{"id":278,"date":"2021-02-23T15:49:03","date_gmt":"2021-02-23T15:49:03","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/02\/23\/aproximacion-al-tiempo-en-borges\/"},"modified":"2021-02-23T15:49:03","modified_gmt":"2021-02-23T15:49:03","slug":"aproximacion-al-tiempo-en-borges","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/aproximacion-al-tiempo-en-borges\/","title":{"rendered":"Aproximacin al tiempo en Borges"},"content":{"rendered":"<p><em>El r&iacute;o me arrebata y soy ese r&iacute;o. \/ De una materia deleznable fui hecho, de misterioso tiempo. \/ Acaso el manantial est&aacute; en m&iacute;. \/ Acaso de mi sombra \/ surgen, fatales e ilusorios, los d&iacute;as.<\/em><\/p>\n<p>Jorge Luis Borges,<em> Elogio de la sombra<\/em><\/p>\n<p><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n<p>Vivir en este planeta es un arte temporal que transcurre entre lo profano y lo divino, la mayor parte de las veces, de manera <em>profanamente divina.<\/em><\/p>\n<p>Es cierto que muchos piensan que es as&iacute;, o por lo menos viven como si as&iacute; lo fuera: <em>de manera profanamente divina<\/em>, mismo a sabiendas que el tiempo todo lo cambia o con el tiempo todo se extingue.<\/p>\n<p>En S&eacute;neca aparece el tiempo dividiendo la vida y la muerte, con su tremenda brevedad. De ah&iacute; que S&eacute;neca permanece siempre con el presente, ya que sobre el presente gravita la vida con toda intensidad.<\/p>\n<p>El pasado, entonces, es ya el rostro mismo de la muerte, porque la vida va dejando un lastre muerto, y el tiempo ineludible la empuja, forzosamente, a la muerte final y definitiva, cumpliendo as&iacute; con una ley natural.<\/p>\n<p>La temporalidad de la vida, en el planeta, parece necesaria. Si no es necesaria, sabemos que es inevitable. Por lo tanto, el tiempo se torna un tema eterno en la poes&iacute;a.<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; poeta no cant&oacute; la angustia que causa la temporalidad tan ef&iacute;mera de la existencia?<\/p>\n<p>Los conocedores de la obra po&eacute;tica de Jorge Luis Borges, saben que su nombre debe incluirse entre los pocos poetas latinoamericanos, que escribieron su pensamiento tambi&eacute;n a trav&eacute;s de la poes&iacute;a y dejaron una intensa y profunda impresi&oacute;n sobre la temporalidad, entre otros temas, asumiendo que el verso es forma temporal de la expresi&oacute;n art&iacute;stica.<\/p>\n<p>Borges, consignatario de una poes&iacute;a m&aacute;s tributaria de la prosodia cl&aacute;sica, escribi&oacute; de forma muy disciplinada circunscrita a una preceptiva can&oacute;nica, sin alejarse de las tem&aacute;ticas que angustian al hombre por el simpe hecho de existir.<\/p>\n<p>La profunda e intensa impresi&oacute;n del tiempo en la poes&iacute;a de Borges permite reflexionar sobre la existencia mortal, finita, inevitablemente temporal, de las personas que habitamos en el planeta en este preciso instante, ya que despu&eacute;s no estaremos; ya seremos historia, memoria, pasado&hellip;<\/p>\n<p>La fugacidad del tiempo fue uno de los or&iacute;genes de la angustia manifestada en las letras de Borges, ya que escribi&oacute; muchos textos en alusi&oacute;n a este tema.<\/p>\n<p>En el poema &ldquo;Her&aacute;clito&rdquo;, la angustia que produce la fugacidad del tiempo est&aacute; relacionada con el devenir incesante y el cambio de la realidad que nos rodea. Pero Borges identifica que nosotros, los humanos, tambi&eacute;n somos una realidad en eterno devenir; entonces para &eacute;l estamos hechos de esa &ldquo;materia deleznable&rdquo;, de &ldquo;misterioso tiempo&rdquo;, reconociendo que somos seres hechos de tiempo, lo cual acent&uacute;a la conciencia de nuestra fragilidad.