{"id":2620,"date":"2025-07-22T13:55:29","date_gmt":"2025-07-22T13:55:29","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/07\/22\/no-se-juega-con-el-tata\/"},"modified":"2025-07-22T13:55:29","modified_gmt":"2025-07-22T13:55:29","slug":"no-se-juega-con-el-tata","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/escribir-para-divulgar\/no-se-juega-con-el-tata\/","title":{"rendered":"No se juega con el Tata"},"content":{"rendered":"<p>Ir de la China Poblana a Ciudad Universitaria no es cosa f&aacute;cil en bicicleta, por lo que la deja en casa, baja al bulevar y toma un cami&oacute;n de los verdes, que lo deja en la esquina de la 14 Sur y San Claudio, en la ma&ntilde;anita, para su primera clase. L&aacute;stima, cuando iba en su bicla se imaginaba ser tan veloz como Kaneda, hasta se imaginaba que era &eacute;l en el p&oacute;ster de Akira. No se imaginaba c&oacute;mo Beto, el amigo de Rebeca, hab&iacute;a conseguido la pel&iacute;cula reci&eacute;n estrenada, pero estuvo padre verla en la videocasetera que el mismo Beto le diera para arreglar y donde dej&oacute; el VHS olvidado.<\/p>\n<p>Ese d&iacute;a, mi&eacute;rcoles 4 de mayo, la universidad terminaba actividades por la ma&ntilde;ana, ya que poca gente llega, pues muchos van a sus pueblos o est&aacute;n preparando la noche mexicana. Como Azul, su novia, que estaba con su familia en Oaxaca, desde el mismo 4, aprovechando el puente patrio que curiosamente solo celebran en Puebla y en USA.<\/p>\n<p>&Eacute;l, por lo mientras, pas&oacute; toda la tarde terminando de arreglar el radio de don L&aacute;zaro, el de la tienda de abajo del depa. &Eacute;l le hac&iacute;a el favor de avisarle si llegaba un cliente, o recibir el recado cuando no estaba en su depa-taller.<\/p>\n<p>&mdash;Ah&iacute; est&aacute; su chill&oacute;n, don L&aacute;zaro, funcionando y limpiecito que ya parec&iacute;a radio de taller mec&aacute;nico.<\/p>\n<p>&mdash;Mire nom&aacute;s &mdash;lo revisa, pone un casete y le pucha al play&mdash;. &iquest;Cu&aacute;nto le debo, mi Sebas? &mdash;pregunta mientras se empieza a escuchar &ldquo;Negrita de mis pesares \/ ojos de papel volando&#8230;&rdquo;<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo cree?, t&oacute;melo a cuenta de los favores que me hace.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El s&aacute;bado 7 de mayo ha quedado con Rebeca para entregar el VHS. Llega con Beto, que lo primero que hace es revisar si ah&iacute; est&aacute; su copia pirata de Akira; este 1988 pinta como un gran a&ntilde;o para el cine.<\/p>\n<p>&mdash;Sebas, &iquest;te enteraste? &mdash;le dice con cara de chisme, chisme.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;De qu&eacute;?, cuenta, cuenta &mdash;le imita Sebasti&aacute;n el tono de vieja chismosa.<\/p>\n<p>Y entonces le platica que hab&iacute;a un cartel en la entrada de la direcci&oacute;n y de varios edificios donde se anunciaba la visita del Tata Tacho Nahualo para la noche del 4 de mayo, lo pusieron martes 3 por la ma&ntilde;ana. El cartel invita a la conferencia del maestro Tata Nacho Nahualo sobre las ciencias oscuras ind&iacute;genas, y a la exhibici&oacute;n pr&aacute;ctica donde se convertir&aacute; en nahual; ah&iacute; mismo, en el auditorio de la escuela a las 5 de la tarde. &mdash;&iexcl;Lleg&oacute; un chingo de gente! &mdash;le dec&iacute;a Rebeca entre carcajadas&mdash;. Aunque la universidad estaba vac&iacute;a en otras partes, mucha gente esper&oacute; afuera del auditorio por el afamado brujo y claro, ese g&uuml;ey nunca lleg&oacute; &mdash;coment&oacute; entre risas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;De qu&eacute; se r&iacute;en? &mdash;pregunta Beto preocupado&mdash;. Yo estuve ah&iacute;, me avis&oacute; una amiga de administraci&oacute;n. La verdad, s&iacute; estuvo bien gacho que no llegara el Tata Nacho Nahualo. &mdash;Sebasti&aacute;n y Rebeca se miran conteniendo la risa.<\/p>\n<p>&mdash;&Oacute;igame, don Sebasti&aacute;n, &iquest;usted cree esas cosas? &mdash;Rebeca pregunt&oacute; con fingida seriedad.