{"id":2826,"date":"2025-10-31T15:49:37","date_gmt":"2025-10-31T15:49:37","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/?p=2826"},"modified":"2025-10-31T15:49:38","modified_gmt":"2025-10-31T15:49:38","slug":"indagaciones-sobre-la-monstruosidad-y-su-relacion-con-lo-humano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/indagaciones-sobre-la-monstruosidad-y-su-relacion-con-lo-humano\/","title":{"rendered":"Indagaciones sobre la monstruosidad y su relaci\u00f3n con lo humano"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hablar del monstruo es hablar del miedo y, al mismo tiempo, de la fascinaci\u00f3n que nos inmoviliza frente a lo desconocido. La monstruosidad no pertenece \u00fanicamente al reino de la imaginaci\u00f3n ni se reduce a los relatos de la infancia. Es un dispositivo cultural que acompa\u00f1a a la humanidad desde sus or\u00edgenes. All\u00ed donde el hombre traza l\u00edmites, el monstruo aparece para desbordarlos; all\u00ed donde la norma establece un orden, el monstruo se alza como su reverso insumiso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El monstruo no existe fuera de lo humano, pues se alimenta de nuestros temores, respira nuestras culpas y se nutre de lo que arrojamos al exilio de lo innombrable. No es una criatura externa ni aberraci\u00f3n ajena, sino carne viva de nuestras contradicciones. Comprenderlo es mirarnos en el espejo oscuro de nuestros excesos y silencios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El miedo constituye la matriz primera de toda monstruosidad. Siempre hay un temblor inicial, una piel erizada que se transforma en figura. Pero su rostro cambia con los tiempos ya que lo que ayer fue demonio, hoy puede ser extranjero; lo que fue herej\u00eda, ma\u00f1ana ser\u00e1 diferencia. Como advirti\u00f3 Michel Foucault, lo monstruoso se\u00f1ala el l\u00edmite de lo normativo, la l\u00ednea donde se cruzan lo imposible y lo prohibido (<em>Los anormales<\/em>, 1975).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cada \u00e9poca fabrica los monstruos que necesita. En la Edad Media, el miedo a lo femenino ardi\u00f3 en las hogueras inquisitoriales; en la modernidad, la sospecha cay\u00f3 sobre cuerpos considerados \u201cdegenerados\u201d, como si la desviaci\u00f3n pudiera leerse en los huesos y en los rostros. Mary Shelley, en <em>Frankenstein<\/em> (1818), anticip\u00f3 la paradoja de lo moderno, ya que, para ella, el monstruo ya no era castigo divino ni anomal\u00eda natural, sino criatura de la propia <em>hybris<\/em> humana. En nuestro presente, los monstruos se vuelven invisibles y globales, al presentarse como virus que paralizan sociedades, personas convertidas en amenaza por los discursos de odio y las tecnolog\u00edas que desbordan toda \u00e9tica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo monstruoso cumple una funci\u00f3n en el imaginario colectivo: marcar la frontera de lo normal, preservar un orden por medio de la exclusi\u00f3n, convertir el miedo en pol\u00edtica. Como recuerda Julia Kristeva, lo abyecto es aquello que nos repele y nos constituye al mismo tiempo (<em>Poderes de la perversi\u00f3n<\/em>, 1980). El monstruo es esa figura abyecta que expulso para definirme, pero que nunca deja de habitarme.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, lo monstruoso no se agota en la amenaza, porque tambi\u00e9n abre un espacio de resistencia, por ejemplo: lo que ayer fue llamado deformidad, hoy puede pensarse como diferencia; lo que se persigui\u00f3 como anomal\u00eda, hoy puede reivindicarse como identidad. El monstruo nos recuerda que la humanidad no est\u00e1 concluida. Cada intento de definirla encierra violencia y exclusi\u00f3n. En su exceso palpita la posibilidad de otra humanidad m\u00e1s amplia, m\u00e1s compleja, menos complaciente con sus propios l\u00edmites.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la contemporaneidad, los monstruos ya no son \u00fanicamente criaturas literarias o mitol\u00f3gicas; son en muchos casos, sistemas que devoran vidas, poderes que engullen comunidades, violencias que desgarran territorios. Del mismo modo son cuerpos y voces que se reapropian de esa etiqueta, transformando la monstruosidad en potencia emancipadora.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hablar del monstruo es hablar, en \u00faltima instancia, de nosotros mismos. Los monstruos son espejos, en sus rostros deformados late siempre nuestra carne temblorosa, atravesada por culpas y deseos. No son lo opuesto a lo humano, sino su revelaci\u00f3n m\u00e1s cruda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que m\u00e1s aterra no es la monstruosidad en s\u00ed, sino la certeza de que habita en nuestras entra\u00f1as. Por eso seguimos invent\u00e1ndolos, temi\u00e9ndolos, expuls\u00e1ndolos y, a veces, tambi\u00e9n abraz\u00e1ndolos. El monstruo no desaparece porque no es ajeno, vive en la misma grieta que nos constituye. Hablar de \u00e9l es hablar de lo humano en su l\u00edmite, en su abismo, en su potencia de reinvenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Referencias:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Foucault, Michel. <em>Los anormales<\/em>. Curso en el Coll\u00e8ge de France (1974-1975). Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 2001.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Kristeva, Julia. <em>Poderes de la perversi\u00f3n: ensayo sobre la abyecci\u00f3n<\/em>. Madrid: Siglo XXI, 1988.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Shelley, Mary. <em>Frankenstein o el moderno Prometeo<\/em>. Londres, 1818.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hablar del monstruo es hablar del miedo y, al mismo tiempo, de la fascinaci\u00f3n que nos inmoviliza frente a lo desconocido. La monstruosidad no pertenece \u00fanicamente al reino de la imaginaci\u00f3n ni se reduce a los relatos de la infancia. 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