{"id":2642,"date":"2025-08-12T13:40:40","date_gmt":"2025-08-12T13:40:40","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/08\/12\/el-violin-del-tiempo\/"},"modified":"2025-08-12T13:40:40","modified_gmt":"2025-08-12T13:40:40","slug":"el-violin-del-tiempo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/el-violin-del-tiempo\/","title":{"rendered":"El violn del tiempo"},"content":{"rendered":"<p>Nadie recuerda cu&aacute;ndo comenz&oacute; la guerra. Solamente el r&iacute;o Jord&aacute;n y el mar Mediterr&aacute;neo saben con exactitud la fecha del inicio de los conflictos. Ahora, toda la Franja est&aacute; irreconocible, todas las viviendas y las vidas humanas que quedan est&aacute;n hechas a&ntilde;icos. Los d&iacute;as se disuelven en polvo, y el tiempo, como si se avergonzara, dej&oacute; de correr.<\/p>\n<p>Cada d&iacute;a, el humo se eleva tras los ataques y luego la ceniza negra cae como llovizna, ti&ntilde;endo de dolor a las personas desorientadas que no entienden por qu&eacute; Dios las abandon&oacute;. Entre ruinas y suspiros, una ni&ntilde;a de ojos grandes llamada Samira encontr&oacute; un viol&iacute;n enterrado bajo lo que fue su escuela.<\/p>\n<p>El instrumento no ten&iacute;a cuerdas.<\/p>\n<p>Aun as&iacute;, cada noche Samira lo sosten&iacute;a contra su cuello y deslizaba un arco invisible sobre el aire. La m&uacute;sica que brotaba &mdash;solo ella pod&iacute;a o&iacute;rla&mdash; llenaba las calles vac&iacute;as con aromas de jazm&iacute;n, risas antiguas, rezos, bullicio de los coloridos mercados que ya no existen y juegos interrumpidos por los bombardeos. Su madre, sin fuerzas para llorar, la miraba tocar y se dorm&iacute;a con una sonrisa, arrullada por un sonido que no escuchaba.<\/p>\n<p>Con el pasar de los d&iacute;as, los vecinos, al verla tocar con tanto entusiasmo, comenzaron a so&ntilde;ar lo mismo: el mar entrando a Gaza sin destruir, eventualmente, acariciando los escombros y devolviendo la vida; el cielo cosido con cometas; relojes caminando hacia atr&aacute;s, devolviendo minutos robados. Dec&iacute;an que Samira era un hada del tiempo, o una <em>djinn<\/em>, porque donde tocaba su viol&iacute;n, el dolor menguaba y los relojes se deten&iacute;an, como si hubiera tregua en medio del genocidio.<\/p>\n<p>Una tarde, un soldado del otro lado del muro &mdash;joven, tembloroso, con la mirada hueca&mdash; cruz&oacute; el l&iacute;mite de la frontera que los separaba. Apareci&oacute; solo, sin armas, siguiendo el eco de una melod&iacute;a que nadie m&aacute;s o&iacute;a. Samira lo vio desde lejos, no tuvo miedo. Se sent&oacute; y, con su viol&iacute;n sin cuerdas, toc&oacute; para &eacute;l. El militar se arrodill&oacute;. Llor&oacute; como un ni&ntilde;o y sus l&aacute;grimas empaparon la tierra reseca.<\/p>\n<p>Desde entonces, una tregua invisible cay&oacute; sobre el barrio de Samira. Las bombas pasaban de largo, como si algo sagrado protegiera ese espacio. Nadie lo explicaba. Solo se sab&iacute;a que mientras la ni&ntilde;a tocara, el tiempo se trenzaba con la memoria y la esperanza.<\/p>\n<p>Y cuando alguien dec&iacute;a:<\/p>\n<p>&mdash;El tiempo est&aacute; perdido.<\/p>\n<p>Samira respond&iacute;a con serenidad:<\/p>\n<p>&mdash;No est&aacute; perdido. Solo est&aacute; parado, escuchando.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nadie recuerda cu&aacute;ndo comenz&oacute; la guerra. Solamente el r&iacute;o Jord&aacute;n y el mar Mediterr&aacute;neo saben con exactitud la fecha del inicio de los conflictos. 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