<\/p>\n<p>&mdash;Mire, do&ntilde;a Rebeca Alatriste del Cornado&#8230;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Coronado! &mdash;le lanza un manotazo corrigiendo.<\/p>\n<p>&mdash;Como dec&iacute;a mi abuelita Lolita &mdash;continu&oacute;&mdash;, &ldquo;La magia solo existe para quien cree en ella.&rdquo;<\/p>\n<p>&mdash;&ldquo;La ignorancia es madre de la admiraci&oacute;n&rdquo; &mdash;replica Rebeca.<\/p>\n<p>&mdash;&ldquo;Qu&eacute; elegancia la de Francia&rdquo; &mdash;revira Sebasti&aacute;n&mdash;. Pos mi maestro de cu&aacute;ntica lo dice de otro modo &mdash;arremete ella de inmediato, pero hace una pausa.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo lo dice? &mdash;cae Beto redondito.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Creencias de gente pendeja!<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n se convirti&oacute; en un g&eacute;iser viviente, pues la frase cay&oacute; cuando estaba tomando un poco de agua.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ora! No salpique &mdash;respinga Beto&mdash;, bien dec&iacute;a mi abuelo: &ldquo;perro, perico y poblano no lo toques con la mano&#8230;&rdquo; &iexcl;Ya me pendejearon!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As&iacute; que el lunes siguiente, despu&eacute;s de ver el cartel con sus propios ojos, &ldquo;que se comer&aacute;n los gusanos&rdquo; (ya deja de los dichos y refranes en paz); y despu&eacute;s de escuchar quejarse a un par de secretarias que se cansaron de esperar para ver si el brujo les dec&iacute;a con qui&eacute;n les enga&ntilde;aba el marido o d&oacute;nde encontrar&iacute;an el amor, Sebasti&aacute;n fue introducido a la oficina del director.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Santas leyes de la Termodin&aacute;mica!, &iquest;qu&eacute; van a decir de nosotros las otras escuelas de ciencias? &mdash;machacaba el insigne Dr. Perrozales&mdash;. Reconozco el ingenio y el humor, pero esto no lo podemos dejar as&iacute;. Sebasti&aacute;n pensaba que en realidad no cre&iacute;a que esto llegara tan lejos cuando vio el peri&oacute;dico en el escritorio. &ldquo;Sesi&oacute;n espiritista en la escuela de ciencias de la Angel&oacute;polis&rdquo;, titular a ocho columnas en la secci&oacute;n de nacionales, eso s&iacute;, pero con letrotas rojas.<\/p>\n<p>&mdash;Ya he pedido derecho de r&eacute;plica para el viernes &mdash;lo mir&oacute; a los ojos&mdash;. Porque t&uacute; eres Barrab&aacute;s, &iquest;verdad?<\/p>\n<p>&mdash;Doctor, &iquest;qu&eacute; es lo que quiere de m&iacute;? &mdash;Sebasti&aacute;n no pod&iacute;a creer que el director supiera de su <em>alter ego<\/em> detectivesco.<\/p>\n<p>&mdash;Muy simple: tenemos idea de qui&eacute;n lo hizo, los sospechosos habituales; solo quiero que demuestres que s&iacute; fueron ellos para ponerlos en el reporte &mdash;la mirada del director era a la vez iracunda y maquiav&eacute;lica&mdash;. Te dar&eacute; una beca por tu apoyo y el de tus amigos &mdash;esto &uacute;ltimo lo dijo con la mirada hacia la ventana. Barrab&aacute;s entendi&oacute; todo al ver qui&eacute;n estaba afuera. &mdash;Obviamente no puedes decir que te he pedido esto, pero s&iacute; necesito esa confirmaci&oacute;n con alguna prueba contundente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n se dirigi&oacute; a la jardinera, donde Rebeca lo esperaba con Lalo.<\/p>\n<p>&mdash;&Oacute;yeme &ldquo;Revaca&rdquo;, &iquest;qu&eacute; te pasa? Nom&aacute;s ves burro y se te ofrece viaje.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No me digas as&iacute;, no te enojes! &mdash;ella lo mira con ojitos de borrego a medio morir&mdash;. Es que me qued&eacute; pensando que no era justo que los bromistas se rieran de ilusos como Beto sin consecuencias. Yo s&eacute; que una beca no nos cae mal y tambi&eacute;n s&eacute; qui&eacute;n lo hizo, pero no s&eacute; c&oacute;mo demostrarlo. Y yo s&eacute; que Barrab&aacute;s s&iacute; sabr&aacute; c&oacute;mo. &Aacute;ndale, qu&eacute; te cuesta, no seas as&iacute;&mdash;. Rebeca pensaba que alguien ten&iacute;a que ponerle un alto a esos listillos. Y si de paso se divert&iacute;a, mejor.