{"id":2606,"date":"2025-07-15T13:01:00","date_gmt":"2025-07-15T13:01:00","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/07\/15\/adios-lolita\/"},"modified":"2025-07-15T13:01:00","modified_gmt":"2025-07-15T13:01:00","slug":"adios-lolita","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/escribir-para-divulgar\/adios-lolita\/","title":{"rendered":"Adis, Lolita"},"content":{"rendered":"<p>Aleida era su inter&eacute;s amoroso al inicio del bachillerato t&eacute;cnico: ella, en electricidad; &eacute;l, en electr&oacute;nica.<\/p>\n<p>Pero ella ten&iacute;a novio y se dej&oacute; pretender sin decirle nada, hasta que un d&iacute;a &eacute;l insisti&oacute; en llevarla a la casa y el novio lleg&oacute; y la subi&oacute; al autob&uacute;s llev&aacute;ndosela consigo. Su amigo Axel se lo hab&iacute;a advertido: &ldquo;esas pulgas no brincan en tu petate&rdquo;.<\/p>\n<p>Dos a&ntilde;os despu&eacute;s la encontr&oacute; en la calle, la salud&oacute; y ella le dio su tel&eacute;fono. Por eso Aleida no se sorprendi&oacute; con la llamada que recibiera una ma&ntilde;ana muy temprano.<\/p>\n<p>&mdash;Hola, necesito un favor &mdash;dijo Sebasti&aacute;n con tono afligido.<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto &mdash;dijo Aleida.<\/p>\n<p>El punto era que su abue estaba muy mala en San Alejandro. &Eacute;l sali&oacute; de cuidarle en el turno de la noche y se acord&oacute; de ella; ah&iacute; se le ocurri&oacute; llamarla a esa hora, 6 de la ma&ntilde;ana del mi&eacute;rcoles.<\/p>\n<p>&mdash;Lo que m&aacute;s le duele a mi abue es que me quedar&eacute; solo &mdash;dijo Sebasti&aacute;n mientras reten&iacute;a apenas las l&aacute;grimas&mdash;. Pero le dije que s&iacute; ten&iacute;a novia y que se la iba a presentar, que se llamaba Aleida. S&iacute;, nunca dej&eacute; de pensar en ti, pero ayer se sinti&oacute; peor y me pidi&oacute; llevar a Aleida para que la conociera. &iquest;Podr&iacute;as ir y darle un poco de consuelo? No te lo pedir&iacute;a si no creyera que le aliviar&iacute;a un poco su dolencia. A las 4 es la hora de visitas &mdash;Aleida dijo que s&iacute;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El reloj de la sala de espera marcaba las cuatro en punto cuando Sebasti&aacute;n entr&oacute; al hospital, con el pelo revuelto por el viento que soplaba entre las colonias como si quisiera llevarse todos los secretos del barrio. A&uacute;n ten&iacute;a el sabor amargo del caf&eacute; que hab&iacute;a tomado para mantenerse despierto despu&eacute;s de la mala noche cuidando a su abuela Lolita.<\/p>\n<p>Malena, la enfermera de turno, una mujer regordeta con uniforme blanco tan almidonado que parec&iacute;a poder sostenerse por s&iacute; solo, apenas levant&oacute; la mirada de su revista cuando &eacute;l pas&oacute; frente al m&oacute;dulo de informaci&oacute;n. Desde hac&iacute;a varios d&iacute;as, Sebasti&aacute;n hab&iacute;a estado yendo y viniendo al hospital.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo sigue la se&ntilde;ora Lolita? &mdash;pregunt&oacute; con voz cansada.<\/p>\n<p>&mdash;Mejorando &mdash;contest&oacute; Sebasti&aacute;n&mdash;. Vengo con alguien que quiere conocerla. &iquest;No la vio pasar? &mdash;los nuevos visitantes deb&iacute;an registrarse con ella para que les diera un pase. &mdash;No, nadie subi&oacute;.