{"id":2825,"date":"2025-10-31T15:50:26","date_gmt":"2025-10-31T15:50:26","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/?p=2825"},"modified":"2025-10-31T16:00:52","modified_gmt":"2025-10-31T16:00:52","slug":"__trashed","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/tinta-insomne\/__trashed\/","title":{"rendered":"Un ramo de gardenias blancas"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La muerte puede ser un ramo de gardenias blancas desbordando su dulce aroma sobre nuestros contados d\u00edas o un terror que crece hasta devorarlo todo. La muerte se cierne sobre cada uno de nosotros de forma ineludible. Cada hombre tiene su propia visi\u00f3n de la vida y su inevitable meta. Cient\u00edficos, fil\u00f3sofos, sabios y escritores han escrito durante siglos buscando respuestas que clarifiquen lo que hay en el proceso de la existencia y el m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Grandes obras a lo largo de los siglos han narrado la tragedia de la vida, pero a\u00fan m\u00e1s sobre el cataclismo de la muerte y el misterio que conlleva. El <em>Memento mori<\/em> es revelado para algunos a trav\u00e9s de la muerte de los seres cercanos. Por ejemplo, en <em>Beber un c\u00e1liz,<\/em> del escritor mexicano Ricardo Garibay, observamos un libro de dolor tajante frente a la muerte del padre. <em>Beber un c\u00e1liz<\/em> nos remite al concepto b\u00edblico del dolor y agon\u00eda de Cristo; aqu\u00ed es inevitable la copa de sufrimiento que el padre de Ricardo Garibay toma al lado de su familia, que lo ve de forma desoladora, agonizar tras la batalla perdida contra el c\u00e1ncer. La cr\u00f3nica po\u00e9tica del autor discurre sobre el cuerpo, la religi\u00f3n, la muerte, la vida, pero ante todo al sufrimiento. Las horas pesan como una robusta losa que terminar\u00e1 por aplastar a todos ante el \u00faltimo suspiro del padre. Oraciones, sentimientos, palabras de aliento, estertores forman parte de esta narraci\u00f3n que nos permite conocer parte de la vida familiar y del progenitor en el lecho de muerte. La narrativa es en algunas partes tan abrumadora que nos hace lamentar y preguntarnos \u00bfQu\u00e9 hacemos con nuestra vida antes de llegar al \u00faltimo aliento? Garibay escribe desde su experiencia personal y desgarradora. Intenta de forma infructuosa hallar un equilibrio entre sentimientos e intelecto:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Le pregunt\u00e9:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfSufres?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me movi\u00f3 a preguntar tama\u00f1a estupidez ese sopor de ausencia que parece flotar, pero m\u00e1s, una curiosidad literaria y vengativa. Me arrepiento de haberlo hecho: ya me arrepent\u00eda cuando insist\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfSufres?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esperaba no s\u00e9 qu\u00e9 respuestas espectaculares. Quer\u00eda o\u00edr secretos, saber qu\u00e9 pasa por la memoria y la imaginaci\u00f3n de los agonizantes, me urg\u00eda recibir confidencias misteriosas, descubrir francamente los veneros de la tristeza, la tristeza de mi padre. Un escritorzuelo dentro de m\u00ed no me ha olvidado ni un instante este tiempo. Me sent\u00ed ladr\u00f3n. Me com\u00eda el remordimiento anticipado y la impaciencia: tal vez no me hab\u00eda o\u00eddo, alguien podr\u00eda entrar, no deb\u00eda escap\u00e1rseme la oportunidad. Seguramente detr\u00e1s de mi actitud hab\u00eda buenos prop\u00f3sitos, no todo ten\u00eda que ser falaz en m\u00ed, pero aunque as\u00ed fuera, sus respuestas ser\u00edan \u00fatiles, yo las escribir\u00eda, y \u00bfqui\u00e9n se atrever\u00eda a asegurar que m\u00e1s tarde, al recordar, al escribir, mi dolor no ser\u00eda verdadero? (Garibay,43)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero los sentimientos, caen sobre el lector como&nbsp; una avalancha, se fermentan con la charla del sacerdote, con la irreverente necesidad de pedir la bendici\u00f3n del