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y La-lombriz qu&eacute;? &mdash;todos le dec&iacute;an de ese modo a Eduardo por el juego de palabras del ap&oacute;cope con su apellido, Ambriz. Una similitud fon&eacute;tica juguetona. A veces los apodos no ten&iacute;an mucho misterio o raz&oacute;n, hab&iacute;a pensado alguna vez Sebasti&aacute;n\/Barrab&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Es mi brazo derecho &mdash;dijo Rebeca con tono bobalic&oacute;n y abrazando a Lalo, que le llevaba dos cabezas de alto y eran como dos Rebecas de ancho. Sebasti&aacute;n siempre se hab&iacute;a preguntado qu&eacute; le hab&iacute;a atra&iacute;do de la carrera de f&iacute;sica a alguien que parec&iacute;a halterof&iacute;lico&#8230; halter&oacute;filo&#8230; &iquest;halter&oacute;fisico? &iquest;halterofilos&oacute;fico?, levantador de pesas, pues.<\/p>\n<p>&mdash;Y tengo pistola por si hace falta &mdash;agreg&oacute; ufano, mirando a Rebeca.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, t&uacute; eres la empresaria, t&uacute; el brazo armado y yo el tonto que los trae al ruedo &mdash;brome&oacute; Sebasti&aacute;n.<\/p>\n<p>Pasando a modo Barrab&aacute;s, murmur&oacute;:<\/p>\n<p>&mdash;Necesitamos un plan.<\/p>\n<p>Barrab&aacute;s hoje&oacute; su libreta con una sonrisa ladeada.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y si les damos un sustito? &mdash;dijo en voz baja, m&aacute;s para s&iacute; que para sus amigos. Ellos lo miraron con desconfianza.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; traes entre manos? &mdash;dijo Lalo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Seguro que va a funcionar? &mdash;pregunt&oacute; mientras Barrab&aacute;s le mostraba la libreta.<\/p>\n<p>&mdash;No. Pero si se asustan la mitad de lo que asustaron a Beto, me doy por bien servido.<\/p>\n<p>Rebeca sonri&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Tienes un lado perverso, detective.<\/p>\n<p>&mdash;Todos lo tenemos &mdash;respondi&oacute;, soltando una fingida y macabra carcajada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El mi&eacute;rcoles siguiente, a las 9 de la noche, dos figuras se acercaban a la puerta de la biblioteca. Eran el Cuervo y el Coyote, apodados as&iacute; uno por negro y otro por malote, ambos de Computaci&oacute;n, siempre andaban juntos y haciendo maldades y burl&aacute;ndose de los dem&aacute;s. El viento que arreciaba les termin&oacute; de orillar a asomarse: todo estaba oscuro, al entrar la puerta se cerr&oacute; tras de ellos estrepitosamente.<\/p>\n<p>&mdash;Te, te dije que no vini&eacute;ramos &mdash;el Coyote trataba de ocultar su miedo sin &eacute;xito.<\/p>\n<p>&mdash;No te rajes, cabr&oacute;n. La nota dec&iacute;a que nos present&aacute;ramos o el que Tata Nacho Nahualo nos iba a embrujar, yo no quiero que me haga zombi y me deje como t&uacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Pinche Cuervo, como si no me diera cuenta de que est&aacute;s temblando.<\/p>\n<p>&mdash;Uuuuuuu &mdash;se oy&oacute; una voz de ultratumba&mdash;. &iquest;Qui&eacute;n se atreve a invadir mis dominios?<\/p>\n<p>&mdash;No le vas a ense&ntilde;ar a nadar a un pescado &mdash;dec&iacute;a el cuervo tratando de parecer valiente, pero apenas terminaba de hablar cuando una imagen espectral se apareci&oacute; un par de pasos atr&aacute;s del mostrador de la biblioteca, justo donde empezaba la estanter&iacute;a. Era blanca, cadav&eacute;rica y parec&iacute;a que flotara. Casi trasparente. Se pod&iacute;an ver los estantes de libros atr&aacute;s de ella. Casi se van de espaldas, pero los detuvo un horrible ruido, como de cadenas sobre la puerta met&aacute;lica de la biblioteca.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Son los que mand&oacute; el maestro? Digan sus nombres &mdash;el espectro a veces ten&iacute;a cabeza y otras no.