{"id":280,"date":"2021-02-23T15:49:59","date_gmt":"2021-02-23T15:49:59","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/02\/23\/intermitencias-de-la-voz\/"},"modified":"2021-02-23T15:49:59","modified_gmt":"2021-02-23T15:49:59","slug":"intermitencias-de-la-voz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/intermitencias-de-la-voz\/","title":{"rendered":"Intermitencias de la voz"},"content":{"rendered":"<p>&ldquo;Ellas encantan a todos los mortales que se les acercan,<\/p>\n<p>&iexcl;pero muy necio quien ceda en sus esfuerzos y escuche su canto!&rdquo;<\/p>\n<p><em>Odisea<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La voz es quiz&aacute; uno de los mayores enigmas del cuerpo, se trata a la vez de algo tan f&iacute;sico como incorp&oacute;reo. La voz es, desde el psicoan&aacute;lisis, una especie de &ldquo;objeto parcial&rdquo;. La voz es el n&uacute;cleo de lo que bien se podr&iacute;a llamar la pasi&oacute;n amorosa. Es por la voz que se alcanza a rozar el &ldquo;momento de la verdad&rdquo; en el v&iacute;nculo amoroso. &ldquo;Digo &iexcl;Te amo, y me abismo!&rdquo;, dice Roland Barthes en <em>Fragmentos de un discurso amoroso<\/em>. La voz es el &ldquo;mitema&rdquo; del amor, el eros de la vida. El amor, lo sabemos, es un hecho de palabra, pero no s&oacute;lo de la palabra escrita (aunque hay grandes cartas e historias de amor escritas que han despertado monumentales pasiones), en el amor se requiere de la palabra hablada: el amor se declara.<\/p>\n<p>Escuchar un hermoso canto, un profundo discurso, una exclamaci&oacute;n e incluso un gemido, son experiencias capaces de desencadenar las m&aacute;s potentes pasiones. La voz promueve un aut&eacute;ntico &ldquo;flechazo vocal&rdquo;, aun cuando quien la profiere est&eacute; fuera del alcance de la mirada, como se&ntilde;ala Paul-Laurent Assoun en su libro <em>La mirada y la voz. <\/em><\/p>\n<p>En un efecto meton&iacute;mico, la voz nos conduce de la parte al todo y as&iacute;, aquel que no se conoce, el locutor por ejemplo, ser&aacute; amado como portador de ese <em>objeto voz<\/em> que ha despertado la pasi&oacute;n. La voz opera como una descarga que vela y al mismo tiempo &ldquo;hace ver&rdquo;; deslumbra y hace ver, deslumbra y a la vez enceguece. El sujeto afectado por las intermitencias de la voz amorosa entrar&aacute; en una aventura pasional mandatada por el constante intento de volver a escuchar a esa voz. Queda prendado no de lo que ve, como puede ocurrir en el flechazo amoroso o <em>amor a primera vista<\/em>; no, aqu&iacute; queda seducido por eso que fue y ya no es pero puede volver a ser. Se trata de la voz pero no cualquiera. Es la voz que tendr&aacute; que tener toda &ldquo;la energ&iacute;a de su acci&oacute;n&rdquo;, como se&ntilde;ala Descartes en su tratado sobre <em>Las pasiones del alma, <\/em>hablando de la admiraci&oacute;n, la primera de las pasiones: &ldquo;su fuerza depende de dos cosas, a saber, su novedad y el hecho de que el movimiento que causa tenga desde el inicio toda su fuerza&rdquo;, escribe.<\/p>\n<p>Sin duda, al objeto vocal, a la voz, es posible reconocerle el valor de fetiche como nos ense&ntilde;a Freud. Lo es en tanto que el objeto amoroso, el fetiche, la voz, no son m&aacute;s que el signo de una falta; la voz encarna algo que se espera del otro: un llamado, una invocaci&oacute;n del otro. Y si algo es posible destacar como s&iacute;ntoma amoroso en el neur&oacute;tico es la p&eacute;rdida de la voz. Una histeria de conversi&oacute;n que toma a la voz como objeto a paralizar.