<\/p>\n<p>Minti&oacute;, claro, como llevaba mintiendo desde que le dijo a su abuela que le presentar&iacute;a a Aleida, su supuesta novia, la chica de electricidad que hab&iacute;a electrificado su coraz&oacute;n desde el bachillerato. Pero la mentira qued&oacute; flotando en el aire, como las motas de polvo que bailaban bajo los tubos fluorescentes del pasillo.<\/p>\n<p>Una chica mir&oacute; al muchacho dormido en una silla de la sala de espera. &iquest;Era &eacute;l? Claro que s&iacute;, el mismo del tel&eacute;fono. Mir&oacute; su reloj de pulsera, blanco y pens&oacute; &ldquo;4:20, la tal Aleida no va a llegar&rdquo;. Dud&oacute; un momento, mordi&eacute;ndose el labio inferior. Pero subi&oacute;.<\/p>\n<p>Eran las 5:30, estaba molesto por haberse quedado dormido, no sab&iacute;a si ella llegado. Pero no hab&iacute;a otra entrada para las visitas, seguro que lo ve&iacute;a y lo despertaba de haber venido.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n subi&oacute; taciturno en el ascensor viejo que rechinaba como las bancas de madera de la iglesia en domingo de misa. La puerta de metal se abri&oacute; con un gemido, revelando el pasillo del tercer piso.<\/p>\n<p>Cuando entr&oacute; a la habitaci&oacute;n 314, lo primero que not&oacute; fue la sonrisa de Lolita, radiante como un foco reci&eacute;n cambiado. No era la sonrisa cansada de una enferma, sino la de alguien que guarda un secreto maravilloso.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Sebasti&aacute;n! &mdash;exclam&oacute; Lolita, extendiendo sus manos arrugadas hacia &eacute;l&mdash;. &iexcl;Acaba de irse tu novia! &iexcl;Qu&eacute; muchacha tan linda! Se cruzaron en el elevador, seguro.<\/p>\n<p>El mundo de Sebasti&aacute;n se detuvo por un instante, como cuando en las v&iacute;as del tren se detiene la locomotora antes de continuar su marcha. Sus ojos se abrieron tanto que parec&iacute;a que se le iban a salir.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Mi novia? &mdash;pregunt&oacute; con voz ahogada.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Aleida! &mdash;contest&oacute; Lolita con entusiasmo&mdash;. Es preciosa, y tan educada. Me cont&oacute; que est&aacute;n enamorados desde hace mucho, pero que apenas pudieron noviarse cuando se reencontraron.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n se sent&oacute; lentamente en la silla junto a la cama, sintiendo que las piernas no le respond&iacute;an. Su mente trabajaba a toda velocidad, como los circuitos de las radios que reparaba en sus clases de electr&oacute;nica.<\/p>\n<p>&mdash;Abuelita, &iquest;c&oacute;mo era ella? &mdash;pregunt&oacute;, intentando mantener la calma.<\/p>\n<p>&mdash;Morena, con el pelo a los hombros, ojos grandes, y llevaba un vestido azul muy bonito &mdash;describi&oacute; Lolita, con los ojos brillantes de emoci&oacute;n&mdash;. Pero lo mejor de todo, Sebasti&aacute;n, es el secreto que me cont&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; secreto? &mdash;murmur&oacute; &eacute;l, temiendo la respuesta.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Que cree que le vas a pedir pronto que se casen! &mdash;exclam&oacute; Lolita, juntando sus manos sobre el pecho&mdash;. &iexcl;Y que te va a decir que s&iacute;! &iexcl;Qu&eacute; feliz estoy!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mientras Sebasti&aacute;n sal&iacute;a del hospital con la confusi&oacute;n revoloteando en su cabeza como mariposas negras, no pod&iacute;a dejar de pensar en qui&eacute;n ser&iacute;a esa misteriosa mujer que se hab&iacute;a hecho pasar por Aleida. Que f&iacute;sicamente era distinta a la chica de la visita. &iquest;C&oacute;mo sab&iacute;a de su existencia? &iquest;Por qu&eacute; hab&iacute;a ido a ver a su abuela? Y lo m&aacute;s inquietante: &iquest;por qu&eacute; inventar un futuro matrimonio?