<\/p>\n<p>&mdash;Francisco Fajardo.<\/p>\n<p>&mdash;Abelardo P&eacute;rez.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Los nombres de sus nahualeeees! &mdash;bram&oacute; el espectro.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que quiere nuestros apodos. El Coyote y el Cuervo, se&ntilde;ora.<\/p>\n<p>&mdash;Mi maestro quiere saber por qu&eacute; usaron su nombre en vano.<\/p>\n<p>&mdash;Solo era una broma estudiantil &mdash;dijo el Coyote.<\/p>\n<p>&mdash;No cre&iacute;mos que el Tata se enterara &mdash;complet&oacute; el Cuervo.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Retardados! &iexcl;Obscenos! &iexcl;Idiotas! &mdash;recitaba Rebeca ya bien metida en el papel, cuando de repente un rayo ilumin&oacute; la sala. En esos breves instantes se dieron cuenta de que donde estaba el espectro era una proyecci&oacute;n sobre un cristal. Lo cual el Coyote comprob&oacute; lanzando una perforadora que estaba en el mostrador.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Barrab&aacute;s sali&oacute; de abajo de la mesa que estaba cerca de ellos, apagando la grabadora que le prestara don Perico, dando un chiflido, se&ntilde;al para que Lalo entrara y se uniera a los madrazos, dejando en <em>stand by<\/em> a ambas sabandijas de sendos porrazos.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;s bien? &mdash;grit&oacute; hacia Rebeca, que sal&iacute;a de atr&aacute;s de uno de los estantes.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, mi Barrab&aacute;s, te dije que las clases de &oacute;ptica nos iban a funcionar. Justo en ese momento lleg&oacute; el velador y el director, quienes estaban esperando una se&ntilde;al para intervenir. Se llevaron a los dos babosos a la direcci&oacute;n donde ratificaron por escrito su maldad, recibiendo una cita con las autoridades universitarias para valorar el castigo adecuado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Don Perico platicaba muy animadamente con el tendero. Ah&iacute; los hab&iacute;a citado, la 7 Sur y la 13. Le contaba c&oacute;mo hab&iacute;a manejado el director de la escuela de ciencias la rueda de prensa donde desment&iacute;a el bulo que hab&iacute;an hecho una sesi&oacute;n espiritista.<\/p>\n<p>&mdash;Ya sabes, Justino, con discursos sobre la pureza de la ciencia y bla, bla, bl&aacute;. Mira, ya llegaron los tres mosqueteros.<\/p>\n<p>&mdash;Muy bien, don Perico, gracias por prestarnos la grabadora. &iquest;El director respet&oacute; su primer turno para preguntar?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, ha estado de poca madre. Con decirles que el Tata me ha mandado a decir que me da una entrevista en exclusiva para limpiar su nombre.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y va a ir? &mdash;Barrab&aacute;s ten&iacute;a miedo de ver caer a su &iacute;dolo&mdash;. Tengo un dilema, &iquest;le doy escaparate a ese par&aacute;sito abusivo o nom&aacute;s le miento la madre de lejitos? Solo estoy esperando a la tarde para ver si mi jefe no se ha enterado de la propuesta, porque &eacute;l no lo va a dudar: me manda porque me manda.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n, feliz por la respuesta, volte&oacute; hacia Rebeca y Lalo.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, pero si nos cit&oacute; aqu&iacute; es porque se va a caer con los chescos, &iquest;verdad? &mdash;preguntaron casi a coro y asintiendo como perritos emocionados.<\/p>\n<p>&mdash;Algo mejor. Miren, les presento a mi amigo Justino, el qu&iacute;mico &mdash;Volteando a ver al qu&iacute;mico&mdash;. Don Justino, haga su magia para estos muchachos. Chicos pasen por aqu&iacute;.<\/p>\n<p>La tienda dejaba poco, la verdad; el negocio real de don Justino era el bar clandestino que ten&iacute;a en la trastienda, y su magia se cataba en cada coctel.