<\/p>\n<p>Borges escribi&oacute;: <em>&ldquo;Yo dir&iacute;a que siempre sentimos esa antigua perplejidad, esa que sinti&oacute; mortalmente Her&aacute;clito en aquel tiempo al que vuelvo siempre: nadie baja dos veces al mismo r&iacute;o. &iquest;Por qu&eacute; nadie baja dos veces al mismo r&iacute;o? En primer t&eacute;rmino, porque las aguas del r&iacute;o fluyen. En segundo t&eacute;rmino &mdash;esto es algo que ya nos toca metaf&iacute;sicamente, que nos da como un principio de horror sagrado&mdash;, porque nosotros mismos somos tambi&eacute;n un r&iacute;o, nosotros tambi&eacute;n somos fluctuantes. El problema del tiempo es &eacute;se. El problema de lo fugitivo: el tiempo pasa&rdquo;<\/em> (&ldquo;El tiempo&rdquo;, en <em>Borges oral<\/em>).<\/p>\n<p>En otro poema con el mismo t&iacute;tulo, Borges agrega algo novedoso al an&aacute;lisis del tema de la fugacidad, de nuevo inspirado en la filosof&iacute;a de Her&aacute;clito:<\/p>\n<p><em>&ldquo;Se mira en el espejo fugitivo \/ y descubre y trabaja la sentencia \/ que las generaciones de los hombres no dejar&aacute;n caer. Su voz declara: \/ Nadie baja dos veces a las aguas \/ del mismo r&iacute;o. Se detiene. Siente \/ con el asombro de un horror sagrado que &eacute;l tambi&eacute;n es un r&iacute;o y una fuga&rdquo;.<\/em><\/p>\n<p>Adem&aacute;s de reconocer que siempre habr&aacute; otro r&iacute;o a pasar, Borges reconoce que ya no somos los mismos cada vez que retornamos al r&iacute;o. Empero, posteriormente, siguiendo la lectura del poema, el lector comprueba que el verdadero protagonista del mismo no es Her&aacute;clito, sino un &ldquo;hombre gris&rdquo; que ha so&ntilde;ado con Her&aacute;clito y que &ldquo;entreteje endecas&iacute;labos para no pensar tanto en Buenos Aires y en los rostros queridos&rdquo;, lo que hace pensar en Borges eternizado en uno de sus poemas; tal vez para no sentirse finito, mortal.<\/p>\n<p>Jorge Luis Borges escribe versos adamantinos que resisten el desgaste del tiempo, versos perdurables que sobrevivan al autor y a su recuerdo, comprobando que la simpleza t&eacute;cnica conduce a la grandeza intr&iacute;nseca y escribe:<\/p>\n<p>&ldquo;Pido a mis dioses o a la suma del tiempo \\Que mis d&iacute;as merezcan el olvido, \\Que mi nombre sea Nadie como el de Ulises, \\Pero que alg&uacute;n verso perdure \\En la noche propicia a la memoria\\O en la memoria de los hombres&rdquo; (<em>Obra po&eacute;tica<\/em>: 247).<\/p>\n<p>As&iacute; como P&iacute;ndaro, al declarar que el ser humano es el &ldquo;sue&ntilde;o de una sombra&rdquo;, Shakespeare dijo que &ldquo;estamos hechos de la madera de los sue&ntilde;os&rdquo;, o Calder&oacute;n de la Barca en su libro <em>La vida es sue&ntilde;o<\/em>. Borges, introduce este recurso en su obra. En el caso, la figura del sue&ntilde;o en el que aparece Her&aacute;clito aumenta la sensaci&oacute;n de la imperdonable brevedad que conlleva el paso del tiempo.<\/p>\n<p>Borges, en sus relatos, tambi&eacute;n muestra su preocupaci&oacute;n por el tema del doble, que desarrolla en &ldquo;El otro&rdquo; (<em>El libro de arena<\/em>), donde reconoce la capacidad de ser distinto, esa alteridad, imaginario espejo del que permanentemente se sinti&oacute; acompa&ntilde;ado, incluso en su ceguera.<\/p>\n<p>&ldquo;El Otro&rdquo; ser&iacute;a uno mismo visto a trav&eacute;s del tiempo con todos los cambios consecuentes del transcurrir en el tiempo. &ldquo;El Otro&rdquo; fue interpretado como una consecuencia de esta inquietud: &iquest;C&oacute;mo ser&iacute;a un encuentro con nosotros mismos, pero mucho m&aacute;s j&oacute;venes de lo que somos ahora, cuando el paso del tiempo nos ha convertido en &ldquo;otras&rdquo; personas? &iquest;Seguimos siendo &ldquo;el mismo&rdquo; o, por el contrario, podemos desconocernos en este espejo deformado por el tiempo? A esas interrogantes Borges responde en este relato, que es un desaf&iacute;o a la l&oacute;gica y al tiempo, a trav&eacute;s de un viaje al pasado y al futuro de s&iacute; mismo o la conversaci&oacute;n con el &ldquo;alter ego&rdquo;.