padre o plantear la insensata pregunta de \u00bfSufres?, con la respuesta en los inmensos ojos anegados, laga\u00f1osos, S\u00ed. El c\u00e1ncer entra a nosotros a trav\u00e9s de las palabras y sus silencios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cMi padre, que est\u00e1 aqu\u00ed muri\u00e9ndose desde hace cinco meses, agonizando desde hace diez y ocho d\u00edas, diez y ocho noches. La pieza huele a carne y v\u00edsceras que se corrompen, a la dulzura picosa que anuncia a la lentitud de la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed est\u00e1 mi padre. As\u00ed estamos. No trabajamos, no vamos y venimos, no vemos gentes, nuestros negocios est\u00e1n suspendidos. Pasamos las horas y las noches dispar\u00e1ndonos hacia la pieza porque: \u00ab\u00a1Ya, se muere, se muere, ya\u2026!\u00bb, y regresando a caminar por el resto de la casa, a mirarnos, \u00e1ridos, sin palabras, a recostarnos, a tomar caf\u00e9, a esperar de nuevo.\u201d (Garibay, 20)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Garibay no culmina con la muerte del padre que acontece el 9 de junio de 1962, nos narra su cumplea\u00f1os n\u00famero cuarenta (18 de enero de 1963) con la ausencia dolorosa y, en las \u00faltimas p\u00e1ginas, describe de forma breve la muerte de la madre, el 15 de junio de 1963, tras un infarto. En <em>Beber un c\u00e1liz,<\/em> m\u00e1s all\u00e1 de un relato sobre la p\u00e9rdida, dolor y muerte hay poes\u00eda, una belleza t\u00e1cita sobre el final de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfC\u00f3mo se narra la muerte humana? \u00bfC\u00f3mo descubrimos la vida a trav\u00e9s de la muerte del padre o de la madre?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Uno de los libros que nos llevan a descubrir respuestas a estas inc\u00f3gnitas es <em>La invenci\u00f3n de la soledad<\/em>, de Paul Auster. Aunque la historia parece simple con sus dos partes \u201cRetrato de un hombre invisible\u201d y \u201cEl libro de la memoria\u201d, nos lleva por un viaje de relaci\u00f3n paterna y la vida misma. La primera parte se centra sobre la enigm\u00e1tica figura paternal que siempre se muestra distante y ausente. Auster explora todas las aristas de esa relaci\u00f3n y escarba la historia familiar hasta llegar a un remoto asesinato que parece ser el origen del car\u00e1cter fr\u00edo del padre. Desde el inicio se plantea la escritura como un medio de rescatar la memoria del padre muerto:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Recib\u00ed la noticia de la muerte de mi padre hace tres semanas. Fue un domingo por la ma\u00f1ana mientras yo le preparaba el desayuno a Daniel, mi hijito. [\u2026] Entonces son\u00f3 el tel\u00e9fono y supe en el acto que habr\u00eda problemas. Nadie llama un domingo a las ocho de la ma\u00f1ana si no es para dar una noticia que no puede esperar, y una noticia que no puede esperar es siempre una mala noticia. No se me ocurri\u00f3 un solo pensamiento noble.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Incluso antes de hacer las maletas para emprender las tres horas de viaje hacia Nueva Jersey, supe que tendr\u00eda que escribir sobre mi padre. [\u2026] la idea estaba all\u00ed, como una certeza, una obligaci\u00f3n que comenz\u00f3 a imponerse a s\u00ed misma en el preciso instante en que recib\u00ed la noticia de su muerte. Pens\u00e9: mi padre ya no est\u00e1, y si no hago algo de prisa, su vida entera se desvanecer\u00e1 con \u00e9l. (Auster, 2)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este libro la muerte es un pretexto para resarcir la figura paternal y mientras el autor escribe sobre su padre, hay una consciencia que crece y se enriquece ante los recuerdos. Las palabras son puentes que van a emociones profundas. Aquel hombre invisible que s\u00f3lo es tangible por los objetos dejados despu\u00e9s de su muerte va transform\u00e1ndose, siendo m\u00e1s real tras la reconstrucci\u00f3n de los hechos y la memoria. Para el autor ya es imposible abandonar el proyecto de