<\/p>\n<p>Freud hace referencia a la afon&iacute;a o p&eacute;rdida de la voz en por lo menos dos ocasiones. Primero, en <em>Estudios sobre la histeria<\/em> nos habla de Rosalie H., una joven empe&ntilde;ada en ser una cantante famosa; sin embargo, se queja con frecuencia de que su voz no le obedece en ciertas tonalidades. Cuando aparecen esos &ldquo;fallos de la voz&rdquo; vive la sensaci&oacute;n de estrangulamiento y cerraz&oacute;n de la garganta. M&aacute;s tarde la voz vuelve a ser clara y brillante, pero ante la m&aacute;s ligera excitaci&oacute;n la constricci&oacute;n de la voz reaparece. Por otro lado, en el famoso caso Dora, la se&ntilde;orita experimenta entre sus s&iacute;ntomas &ldquo;accesos de tos con p&eacute;rdida de la voz&rdquo;. Freud se&ntilde;ala que este s&iacute;ntoma aparece cuando el se&ntilde;or K, a quien ama en secreto. El psicoanalista destaca que es &ldquo;la presencia o la ausencia de un objeto lo que determina secretamente la llegada y la desaparici&oacute;n de los fen&oacute;menos patol&oacute;gicos&rdquo;. Es decir, en los casos de afon&iacute;a que sobrevienen peri&oacute;dicamente, hay que postular la existencia de &ldquo;un amado provisionalmente ausente&rdquo;.<\/p>\n<p>Ovidio, en la historia de la pasi&oacute;n de Eco, la ninfa que ama a Narciso y, sin embargo, se queda sin poder decir su amor dado que est&aacute; condenada a s&oacute;lo repetir las &uacute;ltimas palabras que escucha. Con respecto al origen de Narciso, cuenta la mitolog&iacute;a que el adivino Tiresias le da una profec&iacute;a a la ninfa Liriope que hab&iacute;a concebido, a la fuerza, con el r&iacute;o Cefiso al peque&ntilde;o Narciso. Se le pregunt&oacute; si el ni&ntilde;o llegar&iacute;a a viejo, y el adivino ciego sentencio que ocurrir&iacute;a s&oacute;lo &ldquo;si no se conociese&rdquo;. Por otro lado, Eco es una joven y bella ninfa que fue condenada por Juno a perder el habla y s&oacute;lo podr&iacute;a devolver las &uacute;ltimas palabras que escuchaba. El castigo fue en represalia porque Eco era muy parlanchina y con su hablar sin cesar distra&iacute;a a Juno mientras J&uacute;piter le era infiel. Eco se encontr&oacute; a Narciso vagando por el campo y al instante se prend&oacute; de la belleza del muchacho (belleza que el desconoc&iacute;a) y lo empez&oacute; a seguir a hurtadillas. Lo segu&iacute;a y lo amaba cada vez m&aacute;s, pero nunca pudo hablarle. En alguna ocasi&oacute;n, el bello joven se hab&iacute;a apartado de sus compa&ntilde;eros y pregunt&oacute; en alta voz &ldquo;qui&eacute;n est&aacute; presente&rdquo;, y Eco repiti&oacute; esta &uacute;ltima palabra: &iexcl;presente!. Pasmado al o&iacute;rla, Narciso grit&oacute; &ldquo;Ven&rdquo;, y ella le contest&oacute; con la misma voz: &iexcl;ven! Enga&ntilde;ado, seducido, el joven sigui&oacute; hablando, y lleg&oacute; a decir: &ldquo;Junt&eacute;monos.&rdquo; Contest&oacute; Eco con la misma palabra, &iexcl;junt&eacute;monos!, y sali&oacute; de la selva dispuesta a abrazarlo. Narciso entonces sale huyendo y dice &ldquo;morir&eacute; antes que tengas poder sobre nosotros&rdquo;. Ella, despreciada, vuelve a ocultarse en la selva y ah&iacute; permanecer&aacute;. Cubierto el rostro de follaje y solitaria, ama a&uacute;n con mayor intensidad, y su cuerpo enflaquece y pierde toda belleza, y ya s&oacute;lo qued&oacute; huesos y voz. Despu&eacute;s sus huesos se hicieron piedra y queda s&oacute;lo voz. Un sonido que a&uacute;n podemos escuchar. El final de la historia de Narciso tambi&eacute;n es conocida: huyendo de Eco se encuentra frente a un arroyo y al verse, como estaba dicho en la profec&iacute;a, se arroba en su propia imagen y por quererse alcanzar muere ahogado.