{"id":2845,"date":"2025-11-04T15:38:48","date_gmt":"2025-11-04T15:38:48","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/?p=2845"},"modified":"2025-11-04T15:40:21","modified_gmt":"2025-11-04T15:40:21","slug":"la-muerte-y-despues","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/la-muerte-y-despues\/","title":{"rendered":"La muerte y despu\u00e9s"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>\u201cSobreviviente<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Todos murieron<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>antes que yo naciera:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>La abuela Antonieta<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>La abuelita Negrita<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>El abuelo Ces\u00e1reo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>La abuela Leontina<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>El abuelo Ignacio<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Las t\u00edas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Los primos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Hoy estoy viva<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u00a1Llena de muertos!<strong>\u201d<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Algunos de mis abuelos, a sabiendas que yo les sobrevivir\u00eda, me inculcaron la idea de que lo que llamamos \u201cmuerte\u201d no es un final, sino una transformaci\u00f3n del relato que sostiene la identidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Posiblemente, ellos sab\u00edan que la muerte constituye uno de los temas cardinales de la experiencia humana. Desde los mitos cosmog\u00f3nicos hasta la filosof\u00eda contempor\u00e1nea, la humanidad ha intentado dar sentido a este tr\u00e1nsito inevitable. Sin embargo, ning\u00fan lenguaje ni sistema simb\u00f3lico logr\u00f3 clausurar su misterio, pero todos han dejado huellas de su b\u00fasqueda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mis abuelos, conceb\u00edan la muerte no como final, sino como una transformaci\u00f3n. Su intuici\u00f3n personal me permite dialogar con diversas tradiciones filos\u00f3ficas, religiosas y culturales que han entendido la muerte como tr\u00e1nsito, retorno o desvelamiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cSobreviviente \/ todos murieron \/ antes que yo naciera (\u2026)\u201d, escrib\u00ed alguna vez para resumir esa paradoja de estar viva y, al mismo tiempo, habitada por mis muertos. Porque, en m\u00ed, la memoria familiar se erige como un archivo de voces y silencios que me ense\u00f1aron que la muerte no extingue, sino que muta la forma de la presencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ellos me hablaban de que la conciencia persiste, que no viaja a un \u201clugar\u201d en el sentido f\u00edsico, porque no hay un cielo arquitect\u00f3nico ni un infierno de fuego literal. La conciencia, al soltarse del cuerpo, desconectase de la idea espacio tiempo y retorna a un mar m\u00e1s vasto: un campo de memoria compartida, donde las experiencias se mezclan como gotas en el oc\u00e9ano. Cada gota conserva su singularidad por un tiempo, pero poco a poco se integra en la corriente mayor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta noci\u00f3n encuentra resonancia en lo que Mircea Eliade denomin\u00f3 \u201cel mito del eterno retorno\u201d, seg\u00fan el cual, los acontecimientos individuales se inscriben en un ciclo c\u00f3smico que los trasciende (Eliade, 1949)<a href=\"#_edn1\" id=\"_ednref1\">[i]<\/a>. Entonces, la muerte no interrumpe la existencia sino que reintegra al sujeto en una temporalidad mayor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tal vez, es cierto, que el l\u00edmite de nuestro lenguaje sea lo que limita nuestro conocimiento, por eso, hablar del <em>post mortem<\/em> es como intentar describir un horizonte que no se deja alcanzar, mismo porqu\u00e9 muchos conocimientos fueron velados a la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Empero, como si fuera un secreto, mis abuelos escucharon de sus abuelos esas ense\u00f1anzas de que la muerte, al igual que la vida, es muy necesaria para el ser humano. Dentro de su complejidad, est\u00e1 inserida su sencillez, por eso todos asimilan la existencia de la muerte como un paso indudable que garantiza un reencuentro a un nivel no f\u00edsico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las ense\u00f1anzas orales de mis abuelos encuentran paralelos en m\u00faltiples tradiciones. En los Andes, se concibe la persistencia del <em>ajayu<\/em> (energ\u00eda vital) m\u00e1s all\u00e1 del cuerpo f\u00edsico. En Mesoam\u00e9rica, el viaje del alma hacia el Mictl\u00e1n implica atravesar pruebas hasta alcanzar la depuraci\u00f3n final. En \u00c1frica bant\u00fa, la muerte no es ruptura, sino tr\u00e1nsito hacia el estado de ancestro, donde se preserva la