<\/p>\n<p>Para Borges, la vida es una especie de camino de la muerte y escribe: &ldquo;Morir es perder el &aacute;mbito de la costumbre. Morir es sentir que el mundo se le hace cada vez m&aacute;s ajeno y ver que se queda como una litograf&iacute;a&rdquo; (Sucre: 93).<\/p>\n<p>Muy probablemente, Borges retoma el concepto de S&eacute;neca de que la vida va dejando un lastre muerto a su paso. Entonces asume la muerte como el desprendimiento de algo propio, de vivencias, de recuerdos que, de alguna manera, son dejados en el pasado y que ya no regresar&aacute;n.<\/p>\n<p>Por ende, cada acto de su vida le parece definitivo e irrevocable, puertas que se cierran a su paso, en un camino ya recorrido y sin regreso.<\/p>\n<p>Por eso cavila y se pregunta: &iquest;C&oacute;mo soy y qui&eacute;n es el otro, &eacute;l que fui yo, cuando joven?, en un ejercicio c&iacute;clico que caracteriza su poes&iacute;a y su pensamiento circular y tautol&oacute;gico.<\/p>\n<p>Borges escribe sobre el tiempo que &ldquo;es irreversible y de hierro&rdquo;, reconociendo siempre que es la sustancia de que est&aacute; hecho el hombre, que radica en el hombre mismo. A pesar de, su fuerza, el tiempo marcha de ascenso a descenso; y es este tiempo el que finalmente destruye al hombre cuando llega al punto cero de su trayectoria, de la muerte. No obstante que el tiempo &ldquo;es ciega sucesi&oacute;n, pero se vuelve lucidez en la conciencia del hombre&rdquo; (Sucre: 43). Ya que el hombre reconoce lo que ha vivido y sabe que ya no puede volver a vivir lo mismo otra vez.<\/p>\n<p>Borges lo registra en &ldquo;Laberinto&rdquo;:<\/p>\n<p>No habr&aacute; nunca una puerta. Est&aacute;s adentro \\Y el alc&aacute;zar abarca el universo \\Y no tiene anverso ni reverso \\Ni externo ni secreto centro&rdquo; (Elogio de la sombra: 326).<\/p>\n<p>Borges sabe que, a trav&eacute;s de la palabra, &eacute;l puede contrariar la divinidad y eternizar el hombre o eternizarse a trav&eacute;s de la palabra hecha poes&iacute;a, pero tambi&eacute;n sabe que la vida llega a su fin; que para el fin que es la muerte no existe escapatoria ni salida. Entonces escribe: &ldquo;Es de hierro tu destino\/ Como t&uacute; juez. No existe. Nada. Ni siquiera\/ En el negro crep&uacute;sculo la fiera.&rdquo; (Elogio de la sombra: 326).<\/p>\n<p>No hay m&aacute;s tiempo, el acto de la muerte no es reversible. No hay esperanza. La condenaci&oacute;n es aniquilante, al final todo termina. Se cierra la &uacute;ltima puerta, que Borges menciona constantemente para mostrar que no hay salida posible, y registra: &ldquo;Todo lo arrastra y pierde este incansable \\Hilo sutil de arena numerosa. \\No he de salvarme yo, fortuita cosa \\De tiempo, que es materia deleznable&rdquo; (El Hacedor: 117).<\/p>\n<p>Borges sabe que el tiempo termina, que ya no vuelve, que el &uacute;ltimo movimiento del r&iacute;o de Her&aacute;clito pasar&aacute; para siempre y la memoria ser&aacute; olvido.<\/p>\n<p>Ya que el tiempo es una ley que lo rige todo, manifestando un esquema establecido y completa un c&iacute;rculo que termina invariablemente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El r&iacute;o me arrebata y soy ese r&iacute;o. \/ De una materia deleznable fui hecho, de misterioso tiempo. \/ Acaso el manantial est&aacute; en m&iacute;. \/ Acaso de mi sombra \/ surgen, fatales e ilusorios, los d&iacute;as. 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