escritura:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ha habido una herida y ahora me doy cuenta de que es muy profunda. Y el acto de escribir, en lugar de cicatrizarla como yo cre\u00eda que har\u00eda, ha mantenido esta herida abierta. En ocasiones he sentido su dolor concentrado en mi mano derecha, como si sufriera un desgarramiento cada vez que levanto la pluma y la presiono contra el papel. En lugar de enterrar a mi padre, estas palabras lo han mantenido vivo, tal vez mucho m\u00e1s que antes. No s\u00f3lo lo veo como fue, sino como es, como ser\u00e1; y todos los d\u00edas est\u00e1 aqu\u00ed, invadiendo mis pensamientos, meti\u00e9ndose en m\u00ed a hurtadillas y de improviso. Bajo tierra, en su ata\u00fad, su cuerpo sigue intacto y sus u\u00f1as y su pelo contin\u00faan creciendo. Tengo la sensaci\u00f3n de que para comprender algo debo penetrar en esa imagen de oscuridad, de que debo entrar en la absoluta oscuridad de la tierra. (Auster, 19)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La segunda parte \u201cEl Libro de la Memoria\u201d consiste en la reconstrucci\u00f3n del legado familiar a trav\u00e9s de narraciones y detalles sin aparente relaci\u00f3n que van permitiendo tejer la identidad del personaje principal llamado A. la relaci\u00f3n de \u00e9l con su hijo peque\u00f1o forma una parte esencial, as\u00ed como la necesidad y el desaf\u00edo de la escritura. Igual que <em>Beber un c\u00e1liz<\/em> de Ricardo Garibay, el acto de escribir sobre la vida del padre se transforma en la propia raz\u00f3n de existir y en la insistente necesidad de buscar las palabras exactas para se\u00f1alar las emociones m\u00e1s all\u00e1 de la p\u00e9rdida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Marco Tulio Cicer\u00f3n afirm\u00f3 \u201cLa vida de los muertos est\u00e1 en la memoria de los vivos.\u201d y Tatiana \u021a\u00eebuleac lleva esta idea a un nivel superior con sus palabras en <em>El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes<\/em>. La novela plantea la compleja relaci\u00f3n de odio-amor entre una madre y su hijo, que tiene una enfermedad psiqui\u00e1trica. El verano que pasan juntos en un pueblo franc\u00e9s fuera de su hogar natal les permite reconciliarse e iniciar una nueva forma de vincularse frente a la muerte pr\u00f3xima de la madre. Aleksy, debido a su enfermedad, vive ensimismado, sin embargo gracias a un medicamento y la actitud de la madre logran disipar el dolor de la infancia, la ausencia del padre y la muerte de su hermana menor, Mika. Los protagonistas pasan de unas simples vacaciones a un verano que nunca olvidar\u00e1n. La obra de \u021a\u00eebuleac nos dibuja una figura materna compleja, una mujer que lucha por reponerse de la muerte de su hija, incapaz de entablar relaci\u00f3n afectiva con su hijo. La cercana muerte de la madre permite a Aleksy crecer mentalmente y desarrollar habilidades para su propia subsistencia. S\u00f3lo a partir del conocimiento de la mortal enfermedad el protagonista logra la empat\u00eda, reconciliaci\u00f3n y comunicaci\u00f3n necesaria. En este libro enfermedad y muerte est\u00e1n latentes para mostrarnos que la vida est\u00e1 compuesta de detalles peque\u00f1os que nos vigorizan como seres humanos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi madre me llev\u00f3 al campo de girasoles para anunciarme que se estaba muriendo. \u00abTengo c\u00e1ncer, Aleksy, una c\u00e1ncer maligno y rabioso\u00bb, me dijo y el d\u00eda empez\u00f3 a coagularse en ese mismo segundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su sonrisa de tallos rotos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El verde escurrido de sus ojos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su blanco de nimbo herido.