{"id":2598,"date":"2025-07-08T16:37:14","date_gmt":"2025-07-08T16:37:14","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/07\/08\/te-amo-te-mutilo\/"},"modified":"2025-07-08T16:37:14","modified_gmt":"2025-07-08T16:37:14","slug":"te-amo-te-mutilo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/te-amo-te-mutilo\/","title":{"rendered":"Te amo, te mutilo"},"content":{"rendered":"<p><em>te amo, pero porque inexplicablemente amo en ti algo m&aacute;s que a ti, que es ese objeto a, te<\/em><em> <\/em><em>mutilo<\/em><\/p>\n<p>Jacques Lacan (Seminario 11)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dec&iacute;a el poeta alem&aacute;n Heinrich Heine que &ldquo;Hablar de locura de amor es un pleonasmo, el amor en s&iacute; ya es locura&rdquo;. Ante esto vale preguntar: &iquest;Qu&eacute; tiene o qu&eacute; implica el amor que termina por introducir la locura? La locura es aqu&iacute; tomada como aquello que no se deja meter en raz&oacute;n, algo que tiene car&aacute;cter de l&aacute;bil, lo que se resbala cuando se quiere aprehender, lo que se ama conlleva un enga&ntilde;o, el de la ilusi&oacute;n de posesi&oacute;n y completud. La locura en el amor es la muerte: lo que se ama est&aacute; amenazado con perderse. El amor incluye la mutilaci&oacute;n, lo que se ama habr&aacute; de perderse.<\/p>\n<p>En el <em>Cantar de los cantares<\/em>,<em> <\/em>el amor es m&aacute;s fuerte que la muerte, hablar del amor<em> <\/em>es meterse a un laberinto muy complejo de mociones oscuras. La definici&oacute;n del amor contenida en el diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola lo se&ntilde;ala como un &ldquo;sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia <em>insuficiencia<\/em>, necesita y busca el encuentro con el otro ser&rdquo; y, en otra acepci&oacute;n, se trata de &ldquo;un sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de uni&oacute;n, nos completa, nos alegra y nos da energ&iacute;a para convivir, comunicarnos y crear&rdquo;. En ambos casos el amor nos hace pensar en el v&iacute;nculo con el otro, es en el <em>partenaire<\/em> donde estar&iacute;a ese &ldquo;algo que falta&rdquo;. El amor entonces estar&aacute; ligado a la falta.<\/p>\n<p>El diccionario de psicoan&aacute;lisis de Chemama consigna que el amor es &ldquo;Sentimiento de apego de un ser por otro, a menudo profundo, incluso violento, pero que el an&aacute;lisis muestra que puede estar marcado de ambivalencia y, sobretodo, que no excluye el narcisismo&rdquo;. Sabemos que, desde Freud, el narcisismo es una de las dimensiones estructurales del amor. A partir de 1914 el narcisismo deja de ser referencia exclusiva de la perversi&oacute;n (en lugar de tomar un objeto de amor o de deseo exterior a &eacute;l, el sujeto eleg&iacute;a como objeto su propio cuerpo) para devenir en una forma de investidura pulsional necesaria para la vida subjetiva. Ya no se trata de una cuesti&oacute;n patol&oacute;gica sino una condici&oacute;n estructural del sujeto y un componente inherente al amor.<\/p>\n<p>Sigmund Freud, con <em>Introducci&oacute;n del narcisismo,<\/em> hace del narcisismo ancla del amor. Instala al amor narcisista como eje de la constituci&oacute;n subjetiva. Freud va a mostrar que con frecuencia el amor por otro disimula (y aqu&iacute; ya hay una primera dimensi&oacute;n del enga&ntilde;o) un amor mucho m&aacute;s real dirigido al propio yo. Es decir, el sujeto ama al otro en tanto que le devuelve de s&iacute; mismo una imagen favorable. Freud aqu&iacute; va a plantear una divisi&oacute;n entre pulsiones yoicas y las pulsiones de objeto, y nos dice que entre ambas hay una influencia rec&iacute;proca, y como ejemplo nos se&ntilde;ala al fen&oacute;meno, casi hipn&oacute;tico, del enamoramiento. En esta condici&oacute;n de enamoramiento se produce un empobrecimiento del yo que se presenta como una &ldquo;resignaci&oacute;n de la personalidad en favor de la investidura de objeto&rdquo;, al extremo de provocar la humillaci&oacute;n del enamorado. Escribe Freud: &ldquo;El enamoramiento consiste en un desborde de la libido yoica sobre el objeto. Tiene la virtud de cancelar represiones y restablecer perversiones. Eleva el objeto sexual a ideal sexual. Puesto que en el tipo de apuntalamiento adviene sobre la base del cumplimiento de condiciones infantiles de amor, puede decirse: se idealiza a lo que cumple esa condici&oacute;n de amor.&rdquo; De esta manera, amamos &ldquo;lo que posee el m&eacute;rito que falta al yo para alcanzar al ideal&rdquo;.