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La respuesta lleg&oacute; mientras cruzaba la calle, cuando record&oacute; la llamada telef&oacute;nica que hab&iacute;a hecho desde el hospital esa ma&ntilde;ana. Hab&iacute;a usado el tel&eacute;fono p&uacute;blico del pasillo; atr&aacute;s de &eacute;l, una muchacha esperaba para hacer su propia llamada. La hab&iacute;a visto de reojo: morena, pelo corto, vestido azul, un reloj de pulsera totalmente blanco. Ella hab&iacute;a volteado cuando Sebasti&aacute;n mencion&oacute; el nombre de Aleida y el zocalito de San Felipe, donde la vio por &uacute;ltima vez, aunque &eacute;l no le vio la cara.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n se detuvo en seco en medio de la calle, provocando que un ciclista tuviera que esquivarlo mientras le mentaba la madre. Hab&iacute;a encontrado la primera pista del misterio.<\/p>\n<p>Esta chica hab&iacute;a escuchado su conversaci&oacute;n. Hab&iacute;a o&iacute;do sobre Aleida, sobre la abuela enferma, sobre el favor que necesitaba. Y luego, viendo que Aleida no aparec&iacute;a a las cuatro, hab&iacute;a decidido subir ella misma con Lolita.<\/p>\n<p>Pero, &iquest;por qu&eacute;?<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n, ahora como Barrab&aacute;s, regres&oacute; sobre sus pasos hacia el hospital San Alejandro, decidido a desentra&ntilde;ar este misterio. El sol comenzaba a ocultarse detr&aacute;s de los edificios bajos de la colonia, borrando del cielo el color del vestido de la misteriosa impostora.<\/p>\n<p>No sab&iacute;a qui&eacute;n era la chica del vestido azul, pero estaba seguro de algo: entre los pasillos tristes del hospital encontrar&iacute;a la respuesta. Y cuando la encontrara, entender&iacute;a por qu&eacute; alguien querr&iacute;a hacerse pasar por el amor de su vida, ante los ojos ilusionados de su abuela Lolita.<\/p>\n<p>El jueves por la noche Barrab&aacute;s revisaba en su libretita azul los avances de su pesquisa sobre la chica. Las pistas fueron: el pelo corto y la hora tan temprana de la ma&ntilde;ana. O era una enfermera o iba a cuidar a alguien, como &eacute;l. Sali&oacute; de la duda cuando el bolero que trabajaba en la explanada del hospital le dijo que sab&iacute;a de una enfermera con ese tipo de reloj, pero no sab&iacute;a en qu&eacute; nivel trabajaba. Malena se apiad&oacute; de &eacute;l y le busc&oacute; las enfermeras que hab&iacute;an salido del turno nocturno ese d&iacute;a. Volver&iacute;an despu&eacute;s, por la noche. Y s&iacute;, regresaron varias pero un par de ellas ten&iacute;a descanso la noche de ese mi&eacute;rcoles y llegar&iacute;an en la noche del jueves.<\/p>\n<p>La encontr&oacute;.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n se qued&oacute; inm&oacute;vil cuando la vio caminar hacia &eacute;l por el pasillo del hospital. Hab&iacute;a algo en esa cara que le resultaba familiar, pero no lograba ubicarla. Ella se detuvo a unos pasos de distancia, con las manos entrelazadas frente al uniforme blanco, mordi&eacute;ndose el labio inferior.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Sebasti&aacute;n? &mdash;pregunt&oacute; con voz temblorosa.