relaci\u00f3n con la comunidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todas estas cosmovisiones comparten una certeza: la muerte no clausura la existencia, sino que la transforma en otra modalidad de presencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin las vestes que entorpecen nuestro accionar y contradictoriamente, siendo las mismas vestiduras que nos permiten tener una experiencia en la tierra, cuando morimos \u201csomos\u201d, seguimos \u201csiendo\u201d pero sin m\u00e1scaras. Completamente desnudos los sentimientos, ante nosotros mismos. Sin posibilidad de vivir una ficci\u00f3n, como muchos viven entre sus mentiras diarias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando uno de mis abuelos estaba en v\u00edsperas de partir, le pregunt\u00e9 qu\u00e9 sent\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">\u201cLo que siento, al acercarme a ese umbral, es una vibraci\u00f3n ambigua: fascinaci\u00f3n y v\u00e9rtigo. Fascinaci\u00f3n, porque all\u00ed se disuelven las m\u00e1scaras y se libera lo que nunca pudo expresarse del todo. V\u00e9rtigo, porque implica abandonar la ilusi\u00f3n m\u00e1s fuerte: la de un Yo coherente y continuo.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta vivencia \u00edntima tiene correspondencia con lo que Emmanuel Levinas describi\u00f3 como la alteridad radical de la muerte: no se trata solo de un fen\u00f3meno natural, sino de \u201cla imposibilidad de posibilidad\u201d (Levinas, 1979)<a href=\"#_edn2\" id=\"_ednref2\">[ii]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre sombras y luces, todos partieron. Dejaron huellas por haber estado y sido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s, los imagin\u00e9 nadando en aguas tibias y cristalinas. Porque, tal vez, sea posible que ese mar donde las conciencia se sumerge sea lo que muchos llamaron \u201calma del mundo\u201d, \u201cinconsciente colectivo\u201d o \u201cplano astral\u201d. Palabras distintas para intentar rozar una realidad que excede todo marco ling\u00fc\u00edstico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nunca supe si Carl Gustav Jung tuvo algo que ver con mis abuelos, pero \u00e9l propuso la noci\u00f3n de \u201cinconsciente colectivo\u201d, un sustrato ps\u00edquico compartido que conecta a los vivos con los muertos a trav\u00e9s de arquetipos y s\u00edmbolos universales. En este horizonte, la muerte no destruye la memoria, sino que devuelve la conciencia al \u00e1mbito de lo com\u00fan (Jung, 1964)<a href=\"#_edn3\" id=\"_ednref3\">[iii]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, lo que aprend\u00ed de mis abuelos y confirm\u00e9 en el di\u00e1logo con fil\u00f3sofos, mitos y tradiciones, es que la muerte es, al mismo tiempo, p\u00e9rdida y continuidad, ausencia y presencia. No es un final absoluto, sino el comienzo de una forma distinta de permanencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que se oculta tras la muerte es que quiz\u00e1 la conciencia nunca fue individual, sino apenas un reflejo temporal de esa totalidad. Lo sabr\u00e9 a ciencia cierta cuando vaya a abrazar a los m\u00edos, a esos que ten\u00edan mucha prisa y se fueron antes.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#_ednref1\" id=\"_edn1\">[i]<\/a>Eliade, M. (1949). <em>El mito del eterno retorno<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#_ednref2\" id=\"_edn2\">[ii]<\/a> Levinas, E. (1979). <em>\u00c9tica e infinito<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a id=\"_edn3\" href=\"#_ednref3\">[iii]<\/a> Jung, C. G. (1964). <em>El hombre y sus s\u00edmbolos<\/em>.0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cSobreviviente Todos murieron antes que yo naciera: La abuela Antonieta La abuelita Negrita El abuelo Ces\u00e1reo La abuela Leontina El abuelo Ignacio \u2026 Las t\u00edas Los primos \u2026 Hoy estoy viva \u00a1Llena de muertos!\u201d Algunos de mis abuelos, a sabiendas que yo les sobrevivir\u00eda, me inculcaron la idea de que lo que llamamos \u201cmuerte\u201d no [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":131,"featured_media":2848,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[],"class_list":["post-2845","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-desde-el-sur"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2845","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/131"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2845"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2845\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2846,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2845\/revisions\/2846"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2848"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2845"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2845"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2845"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}