<\/p>\n<p>Pero &iquest;De d&oacute;nde proviene ese af&aacute;n por alcanzar el ideal de una verdadera complementariedad, hacerse Uno, por la v&iacute;a del amor? El anhelo de complementariedad con la pareja es lo que caracteriza al amor en la modernidad, incluso radica ah&iacute; su peligrosidad. &ldquo;Dar lo que no se tiene&rdquo; es lo que dec&iacute;a Lacan con respecto al amor, lo que indudablemente tiene que ver con el concepto de falta, <em>dar lo que no se tiene<\/em>. Una v&iacute;a para analizar esta frase pasa por ese extra&ntilde;o gesto del dar, del Don de amor, pero otra, hace referencia a que amar es mostrarse en falta, dejar al descubierto lo que no se tiene y se quiere alcanzar en el otro. El otro, el <em>partenaire<\/em>, al revelarme mi falta, se vuelve objeto de deseo, y sostiene en la ilusi&oacute;n necesaria de que el otro tuviera lo que me falta. Amor, dec&iacute;a Lacan, es lo que enga&ntilde;a. Es en el amor donde se crea la ilusi&oacute;n de que dos puedan hacerse Uno.<\/p>\n<p>El amor en su esencia ha sido definido por Jacques Lacan de diversas maneras: como un enga&ntilde;o en 1964, y en esa l&iacute;nea es designado m&aacute;s tarde como una &ldquo;falsedad&rdquo;, tambi&eacute;n c&oacute;mo &ldquo;negaci&oacute;n&rdquo;, incluso como un &ldquo;monstruo&rdquo; y en 1971 dir&aacute; el amor es una &ldquo;m&aacute;scara&rdquo;.<\/p>\n<p>Lacan, en el seminario de 1964, <em>Los cuatro conceptos fundamentales del psicoan&aacute;lisis<\/em>, va a priorizar a la mirada (es ah&iacute; donde freudianamente se distinguen dos pulsiones: el amor y el odio, por un lado, y el exhibicionismo\/voyeurismo, por el otro) como el elemento significante por donde pasa el amor, de ah&iacute; que haga una analog&iacute;a con lo que ocurre con la pintura, (y en particular el impresionismo), dir&aacute; que entre el cuadro y el espectador existe una similitud con lo que ocurre entre el amado y el amante: el espectador ser&aacute; enga&ntilde;ado de la misma modo que el amante. Pero &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el enga&ntilde;o? En que el encuentro no ser&iacute;a fallido y que, fallido, no podr&iacute;a ser otra cosa. Jean Allouch cita al respecto esta frase de Lacan: &ldquo;Demando una mirada; cuando ruego de este modo en el amor, es porque hay ah&iacute; algo fundamentalmente insatisfactorio y desde siempre fallido, porque &lsquo;t&uacute; nunca me miras all&iacute; donde yo te veo&rsquo;.&rdquo; Es decir, lo que miro nunca es lo que quiero ver, as&iacute; el &oacute;rgano que ve (el ojo) y la pulsi&oacute;n que incita a mirar nada tienen que ver, como no se puede reducir la sexualidad a la satisfacci&oacute;n de &oacute;rgano, sino que se encuentra organizada en torno a aquello que en el amor se muestra como imposible de dar, para el var&oacute;n, e imposible de ser, para la mujer: el falo.<\/p>\n<p>Y aqu&iacute; est&aacute; la clave: el amor impide la satisfacci&oacute;n pulsional, lo cual no implica que esta se agote, de ninguna manera. Se muestra en su residuo, Lacan le llama el objeto <em>a<\/em>, que le cosquillea al amor, lo desestabiliza, lo hace desbarrar. Evidentemente en este momento el amado ha sido desplazado por ese m&aacute;s all&aacute; del objeto, ahora es el objeto a (objeto causa del deseo como se le conoce), lo que va a ocupar esta funci&oacute;n. Lacan as&iacute; lo expresa en el seminario 11: &ldquo;te amo, pero porque inexplicablemente amo en ti algo m&aacute;s que a ti, que es ese objeto <em>a<\/em>, te mutilo&rdquo;. f&oacute;rmula enigm&aacute;tica que nos muestra la esencia del desliz que se encuentra en el n&uacute;cleo del amor donde se accede al otro sexo, al <em>partenaire<\/em>, pero bajo la condici&oacute;n de objeto a que, en alguna medida, funciona bajo las condiciones fetichistas. La mutilaci&oacute;n es la reducci&oacute;n, por ejemplo, que permite el acceso a algo del cuerpo de una mujer, pero con la condici&oacute;n de reducirlo a un rasgo parcial. Se revela la ilusi&oacute;n de que s&oacute;lo nos relacionamos con una parte del cuerpo del partenaire. El amor que se sostiene en la ilusi&oacute;n de la completud corre el riesgo de mostrarse intransigente, mort&iacute;fero<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>te amo, pero porque inexplicablemente amo en ti algo m&aacute;s que a ti, que es ese objeto a, te mutilo Jacques Lacan (Seminario 11) &nbsp; Dec&iacute;a el poeta alem&aacute;n Heinrich Heine que &ldquo;Hablar de locura de amor es un pleonasmo, el amor en s&iacute; ya es locura&rdquo;. Ante esto vale preguntar: &iquest;Qu&eacute; tiene o qu&eacute; [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":100,"featured_media":2599,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[],"class_list":["post-2598","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-kaos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2598","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/100"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2598"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2598\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2599"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2598"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2598"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2598"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}