<\/p>\n<p>&Eacute;l la mir&oacute; fijamente, entrecerrando los ojos. El pelo corto, los ojos grandes, ese gesto nervioso de tocarse la oreja izquierda&#8230;<\/p>\n<p>&mdash;Te conozco de alg&uacute;n lado &mdash;murmur&oacute;, frunciendo el ce&ntilde;o.<\/p>\n<p>Gabriela baj&oacute; la mirada, jugando con el reloj blanco de su mu&ntilde;eca.<\/p>\n<p>&mdash;Soy Gabriela &mdash;susurr&oacute;&mdash;, la prima de Naila.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n abri&oacute; los ojos como platos. El recuerdo lleg&oacute; de golpe: una tarde en casa de Naila, una chica t&iacute;mida que lo miraba desde la cocina mientras &eacute;l revisaba una tarea de matem&aacute;ticas.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Gabriela? &mdash;su voz son&oacute; &aacute;spera&mdash;. Pero&#8230; &iquest;por qu&eacute;&#8230;? &iquest;C&oacute;mo sab&iacute;as&#8230;?<\/p>\n<p>Ella levant&oacute; la vista, con los ojos brillantes.<\/p>\n<p>&mdash;Termin&eacute; mi turno ayer por la ma&ntilde;ana y estaba llamando a mi mam&aacute; para avisar que ya sal&iacute;a &mdash;las palabras se le atropellaban&mdash;. T&uacute; estabas en el tel&eacute;fono adelante de m&iacute; y&#8230; y te escuch&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Me escuchaste?<\/p>\n<p>&mdash;No quer&iacute;a, pero mencionaste a Aleida, y el nombre de tu abuela, y que necesitabas ayuda &mdash;se limpi&oacute; una l&aacute;grima que amenazaba con caer&mdash;. Despu&eacute;s vi que dorm&iacute;as en la sala de espera y&#8230; y que tu novia no llegaba.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n se pas&oacute; una mano por el pelo, tratando de procesar lo que estaba oyendo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Entonces t&uacute;&#8230;?<\/p>\n<p>&mdash;Sub&iacute; a ver a tu abuela &mdash;confes&oacute; Gabriela, con la voz quebrada&mdash;. No pod&iacute;a dejar que se sintiera decepcionada. Se ve&iacute;a tan ilusionada cuando le dijiste que le ibas a presentar a Aleida&#8230;<\/p>\n<p>Un largo silencio se extendi&oacute; entre ellos. Sebasti&aacute;n la observaba como si la estuviera viendo por primera vez. Gabriela se sec&oacute; los ojos con el dorso de la mano.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo sab&iacute;as tanto sobre m&iacute;? &mdash;pregunt&oacute; &eacute;l, con m&aacute;s suavidad.<\/p>\n<p>&mdash;Naila me mostr&oacute; una foto tuya en la secundaria &mdash;sonri&oacute; t&iacute;midamente&mdash;. Dec&iacute;a que eras el chico de electr&oacute;nica, el famoso &ldquo;Barrab&aacute;s&rdquo;, el ching&oacute;n que resolv&iacute;a todos los misterios del barrio. Yo&#8230; yo siempre record&eacute; esa tarde cuando nos conocimos.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n sinti&oacute; un nudo en la garganta. No pod&iacute;a creer que alguien, pr&aacute;cticamente una desconocida, hubiera hecho algo as&iacute; por &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;Gabriela&#8230; &mdash;comenz&oacute;, pero la voz se le quebr&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;S&eacute; que estuvo mal mentirle a tu abuela &mdash;continu&oacute; ella apresuradamente&mdash;. Pero cuando la vi tan feliz, hablando de ti, de lo mucho que te ama&#8230; no pude decirle la verdad. Le cont&eacute; que nos hab&iacute;amos reencontrado, que est&aacute;bamos juntos&#8230; incluso le dije que cre&iacute;a que me ibas a pedir matrimonio.