<\/p>\n<p>Mientras que para Freud la afon&iacute;a es un hecho cl&iacute;nico fundamental, para Lacan la voz est&aacute; ligada a la invocaci&oacute;n. La <em>pulsi&oacute;n invocante, <\/em>seg&uacute;n Lacan, es lo m&aacute;s pr&oacute;ximo a la experiencia de lo inconsciente, y lo es porque expresa un modo de comunicaci&oacute;n sumamente parad&oacute;jico. El sujeto comprueba que asigna al lugar del Otro lo que no es susceptible de asumir de su propia enunciaci&oacute;n. Fen&oacute;menos como las pesadillas de quedarse sin voz, o experiencias de miedo extremo (incluso alucinatorios) o angustia que dejan al so&ntilde;ante sin voz, atrapado en un goce pulsional indecible, son expresiones de lo que permanece intocado de la sexualidad y aparece vinculado a la muerte: donde no hay voz.<\/p>\n<p>Sabemos que la afon&iacute;a es, en t&eacute;rminos m&eacute;dicos, una p&eacute;rdida parcial o total de la voz, bien causada por una lesi&oacute;n o una par&aacute;lisis del &oacute;rgano de la fonaci&oacute;n. Sin embargo, casi todos tenemos la experiencia de que frente al Otro (en la emoci&oacute;n, el recuerdo) experimentamos una ausencia de voz, &ldquo;quedarse mudo&rdquo;, la palabra se ausenta aunque est&eacute; en la mente, como se dice, en &ldquo;la punta de la lengua&rdquo;. La voz, m&aacute;s all&aacute; de una patolog&iacute;a m&eacute;dica, puede faltar en la &ldquo;hora de la verdad&rdquo; y se presenta bajo la modalidad de la disfon&iacute;a. En Eco la voz se interrumpe, o repite sin sentido, es intermitente, se muestra como suspensi&oacute;n de una declaraci&oacute;n amor imposible.<\/p>\n<p>La voz, funci&oacute;n del cuerpo que ha sido exaltada he incluso es considera como el primer y m&aacute;s sofisticado instrumento musical, sostiene al sujeto en una abierta relaci&oacute;n exterior-interior (como la piel o el o&iacute;do), pero va m&aacute;s all&aacute;. Sabemos que en la histeria el cuerpo deviene lugar privilegiado para el s&iacute;ntoma. El cuerpo escenifica, muchas veces de manera espectacular, la insuficiencia de todo cuerpo para conseguir una satisfacci&oacute;n plena, lo mismo evidencia la imposibilidad de la relaci&oacute;n sexual y hace una invocaci&oacute;n a un padre que venga a remediar estas carencias, haci&eacute;ndose as&iacute; Amo del deseo.<\/p>\n<p>Esta funci&oacute;n de la voz va m&aacute;s all&aacute; del &oacute;rgano, no es natural, depende de la funci&oacute;n del Nombre del Padre (es decir un significante que ordene y al mismo tiempo falte) lo que permite que la voz permanezca articulada al habla. En el seminario sobre <em>La angustia<\/em> Lacan va a decir de la voz: &ldquo;que creemos conocer bien bajo el pretexto de que conocemos sus desechos, sus hojas muertas, bajo la forma de las voces extraviadas de la psicosis, su car&aacute;cter parasitario bajo la forma de los imperativos interrumpidos del supery&oacute;&rdquo;. Hace a la voz el objeto esencial que hace funci&oacute;n de objeto peque&ntilde;o a (objeto causa del deseo), y por tanto la voz mantiene una relaci&oacute;n esencial con la angustia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&ldquo;Ellas encantan a todos los mortales que se les acercan, &iexcl;pero muy necio quien ceda en sus esfuerzos y escuche su canto!&rdquo; Odisea &nbsp; La voz es quiz&aacute; uno de los mayores enigmas del cuerpo, se trata a la vez de algo tan f&iacute;sico como incorp&oacute;reo. 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