<\/p>\n<p>&ldquo;S&eacute; que la vida empieza\/ en donde se piensa\/ que la realidad terminaaaa&rdquo;; coreaban los cuatro, junto con Pedro Infante, el himno oaxaque&ntilde;o: &ldquo;Dios nunca muere&rdquo;, con los primeros tragos. Los sent&oacute; en dos bancos largos bajo un tejadito y no salieron de ah&iacute; hasta que cay&oacute; la noche, todos mareados pero contentos de haber ganado a los malos, aunque sea por esta vez.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La semana siguiente transcurri&oacute; en una calma enga&ntilde;osa. El director hab&iacute;a manejado la situaci&oacute;n con maestr&iacute;a, los peri&oacute;dicos hab&iacute;an publicado su derecho de r&eacute;plica, y el asunto del falso Tata Nacho parec&iacute;a sepultado. Sebasti&aacute;n hab&iacute;a regresado a su rutina: arreglar aparatos en su depa-taller, ir a clases en el cami&oacute;n verde y, siempre que pod&iacute;a, pasar por Azul y darse infinidad de besos antes de llegar a su casa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fue un mi&eacute;rcoles por la tarde, mientras regresaba de la universidad cargando la mochila y un radio que hab&iacute;a terminado de reparar para la se&ntilde;ora Remedios, la que viv&iacute;a frente uno de los parques de San Manuel. Dando la vuelta hacia la 14 not&oacute; unos pasos apresurados detr&aacute;s de &eacute;l. Al voltear, reconoci&oacute; la silueta del Coyote acerc&aacute;ndose por la calle solitaria. No ven&iacute;a solo; el Cuervo lo esperaba en la esquina, bloqueando el paso hacia el bulevar.<\/p>\n<p>&mdash;&Oacute;rale, pendejito &mdash;le grit&oacute; el Coyote con una sonrisa torcida&mdash;. &iquest;Cre&iacute;as que se iba a quedar as&iacute;?<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n comprendi&oacute; de inmediato. La venganza que hab&iacute;a temido desde que vio sus miradas de odio en la direcci&oacute;n ahora tomaba forma. Intent&oacute; correr hacia la 14 Sur, pero el Cuervo ya hab&iacute;a cortado la retirada. Era uno de los t&iacute;picos callejones de la colonia, los dos lo arrinconaron.<\/p>\n<p>&mdash;Por tu culpa nos van a correr de la universidad &mdash;escupi&oacute; el Cuervo&mdash;. Ahora vas a saber lo que se siente.<\/p>\n<p>Se defendi&oacute; como hab&iacute;a aprendido, pero eran dos. El primer golpe lo recibi&oacute; en el costado, el &uacute;ltimo lo tir&oacute; al suelo. Cuando trat&oacute; de levantarse, el Coyote le pate&oacute; la pierna derecha con sa&ntilde;a. Sebasti&aacute;n sinti&oacute; un dolor punzante que le atraves&oacute; desde el tobillo hasta la rodilla. Algo hab&iacute;a crujido.<\/p>\n<p>&mdash;La pr&oacute;xima vez no te metas donde no te llaman &mdash;fue lo &uacute;ltimo que escuch&oacute; antes de que se alejaran, dej&aacute;ndolo tirado entre la basura y los escombros.<\/p>\n<p>Un vecino lo encontr&oacute; una hora despu&eacute;s, cuando regresaba de la chamba. Entre los dos lograron llegar al consultorio del doctor Renter&iacute;a, tres calles m&aacute;s all&aacute;. El diagn&oacute;stico fue desalentador: fractura en el peron&eacute; y ligamentos da&ntilde;ados en el tobillo.<\/p>\n<p>&mdash;Vas a quedar bien, pero va a tomar tiempo &mdash;le dijo el doctor mientras le enyesaba la pierna&mdash;. Y es probable que te quede una peque&ntilde;a cojera. Nada grave, pero vas a tener que cuidarte.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n asinti&oacute; en silencio. Barrab&aacute;s hab&iacute;a ganado ese caso, pero ahora entend&iacute;a que hacer justicia tambi&eacute;n ten&iacute;a su precio. Esa ligera cojera que le quedar&iacute;a para siempre ser&iacute;a el recordatorio de que, en este oficio de detective aficionado, no todos los casos terminan sin cicatrices.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ir de la China Poblana a Ciudad Universitaria no es cosa f&aacute;cil en bicicleta, por lo que la deja en casa, baja al bulevar y toma un cami&oacute;n de los verdes, que lo deja en la esquina de la 14 Sur y San Claudio, en la ma&ntilde;anita, para su primera clase. 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