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Le dijiste qu&eacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Lo siento, se me ocurri&oacute; en el momento &mdash;se sonroj&oacute;&mdash;. Ella estaba tan contenta&#8230; Sebasti&aacute;n, tu abuela te adora. Habla de ti como si fueras su hijo, no su nieto.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n cerr&oacute; los ojos, sintiendo que todo el cansancio y la angustia de los &uacute;ltimos d&iacute;as se le ven&iacute;an encima de golpe. Cuando los abri&oacute;, hab&iacute;a l&aacute;grimas en sus mejillas.<\/p>\n<p>&mdash;Gracias &mdash;susurr&oacute;&mdash;. No sabes lo que esto significa para m&iacute;. Ella es&#8230; es todo lo que tengo.<\/p>\n<p>&mdash;Lo s&eacute; &mdash;Gabriela dio un paso hacia &eacute;l&mdash;. Se nota en c&oacute;mo hablas de ella, en c&oacute;mo la cuidas.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Podr&iacute;as&#8230;? &mdash;Sebasti&aacute;n se aclar&oacute; la garganta&mdash;. &iquest;Podr&iacute;as volver a visitarla? S&eacute; que es mucho pedir, pero&#8230;<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto &mdash;respondi&oacute; ella sin dudar&mdash;. Cuando termine mi turno, ir&eacute; a verla. Es una se&ntilde;ora muy dulce, Sebasti&aacute;n. Me record&oacute; mucho a mi propia abuela.<\/p>\n<p>&Eacute;l asinti&oacute;, incapaz de hablar. Por primera vez en d&iacute;as, sinti&oacute; que no estaba completamente solo.<\/p>\n<p>&mdash;Gabriela&#8230; &mdash;murmur&oacute;&mdash;. &iquest;Por qu&eacute; lo hiciste? De verdad.<\/p>\n<p>Ella lo mir&oacute; directamente a los ojos, con una mezcla de valent&iacute;a y timidez.<\/p>\n<p>&mdash;Porque quer&iacute;a ayudarte &mdash;dijo simplemente&mdash;. Y porque&#8230; porque siempre quise que me vieras. Desde aquella tarde en casa de Naila, cuando ten&iacute;a trece a&ntilde;os y era demasiado t&iacute;mida para hablar contigo.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n sinti&oacute; algo moverse en su pecho, una calidez que no hab&iacute;a experimentado en mucho tiempo. No sab&iacute;a qu&eacute; decir, pero por primera vez en d&iacute;as sinti&oacute; que tal vez las cosas podr&iacute;an estar bien.<\/p>\n<p>Le dio gusto ayudarlo y le prometi&oacute; ir a ver a Lolita al terminar el turno, que la esperara.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lolita falleci&oacute; el viernes 17 de julio de 1987 a las 6:40 de la ma&ntilde;ana, con una sonrisa serena en el rostro mientras ve&iacute;a a Sebasti&aacute;n tomado de la mano de Gabriela, quien tambi&eacute;n le ofrec&iacute;a una mirada dulce y comprensiva. En la mesita de noche, una peque&ntilde;a flor azul que Gabriela hab&iacute;a tra&iacute;do como silencioso homenaje a la ilusi&oacute;n de Lolita.<\/p>\n<p>Barrab&aacute;s llorar&iacute;a a Lolita toda la vida, su verdadera madre, y lo har&iacute;a en silencio despu&eacute;s del entierro, como ella lo hab&iacute;a deseado. Pero en ese silencio, la presencia constante de Gabriela ser&iacute;a un silencioso testimonio del &uacute;ltimo regalo para Lolita: la promesa de no estar solo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aleida era su inter&eacute;s amoroso al inicio del bachillerato t&eacute;cnico: ella, en electricidad; &eacute;l, en electr&oacute;nica. Pero ella ten&iacute;a novio y se dej&oacute; pretender sin decirle nada, hasta que un d&iacute;a &eacute;l insisti&oacute; en llevarla a la casa y el novio lleg&oacute; y la subi&oacute; al autob&uacute;s llev&aacute;ndosela consigo. 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