda el caso de Crist\u00f3bal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El capit\u00e1n le daba largas a la madre, hasta que dej\u00f3 de recibirla. Entonces Sebasti\u00e1n empez\u00f3 a indagar por su cuenta, con el l\u00e1piz roto como espina en la cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tres d\u00edas despu\u00e9s, la parroquia abri\u00f3 sus puertas para la misa de cuerpo presente. Afuera llov\u00eda, como si el cielo tambi\u00e9n quisiera lavarse las manos. Barrab\u00e1s lleg\u00f3 cuando el padre comenzaba el responso, con el pelo h\u00famedo y la libreta protegida bajo la chamarra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por la noche fue al funeral. La vecindad ten\u00eda ocho apartamentos con cocina y un patio central con lavaderos. Hab\u00edan empezado los rosarios. La caja estaba cerrada. M\u00e1s cerrada parec\u00eda Hilaria, que lloraba quedito junto al f\u00e9retro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Do\u00f1a Eladia lo reconoci\u00f3 por la libreta azul. Se acerc\u00f3, le toc\u00f3 la manga, depositando en \u00e9l toda su fe y le agradeci\u00f3 en silencio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Do\u00f1a Eduviges, la vecina del 4, le dio m\u00e1s chismes que pistas, pero una s\u00ed serv\u00eda: Jos\u00e9 Juan, carpintero, estaba enamorado de Hilaria y no era correspondido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al d\u00eda siguiente, Sebasti\u00e1n lo visit\u00f3. Los moretones en la cara lo hac\u00edan sospechoso. La tierra roja del patio y el olor a aceite coincid\u00edan con los del l\u00e1piz roto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sebasti\u00e1n volvi\u00f3 a revisar su libreta y not\u00f3 algo: en la mitad del l\u00e1piz hab\u00eda una letra min\u00fascula, una J.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Volvi\u00f3 con do\u00f1a Eladia. Ella le mostr\u00f3 una nota arrugada hallada en el pantal\u00f3n sucio de Crist\u00f3bal. Dec\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cNos vemos en la torre. Quiero decirte algo importante. A las 8. H.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No era la letra de Hilaria, sino la de Jos\u00e9 Juan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Barrab\u00e1s no necesit\u00f3 m\u00e1s. Esa tarde fue a la carpinter\u00eda. Jos\u00e9 Juan lo recibi\u00f3 con cara de pocos amigos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Fuiste t\u00fa, \u00bfverdad? \u2014le solt\u00f3 Sebasti\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jos\u00e9 Juan intent\u00f3 empujarlo, pero Barrab\u00e1s conoc\u00eda las peleas de barrio. Lo esquiv\u00f3 y lo derrib\u00f3 contra un banco de trabajo. Luego lo inmoviliz\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1Habla!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y habl\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Confes\u00f3 todo entre l\u00e1grimas: hab\u00eda falsificado la nota, citando a Crist\u00f3bal en la torre para reclamarle por Hilaria. Discutieron. Se empujaron. Crist\u00f3bal resbal\u00f3, se golpe\u00f3 la cabeza y qued\u00f3 inconsciente. Jos\u00e9 Juan, en p\u00e1nico, escribi\u00f3 la nota falsa, le puso las llaves y las monedas, y lo arroj\u00f3 por la ventana, fingiendo un suicidio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014No quer\u00eda matarlo \u2014dijo\u2014. Solo asustarlo\u2026 solo eso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sebasti\u00e1n lo dej\u00f3 en el suelo y camin\u00f3 hasta la comandancia. To\u00f1o, su amigo de la comandancia, lo recibi\u00f3 incr\u00e9dulo. Minutos despu\u00e9s, el carpintero ya estaba detenido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Do\u00f1a Eladia no supo si sentirse aliviada o m\u00e1s triste. Al menos ten\u00eda la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hilaria llor\u00f3 m\u00e1s, aunque nadie supo si por Crist\u00f3bal o por el esc\u00e1ndalo. Se fue a vivir con una t\u00eda a Veracruz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Do\u00f1a Eladia rez\u00f3 m\u00e1s por el alma de Jos\u00e9 Juan que por la de su hijo. Dec\u00eda que al menos Crist\u00f3bal muri\u00f3 con el coraz\u00f3n limpio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y Barrab\u00e1s volvi\u00f3 a escribir en su libreta azul, cerr\u00e1ndola esta vez con una liga doble: \u201cNunca subestimes un l\u00e1piz roto.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Do\u00f1a Eladia no dijo nada m\u00e1s. Solo toc\u00f3 la libreta, la acarici\u00f3 como si fuera la mano de su hijo, y Sebasti\u00e1n entendi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cTal vez no se trata de resolver cosas\u201d, pens\u00f3, \u201csino de estar ah\u00ed cuando nadie m\u00e1s quiere ver.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se pregunt\u00f3 si eso era ser detective: encontrar verdades que no siempre traen consuelo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No hubo villanos claros ni justicia como en las novelas. Solo una ausencia m\u00e1s pesada que el misterio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero \u00e9l ya no era el mismo. Su mirada es m\u00e1s triste.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso lleg\u00f3, directo de ver a la se\u00f1ora, con esa cara larga a La \u00d3pera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la mesita de la sala puedes ver la libreta azul, abierta como una herida, como una promesa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El silencio en mi departamento se rompi\u00f3 por los golpes en la puerta. De discretos pasaron a en\u00e9rgicos y despu\u00e9s decididamente fuertes. 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