&nbsp; (\u021a\u00eebuleac, 87)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un Aleksy adulto y pintor nos narra el verano en que muri\u00f3 su madre y cambi\u00f3 la vida; s\u00f3lo escribe por indicaciones de su psiquiatra. La pintura que inicialmente es una terapia se transforma poco a poco de una v\u00eda para desahogarse a una forma de vida que lo vuelve rico y famoso. Mientras Aleksy se agrandan, la madre se hace peque\u00f1a para entrar al reino de la muerte; como una ley imperante: los hijos sobreviven. La narraci\u00f3n de <em>El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes<\/em>, al igual que en los libros de Ricardo Garibay y Paul Auster permite a los protagonistas apaciguar el dolor, reconectar con el sentido de la vida, adem\u00e1s de otorgarles la capacidad de seguir adelante y a nosotros, lectores \u00e1vidos de historias \u00fanicas, nos regalan la reflexi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El d\u00eda que muri\u00f3 mi madre nos sent\u00edamos como dos ladrones que hubieran robado un banco. Est\u00e1bamos a mediados de septiembre y ella segu\u00eda viva. Por la ma\u00f1ana me dijo que quer\u00eda pan de Odille y un milhojas, y yo me mont\u00e9 contento en la bicicleta y fui a la panader\u00eda, donde compr\u00e9 tres bolsas de todo. Salimos a almorzar al jard\u00edn, pero mi madre quiso instalarse en la hamaca. Era tan ligera que no se despleg\u00f3 y qued\u00f3 enrollada en torno a ella en forma de barca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Comimos manzanas que yo cog\u00ed de una rama seca y frot\u00e9 la manga nos sorprend\u00eda que aquella rama muerta hubiera dado fruto. Nos sorprend\u00edan tambi\u00e9n los colores, el aire y el hecho de que estuviera viva. [\u2026]&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pasamos casi todo el d\u00eda hablando sin parar, comiendo nueces y manzanas, pero sin decir lo esencial. Me separ\u00e9 de mi madre sin que ella supiera que la hab\u00eda perdonado. Por la tarde se levant\u00f3 el viento y fui a casa a buscar una manta; cuando volv\u00ed mi madre se balanceaba muerta en la hamaca como una cris\u00e1lida con un brote de mariposa. (\u021a\u00eebuleac, 239-240)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando nos toca reconocer nuestra propia finitud o cuando fallece un ser amado o pr\u00f3ximo nos cuestionamos c\u00f3mo hemos administrado nuestra vida, planteamos preguntas acerca de la existencia, observamos el paso de vida y aceptamos la soledad humana en las diferentes etapas, nos preguntamos \u00bfQu\u00e9 es lo transcendental?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La extra\u00f1eza, la enfermedad, el dolor, la vejez y la muerte son parte de la vida; los contratiempos tambi\u00e9n vienen incluidos. En una \u00e9poca donde lo vac\u00edo y superficial predomina, donde el culto al cuerpo, la juventud, la belleza avasallan, donde se deshumaniza la enfermedad, la muerte, debemos de poner atenci\u00f3n y cr\u00edtica. Debemos entender que las debilidades y padecimientos son parte esencial de nuestra naturaleza y no por eso dejamos de ser menos humanos. Aprender de la enfermedad, sufrimiento y muerte nos hace individuos m\u00e1s conscientes y originales. Aunque la voz de nuestros padres se apague, nuestra voz sobreviviente se abre paso como el dulce olor de un ramo de gardenias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Obra referenciada<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Garibay Ricardo. <em>Beber un c\u00e1liz<\/em>. 1965. epublibre. Editor IbnKhaldun.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Auster Paul. <em>La invenci\u00f3n de la soledad<\/em>. 1990. Edhasa. Barcelona.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u021a\u00eebuleac Tatiana. <em>El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes<\/em>. 2019. Espa\u00f1a<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La muerte puede ser un ramo de gardenias blancas desbordando su dulce aroma sobre nuestros contados d\u00edas o un terror que crece hasta devorarlo todo. La muerte se cierne sobre cada uno de nosotros de forma ineludible. Cada hombre tiene su propia visi\u00f3n de la vida y su inevitable meta. 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